Las mujeres necesitan participacion y voluntad politica gobiernos: Lydia Alpizar, AWID

Hay una demanda de participacion de la sociedad civil organizada de mujeres ante la exclusion de parte de los gobiernos en Quincuagesima novena (59) reunion de la Comision Juridica Social de la Mujer en la ONU (CSW).

Se siente no hay un compromiso en recursos y voluntad politica a la altrura de las situaciones que afectan a las mujeres en discriminacion y violencia. Aca el discurso de Lydia Alpizar, directora ejecutiva de la Asociacion para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo. Afectos.

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Discurso De La Directora Ejecutiva De AWID En La Sesión Inaugural De La CSW59
Lydia Alpizar, latinoamerica costarricense-mexicana, directora ejecutiva de la Asociacion para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID)
Lydia Alpizar: AWID 09/03/2015

Gracias señora Presidenta y distinguidas/os líderes de la ONU y de los gobiernos. Desearía centrar mi intervención en cinco mensajes clave, que recogen los pensamientos de cientos de mujeres del mundo entero.

Primero, celebremos. Hoy, yo celebro a las mujeres — lesbianas, negras, indígenas, mujeres urbanas y rurales que viven en situación de pobreza, trabajadoras, con discapacidades, jóvenes y adultas mayores, personas trans e intersex, líderes de distintas generaciones. Celebro el trabajo implacable e incansable de mujeres y niñas, organizadas en toda nuestra diversidad, en diferentes grupos y movimientos, que estamos transformando el mundo en que vivimos.

Lydia Alpizar

os logros de estos últimos veinte años han sido significativos y la transformación de algunas de las condiciones difíciles a las que nos enfrentamos mujeres y niñas es digna de mención. El grado de conciencia, reconocimiento y visibilidad que en este momento tienen distintos aspectos de los derechos de las mujeres en la sociedad es un logro importante y constituye una gran oportunidad que debe ser aprovechada. A estas transformaciones contribuyó la Agenda de Beijing, así como el compromiso de algunos gobiernos con su implementación.

También debemos conmemorar las vidas de miles de feministas y defensoras de derechos humanos que ya no están con nosotras, ya sea porque han ido falleciendo por causas naturales en estos últimos veinte años, o porque fueron asesinadas o están desaparecidas. Y honramos a todas las defensoras de derechos humanos que trabajan en condiciones peligrosas, desde algún rincón del Congo hasta las montañas de México y las calles de Egipto o Azerbaiyán, así como a aquellas cuyas tierras y medios de subsistencia están amenazados por el cambio climático en el Pacífico y en otras partes del mundo.
En segundo lugar, hoy debemos reconocer que los avances son muy limitados. La abrumadora falta de compromiso político y de recursos financieros, el sexismo y la misoginia de siempre, junto con el auge de los fundamentalismos religiosos han afectado la calidad de los acuerdos a que han llegado los gobiernos dentro del sistema de la ONU y a otros niveles. Todos estos factores han impedido que los compromisos acordados por los gobiernos y por otros actores en Beijing se cumplieran plenamente.
En tercer lugar, los desafíos que se les presentan a la justicia de género y a los derechos humanos de las mujeres en el mundo de hoy exigen acciones urgentes y audaces por parte de los gobiernos, la ONU, el sector privado y la sociedad civil. Algunos de esos desafíos son la profundización de las desigualdades y la discriminación estructural que conducen a la explotación económica de las mujeres, el cambio climático, el creciente poder de los fundamentalismos religiosos en distintas regiones y religiones acompañado de la violencia que ejercen sobre mujeres y comunidades, las amenazas que representan otros actores no estatales como las redes criminales que son cada vez más fuertes y el poder que están acumulando las corporaciones transnacionales sobre tierras y territorios, la profundización de los conflictos y la militarización, y la enorme magnitud de la violencia de género tanto en situaciones de conflicto como fuera de ellas.

En cuarto lugar, a medida que fueron pasando los años hemos ido percibiendo una tendencia preocupante de criminalización del disenso social, represión y una contracción de los espacios democráticos en muchos países. Esta tendencia también afecta a la ONU y perjudica la participación significativa de la sociedad civil.

Para ser eficaz, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, que es el organismo principal de la ONU en esta temática, necesita desarrollar procesos más incluyentes que le permitan a la sociedad civil hacer aportes significativos. El proceso de negociación de la Declaración Política que la CSW va a adoptar hoy mismo, del que la sociedad civil estuvo en su mayor parte excluida, constituye un retroceso. Veinte años después de Beijing no podemos permitirnos retroceder.

En quinto lugar, el texto de la Declaración Política es débil y no avanza lo suficiente hacia los cambios transformadores que se necesitan para alcanzar la igualdad de género. Nosotras, las mujeres del mundo en toda nuestra diversidad, nos merecemos algo mucho mejor. Nos merecemos que ustedes hagan a un lado sus diferencias ideológicas, políticas y religiosas para reconocer y afirmar plenamente los derechos humanos de las mujeres y de las niñas y la justicia de género. Nada menos que eso. Necesitamos una reafirmación plena de la Plataforma de Acción de Beijing, pero también su fuerte compromiso de garantizar lo siguiente:

Asignación de los recursos financieros necesarios para implementar todos los acuerdos sobre igualdad de género, justicia de género y derechos humanos de las mujeres. En esto se incluyen recursos significativos para apoyar el trabajo fundamental que llevan adelante las organizaciones feministas y de derechos de las mujeres a todos los niveles. Es claro que esos recursos existen. Se trata de reasignarlos y de hacer que la igualdad de género y los derechos de las mujeres sean prioridades de verdad.

Un lugar central para los derechos humanos, incluyendo todos los derechos de las mujeres, en la concreción de la igualdad de género, el desarrollo sostenible y la paz. A ningún país se le debería permitir escoger qué derechos importan y cuáles no.

Que no se utilicen los derechos y la salud sexual y reproductiva como moneda de cambio entre los gobiernos en las negociaciones. Hay mujeres y niñas que están muriendo porque no se respetaron sus derechos. Esto debe terminar.

Que, como claramente se afirmara en Viena y en Beijing, la cultura y la religión no puedan ser utilizadas como excusa para violar, discriminar y justificar demoras en temas cruciales vinculados con los derechos de las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Mecanismos apropiados para que los gobiernos rindan cuentas por los compromisos que asumieron.
Un lugar central para la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres en todos los acuerdos a los que se llegue durante las negociaciones en torno a las Metas de Desarrollo Sostenible,

el pos-2015 y la financiación para el desarrollo, además de incorporar una meta específica de género.
La protección integral y la prevención de la violencia contra las defensoras de derechos humanos en toda nuestra diversidad es un prerrequisito vital para la continuidad de los logros y para todo progreso futuro en nuestra labor. Es una vergüenza que en la Declaración Política se haya eliminado toda referencia a las defensoras.

Esta es una de las causas fundamentales de nuestra época. Ahora es el momento. ¡La lucha continúa!
Muchas gracias.

Lydia Alpizar, Directora Ejecutiva, Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID)
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