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Gaza: crimen y vergüenza, José Saramago

No es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza.

No es una represalia, no son los cohetes artesanales que han vuelto
a caer sobre territorio israelí sino la proximidad de la campaña electoral lo que desencadena el ataque.

No es la respuesta al fin de la tregua, porque durante el tiempo en
el que la tregua estuvo vigente el ejército israelí ha endurecido aún más el bloqueo sobre Gaza y no ha cesado de llevar a cabo mortíferas operaciones con la cínica justificación de que su objetivo eran miembros de Hamas.

¿Acaso ser miembro de Hamas despoja de condición humana al cuerpo desmembrado por el impacto del misil y al supuesto asesinato selectivo de su condición de asesinato sin más?

No es un estallido de violencia. Es una ofensiva planificada y
anunciada hace tiempo por la potencia ocupante. Un paso más en la estrategia de aniquilación de la voluntad de resistencia de la población palestina sometida al infierno cotidiano de la ocupación en Cisjordania y en Gaza a un asedio por hambre cuyo último episodio es la carnicería que en estos días asoma en las pantallas de nuestros televisores en medio de amables y festivos mensajes navideños.

No es un fracaso de la diplomacia internacional. Es una prueba más
de complicidad con el ocupante. Y no se trata sólo de Estados Unidos, que no es referencia moral ni política sino parte, la parte israelí, en el conflicto; se trata de Europa, de la decepcionante debilidad, ambigüedad, hipocresía, de la diplomacia europea.

Lo más escandaloso de lo que está pasando en Gaza es que puede pasar
sin que pase nada. La impunidad de Israel no se cuestiona. La violación
continuada de la legalidad internacional, los términos de la Convención de Ginebra y las mínimas normas de humanidad, no tiene consecuencias.

Más bien, al contrario, parece que se premia con acuerdos comerciales preferentes o propuestas para el ingreso de Israel en la OCSE. Y qué obscenas resultan las frases de algunos políticos repartiendo responsabilidades a partes iguales entre el ocupante y el ocupado, entre el que asedia y el asediado, entre el verdugo y la víctima. Qué indecente la pretendida equidistancia que equipara al oprimido con
su opresor.

El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan, pero ayudan a justificar el crimen. Y a perpetuarlo.

En Gaza se está perpetrando un crimen. Lleva tiempo perpetrándose ante los ojos del mundo. Y nadie podrá decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos.

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Koldo Campos Sagaseta denuncia complicidad comunidad internacional en matanza a palestinas y palestinos en Gaza

Koldo Campos Sagaseta


La “respuesta” proporcionada

Afirmaba en estos días Zapatero que “Israel es un amigo de España y por ello debemos decirle la verdad: su respuesta es desproporcionada”.

También Europa, al calor de las mismas amistades, coincidía en denunciar la desproporción de la “respuesta”.

Y tampoco es la primera vez que los abanderados de la moral, de la tolerancia y los derechos humanos en la civilista y democrática Europa, insisten en el problema de la proporcionalidad para referirse al genocidio que el bárbaro estado israelí viene llevando a cabo impunemente contra el pueblo palestino.

Pero lo que ni antes ni ahora ha señalado esa recua de cínicos sinvergüenzas que gobiernan los destinos de Europa, cómplices y encubridores de los sionistas, es cuál debe ser la proporción debida, hasta donde debe llegar la muerte y el horror.

¿Tal vez 600 muertos y 3.000 heridos, ahora que, al parecer, ya pasan los muertos del millar y suman 5.000 los palestinos heridos? ¿Tal vez 200 niños masacrados en lugar de los 400 que ya han reventado las bombas israelíes?

¿Es desproporcionado usar fósforo blanco o entraría dentro de una proporción que se respete experimentar en Gaza con nuevos y terroríficos explosivos?

¿Puede ajustarse a una correcta proporción el bombardeo de hospitales, de centros de refugiados, de establecimientos de las Naciones Unidas o sería, proporcionalmente, más aconsejable no bombardear instalaciones de la Cruz Roja o centros de comunicación?

¿Si la genocida banda terrorista israelí suprimiera el uso de armas de destrucción masiva podría considerarse más proporcionado su terrorismo?

¿Si en lugar de mil toneladas de bombas de racimo sólo arrojara 500 sobre la nuca de la ciudad de Gaza, sería más humano su proceder?

¿Resultaría más ajustado a derecho para los líderes europeos que la banda criminal sionista mantuviera su proporción de espantos sólo por las mañanas, o las limitara, únicamente, a funciones nocturnas?

¿Les parecería más proporcionado a Francia, a España, a Italia, a todos los países europeos que suministran armas de guerra y municiones a Israel, que el estado judío no las emplease en sus matanzas y que de hacerlo eximiera de responsabilidades a sus gobiernos amigos y proveedores?

¿Qué proporción de resoluciones de Naciones Unidas puede ignorar Israel sin que ello le represente sanción alguna, incluyendo una posible y, por supuesto, proporcional invasión?

¿Qué proporción de años debe esperar Palestina para recuperar sus territorios ocupados?

¿Son los 62 años que han transcurrido desde la resolución 181 de Naciones Unidas, en 1947, conocida, curiosamente, como “resolución de la partición de Palestina” suficiente proporción de años o debe Palestina seguir esperando una fecha en el calendario, obviamente, más proporcionada, para recuperar su derecho a ser?

¿Quién sabe?

Al final, al cabo de tanta hipócrita complicidad, de tantas ecuánimes condenas, de tantas ponderadas repulsas, de tantas consensuadas declaraciones, y cuando ya la náusea instalada en los ojos no soporta un noticiero más, un reportaje más, un eufemismo más, casi acabas pensando y, repito, casi, que tal vez, tengan razón y todo sea cuestión de proporciones, de atinar con la proporción correcta, con la adecuada, que el holocausto, por ejemplo, también fue desproporcionado, que quizás tres millones hubieran sido suficientes o que, tal vez, seis no fueron bastantes.

Para mi suerte, el “casi”, sin proporción que valga, no me permite pensar semejante infamia y tanto asco reservo al holocausto judío a manos de los nazis alemanes como al holocausto palestino a manos de los nazis israelíes.


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Parece hay demasiado apoyo incondiconal a Israel en sus actuaciones hacia palestinas y palestinos: Agustín Velloso

A propósito de psicopatías, o sociopatías; este hombre está enojado con la comunidad internacional

mildred d

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¡La única democracia en Oriente Medio!

Agustín Velloso

MUNDO ARABE.ORG , 30/12/2008, Agencias

Doscientos muertos, trescientos, cuatrocientos, qué más da ahora mismo cien arriba o abajo. Son más de cinco mil desde que dio comienzo la segunda Intifada y muchos miles más desde que existe Israel hace sesenta años sin que la ONU, la OTAN, la UE ni ninguna otra organización internacional hayan hecho otra cosa que recompensar a Israel por su política genocida en Palestina.

Israel fue admitido en la comunidad internacional como un Estado más, aunque se estableció en 1948 mediante la masacre y la expulsión de los palestinos que vivían pacíficamente en sus tierras hasta ese momento.

Israel se mantiene financiado y armado por Estados Unidos a pesar de sus guerras y agresiones contra países vecinos. Israel ha sido premiado con un acuerdo político, económico y científico preferencial con la Unión Europea, aunque emplea sistemáticamente tanques y cazabombarderos contra la población palestina –de la que el 50% es menor de edad-, la cual mantiene bajo ocupación militar desde hace cuarenta años.

Los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea y España informan habitualmente a sus votantes de que "apoyan totalmente a Israel, sean cual sean las circunstancias", como aseguró hace poco el ministro español de asuntos exteriores, así que la consecuencia lógica es que Israel haya matado el sábado a casi tres centenares de seres humanos como si fueran alimañas sin derecho alguno.

La lista de violaciones de la ley internacional por parte de Israel es tan larga como la de los árabes que ha matado en Palestina, Líbano, Iraq, Siria, Jordania, etc. La naturalidad y la tranquilidad, cuando no la sorna, con las que los líderes israelíes amenazan constantemente con castigos y con la muerte a los palestinos, revelan un carácter que se asocia a psicópatas de películas de la serie B y no a personas en cuyas manos – armadas con bombas nucleares- está la paz del mundo.

Para más INRI los occidentales consideran un crimen criticar a Israel, para colmo de males el asesinato de palestinos se considera en Occidente como un mal menor necesario para que avance el proceso de paz.

Los que en Occidente alaban a la "única democracia en Oriente Medio" son cómplices de sus asesinatos, como lo son los israelíes que votan a los políticos que los ordenan. Hace muchos años que el significado de la palabra democracia ha sido pervertido, así como el de derechos humanos, ONU, derecho internacional, paz mundial y otras que usan los poderosos para justificar la imposición de su voluntad sobre los débiles.

Resulta increíble que el gobierno de Hamas en la Franja de Gaza haya ofrecido apenas cuatro días antes de esta última matanza, el 23 de diciembre, renovar la tregua, la cual ha respetado durante meses a pesar de que Israel ha mantenido y aumentado su cruel asedio contra Gaza en ese tiempo, tregua que rompió en un claro acto de provocación a primeros de diciembre con el asesinato de cuatro palestinos.

La ingenuidad de Haniye y su equipo contrasta agudamente con la perversión del primer ministro israelí Olmert y su ministro de defensa Barak. Al mismo tiempo, mientras periodistas árabes y algunos observadores han reflexionado en los días pasados sobre las señales evidentes del ataque israelí, la prensa occidental narcotizaba a la opinión pública para apoyar, una vez más, las acciones terroristas de Israel.

En el último mes Israel expulsaba de Gaza a periodistas, internacionalistas, delegaciones extranjeras, negaba el paso a diplomáticos y al relator de las Naciones Unidas, aumentaba el asedio, reducía aún más el paso de alimentos, medicinas y combustible. Al mismo tiempo amenazaba con agredir a los palestinos. Occidente dejaba de lado estas señales y criticaba a Hamas por dar por finalizada la tregua.

Ha quedado claro una vez más el concepto de derechos humanos y derecho internacional para los gobernantes occidentales, así como el concepto de prensa libre al servicio de la verdad y la justicia. Ríete de Radio Mil Colinas, enorgullécete de vivir entre la crème de la crème de la civilización judeo-cristiana mundial.

Ahora es el tiempo de las editoriales de prensa y de las declaraciones gubernamentales que amonestan a Hamas por terminar la tregua, léase por no aceptar que Israel es el pueblo elegido por Dios y por Estados Unidos. Es el tiempo de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que piden el cese de la violencia a las dos partes, como si ocupante y ocupado, agresor y víctima, potencia nuclear y población desnutrida, fuesen dos contendientes en igualdad de derechos y condiciones.

Si se tiene la suerte de no ser editorialista ni político, es el tiempo de preguntarse cómo ha de responder un ser humano ante la falta de humanidad tan abyecta de la que somos testigos. Confiar en la ONU, creer en la declaración universal de los derechos humanos, reclamar la acción de la comunidad internacional, pedir a Israel que detenga los ataques… es proteger
al agresor, es inhibirse ante su acción, es mirar para otro lado.

Resulta difícil pensar en un mundo –en particular en Occidente- más deshumanizado y cruel. Si aquí nadie es capaz –ni en Navidad- de "apiadarse de la víctima", de "no hacer al otro lo que no quieres que te hagan", "de estar junto al desheredado y oprimido", es lo más probable que otros en Oriente Medio defiendan al débil, protejan al perseguido y castiguen al agresor con los medios a su alcance.

Ya que la democracia, la ONU, la OTAN y el proceso de paz no valen en absoluto para proteger los derechos humanos de las víctimas de Israel y sus aliados, ni para hacer a éstos más humanos, hay que esperar que las operaciones de la resistencia intenten por todos los medios conseguir esa protección y –de rebote, no por propia iniciativa- que los demás recuperen
algo de su humanidad.

En el peor de los casos, si no triunfan, al menos con el Apocalipsis que nos aguarda se acabarán los sufrimientos de las víctimas y comenzará el rechinar de dientes de los agresores.

Editor Ahmed Hijazi
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