Algunas ideas sobre la tolerancia.

 A la convivencia humana donde podamos conservar la libertad, el respeto, el poder expresarnos, a todo esto,  como sistema de vida, le venimos llamando democracia. Lo que implica poder decidir, poder participar.

Para vivir en  democracia la tolerancia es esencial. Veamos la definición de Fernando Savater sobre la tolerancia:

 “La tolerancia es la disposición cívica a convivir armoniosamente con personas de creencias diferentes  y aun opuestas a las nuestras, así como con hábitos sociales o costumbres que no compartimos (…) implica soportar lo que nos disgusta: por supuesto, ser tolerante no impide formular críticas razonadas ni obliga a silenciar nuestra forma de pensar para no “herir” a quienes piensan de otro modo”. (Páginas 293 y 294).

Debemos ejercitarnos en saber vivir sin la aprobación de las demás personas, y no reaccionar con mucha emotividad ante las diferencias. Las personas seguras, con buena autoestima, son como, las y los buenos atletas, que pueden permanecer en dominio de sí mismo a pesar de los esfuerzos. Hay que lograr estar lo más calmado/a posible ante las diferencias. El autocontrol nos va ayudando a ser seguras/os, y viceversa.


Es recomendable respirar hondo, salir a caminar, "botar el golpe" como se dice y no responder con impulsividad cuando no estamos de acuerdo con otras personas.

“La tolerancia es de doble dirección, es decir,  que el precio de no prohibir o impedir la conducta del prójimo tiene como contrapartida que éste se resigne a objeciones o bromas de quienes tienen preferencias distintas (…)  lo que siempre debe ser respetado son las personas, no sus opiniones o sus comportamientos”. Ibid. Página 294.

La tolerancia exige un conjunto de instituciones que deben ser respetadas por todas y todos. Quienes las niegan, hostilizan, deben preparase para ser cuestionados, escuchar opiniones de quienes piensan diferente y eso es la  democracia.

En RD y en el mundo se sufre un poco de poner adjetivos negativos a las personas que piensan diferente. Lo ideal es no ser muy susceptible ante las críticas. Si debemos aceptar que se nos pongan límites, siempre y cuando  no somos dañinos en materia de derechos humanos, o sea que no respetemos la dignidad humana.

Debe haber coherencia con no ser intolerantes en privado  con lo que no se tolera en lo  público, para así disfrutar  de respeto y de consideración, y aunque no  tengamos ese respeto y esa consideración desde afuera, la tenemos de nosotras/os mismas/os.

Referencia bibliográfica:

Fernando Savater. Política para Amador. Ariel. Edición del 2012. España.

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