Un blog de opinión e informaciones enfocado en temas relacionados con los derechos de la mujer. Soy una demócrata radical en el desarrollo de las naciones, con la equidad e igualdad social, económica y política de los ciudadanos/as dominicanos/as y del mundo.
También encontrarás algunas producciones literarias buscando un sentido de interioridad y una visión universal.
Más allá
vivo para los besos
danza de labios soy
silencio de días y de noches
más allá de la tierra
mis novatas figuraciones
me hacen fango, agua, placenta, basura,
piedras
mi pasión de balbuceos
debate
fundida
movimientos
Quieto mirar.
Llantos de fobias
amores huérfanos.
No sé...
el dolor obliga.
No sé
este braceo infinito.
¿Hay milagros que no se pueden mirar?
No importa.
Obligación, ser
mientras haya llanto.
Reverencia, puente,
memoria
aliento.
mildred d
santiago,
república dominicana
30.04.08
Populismo y autoritarismo: Ernesto Laclau y Carlos (Nacho) Álvarez
© Clarín
El politólogo Ernesto Laclau, con el ex vicepresidente Carlos "Chacho" Alvarez, se presentaron en la Feria en una charla auspiciada por la Revista Ñ y Clarín. Ambos coincidieron en que un nuevo horizonte se está gestando en América latina. Vea un fragmento de sus intervenciones en el blog Diario de la Feria.
Un llamativo y contagioso optimismo ante la actual coyuntura política de América latina marcó el encuentro entre el filósofo político Ernesto Laclau y el actual presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, Carlos "Chacho" Alvarez, que se realizó el sábado en la Feria del Libro, como parte del ciclo "Argentina y América latina. Un continente frente al bicentenario", organizado por la Revista Ñ y Clarín.
Laclau, autor de Emancipación y diferencia (1996), expuso algunas categorías que ha desarrollado para analizar el nuevo escenario planteado desde principios de siglo en América latina. "El populismo no es un concepto peyorativo: es la construcción de un pueblo a partir de una pluralidad de demandas sociales", insistió Laclau, quien desarrolló este tema en su libro La razón populista (2005).
Si el populismo se caracteriza por la movilización popular, su contracara es el polo institucional, donde las demandas son absorbidas una a una mediante la administración de los conflictos. "En un régimen político volcado exclusivamente hacia este polo, los conflictos y las negociaciones entre los grupos son reemplazadas por el gobierno de los expertos", dijo Laclau, quien dirige el Centro de Estudios del Discurso y las Identidades Sociopolíticas de la Universidad de San Martín. Y explicó que "ambos extremos son perjudiciales. El problema de toda sociedad democrática y popular es cómo llegar a cierto equilibrio".
Su diagnóstico es que América latina hoy puede llegar a combinaciones satisfactorias. Para que esto suceda, llamó a la militancia, "porque la responsabilidad no es sólo del gobierno sino de la sociedad en su conjunto. Tiene que movilizarse para apoyar el proceso de cambio. La movilización en apoyo a las retenciones, por ejemplo, fue mínima y muchos sectores que se consideran progresistas actuaron con una pasividad enorme, cuando redistribuir el ingreso tiene que ser un proyecto político conjunto, no puede ser una decisión técnica".
Laclau remató recordando, frente a los fantasmas del autoritarismo, que en las últimas décadas éste "ha provenido del neoliberalismo y no del populismo".
Por su parte, Alvarez señaló que "en Sudamérica se encuentran las principales novedades políticas a nivel internacional". En principio, porque "los pueblos han reaccionado de manera muy homogénea. En los países donde la crisis económica arrastró al sistema de partidos, como Bolivia, Venezuela y Paraguay, surgieron líderes que apuntan a establecer una nueva relación entre las
sociedades y el Estado, a reinstalar la política por sobre la economía". Luego destacó la "mayor autonomía respecto de los centros de poder", fundamentalmente del FMI y de los Estados Unidos, "lo cual es muy bueno, porque nunca estuvimos como socios para el desarrollo
sino como parte trasera de un juego geopolítico". Y marcó que asistimos a un cambio gradual "hacia un mundo multipolar, políticamente más plural".
Laclau acordó con Alvarez y advirtió que "el Mercosur y la integración continental es el destino de las democracias latinoamericanas". A la vez recordó que "en 2005, en Mar del Plata, el proyecto del ALCA fue derrotado" y lo consideró una muestra de que "la unidad continental comenzaba a ser una alternativa de la que depende el futuro de la democracia en el continente".
Finalmente, agregó que "democracia y populismo van a avanzar paralelamente en la imagen política del continente".
Balance gobiernos de izquierda América Latina: José Natanson
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El país|Domingo, 27 de Abril de 2008
Por José Natanson
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¿Qué tienen en común las políticas económicas de Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Rafael Correa y Evo Morales? ¿Qué las diferencia de los gobiernos de derecha de, digamos, Colombia o El Salvador, y qué las distingue del neoliberalismo de los '90?
Al principio, algunos pensaron que el problema iba a ser el populismo fiscal, pero el tiempo demostró que no es así: Morales tiene el superávit más alto de la historia reciente de su país (4,5 por ciento), Correa cuida las cuentas públicas, Chávez expande el gasto, pero por debajo de los ingresos, y la política económica kirchnerista puede exhibir un superávit que envidiaría Domingo Cavallo. En un artículo publicado en la revista mexicana Nexos, el economista de la Cepal Juan Carlos Moreno-Brid ensayó un ejercicio de comparación simple pero interesante: promedió los saldos fiscales de los países bajo control de gobiernos de izquierda y los comparó con aquellos en poder de partidos de centro o derecha, y llegó a la conclusión de que los primeros tienen más superávit fiscal que los segundos.
La diferencia tampoco es el crecimiento. Según los últimos datos de la Cepal, los países latinoamericanos crecen todos, más allá de la orientación política de sus gobiernos, y en los primeros puestos se ubican tanto aquellos inclinados a la izquierda (Venezuela) como al centro (Perú) o la derecha (Colombia). Y tampoco son los impuestos. Pese a que la construcción de sistemas tributarios más progresivos ha sido uno de los ejes históricos de la agenda de la izquierda, el peso de los impuestos al consumo sigue siendo desmesurado en prácticamente todos los países: entre el 60 y el 75 por ciento.
¿Cuál es, entonces, el denominador común? Mi tesis es simple: la diferencia central es la decisión de los gobiernos de izquierda de apropiarse de una mayor porción del ingreso derivado de la exportación de productos primarios, que en todos estos países constituye la principal –y a veces única– fuente de riqueza. Esa es la línea invisible que los une y la verdadera diferencia con las políticas económicas de los '90.
Diferentes caminos
Las estrategias seguidas por cada uno son diferentes. En 1998, cuando asumió el gobierno, Chávez se encontró con que Pdvsa estaba totalmente al margen de su control, dirigida por una gerencia que había hecho de la autonomía del poder político el eje de su gestión, y emprendió una dura batalla que solo concluyó cuando consiguió el control total de la compañía. Así se bolivarianizaron los monumentales recursos petroleros, equivalentes al 85 por ciento de las exportaciones.
En Bolivia, el 1º de mayo del 2006 Evo Morales anunció la nacionalización de los hidrocarburos, teatralizada con la ocupación militar de los campos gasíferos operados por Petrobras. Más tarde, en octubre de ese año, decidió nacionalizar las minas de estaño y plata. Esto le permitió incrementar el presupuesto público en un 20 por ciento.
En Ecuador, Correa firmó un decreto que estableció que el 99 por ciento de las ganancias obtenidas por las empresas gracias a los precios extraordinarios del petróleo iría a parar al Estado, en lugar del 50, como ocurría antes.
Después, en abril, consiguió que la Asamblea Constituyente votara una ley por la cual los recursos derivados de la exportación de crudo no se destinarían más, como hasta entonces, a una serie de fondos y fideicomisos intocables que funcionaban como garantía para el pago de la deuda externa, sino directamente al presupuesto, cuyo monto total se engrosó, según cálculos oficiales, en un 40 por ciento. Como Kirchner con las retenciones, Correa apeló a medidas impositivas que no alteraron la estructura de propiedad de los recursos.
En Chile, que suele mencionarse como el más neoliberal de los gobiernos progresistas de América latina, la situación no es tan distinta. Es cierto que allí no hubo nacionalizaciones, como en Venezuela o Bolivia, ni nuevos impuestos, como en Argentina y Ecuador, pero por el simple hecho de que desde 1971 el cobre permanece bajo control estatal. Codelco es una empresa pública cuyo presidente es el ministro de Minería. Y –dato interesante para quienes critican el rentismo venezolano– el año pasado representó el 40 por ciento de las exportaciones chilenas. Según estimaciones de su presidente, en el 2007 Codelco aportó al Tesoro chileno un millón de dólares ¡por hora!
Resistencia
Todos estos ejemplos demuestran que la decisión de apropiarse de un mayor porcentaje del ingreso es uno de los ejes de la política económica de los gobiernos posneoliberales. Y suena tonto decirlo, pero a veces conviene aclarar lo obvio: cualquier política en este sentido implica afectar intereses. Lo cual, a su vez, genera reacciones. No solo en Gualeguaychú. El caso más dramático es el de Venezuela. Cuando, en el inicio de su primer mandato, Chávez decidió apoderarse de Pdvsa, la gerencia de la compañía reaccionó con un paro petrolero al que luego se plegó la principal asociación empresaria (Fedecámaras) y la central sindical, que derivó en una huelga general que se extendió durante 63 días. Chávez importó petróleo de Medio Oriente, alquiló barcos, puso a militares a manejar las máquinas y logró derrotar a la conducción de la empresa, aunque a un costo enorme: ese año, el PBI cayó 14 por ciento. Pero la cosa no terminó ahí. En los meses siguientes hubo más huelgas, un intento de golpe de Estado, la ocupación de una plaza caraqueña por parte de un grupo de militares que reclamaban la renuncia del presidente y, finalmente, el referendo de 2004, en el que Chávez se impuso limpiamente.
En Bolivia la resistencia asumió otras formas. Al principio, la reacción indignada de Petrobras, que amenazó con retirarse del país si no se daba marcha atrás con la nacionalización, y del gobierno de Brasil, que hasta amagó con retirar a su embajador. Pero el agua nunca llegó al río y el núcleo opositor se fue trasladando a los departamentos de la Media Luna que, capita- neados por Santa Cruz, reclaman más autonomía y un mayor porcentaje de la renta obtenida de la explotación del gas ubicado en sus territorios. En Ecuador, la oligarquía exportadora de Guayaquil, golpeada por el vendaval antipolítico, no logró articular un movimiento creíble de oposición, al menos no en esta primera etapa, por lo que la resistencia a las políticas de Correa se concentra en las empresas y los bancos privados y algunos medios de comunicación. En Argentina, como cualquier adicto al bife de chorizo sabe bien, el desafío más importante a cinco años de hegemonía K es el movimiento de reclamo sectorial con cortes de ruta liderado por las cuatro entidades del campo.
Balances
La realidad latinoamericana ha cambiado. Por muchos motivos, desde las cláusulas democráticas de las instituciones supranacionales tipo Mercosur hasta las nuevas formas de modernidad líquida, que impiden un autoritarismo a la vieja usanza, el recurso al golpe militar ya no es una opción. Esto ha hecho que los sectores políticos, económicos y culturales que en el pasado tocaban el timbre de los cuarteles cuando un gobierno no les gustaba hoy transiten otros caminos. En los casos virtuosos, se reciclan en opciones políticas democráticas, cuyo mejor ejemplo tal vez sea la derecha de Sebastián Piñera en Chile o el PSDB en Brasil. Pero en otros casos la defensa de sus intereses asume formas menos claras, desde reclamos empresariales que luego derivan en un golpe de Estado que se niega a reconocerse como tal, como en Venezuela, a demandas autonomistas, como en Bolivia, o esa combinación de protesta sectorial con piquete que vivimos en Argentina. Muchas veces, lo que nace como un reclamo puntual por un tema determinado se transforma con el tiempo en un movimiento más amplio e indefinido, que a veces hasta olvida el motivo que lo originó.
Una advertencia necesaria: esto no implica un juicio de valor positivo acerca de las políticas económicas de los gobiernos mencionados. Chávez utiliza la gigantesca renta petrolera para ampliar las misiones sociales, pero también para donar combustible a la ciudad de Londres, comprar submarinos para evitar una improbable invasión estadounidense y fomentar la cooperación con Belarrús; Correa ha destinado parte de los nuevos ingresos a duplicar el Bono de Desarrollo Humano, pero también se gastó 3 millones de dólares en la construcción de Ciudad Alfaro, el edificio donde sesiona la Asamblea Constituyente y a cuya inauguración el presidente llegó montado a caballo; Kirchner sube las jubilaciones, pero también invierte en el tren bala y la obra social de Moyano. En realidad, la decisión de apropiarse de un porcentaje mayor de los recursos nacionales es una condición necesaria pero no suficiente para un buen gobierno. Es el principio, nunca el final de una política económica.
Pero así están las cosas. Siguiendo a Ernesto Laclau, la política supone, entre otras cosas, dos campos enfrentados. Marco Aurelio García, el asesor de Lula en temas internacionales, lo explica bien cuando dice que el PSDB, el partido de Fernando Henrique Cardoso y José Serra, no es un partido de derecha, pero es el partido de la derecha. En otras palabras, a veces no importa tanto la ideología de un partido o de sus líderes sino el lugar político en el que se ubican. La política, mal que les pese a algunos, no es nunca puro consenso. Pero tampoco puede ser pura confrontación. Exige siempre un balance, que no es un fruto divino que cae del cielo, sino el resultado de una determinada correlación de fuerzas que supone decisión y potencia, pero también negociación y cierta astucia para el timming, y que no se expresa en una fórmula matemática sino en un equilibrio complejo. Y transitorio: la fuerza de un momento puede ser debilidad en otro, así como las tácticas –y los hombres– que sirvieron en el pasado hoy pueden resultar completamente inútiles.
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Junot Díaz y la nueva cultura norteamericana : Alicia Borinsky
Con La maravillosa vida breve de Oscar Wao, el autor dominicano ganó el premio Pulitzer de Novela. La obra es una muestra de la mezcla de pueblos, tradiciones y lenguas. Por otra parte, es la primera narración de ambiente latino escrita en inglés que tiene un estrecho
parentesco con las novelas históricas latinoamericanas en idioma español.
Por Alicia Borinsky | © LA NACION
El hood, the barrio, patio, muchacha, chico, las nannies, hola, vámonos, the bodega , empanadas, ¡azúcar!, tener attitude, salsa, el freezer, el super, ser top, los sneakers y the paella se naturalizan y mezclan en un inglés y español que dan testimonio de la gente que va y viene por las calles de Estados Unidos. No se trata de un bilingüismo que deje a cada idioma idéntico a sí mismo sino de un sonido nuevo tanto para el inglés como para el español, de una cadencia que nos invita a reconocer que la inmigración hispana ya está instalada en el Norte.
Junot Díaz, que acaba de publicar su primera novela: The Brief Wondrous Life of Oscar Wao ( La maravillosa vida breve de Oscar Wao ), es un ejemplo de la nueva cultura estadounidense. Mientras sus predecesores practicaban un relativo pintoresquismo, Díaz propone algo nuevo que lo ubica como cultor de un arte con una rica capacidad alusiva. Autor de un volumen de cuentos, Drown [ Los boys ], y colaborador del New Yorker , fue inmediatamente considerado como uno de los grandes talentos de la literatura norteamericana y su carrera comenzó a ser seguida con mucha atención pero el pasaje de los años y la ausencia de la novela hicieron que algunos dudaran de la existencia de esa novela. Era posible, después de todo, que la velada característica autobiográfica de los cuentos implicara que el autor se había agotado en un brillante ejercicio de autopresentación.
Ahora, al cabo de diez años de espera, la novela está ante nosotros.
Junot Díaz nació en 1968 en Santo Domingo y a los seis años emigró a Nueva Jersey con sus padres. Allí comenzó un período de integración en la vida de Estados Unidos con el tipo de escollos lingüísticos frecuentes entre quienes comparten sus circunstancias. En lo personal, su existencia fue particularmente difícil. En la década del
ochenta, casi al mismo tiempo que su padre abandonaba el hogar, uno de sus hermanos moría de leucemia y el grupo constituido de madre y cuatro hijos se vio forzado a vivir en la pobreza.
Díaz aprendió trabajosamente el inglés y cuando lo hizo, abandonó el español, que solo recuperaría a través del estudio, a una edad más avanzada. Sus padres huyeron de un Santo Domingo gobernado por Trujillo y su infancia estuvo dominada por el secreteo acerca de los crímenes cometidos por el régimen, los padecimientos infligidos a familiares y allegados comentados a medias, refractados en comportamientos que solo entendería más adelante a través de su escritura. La lengua materna de Junot Díaz es, como esas historias, un recuerdo actualizado por una elección personal cuya contraparte cultural emerge en su obra. Estudió en las universidades de Rutgers y Cornell.
Actualmente es profesor en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), donde enseña literatura creativa en inglés. Se autodefine frecuentemente no como escritor ( write r) sino como artista ( artist ).
Durante una visita que hizo a Cornell para leer partes de su novela, un estudiante le preguntó cómo se sentía enseñando en el MIT, universidad sumamente exclusiva y destacada por su enfoque científico. Hay un lugar común en Estados Unidos que sostiene que los estudiantes que asisten al MIT manifiestan una incomprensión bastante radical con respecto a la razón de ser de las humanidades. Díaz respondió que cree que su misión es enseñarles a ser compasivos y admitir la necesidad del error para equilibrar la creencia en la infalibilidad de la mirada científica. Esa perspectiva anima la construcción de la novela, que abunda en datos incorporados tentativamente y un gusto por detalles que no se ordenan en un todo armónico sino que adoptan el retazo como principio de composición.
Hombre de color oriundo de Santo Domingo, a Díaz le preocupa que su obra sucumba a una mirada que lo trivialice y lo muestre solo como representante de su condición histórica y racial. Los cuentos de Drown están escritos en un inglés nervioso, interesado en captar el ritmo del habla de la calle, con una atención a la vida cotidiana que recuerda ciertos momentos de Saul Bellow en clave hispana. El lector que busque una especificidad colectiva, el ser latino, hallará aquí algo de lo que desea. La maestría de esos relatos, que presentan ambientes y personajes, reside en la crueldad y la distancia con que se narran, dejando a un lado el sentimentalismo de otros escritores latinos. Hay violencia, sexo, pobreza y palabras en español que se entremezclan con el inglés.
La novela es un acontecimiento literario de mayor originalidad. En ella se entretejen historias íntimas de personajes que han ido de Santo Domingo a Nueva Jersey, narradas con un ritmo que a ratos se acerca al de una antología de cuentos, ya que algunos de los capítulos poseen una unidad que los hace bastante independientes. El mundo de Trujillo en Santo Domingo es evocado como un universo brutal, con persecuciones caprichosas, robos, asesinatos y violaciones. Las notas al pie que remiten a versiones de hechos históricos completan el ambiente de intrigas políticas y sentimentales. Leemos allí acerca de Zsa Zsa Gabor, Barbara Hutton, Porfirio Rubirosa, problemas limítrofes, el carácter de la educación trujillista, que permitió que un estudiante graduado respondiera a una pregunta sobre las civilizaciones desde la era precolombina diciendo que la más importante había sido la de Santo Domingo durante la era de Trujillo.
Oscar Wao es un apodo dado al protagonista por un personaje que le nota un parecido con Oscar Wilde. Oscar es un nerd, lo que en inglés significa una mezcla de traga y marginado, alguien que no es cool , canchero ni piola en el habla porteña. Obeso, obsesionado por las novelas gráficas, los juegos de video y la computadora, Oscar lee y escribe, es un intelectual que mezcla el mundo de la cultura oficialmente considerada alta y la de ciencia ficción de raigambre definidamente popular. En un contexto en el cual las historias que relacionan a los otros personajes entre sí tienen que ver con las relaciones sexuales y la naturalización de la obscenidad para comunicarse verbal y sentimentalmente, Oscar carga a cuestas con su virginidad. Sus intentos por conseguir una mujer son ridiculizados, su cuerpo se interpone y solo hacia el final de la novela logra consumar el acto sexual.
La novela está tironeada por varias tradiciones que incorpora con éxito en su factura. El machismo de la literatura latina, que representa a las mujeres a través de su anatomía, está omnipresente pero la incapacidad que Oscar tiene para relacionarse con ellas revisa la tradición con una nota amargamente paródica.
Esta es la primera novela latina en inglés que acusa un intenso parentesco con la narrativa latinoamericana en español, particularmente con la novela histórica y, sobre todo, con la obra de Mario Vargas Llosa. Como en esta tradición, Junot Díaz hilvana sucesos íntimos de personajes cuyas vidas están signadas por los gobiernos y las sociedades en los cuales transcurren sus días, en una trama que abunda en corrupción fiscal, violaciones de derechos humanos y frivolidad. El protagonismo de la cultura popular de los jóvenes norteamericanos de los años ochenta sugiere que Oscar tiene una patria, es decir, un idioma personal que lo aísla doblemente en su calidad de nerd virginal y dominicano en Estados Unidos. La evocación del trujillato produce una mirada sin nostalgia hacia los orígenes.
Junot Díaz no quiere ser encasillado en la necesidad de representar una colectividad. Hay una multiplicidad de grupos evocados en la novela: dominicanos, fanáticos de la cultura norteamericana de los años 80, adolescentes que exploran su sexualidad, exiliados políticos, turistas que regresan a su lugar de origen, latinos en las universidades norteamericanas. Todos ellos están presentados mediante un habla articulada en un inglés hispanizado que nos deja entrever Latinoamérica. Aun cuando Díaz rechace a aquellos lectores que tiendan a proyectarse como comunidad en su obra, es difícil no asociar su éxito con la capacidad de representar a una sociedad de migrantes que, en lugar de limitarse a aprender inglés, practica el contagio de sonidos, es expeditiva en su voluntad de comunicación y celebra el hallazgo de la palabra adecuada soslayando su origen lingüístico.
El spanglish es una versión de este fenómeno. Hay quienes lo reconocen como una lengua que ya tiene su diccionario y otros que observan, con reticencia, que es solo hablado por un grupo cuya inevitable integración en la sociedad estadounidense relegará el spanglish al rincón de las curiosidades históricas. La realidad cotidiana en Estados Unidos ofrece un abanico idiomático cuya presencia pone entre paréntesis cualquier decisión política sobre edificación de barreras para impedir la inmigración y las supuestas protecciones culturales que proclaman lengua oficial al inglés.
Para los escritores hispanos que escriben en inglés en Estados Unidos, es difícil no sucumbir a la tentación de autorrepresentarse, cultivar exageradas idiosincrasias nacionales y elaborar un mito de identidad étnica que los propone en una clave a la vez exótica y emblemática de un cambio cultural que afecta la definición del país en el cual viven. La diferencia entre el lugar en el que se vive y el lugar de donde se proviene propone un hueco frecuentemente tramposo por lo nostálgico, que se llena con imágenes musicales, culinarias, sexuales. Ante la hibridez de un idioma que surge de la mezcla, la alternativa es pintar hiperbólicamente a los personajes, sus amores y desengaños. De ese modo, en la localización de lo que se cuenta, los lectores norteamericanos reconocen a su propio país pero también se ilusionan con la idea de que en Cuba o en Puerto Rico la vida, al menos en las novelas llamadas latinas , se experimenta de un modo más intenso. Y son las palabras importadas del español las que traen consigo una atmósfera por la cual el inglés gana algo que ya tiene en su nueva composición demográfica.
La curiosidad con que se lee a los nuevos autores enmascara a menudo el deseo de que sean diferentes, estereotipables, vehículos para emprender un turismo interno que los mantenga separados. La autoexotización para el consumo contribuye a crear esta percepción y
cierto público lector se relaciona con las obras con el mismo apetito con que prueba platos regionales. Esta banalización de lo extranjero no es nueva pero es particularmente errónea en Estados Unidos porque el idioma nacional y la tradición literaria se encuentran en una transición cuyas características van mucho más allá de la cuestión inmigratoria.
Entre las novedades que trae Junot Díaz está la de su presencia, anclada en el inglés actual como testimonio de su múltiple pertenencia cultural. En su obra se filtran la tradición anglonorteamericana, la latinoamerciana y la latina, que tiene ya cultores importantes como Oscar Hijuelos, cuya novela The Mambo Kings Sing Songs of Love ( Los reyes del mambo tocan canciones de amor ) sirvió de base para una película ( Los reyes del mambo ); Cristina
García, autora de Dreaming in Cuban ( Soñar en cubano ) y Sandra Cisneros ( The House on Mango Street/Una casa en Mango Street ).
El personaje trágico y a ratos ridículo de Oscar Wao, refugiado en novelas gráficas, cómicsy juegos de video, nos recuerda que compartimos la necesidad ineluctable de construir una vida íntima, aunque tengamos que armarla en medio de ruido, violencia, viajes entre idiomas y culturas. La naturalidad con que Oscar está incómodo
en cualquier sitio, sobre todo en su cuerpo, nombra algo que intuimos como un hallazgo acerca de la vida en la actualidad.
adn*JUNOT DÍAZ Aunque rechace a aquellos lectores que tiendan a proyectarse como comunidad en su obra, es difícil no asociar su éxito con la capacidad de representar a una sociedad de migrantes que, en lugar de limitarse a aprender inglés, practica el contagio de sonidos, es expeditiva en su voluntad de comunicación y celebra el hallazgo de la palabra adecuada soslayando su origen lingüístico.
El Síndrome Hubris, o el orgullo, una posibilidad a cuidar en el ejercicio del poder: Isabel F Lantigua, España
Conviene estar rodeados de «abogadas y abogados del diablo». Personas que pueden expresar sus puntos de vista cuestionando, o contradiciendo al que está "arriba", a la gerencia, al padre, a la madre, en fin, al poder.
Isabel F Lantigua, periodista española en el área de la salud expone en su artículo El delirio de los políticos, que suele ocurrirle a algunos políticos la megalomanía o el Síndrome Hubris.
Sucede a veces que el exceso de aprobación, la concentración del poder, va generando cambios en la personalidad, en la psiquis, de algunos líderes políticos, que se va expresando con un despegue de la realidad, una pérdida de la capacidad de escuchar, una cierta imprudencia, y falta de meticulosidad para tomar decisiones, sin sopesar bien consecuencias, alternativas…
Dice la analista Isabel F Lantigua que en la política esta debilidad se suele dar porque en este quehacer, muchas veces, influye en quien detenta el liderazgo el que se haya tenido fidelidad, no necesariamente mucha inteligencia. Yo pregunto: ¿Qué tipo de fidelidad, a qué, a quiénes? Puede ser a un sueño, puede ser un apego al ejercicio del poder. También a ser “importante”, ser famoso, halagado, lo cual se puede conseguir, sirviendo a determinadas clases, halagar la vida de los poderosos (algunas personas que se dedican a reseñar vidas de famosos, por ejemplo), o defender sus intereses, o a no contrariar sus ideas, por lo menos públicamente.
Se dice que a Joaquín Balaguer, en la República Dominicana, le fue fácil mantenerse en el poder porque fue fiel a los militares, a los grupos económicos poderosos, y a otros poderes fácticos, dentro y fuera del país.
A nivel internacional ella pone el ejemplo de Bush, Tony Blair y Aznar en su decisión de invadir Irak. También en España de el político Mariano Fernández Bermejo.
A esta debilidad se le llama Hubris, del griego, y quiere decir orgullo. Lo contrario es Nemesis, que es la caída a la realidad, cuando la persona ve modificada su situación cuando cesa el ejercicio del poder.
Pienso, que el ámbito de las relaciones interpersonales, en la pareja, en el trabajo, también sucede el Síndrome Hubris.
Acá el artículo completo.
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2008/04/18/neurociencia/1 208541838.html
sensualidad (poema)
sólo son musas cuando no lo saben.
Y tú...
quiero que sepas
del sosiego que domina todas las prisas
de temer y no temer
de perder
y ganar
juego
con gorriones
herida producto del SIDA
cuidada
y luego
descanso
mirar los tonos de los verdes de las hojas
y luego
saltar
abrazar a tus hijos e hijas
hasta quedar sin aliento
y luego respiras
y te sumerges en un tiempo sin tiempo
en las aguas de la flores
en las sábanas
en fresca gelatina
que hacen los cuerpos
con cualquier ser
en cualquier cama.
Y sé es códigos
al escribir
como si fuese la última palabra
y la escribes sin reglas
o con reglas
sin prisa
sin importar miradas escrutadoras
y los juicios
que te siembran en el miedo
quedan vencidos
sensualidad
regada en todo espacio
en toda piel
en cada realidad bastarda
o muy venerada
sensualidad
en la hiel y en el trigo
que es miel
del sol
y de cada mirada.
md
27.abril.2008
santiago, república Dominicana.
Chile y el neoliberalismo, el shock aprovechado para instalarlo: Naomi Klein
Naomi Klein viene al ''laboratorio Chile''
El capitalismo 2.0 no garantiza sino que limita la libertad de las personas.
Esa es la consigna del último libro de la canadiense superventas y que sitúa como kilómetro cero de la globalización neoliberal la instauración del modelo económico bajo la bota de Pinochet en nuestro país. La próxima semana Klein estará de visita acá, donde comenzó todo.
Ana Rodríguez Silva
La culpa de todo la tiene el "Doctor Shock", dice Klein. Milton Friedman, un hombre carismático y ambicioso, perteneciente a la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, es posiblemente el único economista que pudo poner en práctica sus reformadores planteamientos, experimentando directamente con un país del Cono Sur.
Y ese país es Chile. Una nación que de recóndita y desconocida no tiene nada, pues ha estado bajo la mira de la potencia estadounidense desde 1965, año en que comenzó el denominado "Proyecto Chile", un plan consistente en educar estudiantes cuidadosamente seleccionados de la Universidad Católica, en la Universidad de Chicago. Un concepto de "intercambio" mal entendido, destinado a resistir las ideas del desarrollismo latinoamericano que comenzaban a surgir en la época.
Naomi Klein sintetiza estas ideas en su libro "La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre", diciendo: "Friedman soñaba con eliminar los patrones de las sociedades y devolverlas a un estado de capitalismo puro, purificado de toda interrupción como pudieran ser las regulaciones del gobierno, las barreras arancelarias o los intereses de ciertos grupos (…)
Friedman creía que cuando la economía estaba muy distorsionada, la única manera de alcanzar el estado previo era infligir deliberadamente dolorosos shocks: sólo una 'medicina amarga' podía borrar todas esas distorsiones y pautas perjudiciales".
Fue precisamente a través de un shock que se "corrigió" el modelo con que el Chile de Allende funcionaba. Un golpe eléctrico –a veces, literal- que instauró una dictadura militar, con un cabecilla que posaba para la foto de lentes oscuros, que nada sabía de economía y que escogió precisamente a los "Chicago Boys" para su asesoría en estas materias.
Cuando se examina en el aula la economía setentera chilena con microscopio y se desprecian los intentos del Estado por aliviar la pobreza, diseñar programas de nuevas estrategias económicas y trabajar en conjunto con los militares para mantener a la población aterrorizada y preparar el shock no resulta tan descabellado. El plan de Friedman iba sobre ruedas.
Al poco tiempo del Golpe, Friedman visitó Chile y fue recibido, según Klein, como un rock star. "A lo largo de toda su visita, Friedman machacó con un solo tema: la Junta había empezado bien, pero necesitaba abrazar el libre mercado sin ninguna reserva. En discursos y entrevistas utilizó un término que hasta entonces jamás se había aplicado a una crisis económica del mundo real: pidió un 'tratamiento de choque'.
Afirmó que era 'la única cura. Con certeza. No hay otra forma de hacerlo. No hay otra solución a largo plazo'", cita la canadiense.
"La doctrina del shock requiere condiciones sociales en que haya un extendido temor, pánico e incertidumbre en la población. En esas condiciones es que dejan de operar las estructuras de las fuerzas sindicales, gremiales y otro tipo de asociaciones", dice el director ejecutivo de la Asociación Chilena pro Naciones Unidas (ACHNU), Osvaldo Torres. ¿Es necesario recordar cómo se mantuvo el clima de temor?
Los resultados
"Una de las manifestaciones más puras del sistema económico imperante que indica Klein es justamente el modelo nacional, donde las variables de desarrollo solamente son medidas en función del crecimiento", dice el académico del departamento de Sociología de la Universidad de Chile, Rodrigo Figueroa.
Para Osvaldo Torres, los argumentos de Naomi Klein van desnudando "el carácter ideológico de la 'ciencia económica de la Escuela de Chicago', quedando desenmascarado como un discurso que tiene tras de sí un proyecto político de carácter neoliberal, que no puso ninguna cortapisa para imponerse, aplastando las democracias formales que se daban tanto en América Latina como en otros lugares del mundo.
Desde esa perspectiva creo que ella muestra un panorama en que la globalización podría haber avanzado con otro rostro y otros caminos y no el del shock y la brutalidad". "En Chile aún vivimos las secuelas de lo que fue esta doctrina, que lentamente se ha intentado reponer con un giro en la política económica, que no ha sido un giro muy radical, y con una lentísima recuperación del protagonismo de las instituciones y la participación democrática", asegura Torres.
Según Figueroa, la nuestra es una sociedad en la que el modelo de desarrollo se aplica "a rajatabla en función de tener algunos parámetros que va a exigir el mercado como mecanismo de regulación social en distintas materias". Esto es salud, educación, fondos de pensiones, acceso a
protección social.
Para el académico de la Universidad de Chile, en el país ha predominado una visión fundamentalmente pensada en el mercado, en que el Estado asume un rol corporativista, en el sentido de cautelar el correcto desarrollo del modelo.
"No me cabe la menor duda de que el Estado y la forma en que se ha ejercido la voluntad general a partir de él supone una protección de la propiedad privada, y por lo tanto de las dimensiones sociales o de la sociedad civil son entendidas como situaciones que deben ser controladas, que es lo que hace el Estado en los últimos quince años en Chile".
Además, y al igual que en muchos otros aspectos, el modelo neoliberal ha construido un sistema de relaciones laborales "donde se tiende a la individualización y a desvalorizar los elementos colectivos del mundo del trabajo. Esto significa reducir el trabajo a una pura y simple mercancía, sustentando relaciones laborales individualizadas como si se estuviera concurriendo a un mercado de bienes cualquiera.
Por eso nuestra legislación le da escaso valor a la negociación colectiva, tal como estamos viendo ahora con trabajadores que no pueden negociar colectivamente ni tampoco organizarse, como los subcontratados", dice Figueroa.