Respeto a inmigrantes haitianas/os y sus aportes a la economía de la República Dominicana. Por José Manuel Guzmán Ibarra

Respeto a la población inmigrante haitiana, a las y los trabajadores más pobres de la República Dominicana: es una gran lucha en la cual me he inscrito durante unas 4 décadas de mi vida.

En este artículo,  José Manuel Guzmán Ibarra, economista e integrante del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con una mística favorable a los derechos humanos, cuestiona que se use el tema haitiano desde sectores políticos dentro de la derecha dominicana como tema de propaganda política.

Muy importante aporte analítico en esta cruzada de xenofobia  contra las y los inmigrantes haitianas/os. ¡A leer!

Mildred Mata
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El tema haitiano como propaganda

http://hoy.com.do/el-tema-haitiano-como-propaganda/

Publicado el: 18 julio, 2017
José Manuel Guzmán Ibarra
Por: José Manuel Guzmán Ibarra

A la derecha dominicana se le ha hecho difícil tener un discurso abiertamente económico o transparente en cuanto a sus objetivos de acumulación. Así que recurre a una propuesta ideológica que parezca altruista. Es por eso por lo que de manera consistente y desde hace décadas recurren al nacionalismo xenofóbico para lograr conectar con amplios sectores de la población.

El tema favorito es la migración haitiana. Es mentira que la presencia haitiana haya aumentado en este año, lo que sí subió a niveles de histeria colectiva fue la propaganda por todos los medios, desde los medios tradicionales hasta las redes sociales: exagerando, manipulando, mintiendo y tergiversando el fenómeno social.

Se sabe que nuestra frontera es porosa desde los tiempos de la fundación de la República. Un xenófobo como Balaguer nos dejó Los Carpinteros para poner como ejemplo que el trasiego fronterizo con pocos controles de lado y lado de la isla datan de hace al menos cien años. En ciertos momentos, desde entonces, se exagera los efectos negativos que el fenómeno migratorio tiene en lo social y económico para lograr fines políticos o electorales.

Movilizar los sentimientos nacionalistas no tiene mucho que ver ni con objetivos patrióticos ni con principios históricos. El único objetivo es la propaganda.  Logrando con ella una vigencia tras la que se escudan, y que les permite en el juego democrático, una vigencia discursiva que de otra manera no tendrían.

Nadie niega que la migración haitiana pone presión al gasto público, impacta los índices de pobreza, y pone un reto a las políticas públicas y a los servicios de educación, salud y salariales. Sin embargo, es asombroso, por la importancia que la derecha le otorga, que no haya estudios serios que sostengan el discurso y la manipulación mediáticas. Incluso la cita de estadísticas, cuando verificables y
veraces, carecen de contexto o explicación lógica. No hay interés en entender, sí lo hay en manipular.

En la contraparte, ignorada por esta manipulación ideológica, está el aporte en valor agregado que significa la mano de obra haitiana en la producción nacional. También el efecto positivo de consumo de esa migración, mayormente flotante, y su efecto virtuoso en incentivar la demanda agregada. Se sabe que el trabajador de origen haitiano se ocupa de las actividades laborales peor pagadas y más
odiosas para el dominicano.

Aunque hay, en ambos lados del argumento una ausencia de investigación social y económica recientes, es obvio que del lado de los sectores más radicalmente nacionalistas hay una intención de manipulación ideológica antes que de entendimiento del fenómeno migratorio. No hay nada más arrogante que la ignorancia.

Esta última invasión no de mayor migración, sino mediática, busca arrinconar a las autoridades. No solo con miras al 2020, sino en el corto plazo. La derecha dominicana, así como es carente de encantos discursivos seductores es ambiciosa, voraz y poco paciente. Quieren aprovechar la moda discursiva imperante en contra de la corrupción para hacer creer, y creerse, que tienen en sí misma capacidad de movilización y legitimidad democrática.

El fenómeno migratorio sigue siendo esencialmente desconocido en sus causas y efectos. Su impacto invisible (positivo y negativo) impide políticas y controles efectivos, porque no se puede controlar lo que no se conoce. Vale dejar de lado el prejuicio y la superstición para entrar ya con la madurez institucional necesaria a ser un país con instituciones justas.

Mujeres luchando por la igualdad: Lo que hay detrás de quienes cuestionan el análisis de género. Por Estefanía Vela Barba

Grupos tradicionales patriarcales trabajan para el retroceso de los derechos humanos de las mujeres, atacando el análisis de género que devela el cómo roles y divisiones sociales-económicas y políticas como construcción social que se enseña y se puede cambiar a favor de la inclusión de grupos discriminados, como las mujeres, y la comunidad LGBTQ.

En defensa de un orden "natural" que justifica la exclusión, roles segregados, y todo lo que sabemos sobre el "ningunear" a las mujeres y mantenerlas en categorías de "segundonas".

En una rueda de prensa uno de sus integrantes tocó a una mujer, y le impidió hablar con el acto de violencia de callarle la boca. Esto ocurrió en Tepatitlán, el Presidente del Consejo Mexicano de la Familia, Juan Dabdoub, le tapa la boca a u ena mujer para que no hable. Lean todo el artículo, pues explica que hay detrás de estos movimentos anti comunidad LGBTIQ, anti libertad e igualdad de las mujeres. ¡A leer!

https://www.nytimes.com/es/2017/07/11/la-verdadera-ideologia-de-genero/?smid=wa-share-es

Lo reproduzco más abajo.
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La verdadera ideología de género
Estefanía Vela Barba


Por ESTEFANÍA VELA BARBA. 11 de julio de 2017

CIUDAD DE MÉXICO — Hay un movimiento internacional que lucha por preservar la familia “tradicional” y combatir lo que llaman la “ideología de género”, una corriente de pensamiento que supuestamente lleva a negar las “diferencias naturales” que existen entre hombres y mujeres y que está permeando las leyes de múltiples países. Está conformado por organizaciones sociales, políticas y religiosas, como CitizenGo en España, el Centro Democrático en Colombia y el Consejo Mexicano de la Familia y la Iglesia Católica en México.

Tienen una agenda concreta que incluye el rechazo del matrimonio entre personas del mismo sexo y de la adopción homoparental, los derechos de las personas trans, la educación sexual en las escuelas y el aborto, todo bajo el estandarte de los derechos de los niños y niñas, y de la protección de la familia “natural”.

Este movimiento ha sido entendido como un antagonista de los derechos de las personas LGBT. La realidad, sin embargo, es que sus estrategias y políticas no solo tienen el potencial de afectar a este grupo. Lo que este movimiento busca es reinstaurar, ahí donde se ha debilitado, un orden de género que ha servido históricamente para negarle principalmente a las mujeres una variedad de derechos.

Y nada lo ilustra mejor que el escándalo en el que se ha visto envuelto uno de sus representantes en México, Juan Dabdoub, el presidente del Consejo Mexicano de la Familia.

Antes de proseguir, aclaremos: los grupos que conforman el movimiento han sido sumamente cuidadosos con los mensajes que comunican. No proponen reformar las leyes para restringir los derechos políticos o laborales de las mujeres, ni buscan negarles a los hombres, por ejemplo, el derecho a cuidar a sus hijos. Pero sí buscan reinstaurar la lógica que históricamente justificaba ese tipo de restricciones. La base del pensamiento de grupos así es que los hombres y las mujeres simplemente son diferentes: “física, sexual y psicológicamente”. Algo que quizá puede parecer inofensivo, pero que no lo es.

En México, esta idea sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres era la que se utilizaba para negarles a ellas el derecho al voto. Como llegó a argumentar el secretario del Congreso Constituyente de 1917 para justificar esta exclusión: “La diferencia de los sexos determina la diferencia en la aplicación de las actividades”. En otras palabras: dado que el hombre y la mujer son diferentes, les toca desarrollar actividades diferentes.

¿En qué se consideraba que eran diferentes los hombres y las mujeres? La Ley del Matrimonio Civil de 1859, que sobrevivió de una u otra forma hasta el siglo XXI, ofrece una respuesta: los hombres tenían “como dotes sexuales” “el valor y la fuerza”, mientras que las mujeres tenían “la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura”. Por lo mismo, a ellos les correspondía darle a la mujer “protección, alimento y dirección”, mientras que a ellas les tocaba ofrecer “obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo”. A ellos les correspondía votar; a ellas cuidar a la familia. Ellos debían trabajar fuera de casa; ellas solo excepcionalmente, y no en cualquier trabajo.

La lucha por la igualdad de género ha ido erradicando la concepción de que los hombres y las mujeres son desiguales pero complementarios.


Este trato diferenciado no era considerado discriminatorio. Quienes sostenían esta visión, consideraban que el hombre y la mujer eran iguales en dignidad. No era que el hombre valiera más que la mujer, ni viceversa: valían lo mismo. Simplemente tenían diferencias absolutas que les impedían hacer a una lo que el otro hacía, y viceversa. Eran desiguales, si bien complementarios.

La lucha por la igualdad de género ha ido erradicando esta concepción del orden jurídico. No solo porque restringe injustificadamente derechos, sino porque también está detrás de mucha de la violencia que viven las mujeres y las personas LGBT.

Pero es justo esta visión la que, en México, el Consejo Mexicano de la Familia está tratando de reinstaurar, a través de una iniciativa de reforma que busca agregar al artículo 4 de la Constitución Federal la idea de que “el varón y la mujer, siendo diferentes y complementarios entre sí, son iguales ante la ley”. Como en el siglo XIX, la diferencia a la que se refieren no es solo “biológica”.

Creen que los hombres y las mujeres son diferentes “física, sexual y psicológicamente”. Y si bien hoy utilizan esta lógica para negar los derechos de las personas LGBT, sientan las bases para legitimar restricciones más amplias. Esto es lo que se pudo entrever la semana pasada.

Por iniciativa de CitizenGo, la estrategia más reciente de estos grupos ha sido la de pasear por decenas de ciudades un autobús naranja que muestra, dependiendo del contexto, diferentes mensajes afines a su agenda. El martes pasado, el autobús visitó Tepantitlán, Jalisco, después de haber pasado por Ciudad de México, Puebla, Bogotá, Nueva York y Madrid.

Como en otras visitas, los organizadores se tomaron el tiempo para platicar con los medios de comunicación. Dabdoub era uno de ellos. Todo parecía ir conforme a lo planeado, hasta que una mujer del público los comenzó a cuestionar. Dabdoub intentó silenciarla… tapándole la boca con la mano.

La fuerte discusión pública sobre las violencias machistas que afectan a las mujeres en México disparó la indignación contra Dabdoud. Se entiende: no solo estamos frente a un hombre que se atrevió a tocar a una mujer sin su consentimiento, sino que la tocó para callarla cuando lo cuestionó.

Esta doble transgresión, una materialización casi perfecta del machismo, me hizo recordar el ensayo escrito por la clasicista Mary Beard sobre la voz pública de las mujeres. O, más bien: sobre los momentos, en la literatura clásica y en la actualidad, en los que los hombres han privado a las mujeres de su voz pública.

El ejemplo principal que da Beard es el de Telémaco en la Odisea. Luego de que su madre, Penélope, le pide a un bardo en la fiesta en la que estaban que cambie de melodía, el joven le dice: “Madre mía, marcha a tu habitación y cuida de tu trabajo, el telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se ocupen del suyo. La palabra debe ser cosa de hombres, de todos, y sobre todo de mí”.
Según esta óptica, el acto de Dabdoub se inscribe en una tradición antigua, en la que los hombres se reservan el derecho de hablar en público y también el de asegurarse que las mujeres no lo hagan, recordándoles que cada uno tiene su función y su lugar.

Por eso, no fue difícil para muchas personas conectar el acto de Dabdoub con la visión más amplia de su movimiento. Su gesto dejó entrever lo que está en el fondo de su mensaje. Ese mismo día circuló en las redes sociales una imagen en la que se muestra a una pareja en la que un hombre aparece tapándole la boca a una mujer. Luego otra en la que aparece el padre tapándole la boca a la madre y el hijo tapándole la boca a su hermana. El mensaje, entre ambas, es claro: “Esta es la familia tradicional que buscan reinstaurar. Ese es el orden natural de las cosas en el que creen. Esa es la verdadera ideología de género”.

Y tienen razón.
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Estefanía Vela Barba estudió Derecho y se especializó en la relación entre el derecho y la sexualidad. Es investigadora y docente de Derechos Sexuales y Reproductivos del Centro de Investigación y Docencia Económicas. Actualmente es columnista de El Universal en México.

Por la vida de las mujeres el aborto no es materia de dogma y eliminar la despenalización es dignidad. Por Zobeyda Cepeda

Zobeyda Cepeda explica porqué es ver la mujer como persona "de segunda" lo que está de base en oponerse a la despenalización del aborto  de parte de algunas de las partes de la jerarquía religiosa.

El aborto no es materia de dogma en la religión Católica u otras, porque nunca ha habido consenso sobre el tema.. ¡A leer!

Mildred D Mata
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Defensa de Dogma o manipulación de la Masculinidad Violenta

Zobeyda Cepeda, feminista, abogada


Por Zobeyda Cepeda

https://zobeydacepedadotcom.wordpress.com/2017/07/06/defensa-de-dogma-o-manipulacion-de-la-masculinidad-violenta/

La oposición a la despenalización del aborto por causales se argumenta en posiciones religiosas negadoras de derechos. Un análisis a los mecanismos que resisten la aprobación acerca a posturas y actuaciones semejantes a la masculinidad violenta.

A pesar de los avances de la neurociencia en concebir la formación humana a partir de la autonomía cerebral, y de las determinaciones jurídicas que asignan personalidad a la capacidad de viabilidad, las presiones religiosas desautorizan las leyes y la ciencia en nombre de sus creencias, empeñados en explicar la administración de la vida exclusivamente a la imagen de divinidad por ellos promovida.

Cabe aclarar que el aborto no es un dogma de la iglesia católica. Por dogma se entiende aquello que no encuentra contradicción, ejemplo, la Virgen María concibió por obra y gracia del espíritu santo. Este hecho no tiene narrativas contradictorias ni subjetivas dentro de esta iglesia, se entiende como tal y punto. El aborto, por el contrario, ha tenido diferentes abordajes, basta leer las disposiciones del Código Canónico en el cual se establecen excepciones a la sanción con la excomunión, dentro de estas la falta de conciencia y la minoría de edad.

La resistencia a que el aborto sea despenalizado cuando la vida de la mujer corre peligro, por violación sexual o incesto, o por mal formación incompatible con la vida asemeja sus actuaciones a los mecanismos de control y posesión de la masculinidad violenta, provocada por la crisis a la oposición de aceptar las transformaciones sociales y el empoderamiento de las mujeres a nivel individual, educativo, económico o sobre sus cuerpos.

Precisamente ese empoderamiento femenino es percibido como una amenaza a la pérdida del control colectivo masculino que sostiene la ideología de inferioridad femenina. Apoyados en esa identidad institucional y grupal se organizan los sectores anti derechos opuestos a la despenalización del aborto por causales, utilizando las amenazas y la tergiversación de información, mecanismos por excelencia de la masculinidad violenta, con rotunda resistencia a ceder los privilegios que han disfrutado históricamente en su vinculación con los sectores políticos, gubernamentales y de la población.

Desde privilegios colectivos instituciones masculinizadas disfrazan narrativas y ejercen violencias, encontrando complicidades asociativas y presas del miedo, pero a la vez fuerte determinación en transformaciones de justicia social y de género que impacten a mujeres y niñas.
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