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Discriminación por clase social (pobreza) y por raza en las aulas

Zobeida Cepeda, abogada, feminista de Rep.Dominicana
Zobeyda Cepeda nos comenta la existencia de discriminación por peinados, tipo de pelo, situación de las vestimentas, etcétera en las aulas dominicanas.

Mildred Dolores Mata
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Identidad nacional y discriminación en las escuelas

Escrito por  Zobeyda Cepeda


Las prácticas discriminatorias sobre racismo pasan a diario desapercibidas en las aulas dominicanas. El sistema de educación no está preparado para identificarlas, rechazarlas y formar en su eliminación.

En conversaciones con integrantes de asociaciones de madres y padres, confirman como prácticas asiduas en las escuelas la selección de niñas y niños de color claro y pelo lacio para asistir a los actos de representación escolar. La correcta hechura del uniforme, los zapatos y medias en buenas condiciones también son criterios que definen la participación. Reiteran que siempre son los mismos porque aquellos en mayores condiciones de pobreza no se les pueden comparar.

Maestros y maestras han delatado la percepción de identificar el pelo crespo y alborotado de las niñas y adolescentes con la falta de higiene o aseo corporal.

La antropóloga Tahira Vargas señalaba en un artículo de recién publicación la tendencia a expulsar de las aulas a los jóvenes adolescentes por asistir a la escuela con peinados de trenzas o aretes. El sistema no está preparado en lo más mínimo para acompañar esta población en el proceso de conformación de su identidad hacia la adultez. Las perspectivas de permanecer en su condición de pobreza se agudizan ante el rechazo y poca preparación del personal docente.

Dentro de las justificaciones que plantean maestros y maestras es que esos peinados no forman parte de “nuestra cultura”.

Al preguntarles sobre la historia de resistencia de negros esclavos o el cimarronaje, muy pocos supieron contestar y mucho menos señalar nombres de alguno de ellos.

En una investigación del Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF) se les pidió a niños y niñas dibujarse a partir de su origen étnico o racial, ninguno se identificó con las raíces africanas.

El abordar estos temas en esos espacios denota molestia e incomodidad. El sistema está diseñado para operar desde relaciones verticales jerárquicas e impositivas que reproducen su permanencia. La discriminación no solo es racial hacia niños, niñas y adolescentes dominicanos, sino también de clase por la situación de pobreza; prácticas que se agravan por el origen migratorio, especialmente el haitiano.

El currículum oculto del sistema educativo dominicano es amplio, imperceptible y poco abordado como tema que requiere seriedad en las políticas educativas. Su invisibilidad genuflexa la autoestima ciudadana al servilismo de culturas hegemónicas en desprecio de la nuestra.

Para terminar con el ciclo de artículos sobre la educación no sexista y antidiscriminatoria, me referiré a la necesidad e importancia de fomentar la identidad nacional desde enfoques integrales desde nuestros reales antecedentes históricos.


http://www.elmunicipio.com.do/index.php/reflexiones/item/785-identidad-nacional-y-discriminación-en-las-escuelas

Historia e identidad dominicana. Haití, inmigraciones, dominíco-haitianas/os. Miguel Ceara Hatton

Miguel Ceara Hatton economista dominicano, experto en desarrollo, democrático radical, expone una síntesis de la historia dominicana, en los aspectos sociales, económicos y políticos que explican las relaciones, actitudes, hacia Haití, hacia dominicanas/os de origen haitiano, y hacia la inmigraciones de trabajadores haitianos/as a RD.
Miguel Ceara Hatton, economista dominicano


Es un documento importante para la comprensión de la identidad dominicana.

Mildred  Dolores Mata

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Palabras leídas por Miguel Ceara-Hatton  en representación del Comité de Solidaridad con los Desnacionalizados frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos 

Casi desde el inicio del Siglo XVI la Isla de Santo Domingo fue abandonada por España, ese abandono se convirtió despoblaciones en el SXVII, lo cual dio origen a la ocupación francesa en el noroeste de la isla y eventualmente a la creación de la colonia francesa de Saint Domingue que se convirtió en la más rica colonia francesa durante el SXVIII.

Esa riqueza se creó alrededor de la producción azucarera, organizada bajo el sistema de plantación en base a una intensa y cruel esclavitud. La crueldad era parte constitutiva del sistema de plantaciones, porque era única la forma posible de que unos pocos miles de propietarios blancos pudieran vivir en medio de casi 500 mil esclavos.

Mientras tanto la parte Este de la isla, la parte española languidecía en la más absoluta pobreza con una economía basada en el contrabando y el corte de la madera.

En el inicio del SXIX, en 1804 se produce la independencia haitiana con la más profunda revolución social y racial de las Américas, mientras que en la parte Este, pasaba de ser un territorio francés a español, pero en el marco del abandono de los poderes coloniales para ser ocupada por los haitianos en 1822, quienes en gran medida fueron bien recibidos dada la pobreza generalizada de la parte Este.  Sin embargo, en la medida en que la ocupación se prolongó y las expectativas de la población no se vieron satisfechas se generó un movimiento separatista que se consumó en 1844. En ese momento Haití era un país de casi medio millón habitantes y la República Dominicana apenas pasaba los 100 mil habitantes.
El resto del siglo XIX fue de grandes vicisitudes para ambos países, Haití organizado alrededor de la economía campesina, del café y teniendo que pagar un alto costo, por haber sido el primer país de esclavos que se independizaba mientras los dominicanos se organizaban alrededor del tabaco, la explotación de la madera y la ganadería. Posteriormente en el último cuarto del siglo XIX, empezó a desarrollarse la industria azucarera basada en la plantación pero en el marco de una economía capitalista.
Así el siglo XX se inicia, teniendo Haití el triple de la población dominicana pero en trayectorias económicas que empezaban a revertirse. La economía dominicana se aceleraba impulsada básicamente por el azúcar mientras que la economía haitiana perdía velocidad asociado con el predominio de la economía campesina y los ciclos del café.   
En la segunda década del Siglo XX ambos países son ocupados militarmente por los norteamericanos, imponiendo férreas dictaduras militares en ambos países pero con resultados económicos diferentes.
En Dominicana se desarrolla una infraestructura productiva y se consolida la producción azucarera mientras que en Haití los resultados económicos de la ocupación fueron más exiguos y los excedentes se utilizaron para pagar la deuda .
De ese modo ya en 1916, República Dominicana tenía un intercambio comercial con el mundo que era 1.5 veces más grande que el intercambio comercial de Haití con el mundo  y partir de la segunda década del SXX la brecha entre los dos países empezó a crecer aceleradamente.
En 1947 una misión de la ONU reconocía en Haití el país del PIB percapita más bajo de América.
En 1950, Haití seguía teniendo una población que era 1.5 veces más grande que la dominicana, pero Dominicana tenía un PIB real que era 1.4  veces superior al haitiano, exportaba al mundo 2.3 veces más e importaba 1.4 veces más que Haití.

Estas diferencias en los niveles de actividad económica explican el flujo migratorio de los haitianos hacia República Dominicana.

La industria azucarera tuvo un crecimiento impresionante. La cual fue inicialmente propiedad extranjera, luego en los años 50 pasó a manos del dictador Trujillo y finalmente pasó a manos del Estado en 1961.
Esa industria utilizó intensamente a los braceros haitianos, creándose un sistema donde intervenían los estados, las élites políticas y militares de ambos países, así como las dos empresas privadas dedicadas a la producción azucarera en Dominicana.

El sistema implicaba la importación anual de miles de braceros que quedaban inmovilizados y bajo control en las grandes plantaciones azucareras, produciéndose todo tipo de injusticias y exclusiones, cuya expresión visible ha sido el batey.

Es a finales de la década del 30 del Siglo XX, con la matanza de varios miles de haitianos durante la dictadura de Trujillo cuando empieza una activa construcción de la identidad dominicana como negación de lo haitiano. Cuando a la “raza negra” del haitiano se le opone la “raza blanca del dominicano”. Al vudú se le opone el catolicismo y a la africanía se le opone la hispanidad.

Esa ideología se refuerza en la década del 40 y 50 del Siglo XX, con los intentos de Trujillo de “blanquear la raza” mediante la promoción de migraciones de europeos.

Sin embargo, en las décadas siguientes (del 60 a finales del 80) el tema se diluye, por lo menos como parte del debate público, los elementos racistas estaban incorporados en la cultura dominicana, expresado básicamente como un antihaitianismo. Las tensiones antihaitianas del lado dominicano permanecieron latentes con excepción de brotes esporádicos de conflictos fronterizos aislados y en otros casos se produjeron conflictos de mayor envergadura que involucraban a ambos gobiernos con amenazas que subían de tono pero luego bajaban de nivel. Era una relación “cordialmente tensa”.

Tras casi un siglo de inmigración esencialmente indocumentada se produjo prácticamente tres generaciones de dominicanos descendientes de inmigrantes. Esos dominicanos hijos de braceros inmigrantes, permanecían sujetos a las reglas del batey azucarero, siendo vulnerables a toda suerte de injusticias y exclusiones, en un hábitat de pobreza extrema.

La crisis de la economía azucarera dominicana en la década del ochenta del siglo pasado, comenzó a modificar el cuadro descrito, pues la inmigración se vinculó a la agricultura no azucarera y penetró en las zonas urbanas, sobre todo en la actividad de construcción y el sector informal urbano. Por otro lado, la sociedad dominicana se hizo más abierta y plural, visibilizándose en consecuencia el fenómeno migratorio.

La población de descendiente de haitianos, nacidas en el territorio nacional se integró plenamente y se asumió como dominicana, pues la mayor parte de ellos se había documentado según las prácticas de la época.

En 1994 vuelve otra vez a tomar impulso la ideología del nacionalismo y racismo antihaitiano, pero esta vez es impulsado por el Presidente Balaguer que se inventó un supuesto plan de fusión de la Isla, señalando que José Francisco Peña Gómez, el líder político de la oposición y de origen haitiano era el instrumento para ese fin.

Esa visión “ultranacionalista y racista” de la cuestión haitiana se refuerza en la campaña electoral de 1996, pero esta vez de la mano del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y de grupos de ultraderecha asociado a ese partido que volvieron a impulsar la xenofobia como parte de la campaña política. En los años siguientes, el PLD nunca se distanció de los nacionalistas ultraderechistas que cada vez fueron imponiendo una agenda conservadora. 

Así la Ley de Migración 285-04  pretendió desconocer tres generaciones de dominicanos de descendencia haitiana, reinterpretando el concepto de tránsito del artículo 11 de la Constitución del 2002, según la cual la inmigración irregular estaba en “tránsito”.

Esta interpretación fue objeto impugnación y la Suprema Corte de Justicia en 2005 legitimó la interpretación “tránsito” como la condición de los inmigrantes no residentes, convirtiendo en “personas en tránsito” a miles de inmigrantes y sus hijos que tenían tres generaciones residiendo en el país.
En el 2005, la sentencia de la CIDH relativas a Jean y Bosico sentó jurisprudencia en cuanto que: primero, el estatus migratorio de una persona no puede ser condición para el otorgamiento de la nacionalidad por el Estado. Segundo, que el estatus migratorio de una persona no se trasmite a sus hijos, y tercero, que la condición del nacimiento en el territorio es la única a ser demostrada para la adquisición de la nacionalidad.

No obstante la Junta Central Electoral en 2007 comenzó a negar y/o quitar documentos a la población de descendientes, que por derecho eran dominicanos de nacimiento. Se les quitaban documentos de identificación, se les negaba la entrega de actas de nacimiento y en general se tendía a borrar por medios burocráticos la condición de ciudadanos dominicanos a miles de descendientes de inmigrantes.
En tales condiciones, en el 2010, la reforma constitucional estableció un nuevo criterio para otorgar la nacionalidad dominicana, según la cual los hijos de inmigrantes irregulares no podían beneficiarse de la nacionalidad dominicana, pero reconocía que quienes hasta ese momento tenían la nacionalidad dominicana continuarían ejerciendo ese derecho.

En 2013 el Tribunal Constitucional hace una interpretación in extremis y hace retroactivo ese precepto constitucional, con lo cual desnacionaliza en la práctica a miles de descendientes de inmigrantes desde 1929 en adelante.

Lo expuesto demuestra, que la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, es el producto de una larga cadena de exclusiones sociales y económicas, violaciones al sistema jurídico en materia de derechos y, en general, refleja el régimen de exclusión social en que vive la sociedad dominicana pero que ha llegado al extremo con los dominicanos de descendencia haitiana.
   
Muchas gracias



  

La identidad dominicana democrática radical, Pedro Fco. Bonó: Artículo de Mukien A Sang Ben

Recomiendo la lectura de este artículo de Mukien Adriana Sang Ben sobre Pedro Fco. Bonó. Me encantó. Me ayudó para mi formación histórica y como humanista, y como dominicana.
 Pedro Francisco Bonó y Mejía fue un sociólogo, pensador y político dominicano nacido en Santiago de los Caballeros (18 de octubre de 1828 - San Francisco de Macorís, 14 de septiembre de 1906) propugnaba por una identidad humanista.
Siempre agradezco al libro Los orígenes sociales de la dictadura y de la democracia del sociólogo norteamerica Barrington Moore, medio marxista, sobre aprender a cómo vincular la política y la ideología con lo social. Son fabulosos los ejemplos que pone Pedro Fco. Bonó y la defensa que hace de X tipo de cultivo, por destacar que su dinámica ayuda a la democracia social, a la libertad,...porque ayuda a compartir más las riquezas, cómo se favorece la diversidad productiva, a más mano de obra. Por ejemplo, el tabaco era más democratizador que el azúcar.

Bonó visualizó con sensibilidad las limitaciones del liberalismo productivista capitalista, y del positivismo. La verdad que Pedro Francisco Bonó fue un hombre democrático radical, original, crítico y sensible para con la igualdad, el humanismo, y la libertad.

Gracias tía MuKien Adriana. Siga así de productiva, útil, inteligente, y humanista. Cuídese mucho, que usted es una persona exquisitamente útil para este país y para este mundo.

Mildred Dolores Mata
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TEMAS SOBRE HAITÍ, REPÚBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE

Pensamiento caribeño en el siglo XIX. Bonó juzgado por la posteridad, y 3

Mukien Adriana Sang Ben, historiadora dominicana
 Por: Mu-Kien Adriana Sang

El tabaco daba ocupación fructuosa a los sembradores y extractores de nuestros textiles y a los fabricantes de todas las cuerdas y extractores de nuestros textiles y a los fabricantes de todas las cuerdas en uso: hilos a enseronar, cinchas, lazos, maniotas; a los recolectores de los guanos y canas y a los que con ellos fabricaban serones, árganas y enjalmas; a los ganaderos, a los arrieros, a los potreros…a población flotante de los pueblos y ciudades empleados en separar, descabezar, enmanillar, enseronar, entretejer, empacar y estribar. El cultivo del tabaco, fruto de cuatro meses de vida, dejaba a los conucos limpios y habilitados por ocho meses para la siembra y cosecha de frutos menores, que bajo continua fertilidad estival de la zona que habitamos, no dejó ni pudo dejar escasez de las subsistencias….Pedro Francisco Bonó, Congreso Extraparlamentario (fragmento)

Con esta entrega presentamos el tercer ensayo sobre el pensamiento de Bonó analizado por la posteridad. La semana pasada hicimos referencia al trabajo enjundioso e interesante de Roberto Cassá, quien coincide en casi todos sus planteamientos, con las ideas expresadas por el mayor conocedor del pensamiento de este gran hombre, Raymundo González.

Hoy haremos referencia a un texto interesante, escrito por Julio Minaya y publicado por la Revista Estudios Sociales en el año 1966 [i]. El ensayo inicia haciendo algunas referencias a rasgos esenciales de los momentos políticos vividos en América Latina y que impactaron en la vida, las ideas y las participaciones políticas de este hombre enigmático y fuera de serie. Afirma que la vida del intelectual de Bonó se desarrolló en la cumbre del liberalismo romántico, en las primeras décadas del siglo XIX,  hasta el declive del positivismo a finales de ese siglo.  Durante ese período, sigue escribiendo Minaya, las antiguas colonias españolas luchaban por su emancipación política y luego, por su liberación intelectual o cultura.  Afirma el profesor universitario que Bonó fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes luchadores de la libertad y la felicidad del país; “pero a más de lograr ser libre y feliz, fue su sueño que alcanzar estatus de originalidad, llegando a convertirse en el pensador más preocupado por la construcción de la identidad del pueblo dominicano.” (p.12)

Pero la turbulencia de la vida política nacional marcó aún más al pensador dominicano. Dice Minaya que Bonó, a pesar de estos reveses políticos devastadores, este hombre, comprometido con su tiempo, luchó, se comprometió y ofreció lo mejor de sí para construir el país de sus sueños: “Era la lucha por el establecimiento de los Estados Nacionales latinoamericanos, combate ciclópeo para un país pequeño situado en una zona calificada por Juan Bosch como “frontera imperial”. (p.12)

Lamentando no tener espacio suficiente para abordar el interesante trabajo de Minaya, tenemos que concluir que este ensayo es muy novedoso porque sitúa a Bonó en el contexto intelectual de la época, presentando todas sus variables y aristas. Por ejemplo, refiriéndose al positivismo y la ideología del progreso, afirma, coincidiendo con todos los estudiosos modernos, que Bonó se alejó del liberalismo y sobre todo de la euforia que provocaba el modernismo capitalista.  Bonó, como ya hemos visto, defendió a capa y espada las virtudes del tabaco, pues daba beneficios a más personas, por eso lo calificó sin remordimiento alguno, como el verdadero producto que sentaría las bases de la igualdad y la democracia.  Enfrentó el cultivo del azúcar, por considerarlo elitista y que beneficiaba solo a algunos.

Señala Minaya que si bien Bonó no participaba de la ideología del progreso, sí aceptó el mandato de la educación como vía para conseguir la mejoría del pueblo. Vio con simpatía los esfuerzos realizados por Hostos y sus normalistas. Incluso consideraba que el Maestro de Puerto Rico, con sus acciones, daba brillo y prestigio a la patria, su patria amada, nuestra patria.

Finalizo este artículo con las conclusiones de Minaya en el interesantísimo ensayo.  Afirma, coincidiendo con Cassá y González, que Bonó fue “haciéndose cada vez más escéptico respeto a las bondades que la ciencia y la técnica venían ofreciendo, a la proclamada esperanza de resolver los problemas propios del ser humano….Lo que caracterizó mejor al siglo XIX fue la excesiva confianza depositada por la humanidad en sí misma. El desarrollo de la racionalidad científica creó la falsa ilusión de que todos los problemas se resolverían.”  (p.44)

Así, dice el autor del ensayo, frente a los excesos del liberalismo y el positivismo aplastante, Bonó tomó distancia, y decidió negar esas ideas que le inspiraron en sus primeros años de vida política e intelectual para abrazar nuevos valores e ideas: “los del espiritualismo y misticismo recurrentes en toda la primera mitad del siglo XX” (p.46).

En la próxima seguimos con la mirada moderna al pensamiento de este hombre que sentó, sin saberlo y quizás sin quererlo, cátedra de pensamiento propio y crítico y de fortaleza moral incuestionable.

 [i] Julio Minaya, “Pedro Francisco Bonó: vida y obra en su contexto”, Revista Estudios Sociales, Volumen XLI, Número 142-143. Octubre 2005, marzo 2006.

La esclavitud, lo africano en la historia e identidad dominicana: Rubén Silié

Rubén Silié, historiador, sociólogo, embajador de la República Dominicana en Haití




La historia y la identidad que se han ido conformando en la República Dominicana ha dejado fuera el conocimiento de la existencia de la esclavitud en la República Dominicana, y una noción de discriminacion racial de lo negro de lo cual no somos consceintes. Ojalá tengamos la exposición completa de Rubén Silié enesta confeencia del Centro de Estudios de la Diáspora Africana.

Un resumen desde Acento, de Maribel Núñez. Invito a leer los interesados en el tema de la identidad dominicana.

Mildred Dolores Mata

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Actualidad

Embajador Rubén Silié: no somos conscientes de que somos racistas
Los dominicanos somos racistas y no lo sabemos


Dijo que al adquirir su independencia, ya la hoy nación dominicana existía como nación. En Haití tuvieron primero un Estado no una nación, aquí, en República Dominicana primero fue nación y luego el Estado

19 de noviembre del 2013
Kim Butler, Asociación Mundial para el Estudio de la Diáspora Africana –ASWAD-  y Rubén Silié, embajador de R Dominicana en Haití
Maribel Núñez/Especial para Acento.com.do   

Embajador Rubén Silié: no somos conscientes de que somos racistas Silié con la doctora Kim Butler, directora de la ASWAD FE   
ver Acento Social

SANTO DOMINGO, República Dominicana. Con una conferencia magistral del Dr. Rubén Silié Valdez, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Dominicana ante el gobierno de la República de Haití, se dio inicio formalmente a las secciones de trabajos de la 7ma. Conferencia de la Asociación Mundial para el Estudio de la Diáspora Africana –ASWAD-, celebrada el pasado 30 de octubre en el Hotel Magna 365 de ésta capital.

El sociólogo inició reconociéndose cimarrón, sus palabras detallaron el prejuicio racial y cómo se manifiesta este mal que establece un juicio falso sobre la realidad, la condición de las personas y como incide para la formación del racismo.

Explicó que República Dominicana es portadora de edificios coloniales, pero que también tiene el horror, la vergüenza de haber iniciado la esclavitud en América condición que sirvió  para desarrollar la industria de plantación cañera.

Recalcando que hasta hace poco en los libros de textos de historia dominicana, la única mención  de la palabra esclavos era cuando citaban al Padre de las Casas: “traer esclavos negros para evitar el exterminio de los indígenas”. No siendo la esclavitud como tal enseñada a los estudiantes. No existiendo democracia racial pues se ocultó la historia de los africanos en la isla.

El también sociólogo mostró todo el proceso histórico del país y en ocasiones de la isla, se refirió a la rebeldía de los esclavizados/as, las zonas liberadas que representaron Los Manieles, conformadas por antiguos esclavizados/as que huían de la atroz esclavitud, señaló que en algunos casos los colonizadores tardaron hasta más de 100 años para dominar algunos manieles.

Detalló como conformaron los pueblos negros, núcleos de esclavizados que ubicaron fuera de la ciudad amurallada como el de Lo Minas, donde concentraban los negros y no le era permitida la entrada a la ciudad  de “Santo Domingo, para, entre otras situaciones, evitar que las negras molestaran a las señoras con sus costumbres”.

Hizo una relación de los dos pueblos que componen la isla, habló del auge económico en la parte Francesa, y que Francia y España se complementaban. Canalizando la metrópolis española sus necesidades hacia la  parte francesa, la posibilidad de aprovisionarse de mano de obra pues la parte española se nutría de la mano de obra de los esclavos de la parte francesa.

A finales del Siglo XVIII, la parte Este de la isla era de mayoría mulata: todos los blancos eran jefes y todos los negros eran sirvientes. El prejuicio era muy fuerte.

Detalló el liderazgo de Toussaint Louverture que abolió la esclavitud, para luego ser re-instaurada la abolición por Boyer en el 1922 y los antes esclavizados empezaron a ser ciudadanos, propietarios, empezaron a ser personas. La unificación de la isla permitió visibilizar a los negros y empezaron a tener derechos.

Detalló que en República Dominicana se vive un nivel tal de alienación que es el único país donde no se conmemora la abolición de la esclavitud.

Destacó que el papel de las mujeres liberadas de la esclavitud fue muy importante, pues hacían labor de mercaderías y fueron muy activas comprando y vendiendo.

Dijo que al adquirir su independencia, ya la hoy nación dominicana existía como nación. En Haití tuvieron primero un Estado no una nación, aquí, en República Dominicana primero fue nación y luego el Estado, la independencia no se hizo para construir ciudadanos ya eran ciudadanos.

Narró como 17 años después de la independencia, República Dominicana fue anexada a España recibiendo como respuesta masiva, la guerra de la Restauración, dirigida por Gregorio Luperón, guerra donde participaron todos los sectores sociales, destacando que también los haitianos colaboraron en el proceso, porque no le convenía la presencia de España en la isla.

Enarboló las calidades revolucionarias de Luperón y su poca vocación de poder, que permitió que un Ulises Heureaux gobernara el país de manera despótica.

Aclaró que con el recorrer de la historia los prejuicios raciales no se han resueltos, habló del Padre de la sociología dominicana, Pedro Francisco Bono y citó una frase suya que se refería al pensar con celeridad en los destinos que la providencia le tiene reservado a los negros de América.

En el siglo XX sucede la invasión militar norteamericana, 8 años, 1916 al 1924, ocupación que trajo la segregación racial, la persecución, el robo de la propiedad, se institucionaliza el racismo.

En esos años entra en función los clubes de sociedad, los dominicanos que buscaban la hispanidad concretan su blanquismo, además de la segregación racial dejaron como regalo al país, a Rafael Leónidas Trujillo, regalo que duró mucho y han permanecido las secuelas hasta el día de hoy.

Destacó que con Trujillo se conformó un proyecto político muy acabado que acabó con los “Robles” –refiriéndose a los viejos líderes y a la inestabilidad política- , llegando el tirano a construir una nación fuerte.

Se cimentó un gran enemigo además de la referencia de color: el haitiano.

Trujillo generó una amplia movilidad social, construyó el ejército, “muchas familias pudieron ir a las universidades como mi familia”; muchos integrantes de la familia dominicana ingresaron a las Fuerzas Armadas.

Destacó que en las recepciones de Trujillo no aparecía un negro, en los desfiles iban las caras blancas, las buenas presencias, Trujillo fortalece el prejuicio social en R.D. Se consolida la visión del racismo en ese esfuerzo, y se va construyendo que el blanco es el representante natural de la especie, el negro tiene que demostrar las condiciones intelectuales, habilidades para ser aceptado como persona.

Amplió que en RD se practica el endoracismo, racismo que es contra sí mismo y que aquí no era problema decirse que “tú eres más negro que yo”, o “dile al moreno que venga”, “mándame dos morenos…”.

El trujillismo se cuidó para hacernos creer que descendemos de la Madre Patria, “nosotros, refiriéndose a los afrodescendientes, aquí no existimos.

Los Silié vinieron de Curazao en 1929, acotó un poco en broma que según la resolución del Tribunal Constitucional, es posible que tampoco su familia sea dominicana.

Refirió que cuando se habla de racismo en RD  no está institucionalizado y decimos que no somos racistas y en verdad  es porque no somos conscientes de que lo somos.

Explicó que no podemos saltar del racismo porque lo negamos, si negamos que tenemos un lenguaje y una práctica racista vivimos en un estado de alienación sicótica. Donde prevalece la buena presencia, en un país que precisamente no tenemos un movimiento negro que impide la sistematización en la visibilidad en ser negro africano, el ser negro en RD no te identifica como un grupo étnico diferenciado.

El dominicano no quiere ser, no quiere que seamos negros y eso dificulta congregar un sentimiento, desvelar el racismo y aceptarnos.

Propuso que hay que lograr que se enseñe en las escuelas el no racismo. Porque no haya leyes raciales, expresó que el problema está ahí, que si lográramos que los libros de textos dejen de hablar de raza y terminar la racialización de los libros de texto, estaríamos en el camino de eliminar el racismo.


http://www.acento.com.do/index.php/news/138096/56/Embajador-Ruben-Silie-no-somos-conscientes-de-que-somos-racistas.html

David Álvarez Martin. Rechaza la identidad nacional en oposición a otro pueblo.

David Álvarez Martin, filósofo, humanista, amigo.
 Me siento muy a gusto con reproducir este artículo del filósofo y amigo de la Red por la Gobernabilidad y la Gerencia Pública, militante religioso católico, humanista.

Analiza lo violento que es el querer construir la identidad de una nación a partir de estar en contra de otro pueblo. Le contesta a Manuel Núñez, quien le acusa de haitianofilia, por  rechazar el concepto de identidad dominicana a partir del antihaitianismo.

A leer! Les va a aclarar y fortalecer humanamente.

Mildred Dolores Mata.
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    Apología de la hatianofilia

     Por David Álvarez Martin.

Recientemente el Dr. Manuel Núñez afirmó en el programa radial “Dejando Huellas”, que produce Onorio Montás, con la participación de Waldis Pérez y Elizabeth D’Oleo, que un servidor era parte de un grupo que busca “…secuestrarle al pueblo dominicano la percepción del problema de las migraciones haitiana hacia el país”.
    Como parte de sus argumentos, señaló a seguidas que “este tipo de acción condiciona la percepción del problema, porque en este caso los dominicanos no recibían las informaciones reales sino propaganda pro haitiana y añade que esto es un objetivo totalitario, ya que no permiten que personas tengan otros puntos de vista”. Estos comentarios del Dr. Núñez lo tomé del portal Almomento.net.
    Al expresar sus comentarios me incluyó en un selecto grupo de ciudadanos y ciudadanas que menciono a continuación: María Isabel Soldevilla, Edwin Paraison, Telésforo Isaac, Alberto Despradel, Amantina Gonzáles, Pierre Phillipe y Pedro Ruquoy. No niego mi satisfacción de ser incluido entre este grupo de hombres y mujeres, con gran valía profesional y valores personales, especialmente en el compromiso con la defensa de los derechos humanos.
    Los argumentos de Manuel Núñez corresponden a una visión de la identidad dominicana que se define en confrontación con la identidad haitiana. Dicho de manera sencilla, somos más dominicanos en la medida que menos influencia tenemos de la sociedad haitiana. Esta concepción tiene en la historia dominicana varios antecedentes, lamentablemente dominantes en el siglo XX, donde el discurso del trujillismo –elaborado por sus intelectuales– es el paradigma.
    Esta forma de pensar no es hechura dominicana, gran parte de la historia de Europa en las primeras décadas del siglo XX estuvo signada por esta ideología. Recordemos que la doctrina nazi consideraba la presencia de los judíos como un tumor en su seno que ameritaba ser extirpado, Stalin procedió por igual con muchas etnias en el seno de la Unión Soviética, y más reciente está el caso de Ruanda o Yugoslavia. En gran medida el conflicto entre Israel y sus vecinos árabes ha sido alentado también por semejante doctrina.
    Hay un puente que vincula todas las doctrinas racistas o xenófobas con formas de genocidio, en nuestro caso ocurrió en el 1937. De predicar en contra de la presencia de hombres y mujeres de otras nacionalidades o alentar la hostilidad contra un vecino que se desprecia, a proceder a matarlos el camino es cuesta abajo. Usualmente vemos el rostro del militar o jefe civil que ordena el degüello o la masacre, y sobre el cual descargamos nuestra censura, pero ocultos, a la sombra del carnicero, se escurren intelectuales y periodistas, opinadores y voceros, que crean el clima previo a la sangre, el estado de ánimo violento, las justificaciones para matar. Luego que el campo se siembra de cadavares, desaparecen, incluso algunos pueden llegar a escandalizarse por lo ocurrido. ¿Quién es culpable? ¿El matón o quien puso esas ideas en su cabeza?
    La identidad dominicana es una expresión única y rica en el concierto de las identidades de los pueblos del mundo. Vale igual que la china o la catalana, la sueca o la haitiana, la etíope o argentina. Al igual que las demás es una entidad viva, que se nutre de las influencias de otras identidades y aporta a otras sus valores. ¡Que hermoso es ver japoneses bailando merengue en Tokio! ¡Gozar viendo a los norteamericanos admirar a nuestros peloteros en sus ligas de Beisbol! ¡Encontrar un restaurante de comida dominicana en Buenos Aires!
    Los dominicanos tenemos el privilegio de compartir esta isla con un pueblo heroico y con una cultura hermosa como el haitiano. Su lengua, su arte, su culinaria, su música, son una joya exclusiva en el concierto de las culturas de los pueblos. Muchos de sus hombres y mujeres trabajan arduamente aportando a nuestra sociedad en la agricultura, la construcción, el servicio y otras formas de producción. Nos compran millones de dólares en mercancía dominicana, sus hijos vienen a estudiar en nuestras universidades y la solidaridad del pueblo dominicano fue expuesta de manera hermosa con la tragedia del sismo que recientemente padecieron.
    Nos toca a los dominicanos y dominicanas de mente clara y corazón limpio contribuir al desarrollo de nuestro vecino al mismo tiempo que desarrollamos nuestra sociedad, es un movimiento virtuoso que a ambos nos beneficia. Debemos contribuir a que los haitianos y haitianas que viven en nuestro país sean tratados como personas, lograr que aquellos que nacieron aquí sean considerados como dominicanos y dominicanas, legal y socialmente. La influencia haitiana en nuestra sociedad es beneficiosa, nos enriquece, nos hace mejores dominicanos y dominicanas, al igual que lo mejor de nuestra cultura nutre a la sociedad haitiana.
    Los argumentos de Manuel Núñez están equivocados, corresponden a una visión de la cultura nacional estática y un culto a la xenofobia como medio de relacionarnos unos pueblos con otros. Me considero en las antípodas de su planteamiento. Trabajar en la solidaridad con el pueblo haitiano me hace mejor dominicano, yo que soy hijo de gallego y asturiana. Su enfoque sí conduce al totalitarismo, ya que todo régimen o sociedad que le niega a quienes son diferentes el derecho a expresar su manera de ser si es una expresión autoritaria. El odio contra quienes son pobres o negros o tienen otra lengua u otra creencia es la semilla de la muerte. Se opone a mi convicción cristiana y mi ideología bochista.
    El amor hacia Haití, hacia Cuba y Puerto Rico nos hace mejores dominicanos y dominicanas. Somos hermanos caribeños, nuestras historias se nutren mutuamente, no podemos entender quienes somos sin ellos, al igual que ellos tienen en su seno la semilla de lo dominicano de muchas formas diferentes. Nunca el odio ha engendrado vida, lucidez o prosperidad. El odio es estéril, seco, podrido, “sólo el amor engendra melodías”.

    David Alvarez Martín.

http://www.barrigaverde.net/?q=node/32282


   

¡Pongámonos a hablar, a escuchar y a rectificar!

Dicen que las dificultades en la identidad dominicana en cuanto a la vida en democracia, para la participación y para la vida en equipo, vienen desde los años 1492 hasta 1865, años cuando fuimos colonia española, y allá se decidía todo. Y también cuando fuimos colonia haitiana, desde el año 1822 hasta el 1844, período en que éramos dependientes en las decisiones que nos dirigían.

Son un total de 373 años con pocas posibilidades de ser asertivos, autoafirmados en la comunicación, en el relacionamiento interpersonal y en la estabilidad institucional que obligan a la racionalidad, a la disciplina y a socializar criterios en grupo.

Luego fuimos obstruidos en nuestro desarrollo comunicativo y en nuestra interioridad con autonomía, y con un espíritu de disciplina autoimpuesta, por dos ocupaciones norteamericanas, 1916-1924, y en abril del 1965.

La dependencia, la imposibilidad de decidir, de hablar, de ser tomados en cuenta, no desarrolla personalidades empoderadas, y seguras, que puedan ser contrariadas, sin que se vean afectadas en su estabilidad y autoestima.

Los resultados han sido la rigidez, la poca transparencia, la cosificación de las personas, el caudillismo, dictaduras…que fueron coronadas por la de Rafael Leonidas Trujillo desde 1930 hasta 1961.

A partir de Trujillo, se nota en nuestro país, cierto misterio y confusión, sobre los valores que deben constituir las relaciones y el liderazgo deseable en materia de democracia y de consistencia, como cualidades que dan fortaleza a la personalidad.

Recuerdo que cuando el Presidente Antonio Guzmán fue presidente de la República Dominicana para el período 1974-1978, éste, en algunas ocasiones tomaba una decisión, y luego la modificaba. Y se comentaba que si eso era correcto. Y luego eso ha seguido ocurriendo con otros presidentes, y ya no llama la atención como algo desconcertante. Parece que nos vamos flexibilizando.

En el caso chileno, decíamos anteriormente, en otro artículo, que ha habido un dinamismo inusitado de diálogos, propuestas y contrapropuestas, entre el Movimiento Estudiantil y aliados, y el liderazgo político, y el Estado, en todas sus vertientes.

En República Dominicana, en estos días, en diferentes grupos virtuales y espacios presenciales, se ha hablado acerca de la percepción que se tenía de que al interior del partido en el poder se conversara con un miembro de ese partido cuyas actitudes se percibían perjudicaban a ese colectivo de frente al país, por razones diversas: por una solución un poco solitaria de contrariar al propio gobierno de que debemos pagar servicios en medio de una litis, y conflictos con medios de comunicación.

Igual hecho pasó con un compañero de una organización de la sociedad civil que tuvo dificultades con decisiones incorrectas desde los principios y valores de esa organización. Percibí también, dificultad de abordar las relaciones con una comunicación asertiva, y con bregar con las consecuencias.

Traigo estos temas a colación, como ejemplos de algo que se ha comentado con frecuencia durante décadas en las que he vivido, más o menos activa, y dándole seguimiento en la política partidaria y en Movimientos Sociales.

Se trata de que en República Dominicana entendemos la amistad, la camaradería, y la consideración como no abordar a compañeras/os cuando hay dificultades: tememos contrariar, o analizar hechos dolorosos, que implican tensiones, críticas, autocríticas y rectificaciones.

¡Gente!, ¡pueblo!, ¡amistades!, ¡compañeras/os!:… aprendamos a hablar en las dificultades cuando necesitamos enderezar rumbos. El temor a hablar, “la canchanchanería”, el dejar sola a la persona por no pasar momentos tensos, es superficialidad, es falta de entereza, es falta de amistad y es falta de un espíritu que priorice el bien el común, y la misma integridad de nosotras las personas cuando necesitamos mejorar.

En el liderazgo político y social dominicano necesitamos aprender a hablar, contrariarnos, distanciarnos, si es que así sucede, por el bien personal, por el bien de nuestras instituciones, y para dejar atrás esta cultura de mudos, y de relaciones cómodas, e inauténticas. Leyes como la 200-05 de Acceso a la Información Pública, nos están obligando a la transparencia, y a la humildad, a admitir que nos equivocamos, que se nos cuestione, y a rectificar.

También por ahí viene la creación y el remozamiento de tres organismos de Altas Cortes (el Tribunal Constitucional, el Tribunal Superior Electoral y la Suprema Corte de Justicia). Instancias a las que la sociedad podrá acceder para cuestionar y buscar la idoneidad de nosotros como República Dominicana. Estos son organismos que nos exigirán mucho más tolerancia, mucho más humildad, mucho más asertividad, y mucho más autoafirmación comunicativa democrática.

¡Pongámonos hablar, a escuchar y a rectificar! Que un futuro mejor nos pertenezca.

La autora es Trabajadora Social y ciudadana.


http://elmunicipio.com.do/contentsreflex.aspx?key=465



Historia e identidad dominicana, por Marcio Veloz Maggiolo.

En este ensayo sobre historia e identidad dominicana, Marcio Velloz Maggiolo, reivindica el surgimiento de lo criollo, de una identidad autóctona en las revueltas de descendientes de españoles, de europeos, ya sintiéndonos parte de otra tierra diferente a los imperios, a las sociedades de las que hemos dependido. Se habla de nuestras dificultades para asumir nuestros origen desde los esclavos africanos.

A ese ocultar nuestros orígenes pobres, negros, africanos se le ha venido llamando bobarismo de las y los dominicanos.Haciendo referencia a una actirud de ocultar nuestra verdadera identidad, con todas nuestros matices, y vivir de poses, de sentir afinidad sólo con lo blanco español, de nuestras raíces. Bovarismo viene de la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert, haciendo una similitud con Emma, la protagonista, que negaba a su esposo, y su vida de pareja, y se proyectaba como una señora tradicional, con muchos temores y negaciones. Y ese temor y ocultamiento de nuestras raíces africanas se asemeja al ocultamiento de los verdaderos y uténticos sentimientos de Emma de no asumir su libertad, y simular una mujer casada conforme, como la Madame Bovary, de esta gran novela francesa.

Este concepto de bovarismo cultural fue acuñado Por el escritor haitiano Jean Price-Mars (1876-1969) para hablar de las culturas de las elites americanas que negaban las raíces africanas, negras, y sólo se pretendían, o pretenden ser básicamente descendientes de europeos blancos. En el caso de República Dominicana, Trujillo, Balaguer, y el intelectual Manuel Arturo Peña Batlle, y otros/as, se han dedicado a definir la identidad dominicana como española, básicamente, y se niega lo negro, o se discrimina un poco, generalizadamente, y se llega a diferenciar de lo negro, africano, como lo que define a Haití, y se buscar contraponer las identidade de los dos países, como español blanco, lo dominicano, y africano negro, lo haitiano, y como inferior.

Aún seguimos con grandes dificultades con la justicia social hacia las y los trabajadores haitianos, y no queremos querernos bien con la descendencia haitiana nacida aquí, como ha pasado, como muestra un botón, con Sonia Pierre, y su Movimiento de Mujeres Unidas Dominíco-haitianas (MUHDA), a la que le negamos derechos a la participación en defensa de la dignidad y derechos de ese grupo social dentro de la dominicanidad.

En pocas líneas, Marcio Veloz Maggiolo, nos hace un relato histórico y sus influencias en nuestra identidad, se habla, en general, de todas las revueltas por la autonomía. .

mildred dolores mata

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Ensayo Los parámetros para entender la identidad dominicana en el libro Mestizaje, identidad y cultura. Marcio Veloz Maggiolo. Editado por la Secretaría de la Cultura. República Dominicana. 2006. (La división por partes la he introducido con fines pedagógicos, no está así enel ensayo original).

I. Primera Parte

"La cultura, como concepto es una abstracción. Será siempre difícil de definir, como casi imposible es definir el inicio y la culminación de ciertas identidades antropológicas, es decir, culturales. Un repaso muy veloz a la historia dominicana nos pone de cara a un proceso inicial que cambia la faz de la demografía aborigen, la que hacia mediados del siglo XVI era casi inexistente debido al factor exterminador del repartimiento y la encomienda, mientras que un aporte demográfico novedoso, el africano, con sus variados componentes raciales y culturales, generaba nuevas transformaciones, puesto que la esclavitud creaba una secuela nueva de intercambios y transculturaciones sobre la base del nuevo poblador europeo. La sociedad criolla de Santo Domingo se consolida ya a mediados del siglo XVI. Debido a una presencia económica fuerte en la costa norte de la isla los nuevos valores alcanzan a contrariar a la Corona, puesto que el contrabando se convierte en el elemento económico fundamental de la vida no sólo rural, sino urbana. El primer asomo de identidad criolla manifiesta se comprueba en los hechos sociales producidos por la represión hispana contra el contrabando que anima luego la rebelión en la costa norte de la isla encabezada por Hernando Montoro. El hecho represivo, largamente planeado, marcaba la derrota y pauperización de las poblaciones que obtenían beneficios importantes con un negocio establecido entre traficantes de esclavos, protestantes y flamencos e ingleses luteranos. Esta forma de sustentación no sólo era beneficiosa para las poblaciones que se integraron al sistema comercial contrabandista, sino para muchos de los jerarcas coloniales que se beneficiaban desde siempre del sistema de contrabando. Las poblaciones de la banda norte de la isla de Santo Domingo fueron como se sabe, devastadas por orden de la Corona y a instancias del gobernador Antonio Osorio en 1605 y 1606. El abandono de las zonas devastadas creó el espacio para el proyecto social que luego Francia consolidara creando el Saint Domingue Francés como parte del capitalismo basado en la esclavitud del negro como productor de azúcar. Una economía criolla fundamentada en el hato ganadero fue concentrada en el centro de la isla. Pobres, sin esperanza y habiendo perdido sus bienes y oportunidades, la medida terminó generando nuevos valores, muchas veces anti-monárquicos, a la vez que las inmigraciones bucaneras desde la isla Tortuga, cambiaron el modelo de vida, e imponían una lucha fronteriza inicial para evitar el paso definitivo de una sociedad extraña a la española que se aprovechaba del ganado salvaje, de las riquezas abandonadas a la fuerza, y de los territorios que España dejó solos con las devastaciones


II. Segunda Parte
Pronto el proceso de fronterización se hizo necesario. Las incursiones españolas en el siglo XVII no fueron lo suficientemente exitosas, pese a cierto logros esporádicos como para detener un proceso nuevo: el surgimiento de una colonia francesa en la parte occidental de la isla de Santo Domingo, la aparición del esclavismo de plantación, bien diferente del que España mantenía en el hato ganadero, y la necesidad de un comercio en las ciudades y villas hispanas del oriente de la isla con una sociedad bullente, que sería muy pronto francesa, y dueña del sistema de plantación de caña de azúcar más destacable en los siglos XVII y XVIII. La creciente sociedad del Santo Domingo francés se basó, como se sabe, en la explotación de la mano de obra esclava mediante un sistema de plantación que enriqueció gran parte de la burguesía francesa, y que la creó en muchos casos. La sociedad hispana criolla de la parte oriental, actual República Dominicana, mantuvo el sistema de hato y encontró mercado importante para sus productos, pieles y carne, generándose un modelo de identidad diferente, y en el cual el mestizaje fue mayor que en el occidente de la isla, y donde el mulato, la mayor población racialmente, llegó a denominarse a sí mismo "blanco de la tierra", manera de identificarse frente al negro esclavo del Santo Domingo francés. La autodeterminación traía consigo un prurito de identidad, una excusa oculta de separación entre la sociedad sociedad occidental y la oriental. El culto católico fue en Santo Domingo español una forma de identidad que ha sido bien descrita por los cronistas franceses mismos, los que asombraron del fanatismo, la riqueza de imágenes, y la forma de las procesiones. Pero a la religión, el criollo y el peninsular, unieron un sistema de vida totalmente diferente del de plantación, puesto que la vida del hato obligaba a una esclavitud flexible, que basada en el ausentismo de los dueños de ganado, daba alos esclavos la posibilidad de moverse armado, y de, hasta cierto punto, de llevar algunos negocios personales y hasta subrepticios. Las escapadas de esclavos de plantación hacia la parte española de Santo Domingo están muy documentadas, pueblos como el de San Lorenzo de Los Minas, fueron fundados en las cercanías de la ciudad de Santo Domingo, con esclavos escapados de Occidente. Obras como la Mala Vida, de Carlos Stevan Deive, quien además tiene una novela formidable sobre las llamadas devastaciones de Osorio, revelan las licencias de una sociedad mulata en la cual el abandono a los placeres, y la lascivia tenían primordial importancia. El hato ganadero era, sin dudas, un modelo precapitalista mientras que la plantación, como lo bien señaló Marx, era una forma violenta de la explotación capitalista generadora de lo que él llamó " acumulación originaria" . La identidad criolla, basada en valores hispanos, emergía ya como una respuesta ya racial en los finales del siglo XVIII cuando muchos dominicanos de origen canario y de otras etnias, debido a las rebeliones de esclavos contra los amos franceses del occidente de la isla, amenazaron con afectar sus propiedades y haciendas. Gentes fronterizas, isleños y descendientes de canarios que habían sido traídos en épocas diversas para ser colocados como valladares fronterizos, fundaron pueblos y nuevas aldeas en Baní, Paya, y varios puntos cercanos a la sureña ciudad de Santo Domingo. El temor a la rebelión de los esclavos africanos, fue un punto clave para el surgimiento de un nuevo tipo de identidad que unía a lo típicamente católico, y a los valores africanos ya hibridados en el criollo del este, el temor por una invasión que hiciera posible una toma total de la isla. Cuando en 1804 se funda la República de Haití, las tropas napoleónicas fracasan al mando del cuñado de Bonaparte, el general Leclerc, y ya España, por el tratado de Basilea de 1795, ha cedido la parte oriental de la isla a Francia, la quee stá enfrentando plenamente la insurgencia esclava. La toma de posesión se hace tardíamente, y cuando ya está creado el Estado de Haití, primera nación esclava en obtener su libertad."

III. Tercera parte

“La identidad dominicana, desde el punto de vista histórico, empieza a forjarse en la contradicción con un Estado, que como el haitiano, tenía objetivos fundamentales en su necesidad de extenderse y de hacer la isla completamente de Haití. Sin dudas las invasiones de Dessalines y Cristóbal, en la primera década del siglo XIX, producto de un temor de la toma de posesión de Francia de la parte oriental, genera espacios de identidad nuevos. El incendio de poblaciones enteras, la conformación de una lucha racial, y los asesinatos de curas y personas de alta jerarquía social, consternaron a la sociedad criolla, que se acurrucó en una necesaria identidad defensiva. Ahora Haití, luego de las sangrientas invasiones, abre un frente que se agrava cuando los franceses, al mando del general Ferrand, toman posesión de la parte este, debido al tratado de Basilea.

Las líneas de la identidad son racistas en parte. Haití es una nación de negros con un estrato mulato que aspira también al poder. La semilla de la discordia entre negros y mulatos del nuevo régimen aparece ya desde el primer momento de la República. La parte oriental es una nación de mulatos y mestizos con arraigados valores hispanos , y con procesos de hibridación afro hispanos, dados por el tipo de sociedad abierta que se desarrolla como sociedad hatera, a diferencia de la sociedad cerrada del Saint Domingue, donde la vida de un africano esclavo era de cinco a seis años . A diferencia de los grupos afros de Haití, los negros de Santo Domingo acogieron en gran parte en sus cabildos las imágenes y rituales católicos sin muchas variaciones. Las cofradías más tempranas así lo revelan y se pueden estudiar en las investigaciones hechas por Monseñor Rafael Bello Peguero y otros autores. Se diría que este es un momento clave en el aglutinamiento de la nueva identidad criolla. El temor a una Francia que tiene en occidente un país nuevo, que acaba de vencer a las tropas napoleónicas, y que se manifiesta hostil a la presencia francesa en el oriente de la isla, inclina la balanza hacia la decisión de los dominicanos de buscar nuevamente la protección de España, a pesar de ésta haberlos abandonados. En 1809 los dominicanos se aglutinan para la búsqueda de una nueva afiliación con la llamada “madre patria” . Juan Sánchez Ramírez , un hatero, encabeza la guerra y el sitio de los franceses los que son desalojados con ayuda de los ingleses en lucha contra Francia, y de Antillas aun en posesión de España, como Puerto Rico y Cuba.

Pero como isla “inútil” para la España, post napoleónica, la de Santo Domingo se debate en una decadencia económica que obliga a nuevos alientos. Las forjas de la identidad se deterioran, cuando luego de proclamar por primera vez una República Dominicana romántica y sin contactos exteriores, los propios criollos entregan las llaves de la ciudad de Santo Domingo a Jean Pierre Boyer, presidente de Haití, iniciándose un proceso de unificación al principio positivo y luego muy lacerante. En 1822, los hispanohablantes de la sociedad oriental, pasan a ser miembros del Estado haitiano, con representación y toma de posición en las acciones estatales. Hacia 1830, ya el modelo de identidad con Haití había fracasado: lengua, costumbres, impuestos para pagar la deuda externa impuesta a Haití por Francia para reconocer la independencia, y desde luego, profundas diferencias étnicas conforman el fracaso. Cuando en Febrero de 1844 los dominicanos lanzan el grito de independencia, existe una pequeña burguesía rural y comercial en el centro y norte de la isla, mientras que una sociedad hatera tiene territorios importantes y líderes rurales del tipo caudillista. Desde luego la guerra contra los haitianos es un factor fundamental que determina las identidades, tanto culturales como políticas, y que apunta hacia una identidad nacional, que según Pedro Henríquez Ureña en carta a García Godoy, aflora definitivamente mucho más tarde, cuando se intenta en 1878, anexar la bahía de Samaná a Estados Unidos. Ello así porque la identidad alcanza entre 1861 y 1865 importantes rubros. Anexada nuevamente la parte oriental a España por acciones encabezadas por el general Pedro Santana, la lucha contra España puede ser considerada como la guerra de la independencia final, precisamente contra una España poderosa que vió en este primer fracaso a espadas como la de Luperón, venciendo a adversidades y repitiendo hazañas que los propios pueblos latinoamericanos habrían logrado con Bolívar y otros grandes libertadores a la cabeza. 1865 fue el primer descalabro caribeño de la España, que también, por vías de una guerra como la de 1898, perdió definitivamente sus colonias de ultramar.

IV Parte

"Sabemos que la identidad no es ni fija ni invariable. Sabemos que no existe una identidad cultural similar para todos, ni una identidad nacional similar. Sabemos que la indentidad, cualquiera que ella sea, está dada por puntos de coincidencia, pero que no todos nuestros valores coinciden con los valores de los demás". Página 16.
 
Reseña Marcio VM que el concepto de rechazo a toda dominación externa en la identidad dominicana se ha expresado en el rechazo a la ocupación norteamericana en el 1916-1924, luego de este país en la segunda década del siglo XX “iniciara su escalada imperialista a partir del hundimiento del vapor Maine en Cuba, generando la guerra hispanoamericana”... invadiendo a la República Dominicana, a Haití y a Nicaragua. “La prueba de que el país había alcanzado un grado de alta conciencia nacionalista fueron la resistencia y el proceso de crítica permanente mantenidos por muchos intelectuales de la época. A la salida de los norteamericanos en1924 , la conciencia de los dominicanos sobre sus valores y su propia personalidad, había crecido. Pero los norteamericanos habían dejado el germen de una dictadura en la mente de uno de los soldados, Rafael Leonidas Trujillo Molina, resumen trágico de la historia nacional. En el se conjugaron los elementos claves de la viejas formas de identidad que emergieron en los principios del siglo XVIII, el anti haitianismo como justificación de una identidad nacional, y el neo hispanismo que había rechazado a Francia, para continuar ligado a los valores coloniales. En el 1937 Trujillo logró un hecho que habría de servir para la consolidación de una identidad que consideraba a Haití el enemigo total de la nacionalidad. Sus áulicos crearon toda una ideología hispanizante y él en poco tiempo adquirió tonos rosáceos con un maquillaje que a la vez que lo blanqueaba, se reflejaba con luz tenebrosa en la vida cotidiana. En la escuela aprendimos que ser anti haitiano era ser nacionalista. Tan simple como eso. La prédica continúa. Todavía, años después, un discípulo de Trujillo, viejo canciller de paso durante la matanza de haitianos de 1937, cuyo nombre es Joaquín Balaguer, escribía sobre la raza negra execrándola y declaraba a los blancos de Baní, puros descendientes de la hispanidad, según él, como la raza por razones muy atendibles para él, encarnaba la pureza y el desarrollo biológico al que debería estar abocado el pueblo dominicano.” Páginas 16 y 17.

Dice Marcio Veloz Maggiolo que hay que estudiar el período balaguerista para ver cómo ha influido fatalmente en un proceso de recuperación de la vida nacional y de los valores más auténticamente provechosos para el país.

La Identidad en la República Dominicana: El arroz con mango, de Bernardo Matías

Bernardo Matías, escribe sobre la identidad dominicana. Analiza de una manera actualizada una gran diversidad de matices contradictorios de nuestro ethos cultural. Individualismo disperso junto a la solidaridad, anomia y espíritu gregrario. A esta mezcla creativa, contradictoria y desafiante él le llama, Arroz con mango, algo inual. Acá les dejocon el trabajo de Bernardo Matías, y el link de más abajo.

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Tocando el fondo

EL ARROZ CON MANGO ES UNA CATEGORIA HISTORICA

Bernardo Matías

30 de enero  2011

Santiago, RD.

Las estadísticas presentan la sociedad dominicana como un colectivo social y cultural signado por la paradoja y la contradicción. Somos  una  sociedad con altos índices de violencia, pero simultáneamente  Latinobarómetro-2009 nos presenta como una las naciones del continente donde más la gente dice confiar en los demás.

 Estamos entre las sociedades más conservadoras de América Latina, pero a la vez somos uno de los países que cuenta con una de las más amplias redes sociales. 

Las estadísticas revelan una alta desconfianza hacia los partidos políticos y al mismo tiempo existe una alta participación en las actividades político-electorales. 

Dominicana fue uno de los países, según Latinobarómetro-2009, que tuvo una de las mayores tasa de aprobación del golpe de Estado en Honduras, pero al mismo tiempo manifestamos una actitud de solidaridad y acogida del Presidente Zelaya.

En definitiva, el arroz con mango es una categoría histórica y antropológica en nuestra sociedad. Es la definición simbólica de una sociedad cada vez más plural, diversa y socialmente compleja.
 
Es el perfil de una sociedad, de naturaleza gregaria, que  se mueve tensamente  en lógica
contradictoria de lo colectivo y lo individual. Pedro Francisco Bonó sentenciaba en el siglo XIX que el dominicano como colectividad no existe, pero sí como individualidad y es  profundamente  cosmopolita y solidario.

Este sello distintivo de la sociedad la hace frágil frente a lo institucional y lo orgánico. El rezago institucional del Estado dominicano encuentra su raíz en este espíritu gregario, fragmentario y disperso que define parte de nuestra identidad social y cultural.-


http://xa.yimg.com/kq/groups/20710226/614629783/name/EL%20ARROZ%20CON%20MANGO%2E%20UNA%20CATEGORIA%20HISTORICA%20Y%20CULTURAL%2

Miguel Ángel Fornerín: sus ideas sobre la identidad dominicana

Miguel Ángel Fornerín es un dominicano que reside en Puerto Rico. Es profesor, escritor, crítico literario. Un dominicano letrado, inquieto, amoroso, buscador de nuestro realce como una sociedad democrática y apuesta, sueña, con la superación de nuestra pobreza, y con que logremos una interioridad como nación en sí, inclusiva de todos y todas.

Miguel Angel Fornerín, escritor dominicano y puertorriqueño

En el link que dejo más abajo expone de manera crítica que la dominicanidad es aún un proyecto individual, de ¡Salvese quien pueda!

Explica que el no nacimiento de la educación como un componente esencial en nuestra construcción, nos hace poco flexibles, poco reflexivos, y poco responsables socialmente de construir en conjunto un destino digno.

Critica como la modernidad se tiene como proyecto con una visión de construir objetos, edificaciones , medios de transporte, etcétera, y no en ser sujetos y un colectivo responsable y reflexivo.

A construirnos pues dándole más importancia a la educación, a la tolerancia, a la reflexión, a la democracia, a las políticas sociales, a la participación social y política con una mentalidad inclusiva.

Acá su trabajo sobre la dominicanidad, se llama: La dominicanidad como tragedia: las tribulaciones del pensamiento optimista.

http://mediaisla.net/revista/2010/08/la-dominicanidad-como-tragedia-las-tribulaciones-del-pensamiento-optimista/

En su blog aparece este trabajo y otros.

Algunas frases de una entrevista que le hizo León David en el 2008:

"La República Dominicana es un colectivo en formación"

"La historia intelectual está íntimamente ligada a nuestra historia liberal. La intelectualidad dominicana la funda Duarte, quien pensó que ese país podía organizarse como una nación independiente y democrática. El resumen de nuestra historia está en esa lucha. La lucha intelectual ha estado a favor de ese proyecto. Bonó, García Godoy, Lugo, Jimenes-Grullón y Bosch son los continuadores de ese ideal letrado"

Su blog:

http://fornerin.blogspot.com

Acá el link de la entrevista que le hizo León David:

Hoy Digital http://hoy.com.do/app/article.aspx?id=49554 7/23/2005

El pesimismo en la sociedad dominicana: comentarios al ensayo de Rita María Tejada

Comienzo a comentar sobre el pesimismo dominicano, a partir delensayo de Rita María Tejada.
Parte por parte. El trabajo completo está en el siguiente link:


http://www.cielonaranja.com/ritatejada1.htm

Vayamos por parte: Primera entrega.

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APUNTES PARA UNA BIBLIOGRAFIA DEL PESIMISMO DOMINICANO

Rita María Tejada nos dice:

ante la "Evolución histórica del pesimismo dominicano


Desde finales del Siglo XIX hasta nuestros días, se han ido desarrollando marginalmente postulados y creencias en torno a la valoración nacional de los dominicanos. En ese sentido encontramos la valoración prejuiciada, la pesimista, la parcializada, la exaltada y la valoración negadora... La valoración pesimista... llega a justificar aspectos deficientes de la nación que derivan de la composición racial, del hambre congénita, de la ignorancia. Valoración de una clase dirigente que al buscar la justificación del fracaso de la sociedad a la que pertenecen manifiestan su racismo petulante o intelectualizaciones discutibles... (Danilo de los Santos 13-14)." Rita María Tejada.

En uno de los foros de Clave Digital (www.clavedigital.com) se conversa sobre la educación en la República Dominicana y las fallas de la misma, y en general, en el foro suele predominar el pesimismo.

En esta referencia de Rita Ma. Tejada, Danilo de los Santos señala que las valoraciones de la clase dirigente dominicana sobre la gente se corresponde con una justificación de su fracaso, echándole la culpa al pueblo.

Las principales vertientes para explicar nuestros atrasos se han venido ubicando en tres variables:

composición racial,
del hambre congénita,
de la ignorancia.

La ignorancia es la que se viene debatiendo en este foro como una gran calamidad y se comenta que se refleja en las características de la educación en dominicana, que no ayuda a la instropección, conciencia, capacidad de pensar, leer comprensivamente, escribir, investigar, responsabilidad, conciencia grupal (ciudadanía responsable y participativa).

Pienso que tenemos poco desarrollo personal y pobre capital social (relaciones, redes de solidaridad). Entonces, la gente está desconfiada, individualista y consumista.

"Roque Adames precisa como características del “yo deformado” del campesino dominicano: el recelo, el individualismo, la susceptibilidad, la violencia, el machismo y la inseguridad, entre otros." Rita M Tejada.

Pero ¿por qué estas características?

Pienso que no hemos privilegiado el desarrollo humano y social, y para estos dos factores es necesario pensar y dirigir con trascendencia como colectivo, con mente de abundancia, respetar reglas del juego, tener los valores de interioridad.

Sigo en otra entrega con una opinión sobre tenernos paciencia ante nuestras debilidades.

Escrituras de Desencuentros, de Nestor E Rodríguez. Comentarios de Arturo Victoriano

En la Librería Thesaurus (Abraham Liconl con Sarasota) en Santo Domingo, se va a comentar el libro Escrituras de Desencuentro de Néstor E. Rodríguez. Acá le pongo una crítica realizada por un compañero de una Red de la que formo parte, se llama Arturo Victoriano, vive en Cánada.

Es una obra super necesaria para ir llenando el vacío que existe en la juventud actual para retomar una cultura superadora del Trujillismo y la unicidad de nuestras distintas vertientes históricas humanistas: superar el aislamiento de la mujer como sujeto político, superar el antihaitianismo, entre otras carencias.

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Desmontando el archivo: Escrituras de desencuentro en la República Dominicana de Néstor E. Rodríguez

Arturo Victoriano

Escrituras de desencuentro en la República Dominicana viene a llenar un vacío en la crítica literaria dominicana al tomar como tema las producciones culturales que no se ajustan al discurso nacionalista
dominicano tradicional. Publicado en el 2005 por Siglo XX1 de México, ganador del Premio al Pensamiento Caribeño el año anterior
, ahora recibe una edición dominicana a cargo de la Editora Nacional.

Rodríguez empieza su investigación trazando una línea ideológica que arranca con Manuel de Js. Galván y que llega hasta nuestros días con la figura de Manuel Núñez, pero que, como bien señala el autor, encuentra en Joaquín Balaguer “una suerte de fulcro en el cual se
condensa un modelo dominante de lo nacional” (17). Otra figura importante es Manuel Arturo Peña Batlle, quien propone “un nuevo origen nacional, un grado cero político, que sin embargo, carga con la narrativa de la nación articulada en la centuria precedente” (40).

Ese grado cero político es lo que Rodríguez denomina como “la ciudad trujillista”, en una lectura acertada del aparato teórico propuesto por Ángel Rama en La ciudad letrada. La ciudad trujillista cuenta con Balaguer y Peña Batlle como sus arcontes principales, los custodios
de un archivo que va a producir una ideología dominicanista anclada en el antihaitianismo y la hispanofilia.

Frente a este discurso surgen, en la ciudad trujillista, unos márgenes a los que Rodríguez se acerca con una sagaz mirada crítica.

La figura de Aída Cartagena Portalatín emerge como la principal escritora de estos márgenes y esto así debido a que “ubica en primer plano la discusión en torno del lugar de la subjetividad femenina en el esquema social de la época…reafirma la capacidad del individuo
para evadir desde la letra la “homo-hegemonía” característica de la ciudad trujillista” (79).

Al entrar en la era post-trujillato el libro aborda una serie de representaciones iconoclastas de la dominicanidad como lo es el magnífico poemario de Manuel Rueda: Las metamorfosis de Makandal donde: “Rueda escarba en la mitología nacional haitiana y extrae de
ella uno de sus mitos de fundación con la idea de problematizar la presunta naturaleza homogénea de la identidad cultural dominicana” (92).

En el apartado llamado “Cartografías subversivas en la narrativa contemporánea” Rodríguez se enfrenta a la narrativa de los años 90, abordando la cuentística de Aurora Arias (Invi’s Paradise, Fin de mundo y otros relatos) y la novela de Rita Indiana Hernández, La
estrategia de Chochueca. Rodríguez encuentra una afinidad entre “El museo del desorden” de Invi’s Paradise y “El club de la serpiente” de Rayuela de Julio Cortázar (100). Esta afinidad también se puede encontrar en otras narradoras de la misma época, pienso específicamente en la novela He olvidado tu nombre de Martha Rivera.

La cuentística de Arias apunta a la “hiperconciencia de un pasado que se presenta como irrebasable a pesar de sus fisuras” (104). La superación de esta hiperconciencia” se encuentra en la novela La
estrategia de Chochueca de Rita Indiana Hernández en la que: “la memoria histórica se cae de su pedestal, como ocurre en la posmodernidad” (104). En su novela Hernández “pasa juicio a la generación precedente, que en su opinión debía haber propalado el cambio democrático y así evitar “la gelatina absurda” del presente histórico”, pero este juicio, según el crítico, va a acompañado de “una actitud celebratoria de la pérdida de la historicidad en el imaginario de la juventud dominicana” (105).

En el capítulo final titulado “La nación trashumante” Rodríguez se adentra en la producción cultural de la llamada diáspora dominicana; aquí se analiza El retorno de las yolas de Silvio Torres-Saillant y la novela How the García Girls Lost Their Accents de Julia Álvarez.
Leyendo de manera cercana a Torres-Saillant, Rodríguez propugna por “una distancia crítica tal que permita una exégesis del imaginario nacional menos dependiente de imperativos genealógicos” (123).

En la novela de Álvarez, Rodríguez nota “una nueva dicción que desestabiliza de manera positiva las formas tradicionales de pensar lo cultural y lo político en el contexto dominicano actual, impulsando una visión de la cultura marcada por repertorios discursivos necesariamente híbridos y dialógicos” (124). Esta nueva
dicción es el eje temático que une las obras analizadas en el libro de Rodríguez, estas “escrituras de desencuentro” y el crítico ve estas producciones compartiendo el espacio cultural con otras
aproximaciones como el cine, la música y las artes plásticas. Con este libro Rodríguez hace un aporte valioso al análisis de una literatura que se caracteriza por la hibridez en la producción y en la presentación, que abarca las lenguas en las cuales se expresa el
sujeto cotidiano dominicano del siglo XXI: el español y el inglés y los dos espacios en los cuales ese sujeto se mueve: La Española y Estados Unidos.