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La defensa legal de Roldine Lindor, joven estudiante haitiana e inmigrante en la RD

Roldine Lindor estaba estudiando en República Dominicana, una joven de 21 años, tenía RD$18,000.00 para el depósito de alquiler de una casa, en Santo Domingo. Un militar dominicano y un joven de 21 años se aprovecharon de esa circunstancia y planificaron su muerte a cuchilladas.

Susi Pola, activista feminista, comunicadora social, Presidenta del Núcleo de Apoyo a la Mujer (NAM) y en PROFAMILIA, es directora del Proyecto por los Derechos Sexuales y Reproductivos de la Mujer. Abajo está el link con más datos del hecho y sobre Roldine Lindor. Ella llama a una representación en parte civil desde el Movimiento de Mujeres de la RD para sostener la condena ejemplar de estos criminales, a continuación el llamado de Susi Pola:

"El artículo 85 del Código Procesal Penal permite que, en los hechos punibles que afectan intereses colectivos o difusos pueden constituirse como querellante las asociaciones, fundaciones y otros entes, siempre que el objeto de la agrupación se vincule directamente con esos intereses y se hayan incorporado con anterioridad al hecho.

¡Las organizaciones que trabajan junto a las mujeres deben representar a Roldine y a todas las que quedamos desamparadas con su feminicidio!"


http://tinyurl.com/3cql2pw

Entrevista al experto en democracia O'Donnell sobre los retos actuales y el tema de las personas extranjeras.

Fernando Bruno nos comenta sobre los peligros de excluir a los y las diferentes en una cultura democrática. Ante un discurso del Ministro de Australia, Kevin Rudd, de corte exclusivo con las personas extranjeras, y como acá se suele entender en algunas personas la exclusión, y no dar derechos como nacionalismo, coloco acá este artículo. De esta entrevista a O'Donnell, especialista en democrcia destaco en negritas lo que considero es importante para defender la democracia y a todas las personas, aún sean extranjeras.


mildred dolores mata


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La democracia como construcción

La agenda de los derechos por los que las sociedades luchan cambia permanentemente. En su nuevo libro, el politólogo argentino analiza este fenómeno y propone "una crítica democrática de las democracias". Anticipa, además, el próximo round: los derechos que se reconocen o no a los ciudadanos extranjeros.

POR Fernando Bruno
Guillermo O'Donnell se ha dedicado durante muchos años a estudiar temas vinculados al Estado y la democracia. Desde sus primeras investigaciones sobre el Estado burocrático-autoritario ha desarrollado diferentes conceptos teóricos que le han valido un gran reconocimiento de la comunidad académica local e internacional. Su nuevo libro Democracia, agencia y Estado. Teoría con intención comparativa recoge el trabajo intelectual de más de una década y se propone realizar "una crítica democrática a las democracias", señalando fortalezas y debilidades con el propósito de aportar elementos que sirvan para la construcción de mejores prácticas institucionales. La motivación de este proyecto surge, según menciona el propio autor, de la constatación de que todavía se está lejos de una implantación plena de la ciudadanía en todas las sociedades contemporáneas.

El texto se sostiene sobre dos pilares fundamentales: por un lado, la idea de que el ciudadano, en tanto portador de derechos y obligaciones, debe ocupar en democracia un rol protagónico en la escena social y política; por el otro, la defensa del carácter abierto de la democracia y de las permanentes tensiones y disputas políticas inherentes a la delimitación de aquellos derechos y obligaciones.

Acerca de estos temas y de sus diversas ramificaciones, O'Donnell conversó con Ñ .

P: La concepción del ciudadano como agente ocupa un lugar central en su trabajo. ¿Podría definir sus características más importantes?
El disparador de este libro es que, aunque hablemos de algo restringido como la democracia política o el régimen político, si uno mira con cuidado, descubre que ahí ya está puesto, por la legalidad que impone el mismo régimen político, un agente. Si a mí se me da el derecho, no sólo a participar libremente de reuniones y opinar, sino también a elegir y, sobre todo, a intentar ser electo, se me está diciendo, de una forma legalmente sancionada, que yo soy un agente: tengo la capacidad cognitiva y moral, salvo prueba en contrario, de participar en la toma de decisiones colectivas eventualmente respaldadas por la coacción del Estado. Ese es el núcleo fundamental de la democracia. A nosotros, ciudadanas y ciudadanos nos corresponde desarrollar y potenciar eso: actuemos como agentes, es nuestra responsabilidad y nuestro derecho. El hecho de ser titulares de agencia nos habilita a luchar por derechos.

La agenda de derechos por los que las sociedades luchan varía permanentemente. Por ejemplo, los derechos del trabajador, que hace doscientos años eran soñados, hoy son considerados indiscutibles. También lo son el derecho a no sufrir violencia en el hogar y los derechos a la identidad cultural. El derecho a la identidad sexual hasta hace poco era un delito, hoy es un derecho muy importante.

No se puede limitar entonces a la democracia con una definición teórica cerrada y definitiva.

Una virtud de la democracia es que no hay forma de cerrarla, es un horizonte siempre abierto. Esto implica dos cosas: gran frustración, ya que no todos los derechos se realizan efectivamente en el presente, pero también esperanza, en la medida en que siempre será posible luchar por esos derechos. Este carácter abierto es el corolario más fuerte de la idea de agencia.

Yo siempre he creído, y creo, que una teoría política debe estar históricamente anclada: si uno se olvida de la historicidad y de las particularidades sociales se equivoca muchísimo. Siempre me pareció notable la creatividad continua en democracia, con retrocesos por supuesto. Cosas que no podían ser ni soñadas ni previstas en 1850, algunos años después se hicieron obvias. Pensemos, por ejemplo, en el voto femenino o en el voto campesino. Estas conquistas costaron muchísimo. Siempre aparecen nuevas cuestiones.

P: ¿Cuál considera usted que es la esencia de esas demandas?

Todas estas demandas de incorporación política, de participación, de derechos, fueron demandas profundamente morales, siempre tuvieron un contenido moral importantísimo: "Yo soy un ser humano, y usted me debe reconocer como tal. Por eso tengo derecho a votar, a no sufrir violencia doméstica, etcétera". Este componente moral no siempre es percibido por las teorías políticas y sin embargo, está en el centro de las democracias aun en los períodos en lo que uno mira alrededor y dice: acá no pasa nada.

Cuando yo empecé a escribir, en 1977 o 1978 durante el llamado "proceso", acerca de las debilidades de estos regímenes detrás de su fachada, resalté que tenían quiebres internos, que existía una demanda de renacimiento, que había algo que en algún momento iba a emerger. Hoy en algunos lugares sucede algo parecido: en medio de dictaduras que uno imaginaba que eran sólidas como rocas, se abren demandas morales de reconocimiento. De pronto confluyen y despiertan muchos sectores que hasta un cierto momento estaban incomunicados. La creatividad humana, la capacidad de defensa, de protesta, de crear reconocimientos, que después se pueden plasmar en algo más concreto, es infinita.
P: Gran parte del libro estudia el rol del Estado. Quisiera preguntarle en particular por la relación que establece entre el Estado y la idea de nación.

Hoy hay Estados-nación, de identidades y culturas homogéneas, pero también hay Estados plurinacionales, que incluyen diferentes nacionalidades cuya convivencia pacífica a veces es difícil de conseguir. Algunos países lo han logrado: Bélgica, España, Gran Bretaña. En otros casos, dan lugar a horrores, etnias o culturas dominantes que masacran y reprimen al resto de la población, que buscan homogeneizar al conjunto en una sola nación.

En el origen de los Estados-naciones pacificados de hoy hay una historia de violencia: los british contra los papistas y los cuáqueros; España contra los no-católicos; Estados Unidos contra los indios, los inmigrantes y los esclavos. Lo que hoy aparece como un Estado-nación pacificado tiene por detrás mucha violencia y mucha exclusión: estas naciones no nacieron pacíficamente. La existencia de Estados sin naciones en muchos lugares remite a esta cuestión una vez más, y realmente no hay una solución geométrica para esta situación. El tema es si se pueden descubrir o no formas de articular una convivencia en la cual la gente acepte o no vivir bajo el mismo Estado. Este tema está planteado hoy claramente en Bolivia. Las historias nacionales están constituidas por memorias y olvidos. El problema que resurge de vuelta a partir de la incertidumbre de la democracia es que esas historias pueden ser contrastadas. Hay, por ejemplo, historias de las masacres de los pueblos indígenas de los Estados Unidos que están surgiendo ahora. Lo mismo en el caso de las poblaciones aborígenes argentinas. Que eso se reviva y se reponga es fundamental. Por supuesto que siempre va a haber poderes que busquen idealizar la historia, sacralizarla. Es una de las grandes funciones del Estado: crear historias homogéneas y consensuadas.

P: ¿Ese tipo de discurso homogeneizador del Estado continúa siendo eficaz en una época en que la población parece descreer bastante de sus instituciones?

El discurso del Estado sigue siendo muy eficaz. Las críticas apuntan más a sectores o segmentos puntuales del Estado y no al rol que cumple como homogeneizador de una cierta población, que podría sintetizarse en la fórmula "somos todos argentinos". Creo que ese nivel de identificación es muy exitoso. En general, los Estados contemporáneos, salvo en los casos de grandes divisiones étnicas o culturales, son exitosos en ese nivel de aceptación. Esto se ve claramente en las competiciones deportivas: el fervor con el que los habitantes de todos los pueblos y de todas las culturas siguen al equipo de fútbol o al de básquet es notable, una manifestación muy fuerte de que a cierto nivel de identidad todavía son muy operativos.

Ese es un éxito muy grande del Estado moderno, que no existía antes del siglo XVIII o XIX. Muy ayudado por la democracia, porque históricamente todo gobernante le dijo a su pueblo "yo voy a gobernar para ustedes", mientras que con la democracia pasó algo diferente, ya no sólo "gobierno para ustedes", sino que "tengo que reconocer que el origen de mi autoridad son ustedes". En ese punto la ciudadanía o el pueblo se convierte simbólicamente en el Estado: podemos decir "el Estado es nuestro", porque los que mandan, los que deciden, reciben su poder de nosotros y no de Dios o de una dinastía. Esto lleva a un grado fuerte de identificación del pueblo con el Estado, con ese Estado que también es mío, y que, por supuesto, a veces también ha producido cosas horribles.

¿Cómo funcionan esas identificaciones nacionales en un mundo multicultural y poscolonial?

Las identidades pluriculturales, por ejemplo en Gran Bretaña, están surgiendo de una manera incontenible. En Francia y Alemania se da el mismo debate. En Argentina ha reaparecido últimamente –a causa de la ocupación del parque Indoamericano en diciembre, por ejemplo– el tema, muy desagradable, de la inmigración y la discriminación. Los fenómenos de migraciones actuales crean dos cosas: por una parte, diversifican las sociedades, pero, por otra, producen regímenes muy reaccionarios, que defienden una identidad que está siendo atacada. Los movimientos populistas en los países europeos son movimientos populistas de derecha que buscan la reafirmación de una identidad homogénea contra el resto. Esto augura problemas complicados y ciertamente el tema de los derechos de los extranjeros es uno de los desafíos de las democracias contemporáneas.

El último límite de la ciudadanía es el de la extranjeridad. Somos todos ciudadanos, pero somos todos ciudadanos nacionales. Sin embargo, existen situaciones de población en las cuales hay minorías muy importantes de extranjeros que van reclamando derechos, no sólo civiles y comerciales, que formalmente los tienen, sino también políticos. En varios países de Europa hay iniciativas interesantes, como que los extranjeros puedan votar en elecciones municipales. Este tema irá apareciendo cada vez con más fuerza. En cualquier caso, se está discutiendo el reconocimiento o la represión de la repluralización de una sociedad homogénea. El fascismo siempre está fundado en la exclusión: hay "otros" que hay que sacar de la escena o eliminar. Estos nuevos movimientos populistas de derecha tienen mucho de eso. Esos "otros" ahora son reconocibles porque tienen acento, porque se visten diferente; son más ubicables que, por así decir, un "subversivo" argentino en la década del setenta. Ofrecen un blanco fácil que va unido a la denigración y la difamación de las culturas. Surge entonces la pregunta acerca de en qué medida esos países van a aceptar una repluralización de sus sociedades. En Francia o en Austria, por ejemplo, hay en la actualidad situaciones muy complicadas. En la Argentina de golpe se abrió también esta situación.

P: Usted revisa también las nociones clásicas sobre la tenencia del monopolio de la fuerza por parte del Estado.

En realidad, ningún Estado monopoliza completamente el uso de la fuerza. Lo que el Estado puede monopolizar es la autorización del uso legítimo de la fuerza. Todo Estado aspira, o dice que aspira a eso. Ahora bien, hay Estados que abdican de esa aspiración dejando que bandas o mafias usen violencia sin que el Estado ni siquiera aspire a controlarlas.

P: ¿Cuáles son las consecuencias concretas del fraccionamiento territorial, que señala como una de las falencias de las democracias latinoamericanas?

Latinoamérica tiene una larga historia de fraccionamiento territorial. En general siempre hubo un hinterland más o menos liberal mientras que el resto del territorio permaneció en condiciones precapitalistas de todo tipo. Se ha avanzado mucho, pero aún hay poblaciones enteras que están marginadas de la legalidad democrática. Este problema histórico se combina con la existencia de mafias muy organizadas y poderosas que le disputan la territorialidad al Estado. En este sentido, la tarea de construir democracia es también la tarea de construir un Estado.


Derechos humanos: Las y los inmigrantes son humanos, hay reglamentaciones en materia de repatriaciones que respetar. Y hay delicadeza, consideración, respeto, cariño....Todo humano constructivo y amoroso.

Nota de prensa recibida hoy del  Servicio Jesuita de Refugiados y Migrantes
 
Jesuitas denuncian agresión física a personal del SJRM en redada de repatriación

Personal del Servicio Jesuita a Refugiados/as y Migrantes fue agredido físicamente por agentes policiales identificados con chalecos de la Dirección General de Migración. El suceso tuvo lugar en la mañana del día de hoy, en el marco de una redada que se realizó en las inmediaciones del edificio Bonó, sede de la entidad denunciante, cuando las abogadas que trabajan en los procesos de legalización de documentos migratorios, intercedieron para que un joven que estaba en trámites de regularizar su estatus migratorio no fuera repatriado.

“Como SJRM, reiteramos nuestra condena a las repatriaciones masivas y particularmente este  hecho, que no es casual. Parece ser una tradición navideña de las autoridades migratorias.   Se denunció además, que en el referido operativo, como en otros que se han monitoreado, se ha constatado como las autoridades actuantes, siguen claramente un perfil racial y no se detienen a verificar la documentación migratoria de los extranjeros/as antes de obligarlos a abordar la guagua.

“En el operativo de repatriación que denunciamos concurre el  agravante de que han resultado heridas dos mujeres dominicanas, que manifestaron su inconformidad ante  el abuso de poder, lo cual tampoco es nuevo. El uso de la violencia física ha caracterizado otros procesos que no hemos monitoreado.” Manifestaron.

La organización dedicada a la defensa de los derechos humanos de las personas migrantes advirtió a las autoridades que las redadas están prohibidas por el Código Procesal Penal dominicano y que las repatriaciones masivas a su vez están vedadas por la Convención Americana de los Derechos Humanos. Además en estos procesos se violan los principios de presunción de inocencia, libertad de tránsito y de no discriminación. 

Agregaron que en estos operativos no respetan ningunas de las garantías previstas por la legislación nacional e internacional que establecen protocolos para que en los procesos de repatriación, no se vulnere la dignidad humana.  “Aquí no se revisa la documentación, no se respeta el derecho a la asistencia legal, los vehículos no están acondicionados para el transporte de personas,  en otros casos el número de transportados es excesivo para la capacidad de carga del vehículo y se recurre innecesariamente al uso de la fuerza.” Enfatizaron.

Señalaron que estas acciones contradicen la afirmación reiterada en varias ocasiones del Director Nacional de Migración, en el sentido de que ha ordenado la suspensión provisional de las repatriaciones. “La acción inmediata nuestra ha sido la de presentar una querella por ante el Ministerio Público con la finalidad de que este hecho sea investigado y que los responsables del abuso sean ejemplarmente sancionados por la justicia.”

“Instamos a las autoridades migratorias del país a diseñar e implementar una política migratoria claras, coherente con la realidad de los flujos migratorios del país y, que integre de manera dinámica las prácticas y procedimientos de las instituciones responsables, para lo cual es necesario partir de la aplicación de un proceso de regularización de extranjeros.” Concluyeron.



Gloria Amézquita
Servicio Jesuita a Refugiados/as y Migrantes-CB
Incidencia y Derechos Humanos 


Jus soli y jus sanguini en República Dominicana: Mu Kien Adriana Sang Ben

Primera Parte en este link:

http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=11737657&postID=422974712852111990


ENCUENTROS

Y ahora ¿quién podrá defendernos? A propósito del Jus Solis y el Jus Sanguini (II)

¿Cuál es el apellido dominicano? Más aún, ¿existe algún apellido dominicano?



martes, 13 de diciembre de 2005


Nací española

Al atardecer fui francesa

Por la noche africana

¿Qué será de mí?

Anónimo


Contaba en el pasado Encuentro sobre un incidente que le ocurrió a mi hermana Mu Yien cuando fue a renovar su pasaporte. Poseedora de dos apellidos de origen chino, Sang Ben, fue objeto un amplio interrogatorio de parte de la recepcionista, mandándola incluso a la oficina de naturalización. Tuvo la suerte de que una persona de la oficina la conocía y defendió sin más su nacionalidad.

Tal vez algún lector pueda pensar que me siento en peligro, vejada o cuestionada. Es posible que así sea. Después de haber vivido toda la vida aquí, de haber nacido en esta tierra, cincuenta años después, una medida política absurda genere este tipo de conflictos. Por demás, si hacemos una proporción matemática de la sangre nuestra se verá que el 75% es china y el 25% dominicana, gracias a nuestra hermosa abuela mulata. Quizás ella nos salve y se nos pueda aplicar el jus sanguini. ¡Gracias Güela Andrea!

Lo bueno del caso es que aplicar la medida significaría poner en cuestionamiento “la dominicanidad de algunos grandes hombres”. Por ejemplo, Jacobo Majluta Azar era hijo de padres libaneses que migraron al Caribe en busca de mejor vida. Juan Bosch Gaviño era hijo de españoles. Joaquín Balaguer era hijo de puertorriqueña, y dicen algunos que incluso descendiente de haitianos. El insigne escritor Federico García Godoy era cubano, pero lo asimilamos y nos enorgullecemos que es nuestro. La familia Castillo Selimán es de origen libanés.

Norberto James, poeta dominicano, es de origen cocolo. ¿Y de dónde es el apellido del queridísimo Milton Ray Guevara? ¿De dónde es el apellido Selman? ¿Bonnetti? Armenteros es un apellido español, Vicini es italiano, y si seguimos descifrando nos preguntaremos de nuevo ¿cuál es el apellido dominicano? Más aún, ¿existe algún apellido dominicano?

Todo este debate del Jus solis y el jus sanguini no es más que una verdadera hipocresía. El problema de fondo es con Haití y la migración haitiana. Hipocresía general. Por un lado tenemos un discurso nacionalista radicalmente preocupante, pero por el otro, mismo sector se beneficia de la migración haitiana ilegal, a través de la sobreexplotación de la mano de obra.

Hipocresía generalizada. Por un lado el Estado desarrolla campaña de repatriaciones “masivas”, atropellando la dignidad de esos hombres y mujeres, pero por otra parte no enfrenta valientemente las mafias existentes en migración y en el ejército que son los que más se benefician con las entradas de ilegales.

Hipocresía general. Muchas voces se levantan para criticar a los curas que por labor humanitaria desarrollan pastorales para ayudar a ese sector el más pobre entre los pobres, pero son los primeros que emplean mano de obra haitiana en las construcciones, las plantaciones agrícolas o en el sector servicios a bajos salarios para obtener altos márgenes de ganancia.

Hipocresía general de los organismos internacionales y los grandes países desarrollados. La ONU, la instancia internacional que debía tomar acciones contundentes en Haití, se ha sumado al coro de voces que habla y hace poco. Las agencias internacionales, bilaterales y multilaterales, se vanaglorian que desarrollan políticas y programas de desarrollo, pero en verdad no han diseñado un plan macro ni una estrategia global para ayudar a Haití.

Hipocresía general. Los gobiernos representados en el llamado grupo de los 8, se han definido como los paladines de la democracia política en el mundo, después de decir públicamente que se comprometían con la construcción de la democracia en Haití, quieren salir cuanto antes, a sabiendas que el problema en vez de haber sido solucionado, está peor. ¡Cuánta hipocresía!

Creo que ha llegado el momento de definir la situación de una vez por todas. El Estado Dominicano debe exigir una solución internacional al tema de Haití. Exigir a los organismos internacionales asumir el compromiso de verdaderas políticas para enfrentar la miseria de ese país hermano.

Exigir a los países desarrollados verdaderos programas de ayuda. El Estado Dominicano debe combatir directamente las mafias que se nutren de la migración ilegal. Debe también definir una política migratoria, expresada en una verdadera Ley de Migración.

El Estado Dominicano debe propiciar un verdadero diálogo con Haití: con el sector industrial, comercial, académico para desarrollar programas conjuntos. En fin, sentarse sobre la mesa de la negociación con el Estado Haitiano para definir soluciones conjuntas a los problemas comunes.

Dejen ya de ladrar, aullar y gritar con el tema del jus solis y jus sanguini. Eso no resuelve nada, sino que genera más problemas.

Migrantes haitinos en República Dominicana y alianza de las oligarquías dominicana y haitiana

En República Dominicana el 80% en RD encuentra excesivo el número de inmigrantes haitianos, a los/as que le preocupa esta situación; pero, ¿cuál es el por ciento que decide no aplicar la ley de migración, y vigilar que en los negocios no haya más de un 20% de extranjeros/as, de obligar a las empresas a la documnetación de sus trabajadores inmigrantes, reapatriarlos entonces si eso no se resuelve? ¿Cuáles intereses defienden los que no aplican la Ley de migración, son los intereses del 80% de los/as dominicanos/as?

Son los empresarios dominicanos, que creen quizás cegados por el miedo, y que no se preocupan, no han sabido, o no han podido, ser rentables de otra manera, que creen que cuyos negocios sólo serían rentables con mano de obra barata indocumentada, pues saben que si estabilizan esa mano de obra y les dan documentos, tienen que pagar seguro médico, vacaciones, doble sueldos, darles licencias médicas, seguros, y demás aspectos laborales legales.

Clases sociales diversas, intereses dominantes, la unidad entre quienes deciden en el Estado y los intereses económicos, es un menú bastante universal, la alinza entre los super rico y los políticos de RD y haití, bastante conocida. Las necesidades económicas también son bastantes autónomas de las ideologías de las mayorías que no sienten los problemas de quienes los sufren.

Allá en Haití en el 1996, mi profesor de creole no quería que los picadores de caña viniesen para acá, como pequeño burgués romántico, yo lo entendía...pero la economía es realista y muy interesada.

Igual yo cuando me he relacionado con conocidos dominicanos que llevan su tercer viaje en yola fracasado y que están en irse otra vez de esa manera...como pequeña burguesa romántica quisiera que no se fueran...pero la economía de las necesidadees realista...y si se quiere muchas veces irracional desde lógicas ajenas a quienes no están en esas realidades.

Xenofobia más hacia el pobre: Caso RD y migrantes haitinos.

En Haití el 3% conforma la oligarquía que concentra la riqueza. Felizmente el 3% por ciento, más sus aliados gringos, y los aliados nacionalistas que representan a los ricachones en RD, fueron sacudidos con los resultados de las elecciones en el 2006, en las cuales, casi la totalidad del pueblo haitiano le dijo sí a la democracia, a tener relaciones estrechas con Chávez, con Fidel, a un mínimo de justicia social,...pero también le dijo ¡no! a los extremismos de Aristides y a su personalismo sectáreo.

No es fácil desde lo político saber jugar el juego de manejar los intereses encontrados de las clases sociales, teniendo una buena lectura de las correlaciones de fuerza, para no empujar más de lo prudente y lo posible, hacia los intereses de la mayoría de los pueblos. La política seria y comprometida con los mejores intereses de los pueblos, tiene demasiadas fieras acechando. El egoísmo de las clases dominantes es ciego, y no entiende mucho de gobernabilidad y demás yerbas aromáticas finas. Ellos sólo saben engullir, hacer viajes en yate privados, tener amantes jóvenes, celebrar cumpleaños con Luis Miguel, avionetas privadas, apartamentos en Miami...Y para mala suerte de las mayorías de las clases dominantes y sus políticos aliados tienen las mismas mañas fanfarronas en todos los benditos países del mundo, salvo excepciones muy minoritarias. Y los pueblos tendemos a ser en muchos casos sumamente pasivos. De ahí la importancia de las personas y grupos que hacen ejercicio ciudadano activo de movilizaciones y denuncias.

Por eso yo no salgo de mi asombro de los vaivenes de algunos en República Dominicana. Viven diciendo que los haitianos son unos pendejos por la extrema desigualdad que hay en Haití, y cuando una mujer de ascendencia haitiana, como es el caso de Sonia Pierre, se levanta a defender este grupo de dominicanos la denigran por ser mala dominicana. Allá, los que no supuestamente defienden a los más pobres son pendejos, y aquí una dominicana que defiende a los más [pobres de uno de los grupos más pauperizados, segregados y marginados es una mala dominicana.

La coherencia es dura, porque el desapego a las conveniencias, el segregacionismo, el rechazo al otro, al diferente...es una prueba dura que no pasa fácilmente quien anda con los temas de un nacionalismo clasista contra el pobre que huela a una clase despreciada y que además tenga elementos culturales diferentes (subcultura dentro de una cultura hegemónica) y que además choque con un enculturamiento anti esclavos, y que además hayan elementos históricos de inconsecuencias colonialistas diviviendo a dos pueblos indefensos, y que además hayan sido penetrados por ideologías hitlerianas fascistas de derecha de blanqueamiento y segregación racial.

No se pueden mexclar dos razones que puedan explicar ese elitismo blanquesino, anti haitianos pobres y de los dominicanos descendientes de ellos.

Uno, la ocupación haitiana del período 1822-1944, y dos, la argumentación de sentirse como excesiva la mano de obra haitiana, pero ¡claro! dentro de la ideología nacionalista. La cual es la realidad dominante en casi todos los pueblos del mundo y eso se respeta, se comprende, si una/o no es autoritario y con prácticas de dominación. Los pueblos en sus inconductas discriminadoras se cambian con humanismo, con ternura, con la educación, con la información... Ese menú, ¡claro!, no lo respeta el capital y las mercancías y los intereses financieros no tienen fronteras, pero sí tienen fronyteras los infelices pobres.

La ocupación haitiana y sus motivaciones están muy lejos de haberse analizado en República Dominicana como proceso y con todas sus vertientes. Pero de todas formas, hay que ver una autonomía en los intereses elitistas de quienes invaden pueblos y el sentir de los pueblos, tal y como pasa con muchos sectores anti-imperialistas y anti gerreristas en USA que se oponen a las guerras de rapiña de sus élites económicas aliadas con algunos políticos en el poder. Además de que es un fenómeno abusivo militarista que ocurrió hace 200 años, y acá no hay anti-hispanismo, ni anti-gringos ricos. Somos chéveres con los extranjeros con billetes, o blanquitos.

La organización de la problemática considerada excesiva de la mano de obra migrante haitiana choca con los intereses del capital dominicano que adora la mano de obra barata indocumentada, y el Estado que sirve esos intereses. Desde la cancillería muy difícil que propician que se aplique la ley de migración.

Y algunos políticos como el FNP, y otros, alimentándose del antihaitianismo que ya hemos analizado en sus raíces.

Los pobres del mundo tienen un pleito muy disparejo, pero eso es lo que hay, y con eso tenemos que bregar quienes quisiéramos más orden y justicia en este problema de las migraciones: élites aliadas, una mayoría que sólo habla despreciando al extranjero pobre...y unos ancestrales elementos culturales de desprecio a los extranjeros. La xenofobia principalmente hacia el extranjero pobre es parte del primitivismo que aún prevalece en amplios sectores de la humanidad.

Mukien Adriana Sang Ben y el Jus soli y el jus sanguinis

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Mu-kien Adriana Sang Ben



Gracias a Mu-kien por permitirme reproducir este artículo. Consecuencias de la posición anti-migrantes. mildred d mata

ENCUENTROS

Y AHORA ¿QUIEN PODRA DEFENDERNOS?

A propósito del Jus Solis y el Jus Sanguini.

Dedicado a mi padre Miguel Sang, un migrante chino que no solo se nacionalizó dominicano, sino que amó esta tierra como su verdadera patria.

A mis 8 hermanos, dominicanos porque amamos esta patria. Y ¿por Jus sanguini?

Si alguien quiere saber cuál es mi patria

No la busque,

No pregunte por ella.

Siga el rastro goteante por el mapa

Y su efigie de patas imperfectas.

No pregunte si viene del rocío

O si tiene espirales en las piedras

O si tiene sabor ultramarino

O si el clima le huele a primavera.

No la busque ni alargue las pupilas

No pregunte por ella….

¡Tanto arrojo en la lucha irremediable

Y aun no hay quien lo sepa!

¡Tanto acero y fulgor de resistir

Y aún no hay quien lo vea!

No la busque.

Si alguien quiere saber cuál es mi patria,

No pregunte por ella,

No quiera saber si hay bosques, trinos,

Penínsulas muchísimas y ajenas,

O si hay cuatro cadenas de montañas,

Todas derechas,

O si hay varios destinos de bahías

Y todas extranjeras

Siga el rastro goteando por la brisa

Y allí donde la sombra se presenta,

Donde el tiempo castiga y desmorona,

Ya no lo busque,

No pregunte por ella.

Su propia sangre, su órbita querida,

Su instantáneo chispazo de presencia,

Su funeral de risa y de sonrisa,

Su potrero de espaldas indirectas,

Su puño de silencio en cada boca,

Su borbotón de ira en cada mueca,

sus manos enguantadas en la fábrica

y sus pies descalzos en la carretera …

Nadie pregunte por la patria de nadie,

Por encima de nuestras cordilleras y las líneas

Fronterizas, más rejas y alambradas que carácter,

O diferencia o rumbo de perfil,

El mismo drama grande,

El mismo cerco impuro el ojo vigilante.

Veinte patrias para un solo tormento.

Un solo corazón para veinte fatigas nacionales.

Un mismo amor, un mismo luego para nuestras tierras

Y un mismo desgarramiento en nuestra carne.

No pregunte

Nadie por la patria de nadie

Tendría que mudar de pensamiento

Y llorar solamente sangre…

Pedro Mir, Si alguien quiere saber cuál es mi patria…

(fragmento)

Mi patria siempre ha sido esta. No tengo recuerdos de mi infancia que no hayan sido correteando por las calles de Santiago, en aquel barrio llamado el Pantalón, porque una isleta de cemento dividía las dos calles, asemejando esa vestidura occidental. Hija, como ya lo he dicho antes, de un padre chino que zarpó y atravesó los mares huyendo despavorido de la miseria. Llegó al Caribe en 1936 y se estableció en Santiago formando con nuestra madre, Ana Ben, una dominicana hija de padre chino y madre mulata, una familia de 9 hijos.

Nueve hijos engendrados, de los cuales, solo uno, Miguel, nació en China en 1948, cuando papá, junto a su joven esposa, Ana, decidió hacer la aventura inversa. Regresó de nuevo en 1949. Y a partir de entonces tomó la decisión de hacerse dominicano, naturalizándose algunos años después. Desde la ciudad norteña formó su amplia familia. En Santiago fuimos a los colegios, compartimos con amigos y amigas. Participamos en los grupos sociales. Vivimos nuestros primeros desamores y desilusiones. Y cada uno ha organizado su vida de acuerdo a sus propios criterios y vivencias. Del núcleo de 9 hermanos, hoy se ha ampliado a un número mayor de 40, sumando a sus hijos y compañeros y compañeras.

Somos dominicanos gracias al jus solis. Y desde siempre hemos llevado una existencia normal con la marcada conciencia de tener la riqueza de una identidad hermosamente híbrida, llevando ese designio divino como uno de nuestros mayores orgullos. Pero quieren cambiar las cosas, solo por hipocresía e interés político.

La perorata política ha tenido sus implicaciones en la vida cotidiana. Mi hermana Mu-Yien, 53 años de edad, casada hace más de 25 años con Simón Suárez, madre de dos hijas, abogada comercial, fue como una ciudadana cualquiera a renovar su pasaporte hace cosa de dos o tres semanas. Al presentar sus papeles, especialmente el acta de nacimiento, la secretaria de turno, le dijo con desparpajo y desdén que debía pasar a la oficina de naturalización. Ella sorprendida le preguntó por qué. La empleada sin más le respondió que tenía dos apellidos chinos y que en el acta de nacimiento no se especificaba la nacionalidad de los padres. Según me cuenta, al principio trató de ser amable y explicarle que ha tenido pasaporte por más de cuarenta años, más aún que lo que solicitaba era una simple renovación. La joven secretaria especificó que había recibido “instrucciones superiores”. Mi hermana aludió que además de haber nacido en la República Dominicana, estaba casada con un dominicano. La joven entonces le ripostó diciendo que debía además ir a Interior y Policía, porque su nacionalidad era por matrimonio. Entonces mi hermana sintió que la sangre le hervía. Le dijo: “Soy dominicana por nacimiento, no por matrimonio. Que quede bien claro.” La sangre no llegó al río, porque en medio de la discusión apareció un joven funcionario de pasaporte, y al ver el conflicto se acercó a Mu-Yien y le preguntó ¿usted es una de los hermanos Sang Ben? Al obtener la respuesta afirmativa, le dijo a la secretaria. ¡Esa gente es más dominicana que tú!

Me enteré del incidente porque Mu-Yien, diligente como es, envió un correo interno al grupo familiar ampliado, indicando que había tenido el problema. Sugería que chequeáramos las actas de nacimiento, pues en algunos casos se especifica la nacionalidad de los padres. El revuelo familiar no fue pequeño. Algunos de los hermanos se indignaron con el incidente. En lo particular pensé que era oportuno volver a tocar el tema una vez más en este Encuentro.

Días después, en una reunión de amigos, conté el caso de mi hermana Mu-Yien. Ahí estaba presente Lina Arzeno Douce, viuda Latorre, la esposa del buen amigo Eduardo Latorre. Ella también fue a renovar su pasaporte. En la oficina le ocurrió un incidente similar. Tuvo que explicar que su abuelo materno era alemán, que ella era dominicana. Argumentó también que era una renovación, que ella tenía pasaporte por más de 50 años. Para suerte de ella, le creyeron, pudiendo hacer su transacción.

Pensé mucho. ¿Tendrán todas las personas de apellidos raros demostrar su “dominicanidad”? Por demás, ¿cuál es el apellido “dominicano? ¿Nadie ha pensado en lo absurdo de la situación? Tomé la guía telefónica y me di cuenta que hay apellidos de origen italiano, francés, americano, judío, chinos, japoneses, árabe y por supuesto, español. Me pregunté ¿Tendrán ellos el mismo problema? En todo caso, serán muchas las personas que a la hora de renovar su pasaporte tengan que demostrar “su nacionalidad”. Pero el espacio se ha agotado. Sobre el mismo tema seguiré en el próximo Encuentro. Hasta la próxima.

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