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Conferencia Mujer y Ética. En Claro. Por MuKien Adriana Sang Ben, en Día Internacional de la Mujer.

En la conferencia anual que ofrece la empresa Claro desde hace 11 años, el miércoles 7 de marzo, 2018, MuKien Adriana Sang Ben además de sus vivencias sencillas y profundas como mujer y dejar claro su cuestionamiento a lo que ofrece a la mujer el patriarcado como obediencia, sumisión y ser de segunda, estimuló la ética en la sociedad domincana como un valor a profundizar en R Dominicana. Que disfruten la lectura.

Mildred D Mata
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MUJER Y ETICA. AYER, HOY Y SIEMPRE

Por: Mu-Kien Adriana Sang

Soy una mujer
que en ocasiones se pierde
en preguntas sin respuestas
aceptando su propia realidad y se resiste a la
desesperación de la incomprensión del mundo.

Sólo soy así, una mujer,
cuya pasión incontrolada me lleva
a lugares invisibles para las mentes comunes,
que segura de su alma
se lanza al vacío de una vida,
que le atrapa con la intensidad
de sus contadas horas.

Sólo soy así,
una mujer creadora de sueños,
pues imagino mundos diferentes,
en lo que soy, y en lo que no soy.

Sé que soy una mujer imperfecta,
cuya fe es su fuerza
para entender el mundo ausente,
aquélla que conociéndose a sí misma,
en los momentos de infortunio
comprende su esencia.

Soy así,
una mujer que cae,
que se levanta con coraje,
que no teme al mundo,
que desconoce, que ansía, que sufre,
que se apasiona, que se avergüenza,
que reconoce, que huye, que se aleja,
que no tiene nada,
que sólo se tiene a sí misma.  


[1] http://www.encontrarse.com/notas/pvernota.php3?nnota=12279

Buenas tardes. ¡Qué bello ese poema que encontré en las mágicas nubes de la cibernética moderna! Agradezco profundamente la distinción y oportunidad que me ha brindado el presidente de CLARO, el señor Oscar Peña y su dinámico equipo de dirigirme a esta audiencia tan especial.  Quien les habla esta tarde es una mujer-esposa-hermana-amiga-madre y abuela que tiene cuatro grandes pasiones: sus nietos, investigar, escribir y ser maestra.

Llevo en las aulas más de 50 años. Comencé adolescente en una escuela patrocinada por el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, donde cursaba el bachillerato.  Estaba ubicada en El Ejido, un barrio marginado de mi Santiago natal.   Y durante estos años he sentido el orgullo de haber colaborado, desde mi propio y limitado espacio, en la formación de muchos jóvenes. Hoy más que nunca siento el orgullo de haber hecho esta opción de vida; de haber defendido con profunda convicción, que es la educación el único y más firme camino hacia el verdadero desarrollo económico, social y cultural. ¡No hay mejor recompensa para el educador, que ver a sus hijos de la vida crecer y volar con sus propias alas!

Cuando me pidieron que dirigiera estas palabras, me hice muchas preguntas. ¿Qué puedo decirles hoy cuando todo está dicho? ¿Qué comunicarles cuando sus mentes están ocupadas en múltiples cosas? ¿Qué decir a estas mujeres valiosas que se han destacado en sus ámbitos de influencia? ¿Qué decir a los pocos hombres presentes, por demás ejecutivos, que quizás están presentes en este espacio por el azar de sus propias vidas? ¿Reiterar lo que sabemos, que la mujer ha ganado espacio en la sociedad luchando con su sangre, su sudor y sus lágrimas?

Nadie nos preguntó si queríamos nacer.  Somos el producto del azar de dos cuerpos. Nadie tampoco nos preguntó si deseábamos vivir en este mundo lleno de contradicciones, exclusiones y contrastes. Nacimos y al llegar al mundo fuimos categorizados por el color de la piel, la posición económica y social de nuestros padres y por el sexo que trajimos en las piernas. En el inicio de los tiempos, unos nacieron negros, fueron excluidos y los hicieron esclavos. Otros nacieron hombres, ricos y blancos, y colocados en el mundo de los privilegiados. Otras nacimos mujeres, y por obra y gracia de nuestro sexo, nos sentenciaron a ser sumisas y seguir, sin cuestionamientos, el camino impuesto por la sociedad. Nacimos sin voz propia. Sin capacidad de elegir.  Pero como dice el poema de la gran Julia de Burgos, Yo misma fui mi ruta, muchas mujeres decidieron construir sus propios caminos:

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante,  adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

 
Nací, nacimos, mujer. Y, en mi caso, soy hija de un migrante de la China continental, que salió despavorido huyendo de la miseria.  Llegó al Caribe como primera etapa de su utopía americana. Se quedó en esta tierra. La amó y formó su familia. Así, desde siempre acepté el regalo de esos designios no elegidos. He asumido con la alegría necesaria las aventuras y desventuras que se desprenden de esta doble condición.

Desde joven, tomé, sin saberlo, la decisión de ser una mujer peligrosa, parafraseando al escritor y literato alemán Stefan Bollmann, quien escribió las obras “Las mujeres que leen son peligrosas” y “Las mujeres que escriben también son peligrosas.”  La tesis fundamental del autor es que las mujeres de todos los tiempos, relegadas a un papel secundario y pasivo en la sociedad, buscaron formas de no sucumbir. Lograron encontrar la liberación en la lectura y la escritura.

¡Qué maravilla! ¡Soy una mujer peligrosa! ¡Qué orgullosa me siento de ser peligrosa! ¡Las que estamos aquí somos mujeres peligrosas! Y gracias a miles de mujeres peligrosas en el mundo hemos podido avanzar y ganar espacios abandonando para siempre los senderos trillados por nosotras.
Así pues, soy mujer peligrosa. Y soy maestra por vocación y decisión. A través de los años, he intentado que los jóvenes encuentren en sus corazones las estrellas que lo guiarán en el camino de sus vidas, como esta historia que le voy a contar:  

Érase una vez un escultor que trabajaba con un martillo y un cincel un gran bloque de mármol.  Un niño que estaba mirándole no veía más que trozos de mármol pequeños y grandes cayendo de derecha e izquierda.  No tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Pero cuando el niño volvió al estudio unas semanas después, se encontró con la sorpresa de un imponente y enorme león sentado en el lugar en que había estado el bloque de mármol.  Con gran excitación, el niño corrió hacia el escultor y le dijo: “Por favor, dígame cómo sabía usted que había un león dentro del mármol”

La pregunta del niño es quizás la más importante. ¿Cuál sería la respuesta a esta pregunta aparentemente ingenua de ese curioso niño? Cuenta la historia que el escultor le respondió con profunda paz: “Yo sabía que había un león dentro del mármol porque antes de verlo ahí, lo había visto en mi corazón.  El secreto consiste en que fue el león de mi corazón el que reconoció al león del mármol”. Pero ¿Qué significa esto? Que para esculpir nuestras propias vidas necesitamos, ante todo, ver lo que deseamos hacer; significa que debemos soñar. Pero los sueños nunca serán posibles si no trabajamos, si no recurrimos a la disciplina para hacer visible lo que hemos visto en nuestros propios corazones.  

Pero esos sueños y esperanzas deben concebirse y materializarse en el mundo real, en el aquí y el ahora. Soñar lo que queremos formando parte de una sociedad caracterizada por la banalidad, donde la apariencia es lo esencial. Una sociedad que valora más lo que poseemos, obligados a olvidar lo que somos y deseamos ser.  Se han cambiado los verbos y las prioridades. TENER es más importante que SER. Soñar es una acción individual y egoísta. Lo colectivo es visto como un pecado, como una ridícula realidad del pasado. Nuestra sociedad ha privilegiado la superficialidad, arrinconando las reflexiones profundas del SER y del VIVIR. Una sociedad que ha olvidado el proyecto societal colectivo, para vanagloriar las hazañas personales y unilaterales.

Como maestra, me pregunto siempre. Es más, me atormento siempre ¿Qué decir a los jóvenes que se abren camino en sus vidas? ¿Qué busquen el triunfo individual a toda costa sin importar a quién pisotear, a quién calumniar, a quién vituperar?  ¿Qué aconsejar a los jóvenes cuando nosotros los adultos les hemos enseñado a olvidarse de las normas establecidas porque hay que llegar a toda costa? ¿Qué exigir a los jóvenes si nosotros los adultos no somos capaces de dar el ejemplo? ¿Qué exigir si somos pasivos y tolerantes de la corrupción, la grande y la pequeña? ¿Qué decirles a los jóvenes si nosotros los adultos no le hemos enseñado a respetar la ley?  ¿Qué decir a los jóvenes si hemos construido esa realidad que ellos han heredado?
Estoy, en definitiva, hablando de la necesidad de rescatar la ética y la moral, en una sociedad que la pisotea inmisericordemente. Sí, esta sociedad en la que habitamos en la que “todo está bien” y nada es nada. Y, sobre todo, no pasa nada, absolutamente nada. ¿Saben por qué? Porque no hay sistema de consecuencias para los que abusan del poder, ni para los violadores de las leyes.

Fernando Savater en su libro “Ética como amor propio” señala que la ética es una toma de postura voluntaria que apuesta a la inmortalidad de la humanidad cuyo fruto más elaborado es el ser humano autónomo y responsable, capaz de reconocimiento y participación con sus iguales. Esto significa que en la ética todo es y debe ser humanismo. El problema es cómo no caer en la intrascendencia, en la banalidad.

En la Grecia antigua, Sócrates afirmaba que el poder debía ser utilizado para el bien común, el Timos, como él denominaba el ejercicio ético del poder.  Platón, por su lado, desde lo más profundo de sus convicciones, fue crítico de la democracia y la tiranía, y abogó por un gobierno de los que saben.  La estructura del Estado Occidental, dividido en poderes, fueron productos de las brillantes mentes de Locke, Rousseau y Monstesqieu, que apostaron a la bondad humana y sugirieron formas de ejercer el poder desde esa perspectiva. La historia está plagada de ejemplos.  Intelectuales que se han unido a movimientos revolucionarios para impulsarlos y darles coherencia, como fue el caso de Enmanuel Sieyes, uno de los grandes pensadores de la Revolución Francesa, a quien el nuevo poder político lo echó a un lado y lo envió al más cruel de los olvidos. O Arthur Koestler, que por ser crítico con el poder de los bolchevique, el mismo que él ayudó a levantar, fue enviado a la cárcel y a la tortura.

¿A dónde llegarán estas palabras que les pronuncio en esta mañana?  A veces siento que mi agotada voz y mis reclamos claman en el desierto. A veces pienso que mis gritos implorando por una sociedad con mayor sentido de justicia y ética se pierden en el turbulento mal de los intereses egoístas.  Pero como maestra que soy y he sido siempre, apuesto a la bondad humana, sigo confiando en la juventud y en el futuro, aunque a veces las lágrimas me impidan ver con claridad el horizonte de esperanzas.

Cuestiono y cuestionaré siempre el uso del conocimiento y del poder económico solo para el beneficio personal o de un pequeño grupo. Aquí asumo la posición de Max Weber, el gran intelectual alemán, quien afirmaba que la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad deberían guiar nuestro accionar cotidiano. La primera, la ética de la convicción, establece que el comportamiento público de un individuo, y ya no sólo el privado, debe ser consecuente a sus convicciones morales. La ética de la responsabilidad establece que el comportamiento debe ponderar las consecuencias de las acciones.

Libertad y responsabilidad son, necesariamente, dos caras de una misma moneda.  Asumir la ética de la responsabilidad, es ser capaz de responder libremente a los factores y condicionamientos externos.

Al hablar de todo esto pienso en Azorín, el intelectual español nacido en las postrimerías del siglo XIX (1873 –1967). José Martínez Ruiz, mejor conocido por su seudónimo Azorín, fue uno de esos hombres que constituyen verdaderos hitos en la historia de la humanidad. Su sagacidad y verbo explícitamente crítico lo hizo constituirse en un referente obligado, tanto de sus partidarios como de sus adversarios en su España natal.  “El Político”, su obra más conocida, fue escrita en 1908 y es uno de sus grandes legados. Un pequeño libro lleno de verdades y reflexiones, escrito en un estilo “breve, preciso y claro”, como él mismo lo definió. La pequeña obra termina con un “Epílogo Futurista”, que resume la conversación entre un alumno y su maestro. El maestro le dijo a su discípulo que hablar de la historia y los grandes problemas de la humanidad es mucho más fácil que hablar del honor. “Le he explicado a usted, decía el Maestro, lo que eran las ciudades, los pobres, las fábricas, el jornal, las monedas, la cárcel y los fusiles, pero no puedo explicarle a usted lo que era el honor”.  El alumno escuchó con atención y luego dijo: “Tal vez ésta era la cosa que más locuras y disparates hacía cometer a los hombres”.  Es posible respondió el maestro.  

Las verdades de El político de Azorín, tienen vigencia, más de 100 años después de haber salido a la luz. Como antes, la fuerza, y no la razón ni el amor a la humanidad, es lo que se ha impuesto al mundo.  El honor continúa siendo un espejismo, quizás también una mentira, una gran mentira.

Debemos cuestionarnos profundamente y asumir críticamente nuestras acciones. Normalmente somos críticos con los demás. Buscamos culpables, en ellos, los otros…   Acusamos siempre y señalamos con el índice; librándonos de nuestras propias culpas. Pero y mi Yo, y el NOSOTROS ¿Soy agente de cambio? ¿Somos agentes de cambio? ¿Asumimos una conducta ética ante la vida, en las pequeñas y en las grandes acciones?

Creo que ha llegado el momento de ASUMIR una postura distinta ante la vida.  Tenemos el reto de ser portavoces de una Buena Nueva: ser ejemplo del contravalor actual del SER, de la ETICA como norma de vida, de la crítica constructiva contra aquellos que se burlan y nos acusan por abogar por la utopía y las ideas ilusas. Esta historia la conseguí a través de una amiga querida. Se llama “Pesca para toda una vida” y refleja lo que quiero expresar:

"Tenía once años e iba a pescar cada vez que podía, desde el muelle de la cabaña de su familia ubicada en una isla en medio de un lago… Un día antes de que se abriera la temporada del róbalo, él y su padre fueron a pescar al caer la noche, atrapando molas y perchas con gusanos. Luego puso una pequeña mosca plateada y practicó el lanzamiento. El anzuelo golpeaba el agua y hacía pequeñas olas de colores bajo el sol del crepúsculo, luego olitas plateadas cuando la luna se elevó sobre el lago. Cuando su caña se dobló, supo que había algo enorme en el otro extremo.  El padre observaba con admiración cómo el niño arrastraba con habilidad al pez a lo largo del muelle. Por fin, rápidamente levantó del agua al agotado pez.  Era el más grande que jamás había   visto, pero era un róbalo. El niño y su padre miraron el hermoso pez, con las agallas moviéndose a la luz de la luna.  El padre encendió un fósforo y miró su reloj. Eran las 10 de la noche, dos horas antes de que se abriera la temporada. Miró al pez y luego al niño. 
-Tendrás que devolverlo, hijo, dijo.
- ¡Papá! Gritó el chico
-Habrá otros peces, dijo su padre
-No tan grandes como este, gritó el chico.
Miró el lago. No se veía ningún pescador ni botes bajo la luna. Volvió a mirar a su padre. Aunque nadie los había visto, ni nadie podía saber a qué hora había pescado el pez, el chico advirtió por la firmeza de su padre que la decisión no era negociable.  Lentamente sacó el anzuelo de la boca del enorme róbalo y lo devolvió a las negras aguas.  El pez movió su poderoso cuerpo y desapareció. El niño sospechaba que nunca volvería a ver un pez tan grande.  Eso ocurrió hace treinta y cuatro años. En la actualidad el niño es un exitoso arquitecto… La cabaña de su padre está siempre lista en la mitad del lago. Lleva a su propio hijo y a sus hijas a pescar desde el mismo muelle. Y tenía razón. Nunca volvió a pescar un pez tan magnífico como el que atrapó esa noche de tantos años atrás. Pero ve ese mismo pez cada vez que se enfrenta al tema de la ética. Pues, como su padre, se lo enseñó, la ética es un simple asunto de bien o mal. Solo la práctica de la ética es lo difícil."

¡Qué enseñanza tan hermosa!  ¡Cuánto podemos aprender de las cosas sencillas!
Es una forma fácil y comprensible de enseñar el concepto del imperativo categórico del deber de Immanuel Kant.  

Durante muchos años impartí la asignatura “Historia de las Ideas Políticas y Sociales”, se me presentó una situación difícil, después que se produjo un verdadero debate. Aquel día el tema que trataríamos era el pensamiento político de Nicolás Maquiavelo. Y como siempre me sucedía, Maquiavelo suscitó mucho interés. Pocos pensadores provocan tanta atención. Dos excelentes estudiantes se presentaron como verdaderos defensores de este pensador italiano del siglo XVI.  Un amplio grupo del curso se definió en la posición contraria.  Mientras los muchachos exponían sus argumentos, escuchaba impresionada y preocupada.  Del tema de Maquiavelo se pasó a la necesidad de enarbolar una postura ética en el ejercicio de la política. Los defensores del pensador italiano se mantuvieron firmes. Los otros también. Las dos horas de clases pasaron sin darnos cuenta. Tuvimos que cortar porque el tiempo asignado se había agotado y yo tenía otro grupo de estudiantes que me esperaba.  Al terminar mis clases, y mientras conducía para llegar a mi casa, pensé mucho. Al llegar releí el material y puse atención especial a los aspectos que habían despertado el interés de Jorge y Andrés.  Reproduzco con especial interés para los lectores, algunos párrafos de la lectura que produjeron el encendido debate en clases. El texto en cuestión lo escribió mi esposo Rafael hace unos años  :

“Los hombres, según Maquiavelo, son mediocres, esto es incapaces de ejercitar una bondad o una maldad absolutas. El bien de lo que son capaces lo hacen por necesidad, y el mal por inclinación de su naturaleza.  Los hombres…. Hacen el bien por fuerza; pero cuando gozan de medios y libertad para ejecutar el mal, todo lo llenan de confusión y desorden…  Codiciosos de bienes materiales, su ganancia es el poderoso incentivo que de manera más enérgica los mueve y determina…Maquiavelo aconseja al Príncipe: Sobre todo, absténgase de quedarse con los bienes, porque los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida de su patrimonio…

“Cuando las circunstancias así lo exijan el gobernante debe estar dispuesto a hacer uso de la violencia, sólo que cuando sea necesario su uso debe ser rápido, hiriendo mortalmente sólo a quienes eran merecedores del castigo.  Un gobernante que usa sistemáticamente la violencia se convierte en un terrorista de su propia estabilidad. Por el contrario, en la distribución de beneficios el gobernante debe de hacerlo muy despacio, de manera que sean disfrutados con calma y esperados con ansiedad…Debe aprender el hombre de Estado a no ser siempre bueno y comportarse según las circunstancias. Ha de basar su comportamiento teniendo como norte lo que sea más conveniente. Así, si la mayoría del pueblo es creyente ¿por qué no fingir ser un hombre religioso? …De igual manera, el gobernante debe hacerse temer y amar, pero sin que nadie se llame a engaños porque al momento de decidir es preferible ser temido que amado…”

Fue tan impactante el suceso que decidí escribir a mis dos queridos estudiantes en mi columna de hace más de 30 años que se titula “Encuentros” y que desde hace dos décadas se publica en el Hoy en la sección AREITO. He aquí algunos fragmentos de la carta:

Quizás mis queridos alumnos ustedes tengan razón en algunas partes de sus argumentaciones. La vida ha demostrado que el pragmatismo salvaje, la megalothymia de que tanto habla Fukuyama en su libro El Fin de la historia, es lo que ha primado en el oficio de hacer política.  Lo importante es llegar al poder, no importa el costo humano y moral que suponga o las alianzas que tengamos que hacer o, sobre todo, la negación de los principios que decimos defender.  Una vez triunfantes, lo esencial es mantenerse, a cualquier precio; no importa a quien se pisotee, ni se enfrente. Tal vez tengan razón y yo siga siendo una emotiva y soñadora mujer que defiende a toda costa el ejercicio ético de la política y que la actividad política debe ser buena y virtuosa, porque su fin último ha de ser la felicidad humana. Una quijotada absurda para ustedes, me imagino.

La virtú maquiavélica, es decir, el arte de adecuar la realidad a los intereses del gobernante, ha hecho mucho daño a la humanidad. En su nombre se han cometido muchos horrores. ¡Cuántas muertes y desgracias humanas se habrían evitado! La codicia humana, incentivada desde el poder, ha propiciado la corrupción. ¡Qué fácil resulta así el enriquecimiento!  Y aquella frase lapidaria del Príncipe, es preferible ser temido que amado, pienso que ha contribuido grandemente a hacer de la alabanza un modus operandi de la ciudadanía; convirtiendo a los gobernantes en intolerantes a la crítica.  ¡Qué triste es ver el espectáculo de la adulación! 

Esta misiva la escribo porque sigo creyendo en la juventud como la fuente transformadora de la humanidad. Ustedes dos tienen sus vidas por delante.  Tienen la inteligencia, capacidad y energía para hacer muchas y grandes cosas. Por favor, no dejen que la realidad los absorba y les impida soñar.  Espero que podamos seguir juntos en el camino de construcción de una nueva sociedad, más humana, más justa y verdaderamente democrática. Es mi utopía de siempre. Ojalá podamos transitar juntos por los senderos de la vida.”

En la sesión siguiente, leí la carta en el curso. Hubo un silencio sepulcral. Los jóvenes objeto de mis reflexiones, Jorge y Andrés, intentaron desesperadamente hacer algunas explicaciones. Los demás también hicieron uso de la palabra. Se produjo entonces una interesantísima reflexión sobre la ética y la moral.  Surgieron preguntas: ¿Debemos ser siempre éticos en las acciones de la vida? ¿Se aplica la ética al ejercicio público? ¿Debe también la práctica privada ser sujeta del ejercicio ético?

Aproveché entonces la oportunidad para sugerir algunos caminos de la reflexión ¿Qué es la ética pregunté? Algunos hicieron alusión a sus clases de ética profesional que habían tomado recientemente. Los dejé hablar. Al final hice algunas puntualizaciones.

Entonces les pregunté ¿Creen ustedes que debe existir una ética ciudadana?  Algunos dijeron que no, porque la ética se refería únicamente a algo individual. Otros dijeron que sí, porque la ética tiene necesariamente una referencia a la sociedad. Les dije que coincidía con este grupo. Porque la Ética ciudadana es la garantía de un accionar responsable. Entonces me referí a FERRAN REQUEJO COLL en su libro Las Democracias quien retoma el concepto weberiano de la “Ética de la Responsabilidad”.

A seguidas pregunté al grupo ¿No estaremos entrando en la falacia de la abstracción?  Una estudiante muy concienzuda señaló que estas ideas lo que quieren señalar es que debe hacerse un reajuste práctico de la acción ciudadana para mirarlas desde la opción ética. Aproveché su intervención para afirmarles que la democracia, ese sistema que tanto decimos defender, necesita una ciudadanía activa y responsable. Les hice referencia a Salvador Giner y Victoria Camps, en su libroManual de Civismo, quienes afirman que las actitudes cívicas tienen, y yo digo, deben tener, un común denominador: el de la responsabilidad.

Mientras hablaba, me di cuenta que Alicia, una joven que se encontraba a mi izquierda, después de leer la primera cita de Savater, comenzó a llorar. No le pregunté. Simplemente la dejé tranquila, pues no sabía la causa de su tristeza. El curso fue muy discreto. Nadie dijo nada.  Al terminar las ideas que estaba exponiendo se inició una nueva discusión sobre el tema de la política.  De nuevo las posiciones encontradas. Jorge y Andrés mantenían sus posiciones. El resto de grupo los enfrentaba.  Coordinaba las intervenciones y miraba discretamente a Alicia. Cuando me disponía a pasar al otro punto de la clase, el pensamiento de Jacobo Rousseau, Alicia pidió la palabra.

El curso entero se dispuso a escucharla. Entre sollozos, Alicia nos preguntó si nos habíamos dado cuenta que ella se había pasado casi una hora llorando. El grupo asintió. Entonces ella respondió que su llanto tenía serios motivos, y que la carta dirigida a Jorge y Andrés le había abierto una herida. Estas fueron sus palabras: “Hace poco tiempo, decía, obré mal. Antepuse mis intereses personales a los morales y éticos. Sabía que lo que hacía no era correcto, pero en ese momento no me molesté en pensar sobre el asunto. Sin embargo, hoy me doy cuenta que la ética tiene que ver con la conciencia, y comprendo que actúe mal y me arrepiento.” Prosiguió diciendo que ya no podía borrar lo que había hecho, pero que esa carta le había hecho tomar conciencia de que los criterios éticos deben normar en todas las acciones de la vida.  Mientras hablaba entrecortada, las lágrimas corrían por sus mejillas.  Nadie preguntó lo que había hecho.  No era importante. El grupo completo valoró su valentía, pero sobre todo su arrepentimiento. La felicité de corazón. De este episodio nació un nuevo artículo que titulé las lágrimas de Alicia. 

La clase finalizó con una conclusión importante:  La opción por una ciudadanía responsable implica que debe poder responder a esos valores ante sus semejantes, ante la sociedad, no sólo porque tiene un deber social, sino porque actúa con conciencia y responsabilidad de que conservándolos y ejemplificándolos está ayudando a preservar y a mejorar el futuro, porque libertad y responsabilidad son, necesariamente, dos caras de una misma moneda.  Asumir la ética de la responsabilidad, es ser capaz de responder libremente a algo ante alguien y querer hacerlo, porque la libertad y la responsabilidad son dos condiciones inseparables. Finalmente, creo que el civismo, la acción ciudadana, no es otra cosa que el hacerse responsable de la preservación de los valores que constituyen el patrimonio ético de la humanidad y esa responsabilidad contribuye a hacer realidad el interés común, el mismo del que tanto se habla, y tan poco se hace. Al regresar a la casa me sentí agradecida de la oportunidad que me había dado la vida de ser maestra.

No sé si la lección llegó al corazón de los dos jóvenes que provocaron estas reflexiones del grupo.  Hace un tiempo que finalizaron sus carreras. Ya son jóvenes profesionales que iniciaron una nueva etapa en sus vidas.  Me he encontrado con ellos en varias oportunidades. Uno es un activo miembro de la juventud de uno de los partidos mayoritarios. El otro decidió seguir sus estudios profesionales.  En mi alma sigo guardando la esperanza de que el mensaje les llegó. Un día cualquiera, años después, me encontré con Alicia. Fue corriendo a saludarme. No la recordaba. Había engordado con el tiempo. Y sonriente me dijo: “Hola, profe, soy Alicia”.  Nos abrazamos con alegría.  Esos abrazos son los mejores regalos que recibe un maestro.

Yo espero que a ustedes también haya llegado a sus corazones. Una perorata teórica práctica que solo pretende decir que necesitamos aprender a convivir.  Y convivir, sin lugar a dudas es un arte.  Está claro que convivir entre los seres humanos es una tarea difícil y compleja.  Una prueba clara es que dedicamos gran parte de nuestra existencia a armonizar voluntades, a superar conflictos, a llegar a acuerdos y a hacer concesiones. 

Digo esto consciente de que el uso de la fuerza es lo que prevalece en el mundo, mientras la ciencia propone nuevas fórmulas para prolongar la vida a enfermos terminales de dolencias hasta ahora incurables; al mismo tiempo usamos nuestra capacidad e inteligencia para crear armas de destrucción masiva, tan potentes que en menos de un segundo podemos aniquilar pueblos completos con sólo hacer uso de un pequeño botón.  Existen en el mundo millones de seres golpeados por el hambre y la insalubridad.  Los países poderosos diseñan programas de ayuda para combatir la pobreza, que apenas alcanzan para repartir pequeñas migajas. La ineficiencia de estas ayudas es tan evidente que no sólo no han podido atenuarla, sino que la brecha entre los pobres y ricos, en vez de cerrarse, se ha acrecentado. 

Algunos gobernantes han optado por la guerra, imponerse a toda costa por la fuerza, sin importar las consecuencias humanas, económicas y sociales. Ante esa corriente creciente de violencia física, de la hambruna existente en el mundo, que es otra forma de violencia, del terrorismo ciego que mata inocentes sin piedad; se requiere que nosotros, los que deseamos un futuro diferente, debemos asumir el compromiso de construir una verdadera cultura de paz. 

La democracia necesita ciudadanos activos y responsables.  Las actitudes cívicas de las que hemos venido hablando tienen un común denominador: el de la responsabilidad.  Asumir e interiorizar los valores democráticos o cívicos es la condición sine qua non de ciudadanía. 

Si los principios son insuficientes, también lo serán las normas y las leyes. No todo se resuelve legislando. Las leyes, a veces no constituyen la mejor forma de hacer que funcione adecuadamente una comunidad de ciudadanos maduros y autónomos.  Lo que cohesiona a la comunidad es la responsabilidad de los individuos frente a ella. Montesquieu decía que cuando un pueblo tenía buenas costumbres, las leyes que se necesitaban debían ser sencillas.  

Estoy planteando, lo sé, lo sé, una utopía… pero solo recuerdo, que la historia ha sido escrita con gente que sueña y que ama por un mundo mejor.

Finalizo estas palabras con un sencillo poema, que reivindica nuestra condición de mujer. Un bello poema escrito por YOLANDA BARRY.


Mujer...
me siento feliz de serlo,
de disfrutar cada día…
Feliz de verme en el espejo
y mirar mi rostro contento,
de tener pensamientos
y grandes inquietudes todavía.
Soy mujer y lo disfruto,
disfruto cada minuto,
me complace serlo.
Soy distinta,
quiero ser mejor,
Feliz de ser mujer.


Muchas gracias.


Mukien Adriana Sang Ben y su presidencia en la Academia Dominicana de Historia

¡Gente! escribí esto a tía Mukien Adriana Sang Ben ante su nombramiento en la Presidencia de la Academia de Historia:



Mukien Adriana

La gente inclusiva, que exige a la democracia representatividad... siente esperanza, optimismo... cuando una persona de un sector que viene estando en situación de  discriminación y violencia, como  es el caso de la mujer, logra romper techos de plomo, paredes de hierro... y se eleva. Se ensancha la participación, lo que hace que el mundo sea más justo, dentro del sistema de creencias y prácticas que dan malos ejemplos de tratos y posicionamientos asimétricos, sea por sexo, preferencia sexual, clase social, etnia, raza... Etcétera.

El mundo se regocija con tu triunfo ✌ porque representas, simbolizas, un gran esfuerzo, un gran trabajo... para romper con los trajes del pasado, y los de esta época, que marginan la mujer.

Ayudas a las mujeres y  a los hombres, porque amplías los horizontes culturales de RD... Y se reproduce a otras esferas... Y  eso te da poder, se te está otorgando poder, te has ganado poder, para influir más en el mejoramiento democrático de RD con menos machismo, y eso repercute en otros sistemas de creencias y prácticas de exclusión, discriminación y violencia.

Mildred Dolores Mata

La identidad dominicana democrática radical, Pedro Fco. Bonó: Artículo de Mukien A Sang Ben

Recomiendo la lectura de este artículo de Mukien Adriana Sang Ben sobre Pedro Fco. Bonó. Me encantó. Me ayudó para mi formación histórica y como humanista, y como dominicana.
 Pedro Francisco Bonó y Mejía fue un sociólogo, pensador y político dominicano nacido en Santiago de los Caballeros (18 de octubre de 1828 - San Francisco de Macorís, 14 de septiembre de 1906) propugnaba por una identidad humanista.
Siempre agradezco al libro Los orígenes sociales de la dictadura y de la democracia del sociólogo norteamerica Barrington Moore, medio marxista, sobre aprender a cómo vincular la política y la ideología con lo social. Son fabulosos los ejemplos que pone Pedro Fco. Bonó y la defensa que hace de X tipo de cultivo, por destacar que su dinámica ayuda a la democracia social, a la libertad,...porque ayuda a compartir más las riquezas, cómo se favorece la diversidad productiva, a más mano de obra. Por ejemplo, el tabaco era más democratizador que el azúcar.

Bonó visualizó con sensibilidad las limitaciones del liberalismo productivista capitalista, y del positivismo. La verdad que Pedro Francisco Bonó fue un hombre democrático radical, original, crítico y sensible para con la igualdad, el humanismo, y la libertad.

Gracias tía MuKien Adriana. Siga así de productiva, útil, inteligente, y humanista. Cuídese mucho, que usted es una persona exquisitamente útil para este país y para este mundo.

Mildred Dolores Mata
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TEMAS SOBRE HAITÍ, REPÚBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE

Pensamiento caribeño en el siglo XIX. Bonó juzgado por la posteridad, y 3

Mukien Adriana Sang Ben, historiadora dominicana
 Por: Mu-Kien Adriana Sang

El tabaco daba ocupación fructuosa a los sembradores y extractores de nuestros textiles y a los fabricantes de todas las cuerdas y extractores de nuestros textiles y a los fabricantes de todas las cuerdas en uso: hilos a enseronar, cinchas, lazos, maniotas; a los recolectores de los guanos y canas y a los que con ellos fabricaban serones, árganas y enjalmas; a los ganaderos, a los arrieros, a los potreros…a población flotante de los pueblos y ciudades empleados en separar, descabezar, enmanillar, enseronar, entretejer, empacar y estribar. El cultivo del tabaco, fruto de cuatro meses de vida, dejaba a los conucos limpios y habilitados por ocho meses para la siembra y cosecha de frutos menores, que bajo continua fertilidad estival de la zona que habitamos, no dejó ni pudo dejar escasez de las subsistencias….Pedro Francisco Bonó, Congreso Extraparlamentario (fragmento)

Con esta entrega presentamos el tercer ensayo sobre el pensamiento de Bonó analizado por la posteridad. La semana pasada hicimos referencia al trabajo enjundioso e interesante de Roberto Cassá, quien coincide en casi todos sus planteamientos, con las ideas expresadas por el mayor conocedor del pensamiento de este gran hombre, Raymundo González.

Hoy haremos referencia a un texto interesante, escrito por Julio Minaya y publicado por la Revista Estudios Sociales en el año 1966 [i]. El ensayo inicia haciendo algunas referencias a rasgos esenciales de los momentos políticos vividos en América Latina y que impactaron en la vida, las ideas y las participaciones políticas de este hombre enigmático y fuera de serie. Afirma que la vida del intelectual de Bonó se desarrolló en la cumbre del liberalismo romántico, en las primeras décadas del siglo XIX,  hasta el declive del positivismo a finales de ese siglo.  Durante ese período, sigue escribiendo Minaya, las antiguas colonias españolas luchaban por su emancipación política y luego, por su liberación intelectual o cultura.  Afirma el profesor universitario que Bonó fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes luchadores de la libertad y la felicidad del país; “pero a más de lograr ser libre y feliz, fue su sueño que alcanzar estatus de originalidad, llegando a convertirse en el pensador más preocupado por la construcción de la identidad del pueblo dominicano.” (p.12)

Pero la turbulencia de la vida política nacional marcó aún más al pensador dominicano. Dice Minaya que Bonó, a pesar de estos reveses políticos devastadores, este hombre, comprometido con su tiempo, luchó, se comprometió y ofreció lo mejor de sí para construir el país de sus sueños: “Era la lucha por el establecimiento de los Estados Nacionales latinoamericanos, combate ciclópeo para un país pequeño situado en una zona calificada por Juan Bosch como “frontera imperial”. (p.12)

Lamentando no tener espacio suficiente para abordar el interesante trabajo de Minaya, tenemos que concluir que este ensayo es muy novedoso porque sitúa a Bonó en el contexto intelectual de la época, presentando todas sus variables y aristas. Por ejemplo, refiriéndose al positivismo y la ideología del progreso, afirma, coincidiendo con todos los estudiosos modernos, que Bonó se alejó del liberalismo y sobre todo de la euforia que provocaba el modernismo capitalista.  Bonó, como ya hemos visto, defendió a capa y espada las virtudes del tabaco, pues daba beneficios a más personas, por eso lo calificó sin remordimiento alguno, como el verdadero producto que sentaría las bases de la igualdad y la democracia.  Enfrentó el cultivo del azúcar, por considerarlo elitista y que beneficiaba solo a algunos.

Señala Minaya que si bien Bonó no participaba de la ideología del progreso, sí aceptó el mandato de la educación como vía para conseguir la mejoría del pueblo. Vio con simpatía los esfuerzos realizados por Hostos y sus normalistas. Incluso consideraba que el Maestro de Puerto Rico, con sus acciones, daba brillo y prestigio a la patria, su patria amada, nuestra patria.

Finalizo este artículo con las conclusiones de Minaya en el interesantísimo ensayo.  Afirma, coincidiendo con Cassá y González, que Bonó fue “haciéndose cada vez más escéptico respeto a las bondades que la ciencia y la técnica venían ofreciendo, a la proclamada esperanza de resolver los problemas propios del ser humano….Lo que caracterizó mejor al siglo XIX fue la excesiva confianza depositada por la humanidad en sí misma. El desarrollo de la racionalidad científica creó la falsa ilusión de que todos los problemas se resolverían.”  (p.44)

Así, dice el autor del ensayo, frente a los excesos del liberalismo y el positivismo aplastante, Bonó tomó distancia, y decidió negar esas ideas que le inspiraron en sus primeros años de vida política e intelectual para abrazar nuevos valores e ideas: “los del espiritualismo y misticismo recurrentes en toda la primera mitad del siglo XX” (p.46).

En la próxima seguimos con la mirada moderna al pensamiento de este hombre que sentó, sin saberlo y quizás sin quererlo, cátedra de pensamiento propio y crítico y de fortaleza moral incuestionable.

 [i] Julio Minaya, “Pedro Francisco Bonó: vida y obra en su contexto”, Revista Estudios Sociales, Volumen XLI, Número 142-143. Octubre 2005, marzo 2006.

Detener la autodestrucción de la humanidad. ¿Qué hacer? Mu-Kien A Sang Ben analiza.


Suelo escuchar con frecuencia las afirmaciones de que las personas somos buenas o malas por
 naturaleza...Mukien Adriana Sang Ben nos presenta una síntesis de estas dos ideas a nivel del pensamiemnto filosófico, político, histórico. Y hace un planteamiento personal en este sentido. Es una lectura formativa e instructiva ¡A leer!

Mildred Dolores Mata

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ENCUENTROS

¿Bueno o malo? La gran pregunta.  Reflexión final

Mukien Adriana Sang Ben

Por: Mu-Kien Adriana Sang

Elegir es muy preciso.
Tras la elección construir
Destruir es necesario,
esa daga nos desangra.
Ante todo manos fuertes,
decisión imperturbable,
voluntad como el acero,
así se hará el mundo nuevo.
Y no solo será nuevo
Será nuevo... y mejor.
Lucha, pues, hermana mía.

Humildad, valor,... amor.
 Abraxas Caxas

No quiero convertir esta serie de artículos en una clase de Historia de las Ideas Políticas, como me dijo una persona que fue mi alumna en esa asignatura.  No era, ni es mi pretensión hacer una cátedra magistral convertida en monólogo solitario.

Esta serie de artículos ha sido motivada por una inquietud existencial, no intelectual. Repito, no puedo aceptar pasivamente lo que está pasando en el mundo. Me atormenta la simple pregunta ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué nos abocamos a la guerra? ¿Por qué alimentamos el odio? ¿Por qué no somos solidarios? ¿Por qué somos incapaces de fomentar el amor y la ternura?.

Recurrí al planteamiento de algunos pensadores buscando respuestas. Confieso que no las encontré, sino que surgieron nuevas preguntas.  Recordé en mi búsqueda a Thomas Hobbes, el padre del Absolutismo Monárquico, el hombre que, como Maquiavelo, estaba convencido de que el ser humano es malo por naturaleza, y por esta razón debíamos hacer un pacto con el Soberano quien nos aseguraba, haciendo uso del poder absoluto, que no nos autodestruyéramos; exigiendo a cambio fidelidad y sumisión sin límites. Pensé también en John Locke, el padre del concepto de sociedad civil y del gobierno civil; defensor, a diferencia de Hobbes y Maquiavelo, de la bondad humana por nacimiento, pero que necesitaba leyes para su convivencia.  Rousseau siguió los mismos pasos de Locke, y en su libro Emilio, expuso cómo la sociedad es capaz de modificar esa bondad natural, razón por la cual abogaba por la educación, como única salida.

En el siglo XIX nacieron, entre otras, las teorías liberales y las marxistas. La primera abogaba por la libertad absoluta en todos los planos, pero no planteaban nada acerca de la condición humana.  En el caso de la teoría marxista, lo que sostiene, como lo hizo Maquiavelo siglos antes, que los seres humanos defienden los intereses de las clases a las que pertenecen y  otorgaban todas las  bondades a las clases trabajadoras. El motor de la historia, decían, era la lucha de clases; porque los conflictos sociales entre amo-esclavo; siervo-señor feudal y obrero-burgués constituían la clave para el avance de  la historia en un camino que nacía en el inicio de los tiempos y terminaría cuando la sociedad llegara a la construcción del comunismo, el último estadio de la historia.  En el siglo XIX nació también el pensamiento idealista de Hegel, considerado el padre de la dialéctica y cuyos principios fueron asumidos por los marxistas, pero invirtiéndolos, pues para Hegel lo real eran las ideas, para Marx era la economía y sus relaciones sociales. Por supuesto la teoría marxista que caló profundamente en la juventud del siglo XX tuvo sus grandes opositores teóricos. Uno de ellos fue Karl Popper quien criticaba el determinismo histórico por el que abogaba, negando así la misma dialéctica que defendía.  Y uno de los más populares fue Francis Fukuyama que celebró por todo lo alto el triunfo del capitalismo y el fracaso del comunismo.

El siglo XX, ya lo he dicho en otras oportunidades, no se caracterizó por el nacimiento de nuevos pensamientos. Así como el siglo XIX parió verdaderas ideas que transformaron el mundo; este siglo se caracterizó por las guerras, el desarrollo económico y tecnológico. Las luchas entre el este y el oeste fue vencida a finales de los 80, al derrumbarse el muro de Berlín, símbolo de la cortina de hierro. El capitalismo triunfó y se hizo dominante en el mundo, imponiendo a cada rincón la cultura del espejismo desarrollador, donde lo importante no es el ser ni el pensar, sino la acumulación de dinero y bienes.
Sin embargo, hemos visto rupturas en las sociedades "ideales" de occidente. El movimiento hippie de los 60 fue una respuesta, incorrecta a mi manera de ver, a  la política armamentista norteamericana, de ahí su frase "Haga el amor, no la guerra".  La creciente tendencia hacia la cultura y filosofía oriental es una evidencia de la necesidad de buscar respuestas al vacío existencial que ha dejado la cultura de las luces superficiales del confort occidental.  Es más, y hago un planteamiento atrevido, el surgimiento de muchas religiones, oportunistas algunas e ideadas por malhechores vestidos de corderos, nos muestra que una gran parte de la sociedad exige cambios profundos en las religiones dominantes.

Una mirada somera a estos pensamientos y acontecimientos evidencia que desde el inicio de los tiempos, el ser humano está inconforme: inconforme con la sociedad recibida, inconforme con los resultados de sus luchas, inconforme con los dueños de la situación que han impuesto sus visiones acordes siempre a sus intereses.  Evidencia también el sueño, es más, la profunda aspiración de contar con un mundo mejor.  El hecho que los hindúes celebren sus muertos es la materialización de la esperanza de que el mundo desconocido es mucho mejor que el que dejó.  La mitología platónica nacida del mundo de las cavernas como el lugar mágico y maravilloso de Tomás Mora en Utopía; o el ideal absoluto de Hegel o el comunismo marxista, nos muestran ¡una vez más! la inconformidad y la necesidad de construir un mundo mejor.

Teorizaciones aparte, habla ahora la mujer que escribe estas líneas.  Como mujer creyente profunda en Dios, creo en la bondad humana; creo en la maravilla de la creación y estoy convencida que a través de los años se han producido milagros extraordinarios que han cambiado vida.  Sin embargo, la historiadora constata que el sacrificio de Cristo, crucificándose ante la cruz para redimir nuestros pecados ha sido mancillado con la conducta humana, en la cual ha prevalecido la envidia, la ambición y el deseo de dominio y control hacia el resto de la humanidad, sometiendo a las grandes mayorías a la voluntad de una sola persona. 

Como historiadora constato tristemente que  la historia de la humanidad se ha escrito con sangre y lágrimas, que las grandes revoluciones, nacidas de hermosos sentimientos de transformación culminaron en el otorgamiento del poder a líderes autoritarios  y sanguinarios. Solo unos ejemplos para edificar: el proceso de independencia de la India, Mahatma Gandhi, su líder, fue asesinado por un grupo minoritario, el resto ya lo conocemos.  La gran revolución rusa que dio al traste con el sangriento dominio de los Romanov. Las luchas internas trajeron como consecuencia el destierro de Trotski y el dominio sanguinario de Stalin, responsable de millones de muertes en Rusia y otros países europeos.  La gran revolución comunista en China, que buscaba la mejoría de ese pueblo golpeado y hambriento, cayó en manos del llamado grupo de los 12, y la mal llamada "revolución cultural" estuvo "acompañada" de más muertes y más dolor. No vayamos más lejos, la Revolución Haitiana, la primera revolución de esclavos en América, trajo consigo crisis y batallas internas por el poder, hasta que cayó en manos del Rey Cristóbal.

No sabría qué responder. Mi naturaleza humana me hace soñar como lo hizo Platón y Moro. Mis conocimientos de la historia entonces me obligan a llorar por esta humanidad que se autodestruye.

En los días que nos quedan
la mirada ofensiva y territorial
será la daga pequeña y brutal
que sabremos destruir.

Indagando en un muestrario
abaratado y pertinaz
quizás podamos elegir
un mundo mejor. 


Carmen Martínez Martínez

sangbenmukien@gmail.com

Sobre las Relaciones Domínico-Haitianas, historia. Por Mu-Kien Adriana Sang Ben

Mukien Adriana Sang Ben ilustra en este escrito el tema sobre  las relaciones entre Haití y La República Dominicana, en diversos aspectos. Narra sobre las alianzas, las diferencias, lo comúnen la economía.
Mu-Kien Adriana Sang Ben, historiadora dominicana, actualmente dirige un instituto sobre temas del Caribe, en la PUCMM, 2012

Recomiendo este artículo para formación de personas sin prejuicios, y con una mentalidad objetiva. Necesitamos sanarnos y aprender entre dos países en construcción y en esta isla compartida. Para que la bondad se adueñe de ella deberíamos ya construir y dejar atrás las malas querencias.


Felicito a Mukien por lo amplio de los temas que muestra en poco espacio y con serenidad. ¡¡¡A leer!!!

mildred dolores mata
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TEMAS SOBRE HAITI, REPUBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE
 
Relaciones dominico haitianas: mitos y verdades

Por: Mu-Kien Adriana Sang

mu-kiensang@pucmm.edu.do
mu-kiensang@hotmail.com

Mitos esfumados

A Henri Bangou


Por René Depestre

Mis viajes de alegre nómada antillano
me condujeron hasta mi abismo natal:
amo su espacio y su tiempo marinos en duelo,
su vida hecha añicos sobre mi desierto.
Lejos de mi infancia maravillada en Jacmel
mis rebeldías de loa de la poesía
son en mis viejos días estrellas muertas.
La ternura de la leche ha dejado de subir
a los pechitos de las hadas de mi generación.
En un muelle expuesto a los tsunamis de la tarde
mi odisea cabe en un pañuelo remendado
que agita todo un país que se esfuma.
Aquí está, presa de su autodestrucción,
vive a temperatura de su suicidio,
en mi corazón todo su azul sin norte
en torno a mis ensueños de poeta en pedazos.
¡Ay, perdiz mía, siempre en rumbo fijo hacia
un ultra sufrimiento demente del sufrir!
¡Ay, dulce loa de la paz y las armonías,
concede a mi poema su última gira
en esta hora del naufragar donde el ocaso haitiano
enciende su quinqué en mi frente desolada.
René Depestre
René Depestre, poeta haitiano

Nuestros países, República Dominicana y Haití, están, estamos, obligados a compartir la isla y a no continuar viviendo de espaldas, como si la realidad de una y otra no nos importaran o como si pudiésemos seguir ignorándonos.  Pretendo en este artículo plantear algunas verdades y mitos que han condicionado el imaginario colectivo tanto aquí como en el hermano país.

1.    El imaginario de la nacionalidad.   Sostengo que la construcción de la República Dominicana tuvo tres grandes momentos. La primera etapa se desarrolló en contra de Haití, una nación pequeña y vecina que a su vez había librado una de las más sangrientas luchas por configurar su propio Estado. La segunda etapa se desarrolló con la Guerra de la Restauración en 1865 en contra del imperio español; y la tercera, fue la derrota definitiva del proyecto anexionista por parte de Buenaventura Báez en 1869. Sin embargo, en el imaginario dominicano, la nacionalidad dominicana se forjó  en la lucha en contra del pueblo vecino. Estas ideas fueron definitivamente desarrolladas por el gran escritor conservador Manuel Arturo Peña Batlle, quien, para justificar el mito de que el pueblo dominicano era descendiente de España, por lo tanto blanco, no mulato ni negro, defendió la idea de que la incipiente nacionalidad dominicana se desarrolló inmediatamente después de las Devastaciones de Osorio en 1606. 

2.    Las luchas fronterizas como construcción de identidades.  Vuelvo a la tesis, ya comentada en esta columna,  de don Mario Góngora, quien afirmaba  que esas luchas por la frontera habrían forjado el sentimiento nacional en las naciones latinoamericanas. En esencia, decía, que la nacionalidad se había conformado sobre la base de la negación de lo que no somos. En el caso dominicano, la recién formada República había definido en las constituciones del siglo XIX que la frontera de la nueva República estaba determinada por la demarcación establecida en el Tratado de Aranjuez.  Se olvidaron los constituyentes, que un tratado posterior, el de Basilea, como    señalamos en el artículo de la semana anterior, lo había revocado. El conflicto entre ambas naciones duró desde 1844 hasta 1937, cuando Trujillo impuso por la sangre la actual frontera. Debemos mirarnos en el espejo de los demás países hermanos.  Las luchas fronterizas fueron momentos difíciles de la historia latinoamericana.  Se impone superar esos episodios dramáticos de nuestro pasado, mirando el presente con una óptica distinta, para poder construir un futuro distinto, más humano y con menos prejuicios.

3.    El anti haitianismo como unificación nacional y bandera de lucha del poder político dominicano. El pensamiento de Juan Pablo Duarte y de los trinitarios, fue coherente.  Respetaban al pueblo haitiano y le admiraban por su determinación de luchar por su libertad.  Decían, que si ellos habían tenido ese derecho, los dominicanos también. El liderazgo caudillista conservador, utilizó el anti haitianismo como un mecanismo de unificación nacional y una excusa para el militarismo, el despojo y el abuso de poder.   Buenaventura Báez, en el siglo XIX, planteaba que los males dominicanos venían de Haití.  Ulises Heureaux utilizó ese argumento en momentos de debilidad política.  Trujillo copió de Lilís y magnificó las ideas, creando, a partir de las brillantes ideas de los intelectuales adláteres a la dictadura, la tesis de la nacionalidad dominicana, la defensa del hispanismo como la cultura dominante en la conformación política y cultural de la nación dominicana. Balaguer siguió la tradición y, en su libro, La Isla al revés, magnificó tanto el peligro haitiano, que definió a sus habitantes como seres caníbales y endemoniados.  En el artículo de la próxima semana, utilizo el planteamiento de Frank Moya Pons, quien afirma que hay dos tipos de anti haitianismo, el histórico y el de política de Estado.

4.    A pesar de las diferencias, también aliados.  Desde la creación de la República Dominicana, los políticos haitianos y dominicanos se han visto en la necesidad de aliarse en determinadas coyunturas históricas. Esto se aplica a los liberales y  conservadores. Por ejemplo, intentando materializar el proyecto antillanista, Emeterio Betances logró alianzas formidables con líderes dominicanos, como Gregorio Luperón y Máximo Gómez. También con haitianos como lo fueron Fabré Geffrard, Antenor Firmín y Nissage Saget. A este proyecto se sumaron luego Pedro Francisco Bonó, el educador Eugenio María de Hostos y José Martí. Por el lado contrario, en determinados momentos, Trujillo hizo alianzas tácticas con su homólogo dictador haitiano Duvalier. 

5.    A pesar de las diferentes posiciones enfrentadas, se desarrolla una creciente actividad económica entre los dos países.  Según los datos que nos ofrece el Banco Mundial, Haití se ha convertido en los últimos diez años en el segundo socio comercial de la República Dominicana.  El primero, claro está, desde finales del siglo XIX, es la gran nación norteña, Estados Unidos.
Entonces, ¿qué nos queda?  La historia nos ofrece la información del pasado, de los errores y aciertos cometidos, para que, los que tienen la responsabilidad de dirigir los destinos, no repitan los errores y horrores de sus homólogos antepasados.
Todavía se manejan muchos prejuicios.  No tiene sentido negar la realidad. Como tampoco tiene sentido pretender que se esfumen de manera espontánea los mitos, leyendas, mentiras y verdades de una historia común, en la que ha primado, de ambas partes, tergiversaciones y verdades a medias.





Por una modernidad con alma: la apuesta de Mukien Adriana Sang Ben

Mukien Adriana, en este artículo nos habla de algunas de las distintas utopías de la humanidad por siglos. Termina asociando la patria como el amor, la solidaridad ,en un terruño. Denuncia el materialismo, el amor al dinero, como el signo que prevalece en el siglo XXI, y apuesta a la utopía de la dignidad y la solidaridad humana, como su norte, y el norte que nos propone. Y se aleja del desconcierto,  de la banalidad, en que mucha gente está sumergida. La política, luce encadenada, y a la violencia en las relaciones interpersonales. El amor al  dinero hace sufrir en las relaciones de hermandad, estamos sufriendo  por esta escala de valores. Mukien Adriana rechaza la modernidad sin alma.
A leer a Mukien Adriana!!!!

mildred dolores mata
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ENCUENTROS

 ¿Patria?

Por:  Mu-Kien Adriana Sang Ben

Patria,
jaula de bambúes
para un pájaro mudo que no tiene alas,
Patria,
palabra hueca y torpe
para mí, mientras los hombres
miren con desprecio las pies sucios y arrugados,
y maldigan las proles largas,
y en cada cruce de caminos claven una bandera
para lucir sus colores nada más...

Canto triste a la patria bien amada (fragmento), Héctor Inchaustegui Cabral

Decía Fustel de Coulanges, el célebre historiador francés del siglo XIX, que la patria es aquello que se ama y constituye la razón para luchar.  Inspirado en los movimientos políticos de la época,  como el liberalismo político, el intelectual, desde su cátedra universitaria, instaba a los jóvenes a amar y luchar por la patria, que en aquella época era  una utopía.   Sus ideas sobre sus convicciones liberales fueron publicadas en 1864 bajo el título,  La Cité antique  o La ciudad Antigua.  Aseguraba en su obra que en la antigüedad la noción de libertad era inexistente. Y que el concepto era un logro de la modernidad de su época. Aseguraba que  la humanidad contaba con una nueva autoridad sagrada y casi  divina que llamamos patria.

La patria fue el motor inspirador de los movimientos sociales y políticos del siglo XIX en Europa y América Latina.  Gracias a esa nueva palabra, los jóvenes de entonces forjaron sus sueños y sus utopías.  A ellos, a su entrega y a sus luchas heredamos estos países nuestros que hoy se desgarran entre sí.  Entonces no me queda más nada que preguntarme ¿En qué se ha convertido la patria hoy? ¿Tiene sentido la noción de patria en los inicios de la segunda década del siglo XXI, en la era de la cibernética, de la globalización económica?  No tengo respuestas a tan grandes preguntas.  Intentando responder nacieron otras más. ¿Será que la patria fue un momento de la historia, del capitalismo emergente, del liberalismo naciente? ¿Será que hoy el neoliberalismo ha sustituido los  sujetos políticos por los sujetos  económicos? ¿Será que ya no importan los sueños, sino las realidades?

La racionalidad histórica me demuestra que cada siglo tiene sus prioridades.  El siglo XV, en el momento del surgimiento de la burguesía comercial, se necesitaban nuevos mercados, por eso se produjo la aventura del descubrimiento (¿encubrimiento?).  El siglo XVII nos trajo la expansión y las luchas internas de los imperios europeos.  Perdió en la contienda España, la más atrasada de todas.  Con el nuevo siglo, el XVIII, la burguesía fortalecida necesitaba de una reorganización del orden político.  El control de la monarquía se hacía obsoleto, la burguesía quería tener participación en el ejercicio del poder político.  Entonces surgieron nuevas teorías políticas que se guiaron por las mágicas palabras de patria y libertad.  El siglo XIX fue la consolidación, expansión y fortalecimiento de la burguesía industrial. Fuero 100 años de grandes transformaciones sociales y nuevas y novedosas producciones intelectuales. Surgieron teorías contrarias que enfrentaban al capitalismo emergente y abogaban por la construcción de una sociedad igualitaria, Marx y Engels fueron los creadores de las nuevas teorías que inspiraron los  movimientos revolucionarios del siglo XX.  En el siglo pasado el socialismo real se convirtió en pesadilla. Su peor pecado fue el secreto de la libertad.  Las tensiones de la guerra fría fueron duras, largas y sangrientas.  En las postrimerías del siglo, el capitalismo ganó la batalla.  El mundo se convirtió en un gran mercado.  La cortina de hierro fue destruida.  Entramos al reino del poder del dinero y del desarrollo tecnológico. El siglo XXI, hasta ahora, en su primera década, no ha hecho más que consolidarlo: y, más aún, demostrar que a pesar de la burbuja financiera, el capital tiene múltiples fórmulas para sobrevivir a las crisis.

La sensibilidad de ciudadana, nacida en la mitad del siglo XX, testigo de actos heroicos de jóvenes que guiados por las ansias de libertad en contra de las manos opresoras de los dictadores, de izquierda o derecha, se lamenta con el derrotero que ha tomado el mundo.  La patria es hoy una falacia, una ficción, una noción del pasado.  La patria ya no inspira a los jóvenes. Ya no es motor de grandes hazañas. La patria no es nada. El dinero lo es todo.

Mientras tanto nos quedamos sólo con el país.  Es decir, el terreno enmarcado por fronteras políticas  impuestas.  Nos hemos quedamos sin patria, solo con la triste realidad del Estado; del poder político, por el que muchos aspiran, luchan y se enfrentan, pero pocos, muy pocos llegan. La lucha por el control de aparato estatal motiva a luchas tan mordaces y sórdidas que a ninguno de los partidarios le importa pisotear a quién se interponga en el  camino.  La ciudadana está triste porque, como dicen los poetas, la patria, nuestra patria, está plagada de egoísmos, injusticias y atropellos. ¿A quién deben cantar los jóvenes? ¿Sólo al dios dinero? ¿Al individualismo y al egoísmo?  Quizás esta ciudadana que escribe es una mujer producto de su época, y  que no quiere adecuarse, a las reglas ni al estilo que le impone la modernidad sin alma.

CUANDO RESIDO EN este país que no sueña
cuando vivo en esta ciudad sin párpados…
Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas
que se ha vuelto egoísta…
que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado
pienso que al fin ha llegado el momento
de decir adiós a algunas presunciones
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas
donde la indiferencia sea una palabra obsena….
La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa…
Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.
Nocion de Patria, Mario Benedetti