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Estimular el odio escribiendo, hablando... es ser parte de asesinatos racistas: David Álvarez Martin.

En Santiago, RD, el 12 de febereo del 2015 apareció muerto, colgado y atado en el parque Ercilia Pepín un haitiano, esto queda frente al Hospicio San Vicente de Paúl y frente al Hospital Universitario Regional José María Cabral y Báez.

 El día anterior un grupo de dominicanos en Los Ciruelitos queman una bandera haitiana. Son consecuencias de unas y unos supuestos patriotas incentivar el odio contra estas personas.

Mildred Dolores Mata

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La pluma y el machete
David Álvarez Martin, filósofo, profesor universitario de la PUCMM


Por DAVID ÁLVAREZ MARTIN

davidalvarez144[@]yahoo.com

22 noviembre, 2013 12:01 am


Ni Balaguer, ni Peña Batlle, blandieron machetes para cortar las cabezas de dominicanos y haitianos negros en el 1937. Su aporte a la masacre fueron sus ideas, sus plumas.

Desde sus oficinas en Santo Domingo aportaron argumentos para justificar al sátrapa y motivar a los asesinos.

Ya ha comenzado a ocurrir de nuevo. Turbas que persiguen ciudadanos negros por suponerlos haitianos, chóferes de carros públicos que exigen cédulas, crónicas periodísticas de “ofensas” y “comunitarios” que dan plazos a los ciudadanos negros de sus comunidades para que se vayan.

Los músculos de muchas manos ya demandan blandir machetes, están enardecidos, prestos al crimen.

Es una conducta inducida, ha ocurrido con acusados de ser ladrones. La sangre pronto salpicara el piso si sigue esta demencial situación.

Mientras, en Santo Domingo, jueces e intelectuales, periodistas y comunicadores, blogueros y líderes de extrema derecha, incitan la violencia.

Se pide la “muerte a los traidores de la patria” y ya las turbas decidirán quién es traidor, pero matarlos, eso está claro.

Desde el racismo más perverso, el histerismo nacionalista, la extrema derecha y los intereses de los capitales que explotan el trabajo ilegal, se canta a la sangre que se desea verter, se maldice la negritud que nos identifica, se queman libros y recitan obsesos la historia patria trujillista.

Cuando los machetes se manchen de sangre, las plumas seguirán limpias, inmaculadas y algún que otro ideólogo del crimen se ruborizará levemente por lo acontecido.

http://eldia.com.do/la-pluma-y-el-machete/

Negocios impiden que entren personas negras: tenemos que superar eso

¿Hay racismo, o no hay racismo en República Dominicana? (1)

Una de las situaciones que suelen pasar cuando se debate sobre racismo en RD es que se suelen mezclar muchos asuntos distintos.

Se habla de democracia racial, eso se refiere a lo cultural, a las relaciones interpersonales, me imagino.

Se habla de racismo institucional del Estado; o de ausencia de políticas de prevención y de intervención, o de apatía-dejadez-indiferencia, podría ser.

Lo de los negocios que no dejan entrar personas negras, hasta la embajada americana ha pedido a su personal que no vaya a X negocios que tienen esa práctica. Eso está super repetido, documentado, y hasta han habido muertos/as. Cuando negocios tienen ese descaro es que aquí hay mucho racismo, porque cuenta con gente que va a esos negocios porque les gusta ese tipo de cosas.

Sobre eso, y otras situaciones, lo que siento y percibo es que en República Dominicana prevalece una cultura de no tener profundidad sobre lo correctamente político, sobre lo que hace daño y nos hace daño. Vamos a decir que eso lo hacen personas sin mucha consciencia, sin sensibilidad, tanto de parte de los dueños/as como de los que saborean bienestar con la exclusión y que no pueden llegar a sentir nada sobre las demás personas que son rechazadas.

Eso existe en República Dominicana, y en muchas partes del mundo.

Llama la atención que las autoridades dominicanas niegan estas realidades. Y no hay acciones públicas de masificación en cambi0 de actitudes, y los negocios lo hacen y se interviene cuando estallan los escándalos,.... luego abren....Hacer dinero está permitiendo demasiadas cosas
en RD y eso nos complica la vida, la credibilidad y la sensibilidad.

Racismo, violencia e impunidad en Alcalá de Henares: España

Hay desamor en cualquier lugar.

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"Estoy en silla de ruedas por ser negro"

D. BORASTEROS / A. IZQUIERDO - Toledo / Alcalá - 06/09/2007

Varón, 1,80 metros, de raza blanca, con 29 veranos tras sus anchas espaldas embutidas en un polo. Antecedentes por robo con fuerza y atentado contra la autoridad. Su pelo: muy corto, casi rapado y con vistosas patillas que pisan sus mandíbulas. Así se dibuja el perfil de Roberto Alonso de la Varga, acusado de agredir al congoleño Miwa
Buene Monake la noche del 10 de febrero en Alcalá de Henares. Miwa está en silla de ruedas desde la paliza. Así, de repente. Según él, por un solo motivo: "Ser negro".

* Un testigo reconoce a un vecino de Alcalá como autor del ataque

Un congoleño de 42 años se queda tetrapléjico a consecuencia de la paliza que recibió en Alcalá de Henares

El presunto agresor sigue libre y la justicia actúa con lentitud, denuncia el Movimiento contra la Intolerancia.

"Nos han quitado todo de un día para otro. ¡Y lo peor es que nadie hace nada! ¿Sería igual si el agredido fuera blanco?"

La instrucción del caso sigue abierta. Avanza a pasitos muy cortos desde hace siete meses. El presunto agresor, en libertad, declaró el pasado martes en el Juzgado de Instrucción número 6 de Alcalá. Entre los folios dispersos sobre la mesa del juez, un informe de la
policía. Los agentes que recogieron el cuerpo ya insensible de Miwa describieron sus lesiones como "leves". Después, rectificaron. Miwa aún está esperando a declarar ante el juez.

La víctima tiene 42 años. Es de piel casi azulada y sus huesos, plegados sobre la silla de ruedas, son largos, escurridizos. Pesa menos de 50 kilos. Llegó a España en 2000 y tiene dos hijos aún en Kinshasa, de 10 y 12 años. Ningún músculo por debajo de la barbilla le responde. Vive en el Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo.

Roberto Alonso confiesa en su reciente declaración que es inocente.

Mientras lo dice, dispara la mirada distraída por el techo del juzgado. Que él sólo estaba recogiendo su coche... "Y punto". Pero un testigo le ha reconocido.

Indignado ayer por el relato de Alonso, Miwa necesita que su mujer, Mirella, le oculte los ojos del sol moviéndole el cuello, como si fuera un muñeco. Están en el jardín exterior del hospital de Toledo. Sólo la boca le responde a los estímulos del cerebro. Suficiente para decir lo que piensa: "¡Somos monos y por eso no tenemos derecho a vivir!". Un diagnóstico basado en varias denuncias: nadie del juzgado sabe cuál es el estado real del congoleño y nadie del Ayuntamiento de Alcalá ha respondido a sus peticiones de SOS. Ninguna llamada. Eso
dicen.

Mirella, bolso cargado de ansiolíticos, se desploma con su gorrita sobre el césped. Un ataque de ansiedad. No puede dormir y no puede comer. Además "las pastillas no funcionan". Da vueltas por el suelo llorando. Entre hipido e hipido se le entiende una misma idea repetida: "Nos ha pasado por ser negros, nos han quitado todo de un
día para otro. ¡Y lo peor es que nadie hace nada, ese asesino está en la calle!". Ahora se pone de rodillas, levanta la visera de la gorra y pregunta: "¿Sería igual si el agredido hubiese sido blanco?".

Miwa no tiene muchas ganas de vivir. Casi ninguna. Economista, traductor accidental en España, dice que está solo y que todo es "difícil, muy difícil". Dejó de alimentarse durante buena parte de agosto. "¿Para qué?", argumenta con la poca expresividad a la que le tiene condenada la inmovilidad. No asiste a las clases de
rehabilitación. "Es difícil, difícil", repite con el exclusivo acompañamiento de los tendones, finísimos, de la mano derecha. "Y el tiempo pasa", sentencia antes de advertir de que se está mareando. Su mujer manipula la silla de ruedas y reclina la parte en la que descansa el cuello de su marido, un peso muerto que cae hacia atrás
sin resistencia.

Miwa a veces ve hombrecillos amenazantes que descienden desde el techo de su habitación en el centro de parapléjicos. Pero la mayor parte del tiempo conserva la lucidez. La suficiente como para sorprender a su auditorio con un análisis pesimista sobre la
evolución del Euríbor, el índice de referencia de la mayoría de los créditos hipotecarios. "¡Para colmo otra subida más de los tipos!", interrumpe el torrente de cuestiones sobre su estado . "Se nos va a poner el préstamo en más de 600 euros", advierte con los ojos muy
abiertos. "Piso, coche, electricidad... ¿qué vamos a hacer?", enumera con alma de contable.

Pero eso no es lo peor. La calculadora de Miwa cruza ese dato con otro aún peor: "A Mirella se le acaba el contrato en octubre y no la van a renovar". Mirella trabaja desde la tarde hasta muy entrada la
madrugada en un almacén apilando cajas. Estudió enfermería. Una experiencia que le es muy útil a la hora de atender a Miwa. Pero que compite con algunos inconvenientes. Por ejemplo, que tarda tres horas
en trasladarse desde Alcalá hasta Toledo en el tren. O, por ejemplo, que los días de diario duerme durante el día y no puede visitarlo.
Llega al centro los viernes por la tarde y se queda hasta el domingo por la noche. Después, desvelada, regresa a su piso en una cuarta planta sin ascensor. "Ideal para el estado de Miwa", ironiza.

La pareja quería regresar este año a la República del Congo. "Ya no puede ser", sentencian, mientras suplican que al menos se tramite la llegada a España de la hermana de él. El deseo de reunirse con sus hijos, lo descartan como "un imposible".

El Movimiento contra la Intolerancia, a través de su cara más visible, Esteban Ibarra, denuncia otras "particularidades del caso".

Según ellos, la fiscalía de Madrid aún "no se ha dignado a darse por enterada de la situación". Un hecho que ha motivado una dura carta de esta organización, que actúa como acusación particular, para protestar.

Mientras, Roberto Alonso, hijo de un jardinero, hace su vida. El martes acudió al juzgado a declarar de nuevo: "Yo no vi nada", afirma. Miwa, antes de desmayarse y caer al suelo, sí se acuerda de la cara de Roberto. Es su último flash. El resto se ha perdido junto a la movilidad sus articulaciones. De la barbilla hasta los dedos de
los pies.