Mostrando las entradas con la etiqueta feminismos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta feminismos. Mostrar todas las entradas

"El feminismo implica no estar en contra de otras mujeres." Juliet Mitchell, feminista británica

Juliet Mitchell, feminista inglesa

Me encantó esta lectura de esta entrevista a Juliet Mitchell, feminista de Inglaterra, británica. Es muy orientadora sobre el principio de la solidaridad entre las mujeres como un elemento fundamental del feminismo.

Con muy buenos ejemplos,  ilustra el porqué avanza y retrocede la lucha por la igualdad de las mujeres.  Cualquier ventaja que tiene una mujer con respecto a las otras es temporal, pues el patriarcado la reconoce por situaciones que priorizan como: la belleza, la juventud, el poder económico, pero la mujer debe sentirse aliada y solidaria con la situación de las mujeres excluidas, que viven desigualdades, objetivizadas (o como objetos), subordinadas...

Invito a leer, se aprende mucho para animar la dignidad y la lucha por la igualdad de las mujeres. Mildred Dolores Mata
---
Género

Mujeres contra mujeres, la trampa del patriarcado

17 Junio, 2016

 Juliet Mitchell  (Theclinic hizo la entrevista y P-Cuarto Poder Salta la reproduce)

Juliet Mitchell es psicoanalista y feminista, dos frentes que no terminan de amigarse pero cuya relación es inevitable para comprender la situación de las mujeres en la cultura.

Fundadora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de Cambridge, hace ya cincuenta años escribió el artículo que la ubicó entre las voces protagónicas de la segunda ola feminista: “Mujeres, la revolución más larga”. Y el tiempo le dio la razón, pues la igualdad de género sigue siendo una tarea pendiente que da pasos adelante y hacia atrás. Juliet visitó el país invitada por el Doctorado en Psicología y el Instituto de Humanidades de la UDP –con el patrocinio de Fondecyt– y Theclinic conversò con ella sobre los aciertos y errores de un feminismo que, según cree, necesita pasar a una nueva fase.

El feminismo ha rechazado al psicoanálisis debido a conceptos como la envidia al pene, la supremacía fálica, la anatomía como destino predeterminado. ¿Qué validez tendrían hoy estos conceptos?

–Son conceptos que hay que mirar de manera crítica, no como hace cuarenta años. Por ejemplo, la envidia al pene no es al pene, sino una representación de la envidia al poder. Y aunque se trate de una representación, desde el feminismo no se usa mucho. ¿Acá se usa esa expresión?

Como una ofensa se usa mucho. Bajo la expresión “te falta pico”, para acusar que una mujer está haciendo algo motivada por la amargura o la envidia.

–En ese caso se trata de mujeres haciendo lo que les place. Lo que ocurre es que cuando una mujer hace cosas que la igualan a los hombres, son ellos los que ven envidia.

¿Y de qué manera crees que el saber del psicoanálisis sobre el deseo inconsciente podría aportar al feminismo?

–Ayuda a comprender la repetición compulsiva por la cual, sea lo que sea que las mujeres ganamos, volvemos siempre a la posición de segundo sexo. Los seres humanos tenemos, junto a la tendencia de movernos hacia delante, una tendencia regresiva representada por la pulsión de muerte, esta pulsión conservadora de ir hacia atrás. Y el psicoanálisis sirve para comprender este impulso que nos lleva a mantener el statu quo y hace del cambio algo tan difícil.

¿La idea de que el psiquismo femenino se orienta hacia la pasividad es una forma de empuje hacia atrás? ¿O habría placer en el sometimiento?

–Esa posición femenina es algo disponible para ambos géneros, pero el problema es que siempre ha sido devaluada, denigrada. La segunda ola feminista apuntaba a que los hombres también pudieran disponer de su lado pasivo. La pasividad tiene un rol positivo en las relaciones, para poder comprender al otro. Por ejemplo, ¿cómo comprender el llanto de un bebé si no es a través de la pasividad frente a esa acción?

Pero a las mujeres nos cuesta seguir viendo la pasividad como algo tan positivo. ¿Se puede aspirar a un amor sin pasividad?

–Todos queremos ser sujetos y no objetos, es legítimo que las mujeres queramos estar del lado de la actividad y no del objeto pasivo. Ahora, si ninguno de los géneros tiene apertura a ponerse del otro lado, se pierden la posibilidad y los beneficios de entender al otro, y se cae en mirarse sólo a uno mismo. Necesito pasividad para entender cómo te sientes, es importante para el amor. Pero ha sido devaluado por asociarse a un grupo social oprimido, las mujeres.

¿Crees, por ejemplo, que las mujeres para acceder al poder necesitamos masculinizarnos?

–Sería muy interesante que nadie tuviera que tener poder. Porque el poder siempre se ejerce sobre otro, nunca es algo neutral. Por eso es que nunca logramos estar demasiado felices. Es una lástima que todos busquemos poder.

Sobre mujeres con poder se dicen cosas como que Dilma es una inepta, Cristina K. una histérica, Bachelet alguien que se mueve por intuiciones.

–Son típicas denigraciones sexistas, que no tienen que ver con ellas como mandatarias. Es decir, las tres pueden cometer faltas como cualquiera, pero ese tipo de críticas son de género. Por lo demás, usar la intuición no es algo negativo. La intuición no es algo que caiga del cielo, viene de la experiencia.

¿No serán víctimas de explotar justamente esas habilidades blandas, cercanía, empatía?

–¿Y por qué no? ¿Cuál es el problema con eso? Si esas habilidades permiten entender ciertas situaciones, está bien. Pero se las atribuyen como faltas por el hecho de ser mujeres. ¿Has visto el nuevo gabinete de Brasil? ¡Compuesto sólo de hombres, como el de Corea del Norte!

Al mismo tiempo, se ponen de moda las nuevas primeras damas, como la Sra. Macri, la mujer de Temer en Brasil o la esposa de Trump. Todas mujeres bellas y jóvenes que se muestran subordinadas a los deseos masculinos.

–Es triste y es de cierta forma una traición al género. Porque ellas permiten ser usadas, objetivizadas, para ponerse en contra de otras mujeres. Es como un esclavo usado para atacar a otros esclavos.

¿Crees que el deseo de jugar a ser objeto de deseo, por ejemplo en la seducción, sería algo criticable?

–Hace muchos años tuve una intensa discusión sobre eso. El punto es cómo ser irónica en usarlo. Si necesitas cambiar la rueda del auto, pues usa tu encanto si eres una bella chica. Pero si eres una mujer sin encanto, ¿qué vas a usar? Es decir, sólo un pequeño grupo de mujeres puede usar eso. No digo que sea algo malvado, pero de todos modos es una forma de jugar en contra de otras mujeres.

Algunas mujeres dicen temerles a las feministas, se sienten criticadas si juegan a sexys o se depilan, porque las acusan de “regalonas del patriarcado”.

–Eso es profundamente antifeminista. El feminismo implica no estar en contra de otras mujeres. Definir cómo tiene que ser una mujer cierra el futuro. Y en esta revolución no sabemos qué va a ser un hombre y una mujer, es un futuro abierto. No podemos definir una posición ideal.

De hecho, a los transgénero se les permite jugar más con el imaginario femenino. Pero el rechazo a las mujeres parece venir tanto de hombres como de nosotras mismas.

–Ese es mi punto principal, y por eso la revolución de las mujeres es la más larga: la definición de ser una mujer, socialmente, es una definición oprimida en sí, es una definición negativa con relación al hombre. Se la define como objeto, por tanto no puede ser sujeto de su propia historia. Como el caso de la mujer agredida a la que le sacan los ojos: ahí se trata de que su cuerpo le pertenece al hombre. Ese es el corazón de la misoginia y de que lo que se entiende como “diferencia entre los sexos”: la objetivización de las mujeres entre los límites de una definición. Habría igualdad si todos pudiéramos ser sujetos activos y pasivos dependiendo del contexto, pero el punto es que para las mujeres parece algo definicional. Por eso las mujeres también denigramos a otras mujeres.

¿Cómo se entiende que algunas mujeres rechacen un movimiento a favor de ellas?

–Estuve hablando con una mujer exitosa, joven, atractiva, que decía no ser feminista. Pero al preguntarle qué haría en determinadas situaciones que no eran las suyas, reconocía que entonces lo sería. Ella no necesitaba ser feminista porque para ella la liberación ya estaba dada. Pero estaba en una posición temporal que pocas mujeres pueden tener, y si fuera vieja y fea, seguramente pensaría distinto. Entonces lo importante es que, si vas a ser parte de una élite por sólo cinco minutos, mejor no uses tu posición en contra de otras mujeres.

DE VUELTA A LA CASA

Se habla de una tendencia a la hipermaternidad. Una que lleva al extremo la “teoría del apego” del psicoanalista John Bowlby, promoviendo la lactancia extendida y el colecho. ¿Podría ser una nueva trampa o es una apropiación de la maternidad?

–¡Es un trampa total! Pobre de esa madre y de ese hijo. Probablemente nunca Bowlby estuvo tanto tiempo con sus hijos. Es idealizar una maternidad enloquecedora, nadie puede desear estar con un hijo las 24 horas, el bebé llora, no deja dormir. Esto empuja a negar lo que una mujer realmente puede sentir en la maternidad. Se trata de nuevo de la mujer como objeto, en este caso a través de esa maternidad idealizada. Naturalizar la maternidad es una cuestión ideológica. Es interesante, porque esto va y viene. En los tiempos del Flower Power apareció esto mismo, incluso en una parte progresista del movimiento.

Pero, al menos acá, parece políticamente incorrecto criticar a unas madres que defienden este ideal con furia. ¿Por qué esta tendencia retorna?

–Puede estar relacionado con la economía. La historia muestra que se promueve que las mujeres salgan a la calle a trabajar en tiempos de recesión o de transición económica, porque son mano de obra barata. Luego pasan a ser reserva trabajadora y se las devuelve al hogar. Bowlby planteó sus ideas en la posguerra, en tiempos donde las mujeres volvieron a casa. Hay que mirar siempre a la economía para ver qué está pasando con las mujeres.

¿Y por qué lo aceptamos, incluso gratamente?

–Porque para la mayoría la experiencia laboral no es demasiado grata: malos sueldos, malos trabajos. No hay igualdad en el trato, ni en los honorarios, ni en el trabajo. El hogar resulta un lugar más idealizado. Pero toda idealización tiene su contraparte, la denigración. Seguramente estas madres ideales del apego son la imagen de una élite, en cambio a la mujer pobre se le diría que salga a trabajar ya que mientras amamanta a uno tiene a otros hijos muriendo de hambre. Es una posición peligrosa, de un grupo reducido que es usado en contra de otras mujeres. Es la misma lógica que describíamos a propósito de las nuevas primeras damas.

Tenemos un gran problema si las mujeres actuamos en contra de nosotras mismas.

–Si el feminismo se trata de algo, es de decirles a las mujeres que no permitan ser usadas en contra de otras. Y esto ocurre cada vez que las mujeres usan su posición de privilegio olvidando que la mayoría no son eso. Mira en el metro cuántas calzan con la madre de Bowlby o con el tipo de amante de Trump. El patriarcado opera no sólo con la oposición de hombres contra las mujeres, sino también, de manera crucial, poniendo a mujeres contra mujeres. Tal oposición socava cualquier posibilidad de protesta de las mujeres contra su posición. El feminismo debe ir en esa vía: incluso las que no lo necesitan, las mujeres aún bellas y jóvenes, deben apoyar a las oprimidas. Es decir, el feminismo se trata fundamentalmente de promover la solidaridad entre mujeres. No se trata de querer a todas las mujeres, sino de solidarizar. No atacar, pero sí mostrar cuando una mujer permite ser usada por el patriarcado en contra de otras. Allende en su último discurso agradece en primer lugar a las mujeres, como grupo oprimido que apoya a otros grupos, esa es una señal muy potente. Pienso que se requiere de un nuevo movimiento.

¿Otro movimiento?

–Falta teorizar las posiciones de hombres y mujeres en esta nueva fase, en la que se ha incrementado la igualdad y esto parece ser una amenaza. Y la situación estructural de la mujer como objeto resiste. Necesitamos entender las repeticiones que vivimos. Por ejemplo, entender por qué los femicidios. Este punto es muy importante, y siempre aumenta cuando hay una situación económica complicada. Engels ya hacia esta observación por ahí por 1840: cuando la clase dominante, en este caso los hombres, pierde su estatus, ataca a las mujeres, ya que suponen que éstas no pueden estar en una mejor posición que ellos. Hombres humillados, sin trabajo, vuelcan su violencia hacia las mujeres. Es muy importante que exista una legislación fuerte en estas materias, ya que a mayor crisis, más violencia de género. Debiéramos estar muy atentos a eso, porque está empeorando. En este momento hay una muy mala posición para las mujeres, y quizás por eso viene esta compensación de las madres de Bowlby: volver a casa como señal de la precaución que debemos tener ante el aumento de la violencia. La idealización del hogar es sólo la distracción. En la historia esto pasa una y otra vez. Estaba presente en los años 50 y 60 y ahora está volviendo.

fuente: www.theclinic

El feminismo: aliado fundamental de la democracia. Amelia Valcárcel, filósofa española

"(...) Vivir en la condición de mujer implica un sobrecosto diario de mantener la propia dignidad (...)"   Amelia Valcácer, filósofa española

Amelia Valcácer, feminista filósofa española



Amelia Valcácer, filósofa española, a propósito de ser galardonada como filósofa, en Valencia, con el Premio «Avançant en Igualtat» , en su discurso,  del viernes 16 de junio del 2017, aclara la importancia de fortalecer y mantener los símbolos y esfuerzos para hacer la igualdad realidad. Dice que no es posible la democracia sin la libertad y la ciudadanía plena de las mujeres.

Plantea que el  feminismo en su lucha por la igualdad de la mujer, porque la mujer sea sujeto, no objeto; rompe lo natural de milenios:  la desigualdad, que aún predomina como corriente principal a nivel universal, o lo que es lo mismo: la subordinación, la cosificación, objetivación, de la mujer, el autoritarismo, la no democracia).

La igualdad, cuando puede, rompe la desigualdad en base a un pacto,  es un logro contra una situación, va  contra corriente, y para lograr los logros de la igualdad,  para sostenerse  e impulsarse es una labor con mucha consciencia, y claridad sobre su importancia para que las mujeres dejemos de ser subordinadas y objetos. Invito a la lectura.

Mildred Dolores Mata

---
Amelia Valcárcel defiende al feminismo «como aliado fundamental de la democracia»

La filósofa condena el sobreesfuerzo diario que realizan las mujeres por mantener su propia dignidad

EUROPA PRESS
VALENCIA 02/06/2017

La filósofa española Amelia Valcárcel ha indicado este viernes que vivir la condición de mujer implica hoy en día «un sobrecosto diario de mantener la propia dignidad», por lo que ha defendido la importancia del feminismo al que ha considerado «el aliado fundamental de la democracia y es parte de ella». «Difícilmente una sociedad puede llamarse una democracia allá donde las mujeres no detectan la plena capacidad de ser libres y de pleno derecho a ser ciudadanas», ha subrayado. Así lo ha indicado tras recibir este viernes en Valencia el Premio «Avançant en Igualtat».

En su discurso, Valcárcel ha destacado que la mayor novedad del tiempo presente es «la libertad de las mujeres» porque «esta no ha existido antes y no pertenece al orden espontáneo de las cosas». «La igualdad en la democracia no es una condición empírica y probablemente nunca llegue a serlo, sino que es una condición pactada lo cual la transforma en un valor», ha apuntado.

Para Valcárcel, las organizaciones sociales siempre han estado presididas por una jerarquía «profundamente cerrada» en la que, con independencia de cual sea la posición en la escala social, «toda mujer por alto que esté es inferior a cualquier varón por bajo que esté». «¿Cómo se redime una mujer de este estatus?», se ha preguntado para señalar: «Aceptando lo que le viene porque la rebeldía en este tipo de estatus no está pensada ni tiene capacidad de presentarse. Esto es como el mundo es», ha lamentado.

Democracias, «sistemas menos naturales»

Ha sostenido que durante «largas generaciones y milenios las mujeres han estado sometidas a un orden de importancia y de jerarquía del patriarcado» sin que ello supusiera «una rebelión contra el orden en su conjunto», sino que la rebeldía solo se han producido en las democracias que ha definido como «los sistemas políticos menos naturales porque toman la idea de igualdad y la ponen como fundamento».

«La democracia dice una cosa que es antiempírica: que todos los seres humanos nacen libres e iguales y no es verdad, sino que nace determinado por un contexto de una forma radical», ha considerado la filósofa quien ha remarcado que el feminismo es «el aliado fundamental de la democracia y es parte de ella» porque «difícilmente una sociedad puede llamarse una democracia allá donde las mujeres no detectan la plena capacidad de ser libres y el pleno derecho a ser ciudadanas». «Y esto no es ni como mucho la posición de las mujeres en el planeta tierra en la mayor parte de las sociedades por algo muy simple: la mayor parte de sociedades humanas que conocemos no son democracias», ha argumentado. En este sentido, ha lamentado que «la mayor parte de la humanidad sigue viviendo bajo sistemas rudamente autocráticos o democracias que lo son solo del hombre o que llevan a un hombre al lado».

«La igualdad no es natural»

De este modo, ha lamentado que «en la mayor parte del plantea nacer mujer no es precisamente una suerte» porque el viejo orden «sigue vivo» y en él «la igualdad no es natural». «Vivir en la condición de mujer implica un sobrecosto diario de mantener la propia dignidad y la presencia porque lo que es natural es avasallarla y lo que no es admitir que aquello que tienes enfrente, aunque sea una mujer, tiene todos los derechos y libertades que tú», ha indicado. Por ello, ha sostenido que aunque haya personas que deseen que algún día se deje de celebrar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, «siempre en la vida cuando una condición es no natural vas a tener que mantenerla moral y políticamente para que siga existiendo, porque es su única manera de existencia».«El mundo solo puede ser gobernado por la razón, pero la luz es muy escasa. Nosotras las feministas somos hijas del siglo de las luces, somos herederas del mejor de los pensamientos barrocos y ciudadanas de las democracias y por eso tenemos entre lo que deseamos la idea de que la democracia debe convertirse en un sistema universal», ha zanjado.
 

Feminismos y el Trabajo Sexual o prostitución. Por Yildalina Tatem Brache.

Yildalina Tatem Brache

Soy feminista, e integrante del Foro Feminista Magaly Pineda (FFMP), junto a Yildalina Tatem Brache, y decenas de mujeres de la República Dominicana. Yildalina escribe un artículo a propósito de nuestras diferencias como feministas en el tema del Trabajo Sexual o prostitución. Lo aprovecho, lo coloco acá para también fortalecer el feminismo en RD, pues creo que lo logra con mucha agudeza y respeto.

Al tema me acerqué cuando estudiba Trabajo Social. Soy Trabajadora Social, graduada en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), enero 1977, de Santiago, RD.

Creo que en la materia Elementos de Trabajo Social,  año 1973, la profesora Leticia Pérez,  de Guatemala, vino a formar trabajadores sociales en la PUCMM, Santiago, RD. Doña Leticia Pérez, me puso como tema de investigación social la vida de las Trabajadoras Sexuales o prostitutas.

Esta investigación me ayudó en la profundización y en mi sensibilización sobre poblaciones vulnerables. En esta investigación  entrevisté a 7 trabajadoras sexuales que trabajasen en un centro o negocio, no de las que trabajan en la calle.

Fui al Ensanche Bermúdez, Santiago, RD (avenida 27 de febrero esquina Avenida Cuesta Colorada, cerca de la Tenería Bermúdez, antes de llegar a Las Colinas). Pude entrevistarlas a eso después del mediodía, dentro del negocio, dormían y residían, comían ahí.  Me hice acompañar la primera vez de un primo que conocía al dueño del negocio.

 El estudio contenía las variables sociales, demográficas, educación, economía, identidad, expectativas.... Una investigación cualitativa, con mucho respeto, consideración y cariño. El dueño del bar lo permitió, fui varias veces.

 Hago esta introducción para colocarles un artículo que escribió la compañera feminista Yildalina Tatem Brache, ella trabaja género en la Suprema Corte de Justicia.

Mildred Dolores Mata
--

Feministas en busca de la dignidad de las mujeres y de todas las personas

Yildalina Tatem Brache - 12 de febrero de 2017

(A propósito de un artículo publicado en El Caribe el 8 de febrero).

Las mujeres históricamente hemos arrastrado con “la culpa” de la humanidad. Y parece que esto no para. Hay un Código Penal, pendiente por reformarse desde hace mucho tiempo. Su reforma no ha sido posible principalmente por la polarización entre la despenalización o penalización del aborto.
Las feministas hemos han estado luchando en contra de que el poder eclesiástico decida por las mujeres. Las iglesias han querido imponer su doctrina, incluso en oposición a la opinión pública mayoritaria, y al sentido común que aboga la despenalización por causales. En estos días, varios artículos de opinión nos responsabilizan por no permitir que esta discusión salga del Código Penal, llegan a decir como necesitamos un código, debe sacarse “eso” para una ley especial. Claro, porque en su opinión todo lo otro que aborda el Código es importante, la vida de las mujeres no, eso al parecer es trivial.

En una nueva versión de “la culpa”, en los últimos días, un jurista “nos acusó” de malagradecidas, porque supuestamente “no hemos reconocido lo suficiente la positiva observación presidencial al Código y su apoyo a las causales”. El día 8 de febrero hemos sido “culpadas” nuevamente, ahora nos “acusan” de cobardes, porque hay un proyecto de Ley en el Congreso sobre “trabajo sexual”, y alguien decidió que las feministas dominicanas debemos salir a protestar contra esa ley.

¡A las feministas nos quieren escoger hasta las peleas que debemos hacer nuestras!

Con relación al Proyecto de Ley que cursa en el Congreso, (al que estamos en la obligación de denunciar y combatir, o somos cobardes). En lo personal, considero que la mejor opción para la sociedad es abolir la prostitución, me adhiero al sustento teórico que defiende la abolición. Ahora bien, eso no me da derecho a negarles a otras personas la posibilidad de solicitar ser nombradas como quieran ser nombradas. Cuando la intención de detractar es tan frecuente, me pregunto a cuáles intereses responde: ¿Es una forma velada de rechazo?¿Una forma evidente de faltar al respeto?¿Una forma absurda de no asumir la responsabilidad social colectiva y personal de los problemas de la humanidad, atacando en colectivo a mujeres feministas, porque te parece fácil atacar?

Frente a este hecho, quisiera hacer una arenga declaratoria: El feminismo y las feministas, no fuimos, no somos ni seremos responsables de la discriminación, de la cosificación, de la violencia y la subordinación de las mujeres; muy por el contrario, siempre hemos estado luchando para que estas sean reconocidas como libres e iguales. Las feministas no somos una masa amorfa, en consecuencia no necesariamente estamos de acuerdo en todo. Tenemos pensamiento crítico y posicionamientos en ocasiones colectivos, en ocasiones individuales. Aun así, hemos logrado poner por encima de las diferencias personales los temas estratégicos que nos convocan para ser reconocidas libres e iguales.
Volviendo a la prostitución, vale la pena aclarar que hay quienes se inscriben en exigir que sea reconocida como trabajo. Y como ya expresé, hay quienes, como yo, nos inscribimos en la tesis de que es una institución cuya estructura de funcionamiento y su racionalidad está vinculada al ejercicio del poder, la cosificación y la explotación de las mujeres.

Como afirma Rosa Cobo, feminista académica española, no es casual que la mayoría del colectivo prostituido sean mujeres y la mayoría de los que demandan “el servicio” sean hombres. Desde este planteamiento, no me convence el posicionamiento que aboga por que la prostitución se reconozca como trabajo. Considero que los sustentos teóricos para defender esta postura son trampas que operan en contra de los derechos de las mujeres. Ahora bien, rechazo enérgicamente cualquier posición abolicionista que obvie a las mujeres envueltas en su ejercicio. Es una realidad en la que hay miles de mujeres en esta práctica, y a ellas les guardo todo mi respeto y exijo del Estado su protección. En consecuencia, cualquier política promovida por grupos de mujeres que practican el sexo como medio de subsistencia y encaminada a que el Estado les garantice protección y alternativas de salida para quienes quieran conseguir otro medio de vida. Que busque la penalización de la explotación sexual/comercial de menores y que defienda a las mujeres de la Trata y el Tráfico, del abuso policial y de las autoridades en general, cuenta con mi apoyo.

Desprecio a los proxenetas nacionales, internacionales, ricos y poderosos, que inteligentemente hacen uso del discurso de derechos, de libre determinación, de los postulados feministas, como por ejemplo “mi cuerpo es mío”; para seguir explotando y abusando a las mujeres, incluso a los proxenetas que conviven alrededor de las mismas miserias y pobreza. Ana De Miguel, feminista y académica abanderada del abolicionismo, afirma que la prostitución hoy por hoy, es una gran empresa global, vinculada a la economía criminal, en la que intervienen muchos actores que se benefician del negocio. Y, aun así, el imaginario colectivo sigue centrado en la imagen de “la puta”, y se olvida muy fácilmente que para que exista la prostitución, usualmente hay alguien demandando el servicio, que casi siempre es hombre.

Sustento con De Miguel, la teoría de que la situación de la venta de sexo no se puede desvincular del abuso de poder. “Uso tu cuerpo, porque puedo pagarte. Tu dejas que yo use tu cuerpo, porque necesitas que te pague”. Relación mediada por la desigualdad. La pobreza, la inequidad y el abuso tienen un peso específico muy fuerte en esta práctica. Por eso dudo del postulado “lo escogí libremente”. La idea posmoderna de reconocer el derecho a prostituirme, al amparo de mi cuerpo es mío, deja debajo del mantel, la búsqueda de placer, aprovechándome de la vulnerabilidad de quien me lo proporciona y las grandes corporaciones mafiosas y machistas que abusan y maltratan a las mujeres que la ejercen.

Ahora bien, reafirmo que cobardes no somos, que tenemos derecho a tener posicionamientos y a disentir, y que nadie puede imponerme mi agenda, que esa es mía y la decido yo. Y reitero, recuerdo, afirmo y sostengo  que las mujeres que viven del sexo, las llames  trabajadoras sexuales, o las llames prostitutas, tienen derecho a ser protegidas por el Estado y a ser aceptadas. O acaso ellas no pertenecen a la misma sociedad donde viven los hombres que pagan por sus servicios?