Educación en el progreso de la mujer evita la violencia intrafamiliar

Es vital que se eduquen a las niñas y a los niños de manera diferente a cómo se viene haciendo, con una libertad diferenciada en cuanto a la acepatación de su sentir afectivo-sexual. Si la familia, la escuela, las iglesias... respetaran y comprendieran a la hembra al igual que al varón, sobre todo en su enamoramiento, en las relaciones afectivas-sexuales, podrían se acercarse más a ellas y no las perdieran con uniones conyugales apenas siendo jovencitas, ni la trataran con violencia y represión.

Hay un conflicto en el que la sociedad está cambiando hacia la integración de roles de las mujeres más allá de lo doméstico; las mujeres están estudiando,  trabajando y tienen mayor participación ciudadana  en todas las esferas. Pero la familia no acepta que la adolescente se enamore, la menosprecia, no la trata con respeto, y eso hace que ella se vaya joven de la casa, tenga autoestima baja. La sociedad no quiere cambiar para asimilar la liberad y las necesidades afectivas sexuales de la joven

En la actualidad la cultura tradicional de discriminación entre los géneros, hombre y mujer, no se corresponde con la realidad de cambios sociales, económicos y políticos que se están experimentando en la vida de ambos, y en la sociedad. Las mujeres están estudiando con una matrícula, inclusive mayor que la de los hombres. Las necesidades económicas de muchas familias no se pueden satisfacer con un solo salario. Muchas mujeres están conscientes de que la dependencia económica es causa, en muchos casos, de servidumbre y abuso. También las mujeres han alcanzado un nivel de consciencia ciudadana, que las lleva a integrarse en las organizaciones comunitarias, profesionales, de servicio, cívicas y en los partidos. Por lo que hay que superar la idea de que las mujeres sólo deben estar vigiladas, cuidadas para encontrarles un marido, un hombre que se haga cargo de ella. La mujer es más que carne sexual y dependencia.

Por otro lado, el concepto del hombre como jefe,  dominio y control, no se corresponde con una sociedad democrática, con una democracia entre dos adultos, que son la pareja, y con respecto a la participación de los hijos e hijas. Tenemos dificultades para asimilar, enseñar a definir la pareja, sea como novios, o cónyuges en base a la comunicación de ambas partes, de escuchar, de poder hablar ambos, de establecer negociaciones, respetar, comprender, apoyarse, y juntos, ambos, participar con igualdad en el espacio doméstico y en los espacios públicos.

La cultura de género actual de diferentes derechos y tratos para la hembra y para el varón propicia la violencia. Para muchas mujeres que creen tienen una relación sana, de respeto, o comprensión, constituye una gran sorpresa, cuando ellas plantean aspiraciones que contradicen los deseos o concepciones de su pareja. Si la mujer se plantea trabajar, cuando no lo ha hecho; participar en algún movimiento u organización; viajar, o cuando se relaciona con amigas; o varía su manera de vestir, corte de pelo; quiere una manera diferente para invertir, comprar, etc.; ahí choca con la realidad, de que su pareja la quiere, pero siempre y cuando se someta a su control, como un objeto, una cosa, o una estatua.

Es en estos momentos, donde suelen darse rupturas y conflictos.

Es conveniente pensar y apoyar los procesos de superación y los deseos de la pareja. Superar los encasillamientos en las que la tenemos, sea que la creamos como una posesión que moldeamos, o que temamos a su libertad y a sus logros, por temor a perderla. Como dice Richar Bach, si la persona se va de nuestro lado, déjala ir, pues si nos ama regresa. Si no regresa, debemos tener suficiente amor propio y orgullo sano para desearle lo mejor, y sufrir con madurez las pérdidas.

Desearle, lo mejor siempre a las personas y a nosotras /os mismas/os. Aprender a ser felices, con, o sin pareja.
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