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Caudillismo en RD y la institucionalidad burocrática. Por Incómicus Philósuphus


Mildred Dolores Mata / 17 de mayo del 2015

No conozco quien escribe en Acento con el seudónimo, Incómicus Philósuphus.

Más su artículo “De Trujillo a Pinochet, una moneda con dos caras” del 3 de abril del 2015 trata un tema visceral en mis intereses: la sistematización de los ethos de los pueblos.

El estudio, la reflexión, las preguntas en torno a los elementos de la idiosincrasia de la República Dominicana me atrapan recurrentemente con curiosidad, como reto, como tarea, como vivencia cotidiana reflexiva, con una mirada y una actitud atenta de búsqueda de sentido, desde lo emocional, desde lo cognitivo y como activista social y política.

Busco dominar, en parte, un diagnóstico social, económico, cultural y político de la República Dominicana y poner un granito de arena con sentido en el quehacer social y político dentro de colectivos diversos para que nos enrumbemos con un poco de certeza hacia un cambio que nos reporte más alegría, más bondad, más democracia y más calidad de vida, inclusivas, sin discriminaciones contra la mujer, y en la diversidad.

Bajo esta firma de Incómicus Philósuphus  se hace una caracterización del ethos cultural en RD con una larga tradición y se le describe predominantemente como: caudillismo, superficialidad, arbitrariedad, injusticia, relaciones primarias Vs. institucionalidad, orden burocrático racional, justicia, democracia...

Dos párrafos de la o el escritor representan una buena síntesis:

“Nuestra sociedad basada en el tradicionalismo paternalista es sumamente conservadora y sus principales componentes son la emotividad —en detrimento del racionalismo—, el amiguismo afectivo y el intercambio transaccional en base a la interacción social o sociabilidad funcional.”
(…)
“El caudillismo ha sido una actitud que siempre nos ha perseguido y, a diferencia de lo que muchos plantean, esta orientación social no nació o se inició con Trujillo, sino que más bien éste solo vino a encarnar o personificar ese principio social caracterizado por el capricho egoísta, irracional y autoritario, hasta llevarlo a dimensiones antes insospechadas, ahora ampliadas a todo un país.” (Incómicus Philósophus, Acento, 3 de abril 2015, negritas de Mildred Dolores Mata)
Ver en link: http://acento.com.do/2015/opinion/8236215-de-trujillo-a-pinochet-una-moneda-con-dos-caras/

Luego se establece una comparación entre este ethos cultural de la República Dominicana y el del hermano país de Chile, y se establece un porqué de la ruptura con la dictadura de Augusto Pinochet mediante un plebiscito en el año 1988 que dijo No a las pretensiones de éste y la Junta Militar de perpetuarse en el poder, culminando con la elección de Patricio Aylwin en marzo del 1990 por la Concertación de Partidos por la Democracia.

En el análisis de Incómicus Philósiphus se contrapone como diferencia fundamental entre RD y Chile el que en la sociedad chilena se han tenido raíces largas y profundas de  institucionalidad cultural y burocrática, más allá de lo político público, que permitieron finalmente dar al traste  con ese autoritarismo y totalitarismo conservador. Mientras que nuestro autoritarismo y medalaganarismo se prolonga como si fuese destino.

 La larga pesadilla de la dictadura neoliberal de Augusto Pinochet en Chile con zigzagueantes estados económicos de crecimiento junto a más  pobreza duró unos  quince años en un contexto internacional de las y los Chicos de Chicago (Los Chicago Boys con Milton Friedman a la cabeza) de triunfantes con  cuestionamientos no universalmente sentidos con pasión aceptable y sin contrapesos de poder significativos desde los intereses y la cultura del bienestar social y de la democracia radical inclusiva.

Chile y gran parte de la humanidad transcurría adocenadamente con la estrangulación de los pueblos con austeridades para una/os y festines de negocios con lo público para otros/as.
Aún hoy en Rep Dominicana se considera gracioso el salirse con lo suyo para el boato banal consumista y el disfrute sesgado de quien exhiba: música alta, artículos ostentosos, cosificación sexual, vehículos y otros bienes lujosos, etcétera, sin importar los mecanismos e ilegitimidades que soporten locuras consumistas sin límites.

Mildred Dolores Mata
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Coloco más abajo el artículo citado completo

De Trujillo a Pinochet, una moneda con dos caras

Por Incómicus Philósuphus

3 de abril de 2015

...y el más patético en el figura de Rosario en la Junta Central y Electoral, el cual, no lo dude, será el próximo caso con el síndrome “Moscoso Segarra”, esta vez no en lo judicial, sino en lo electoral.

1. Trujillo

La cultura del caudillismo es de siempre. Es nuestra impronta social y cultural.

El caudillismo está impreso en nuestro psiquismo colectivo de manera engramática.
Este fondo endotímico de nuestro tejido social ha evolucionado en sus formas de expresión, pero no en su sustancia y se sigue replicando hasta nuestros días, cual si fuera nuestro ADN colectivo.
Nuestra sociedad basada en el tradicionalismo paternalista es sumamente conservadora y sus principales componentes son la emotividad —en detrimento del racionalismo—, el amiguismo afectivo y el intercambio transaccional en base a la interacción social o sociabilidad funcional.
En las familias de nuestros padres y abuelos veíamos esta estructura codificada en aspectos como la repartición de la comida: la presa más suculenta del pollo le correspondía al padre de familia, el muslo al hijo mayor y así sucesivamente hasta llegar al menor de los hijos al cual le tocaba el “cocote”.

Pretender una pieza de pollo distinta y más apreciada era rebelarse contra el caudillo familiar, el padre.

Pero esa acendrada actitud autoritaria y caudillista del jefe de familia, se expandía, aumentando su círculo de acción, a través de los caudillos comunitarios que ejercían de igual forma su recia influencia, de tal suerte que se convertían en una devota referencia a la hora de resolver y dirimir las más diversas situaciones.

El caudillismo ha sido una actitud que siempre nos ha perseguido y, a diferencia de lo que muchos plantean, esta orientación social no nació o se inició con Trujillo, sino que más bien éste solo vino a encarnar o personificar ese principio social caracterizado por el capricho egoísta, irracional y autoritario, hasta llevarlo a dimensiones antes insospechadas, ahora ampliadas a todo un país.

Algunos aún recordarán, en la figura de Petán, como éste desperdigaba aleatoria y caprichosamente gestos que algunos interpretaban como bondadosos al permitir el acceso a sus fincas de modo que la gente pudiera recoger mangos. Pero este gesto no era desinteresado, por el contrario, tenía el único propósito de que sus vacas que allí pastaban no se atragantaran y murieran con las semillas de los mangos. Más de alguna ocasión un despistado sufrió su castigo por ingresar a sus propiedades creyendo que podía hacerlo (hay gente que olvida cuando es la época de los mangos). De igual forma, la arbitrariedad propia de la condición autoritaria, hacía que Petán entregara regalos en las calles para luego, en el siguiente día, mandar a trancar a algún desafortunado.

Así, vemos como aún en nuestros engañosos días de modernidad, orientados exclusivamente solo hacia el consumo, cada cacique en el aparato estatal se erige dueño y señor de un determinado coto que gobierna por encima de la ley de manera administrativa. Ejemplos sobran. Solo recordar dos recientes: El Director de Aduana con su famoso cobro a todas las mercancías cuyo valor fuera inferior a US$200, y el más patético en el figura de Rosario en la Junta Central y Electoral, el cual, no lo dude, será el próximo caso con el síndrome “Moscoso Segarra”, esta vez no en lo judicial, sino en lo electoral.

Con una población del 40% de pobres y 20% de indigentes, una clase media ansiosa y temerosa cuya motivación es la de dar “un palo” y saltar ilusamente a “millonaria”, con claros visos de arribismo y «parejería» propios de su ferviente afán social, una clase dominante económicamente que sigue persiguiendo obtener prebendas y asegurar aún más sus ganancias, conforman un vector social que define el destino de Rep. Dominicana: ni en 500 años llegará a estadios en donde el Estado sea una entidad regulada por la racionalidad y los criterios funcionales de meritocracia que presentan las sociedad secundarias y que no se basan, como en las sociedades primarias, en la reactividad del estímulo emocional muy propio de la dimensión de lo enteramente orientado por la funcionalidad social.

Si hay algún salto evolutivo en ese sentido, ese salto será indefectiblemente del tipo cuántico, y en lo social ese tipo de salto ya sabemos lo que implica y conlleva.

2. Pinochet

Chile posee una larga tradición democrática cuyo fundamento es la burocracia.

La burocracia es el aspecto esencial en el psiquismo del chileno que se refleja en una amplísima diversidad de aspectos con derivadas consecuencias.

En el lenguaje, el chileno posee un sonsonete y un hablar hacia adentro, con el uso excesivo de los diminutivos.

Sus relaciones interpersonales son burocráticas y están basadas en la planificación, de tal forma que una reunión de amigos puede seguir un procedimiento que, a la luz de la sociabilidad inmediata caribeña, puede resultar insoportable.

El golpe militar de 1973 rompió esa tradición democrática e institucional.

Sin embargo, la dictadura no afectó su engrama social sustentado en la burocracia e institucionalidad.
Así pues, sin traicionar ese principio subyacente en la fibra social de la chilenidad, el gobierno militar produjo notables transformaciones económicas a principios de los años 80s. Paradójicamente, lo que para Chile era una gran desventaja desde el punto de vista geográfico, fue una ventaja en posteriores décadas.

Chile aislado, ubicado en el extremo sur de América, con un muro natural como lo es la Cordillera de los Andes en su espalda, y, al frente, mirando hacia un enorme Océano Pacífico, no le quedó más que iniciar la transformación económica a través del comercio exterior y desarrollar un plan de exportación que llevaría a ejecutar con disciplina militar y que a su vez reduciría su dependencia de las exportaciones del cobre.

Uno de los mercados que Chile exploró fue el asiático, al otro lado del Pacífico. De esta forma Chile se vió enfrentado a desarrollar estándares de calidad y producción a la altura de ese exigente mercado.

Cuando en el mundo se empezaba a hablar de globalización, ya Chile estaba preparado para enfrentar el desafío mundial con un saber hacer y experiencia de años.

Pero esto solo fue posible realizar mediante un plan de desarrollo al cual todas las fuerzas productivas de la nación hubieron de inscribirse con disciplina militar.
Sin embargo, Chile no traicionaría su tradición; no podía.

De esta forma, Chile es el único país que ha salido de una dictadura por la vía democrática a través de un plebiscito… La fuerza idiosincrática de su institucionalidad burocrática finalmente prevaleció.
Volviendo nuevamente al caso de la Rep. Dominicana, observamos que en el dominicano, en su estructura mental, en su psicología social tan oprimida a través de diversas fuerzas que lo subyugan poco a poco y de maneras subrepticias, se desarrollan a la vez mecanismos de defensa psico-emotivos mediante la creación de polaridades (muy similares al religioso).

Son polaridades a través de las cuales proyecta sus aspiraciones y esperanzas hacia el polo bueno y cataliza toda su desgracia y maldad hacia el polo malo. En el caso político tenemos: Danilo, bueno; Leonel, malo. Hipólito, bueno; Miguel, malo. Dios, bueno; Diablo, malo.
En esta película, del Bueno y el Malo, solo falta el Feo.

Esa forma de encarar la realidad es permisiva, porque no permite ejercer el pensamiento crítico hacia los fundamentos de una estructura perversa de gobierno entronizada y dictatorial, y un sistema político de partidos putrefacto y corrupto aupados por poderes fácticos económicos. Es una postura mental bipolítica que relega la razón y solo es impulsada por la emotividad que ata afectivamente el psiquismo hacia la parcela política contraria a la que se niega con todas las fuerzas intestinas.
El votante es, entonces, el Feo de la película.

¿Podremos los dominicanos traicionar nuestro destino…?

El votante recicla, cual efecto yin-yan, las mismas ofertas políticas, convirtiéndose, en último término, en el responsable de mantener el estado decadente de la política actual.

Referencia

http://acento.com.do/2015/opinion/8236215-de-trujillo-a-pinochet-una-moneda-con-dos-caras/

Pobre institucionalidad: Cultura e identidad social y política en la República Dominicana

Artículo de Bernardo Matías,

sobre el tema de la no institucionalidad y el incumplimiento de las reglas en RD

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TOCANDO EL FONDO

INCUMPLIMIENTO DE LAS REGLAS EN LA SOCIEDAD DOMINICANA ¿CULTURA O CONTRACULTURA? 

BERNARDO MATIAS

Nuestra sociedad, desde los albores de la colonización, ha estado asentada lo que a primera vista para una desconcertante, dañina y paralizante cultura del incumplimiento de las reglas y las normas. No obstante, este comportamiento individual y colectivo debe ser situado en un contexto cuyas raíces inician con el mismo modelo colonizador implantado arbitrariamente por los españoles, y que se profundiza durante el período postcolonial con la configuración de relaciones sociales y económicas duales (capitalismo vs. precapitalismo) y excluyentes; y de un Estado de naturaleza conservadora y autoritaria.

En efecto, el período y colonial se caracterizó por un desfase de la realidad socioeconómica, política y cultural de la colonia con los valores y las leyes directamente importados desde la corona. La imposición de las autoridades y las leyes generaron la cultura del cimarrón no sólo en los negros esclavos, sino en los propios colonizadores excluidos del poder. Las rebeliones frente a leyes impuestas fue un fenómeno que marcó la vida cotidiana de la colonia. En ese sentido, el no acatamiento de las reglas coloniales, más que una cultura, se constituyó en una contracultura, en una resistencia frente a lo arbitrariamente impuesto.

De aquí se desprende un primer supuesto: la imposición de leyes y valores, al margen de la realidad concreta de una sociedad, tiende a generar un tipo de resistencia que deviene en cultura de desacato a las reglas y al establecimiento de códigos de comportamientos implícitos e informales que son respetados y asumidos en los microespacios y terminan funcionando como contracultura. Los negros cimarrones se dieron sus propias normas de relaciones grupales; el campesino se dio patrones de comportamiento que moldearon y regularon sus relaciones informales; en el espacio urbano las redes informales tienen sus propias reglas de juego.

Esta tensión entre modelo impuesto y resistencia se acentúa durante el período independentista y postindependentista. Esta etapa de nuestra historia se caracterizó por una lucha constante entre la imposición de un modelo de Estado de factura europea y la realidad de la nueva sociedad. Los liberales estuvieron influenciados por una visión europeizante del Estado y la sociedad, mientras que los conservadores, además de su eurocentrismo, configuraron la idea de un Estado cuyo fundamento no era la ley ni la norma, sino la figura del caudillo, sus intereses y caprichos personales. En ese escenario, el país vivirá la tensión entre darse un Estado a la medida de nuestro desarrollo social y económico o conforme a las ideas eurocentristas dominantes.

Simultáneamente la sociedad dominicana se iba moldeando con el desarrollo de una economía dual donde el capitalismo asomaba la cabeza y las relaciones precapitalistas en lugar de desaparecer se enraizaban y resistan a morir. Esta dualidad económica marcará en gran parte el comportamiento dual de nuestra sociedad frente a lo formal. El capitalismo por su propia naturaleza requiere de normas y leyes funcionales, en cambio en las relaciones precapitalistas la informalidad, el compadrazgo, las relaciones primarias, funcionan por encima de las leyes y normas. El precapitalismo no significa ausencia de reglas, sino que lo predominante es la presencia de códigos éticos informales que operan funcionalmente al margen de lo normal o prescriptivo dentro de la esfera del Estado.


Contrario a la imagen construida sobre el funcionamiento de las leyes durante la dictadura trujillista, este fue el período donde más se configuró una cultura del desacato de las reglas o leyes. Con Trujillo se institucionalizó la cultura de que quien tiene o controla el poder puede violar las reglas sin que degenere en consecuencias condenatorias. La ley existía para quien estaba fuera de la estructura de poder del dictador y caudillo, en cambio todo aquél que formara parte de su favor o agrado tenía carta abierta para el desacato y la instrumentalización de las normas legales.

Por su parte, el balaguerismo no sólo será un continuum de esta cultura del incumplimiento de las reglas, sino que será el período de su justificación e institucionalización. La visión instrumental de la Constitución y las leyes moldeará toda la sociedad. Es el Estado mismo quien llama a violar las leyes y la Constitución, cuando Balaguer define a la Constitución como". Este absurdo político nos convierte en una sociedad única. Parte de las funciones del Estado es garantizar el cumplimiento de las reglas establecidas por él mismo. Nuestra sociedad inaugura una ideología del desacato de las reglas, la cual es enarbolada desde el mismo Estado. Esta práctica contradictoria, perversa y dañina en lugar de erradicarse en nuestra sociedad se ha ido soldando y consolidando cada vez más.

Las relaciones desiguales y las asimetrías sociales motorizan el relajamiento de las propias instituciones públicas, hace más difícil la construcción de una cultura ciudadana que facilite la adhesión a las reglas y normas de la sociedad. La exclusión y la fragmentación social genera un ciudadano que hace de la ruptura de lo normativo un mecanismo de supervivencia. Es la cultura del “cimarrón” que busca sobrevivir frente a las exclusiones generadas en “las plantaciones”. Pero es a la vez la cultura del “amo” que entiende que su poder lo convierte en persona invulnerable e intocable cuando viola las reglas y las leyes. Él es su propia ley.

Dentro de las crisis éticas que vivimos en nuestra sociedad, el incumplimiento generalizado de las reglas y las leyes constituye uno de los más graves. Este comportamiento arropa la vida individual, familiar, social e institucional. Cada vez más el incumplimiento se asume como un valor esencial de supervivencia y se ha ido convirtiendo en un comportamiento socialmente tolerado.

Los dominicanos y dominicanas, al igual que otros países latinoamericanos, hemos desarrollado los mecanismos más diversos y variados para el desacato y la burla de las leyes y las normas. Se burlan, violan y desacatan las normas de salud, de orden público, en las universidades, de tránsito, ventas ambulantes, en los partidos, en las familias, las iglesias, las organizaciones públicas y privadas. Sin embargo, pocas veces hay consecuencias. Cuando un colectivo internaliza que el incumplimiento de las normas, las reglas o compromisos no tiene consecuencias, el resultado final es que el relajamiento de las reglas de juego termina siendo parte de su identidad.

El incumplimiento de las reglas arrastra en cadena una serie de consecuencias que frenan el desarrollo de una sociedad. Una de las consecuencias de la cultura del incumplimiento es que corroe la convivencia y los tejidos sociales de un país; existe una percepción de ilegitimidad y desconfianza de la autoridad y las instituciones; se impone el individualismo con la consecuente pérdida de lo colectivo.

Una sociedad se construye sobre rocas cuando establece un conjunto de valores considerados “duros”, innegociables, los cuales trascienden a las instituciones, los individuos y a las generaciones. La cultura del cumplimiento de las reglas nace en el seno de la familia y se institucionaliza en el Estado y las redes de organizaciones que cohesionan la sociedad. El cumplimiento implica relaciones de respeto mínimamente humanas entre unos y otros, pero especialmente cuando el Estado se convierte en el principal promotor de una nueva cultura ciudadana.


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Animando la etica y una democracia social real. Por Bernardo Matías

Buenos ideales y ética para el equipo de gobierno electo para dirigir  la República Dominicana desde el 2012 hasta el 2016.

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TOCANDO EL FONDO

BERNARDO MATIAS

ORACION POR LOS NUEVOS GOBERNANTES

Cuando no podemos producir los cambios con nuestras propias fuerzas, es necesario acudir a la dimensión infinita de la existencia, a lo insondable, al misterio, a la espiritualidad trascendente, pasar de lo fáctico y vulnerable, a lo duradero y consistente. Hoy quiero colocarme en este plano de la vida. Deseo compartir con ustedes lo que es mi oración por quienes dirigirán el país a partir del 16 de agosto. Estoy inspirándome en dos salmos de los libros sapienciales que deben seguir de guía a cualquier gobernante. Me refiero a los salmos 1 y 72.

Te pido Señor, que nuestros gobernantes dejen de andar en el camino de los pecadores, de los que oprimen y humillan. Líbralos de sentarse en las sillas de los organismos internacionales, de los economistas y banqueros para calcular como endeudar el país, disminuir el gasto social y empobrecer más a nuestro pueblo.

Líbralos de los consejeros malvados, de los tecnócratas fríos y manipuladores, que su ley son los números, el mercado, la macroeconomía, la rentabilidad, la ganancia, olvidándose del rostro de la gente, de lo humanamente humano. Líbralos de sentarse en las sillas de los corruptos, de los narcotraficantes, criminales y asesinos. Que hagan causa común con lo deleznable y vergonzoso.

Que los nuevos gobernantes detengan el enriquecimiento desmedido de los dirigentes, su acelerada acumulación de capitales y el pragmatismo político en su versión más conservadora. Señor, que detengan la acelerada fragmentación de la sociedad dominicana y la inervación de un narco Estado que nos proyecta hacia la anomia social colectiva.

Te pido Señor, que la ideología del progreso que domine en nuestros gobernantes sea la que pone en el centro a la gente y los valores que vienen de ti.

Oh Dios, da juicio y sabiduría a nuestros gobernantes. Que gobiernen con espíritu de justicia.

Que conduzcan tu pueblo hacia una prosperidad que dé para todos y todas.

Que los montes, los campos y las ciudades brillen de bienestar, y el rostro de nuestra gente sea la mejor fuente para escribir los informes de economía y desarrollo.

Señor, que nuestros gobernantes no se deleiten ni se autocontemplen con espíritu narcisista en sus leyes o convicciones, sino que se deleiten en las palabras que vienen de Ti, en tus leyes de justicia. Líbralos Señor, de enseñorearse, de la prepotencia, la arrogancia, la ambición y codicia. Dale espíritu de humildad, sencillez y apertura. Que reconozcan su vulnerabilidad y no caigan ante cualquier tentación de entronización vanidosa.

Que nuestros gobernantes sean defensores del necesitado, que no sigan aprovechándose de su miseria e ignorancia. Transforma la tarjeta solidaridad en una auténtica carta de ciudadanía y bienestar. Que la dignidad del pobre y el necesitado sean rescatados y reivindicados.

Que aplasten todo acto de opresión, de mentiras, engaño e injusticia que vengan de los manipuladores y opresores.

Si es así, Señor, les recordaremos de generación en generación, vivirán en nuestra memoria mientras duren el sol y la luna.

En la memoria del pueblo crecerán como árboles empapados por la lluvia en tierra seca.

Sus adversarios los reconocerán por siempre.

Los pobres los recordarán no por las obras construidas ni las tarjetas regaladas, sino porque los hicieron hombres y mujeres con dignidad y honor.

Si nuestros gobernantes lo hacen así, serán como árboles plantados a la orilla del río y darán muchos frutos. Si hacen todo lo contrario serán como hojas secas, que se caen y se las llevan el viento.


Sosiego personal y coyuntura electoral



En estos días quiero hablar de la fortaleza de la sociedad. De lo que nos hace fuertes como colectivo.

En campaña electoral parte de la sociedad está angustiada, competitiva… y no es para menos. En el torneo electoral, como en todo torneo, unos ganan y otros pierden la justa.

Las partes intervinientes quieren ganar a cualquier precio…

Soy de las personas que cree que el estudio, la reflexión, el conocimiento, la solidaridad,la institucionalidad, la ciudadanía activa con estabilidad, nos hacen fuertes, y nada de esto es coyuntural.

Con la autonomía, con la solidaridad, sin egos debilitantes por perseguir la fama, el poder, el dinero…no hay nada que temer en la coyuntura electoral. De último minuto no deterioremos nuestro yo, ni nuestro relacionamiento constructivo.

Ni hay que hacer depender nuestra valía de elementos externos.

Si estamos internamente motivados, y si tratamos de vivir conforme a valores positivos de empatía, de superación, de solidaridad, de trabajo, con un ejercicio de ciudadanía activa, cada día, no hay que correr tras objetivos que no se construyen en una coyuntura electoral. Y estemos activos en la política, pero sin disminuir nuestra fortaleza interna de sosiego y de empatía.

Apostemos a que podamos permanecer en hermandad en nuestras relaciones, lo más que podamos…Que las elecciones no nos ganen en estados de ánimo negativos.

Abunda en estos días una cierta polarización. De a ratos, aparece el catastrofismo, cierto histrionismo…Se presionan las emociones y los sentimientos, para lograr objetivos de ganar, y la lucha del “poder por el poder” en la que se suele vivir desde hace cientos de años se limita poco para dejarnos espacios de paz y de comprensión. No permitamos que este ejercicio mal canalizado por nuestra débil institucionalidad nos invada en todo nuestro ser. Apostemos a que sobreviva la ecuanimidad, los estados de ánimo tranquilos, sin importar las circunstancias.

La serenidad caería bien en estos días.

En la sociedad dominicana hay una parte consciente, de que su estatus, sus oportunidades, sus esfuerzos, no dependen de ganadores o de perdedores coyunturales. Aislemos la ansiedad, el temor, mantengamos las relaciones constructivas por encima de todo.

Se impone la empatía, la solidaridad. Sigamos construyendo un país cuyas instituciones, así como el auto-liderazgo de cada dominicana y dominicano, no dependan de ganancias o pérdidas en unas elecciones.

Juguemos a juegos más positivos, más constructivos, y más estables.

¡Qué viva una sociedad más institucionalizada, más hermanada, y más serena! Antes, durante, y después de las elecciones.

http://elmunicipio.com.do/contentsreflex.aspx?key=785