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Se necesita más humanidad de la Policía: Seguridad ciudadana con la ley

EL CASO DE LOS 3 JOVENES EJECUTADOS POR LA POLICIA

VIDEO 1: CUANDO SE LO LLEVARON SUMAMENTE MALTRATADOS

http://www.youtube.com/watch?v=DnOYj_XNI1c

VIDEO 2: LA REACCION DE LAS MADRES SOBRE LOS ASESINATOS Y

http://www.youtube.com/watch?v=Gu8HXj7-Z3M&feature=related

AM / DIARIO LIBRE / 3 DE MAYO 2008

LOS LIMITES

Es imposible no escandalizarse, acongojarse, ante las imágenes mostradas por Telesistema. Tres ladrones, entre 16 y 18 años, son apresados por la Policía después de recibir una brutal paliza, al
parecer propinada por vecinos que los sorprendieron robando en un colmado. Uno de ellos, -literalmente doblado en dos, no es una metáfora- suplica al periodista que no le deje solo y que llame a un médico. Otro camina ensangrentado pero se sube por su propio pie. Se deja amarrar con una soga, sin resistencia. El tercero, sangrando en el suelo parece terriblemente malherido. Este es arrastrado por la calle como un perro y arrojado a otro vehículo policial. Los tres,
horas después, aparecieron.

.. ¡muertos!

Normalmente hacemos creer que asumimos que los "intercambios de disparos" son eso, intercambios de disparos entre delincuentes y policías en los que afortunadamente, "gana" la Policía. Pero ante la crueldad de este caso es imposible cerrar los ojos, cruzar los dedos y convencerse de que estas cosas pasan para el bien de la sociedad.

¿Exigir que los policías no ejecuten es ponerse de lado de los delincuentes? ¡No! Es exigir que no se comporten como los ladrones, asaltadores, y asesinos de los que nos tienen que defender.
¿Matándolos una vez detenidos? ¡No! ¿En qué se diferencian entonces de los delincuentes?

¿Qué sociedad somos? ¿Tan desprotegidos nos sentimos que cuando la multitud atrapa a un ladronzuelo, quiere sangre y lo lincha? Pero ya saben, no comenten mucho esto, que, total, eran ladrones, y se afecta la imagen del país.

IAizpun@diariolibre.com

Inseguridad ciudadana desde la Policía en La Caleta, Boca Chica: Edith Febles

Sobre los hechos que atentaron contra la vida de tres ciudadanos/as inocentes en La Caleta, Boca Chica, República Dominicana


La mujer histérica de la Caleta

Por Edith Febles

Ayer caminé durante horas por las calles de La Caleta, en Boca Chica.

La sangre se negaba a desaparecer del suelo pese a la lluvia. La comunidad estaba en la calle. Apenas comenzaba el recorrido cuando un hombre alto, de unos 42 años, se acercó al periodista local que me acompañaba para decir: "Lo que ocurrió anoche fue una masacre. Yo soy militar. No les he dicho nada. Pero investiguen". Eran las 9:30 de la mañana.

Aquel gesto fue el primer amago de lo que se convertiría en rutina.

El pueblo estaba indignado.

Una señora de unos 80 años, desprovista de dientes, se acercó para que le escuchase. Joven, ¿usted es periodista? ¡Por Dios, haga saber que aquí mataron gente inocente! La actitud era colectiva.

Bien entrada la calle contemplé a unas 40 personas afanados en conversar con los periodistas de Diario Libre. En otra esquina, otro grupo no menor, hacía lo propio con Roberto Valenzuela, de El Caribe.

Las cámaras ganaban espacio entre otros grupos formados de forma espontánea.

Seguí escuchando a la gente. A la que hablaba conmigo. A la que se dirigía a otros vecinos ignorando ser escuchados. El dolor y la indignación casi eran palpables de tan reales.

Me encontraba hablando con los moradores cuando un joven se acercó y me dijo: "Señora, hay alguien allí que quiere decirle algo. Me llevó de un callejón a otro hasta concluir en una sala oscura, donde tres personas aguardaban. "Es muy delicado lo que queremos darle. No diga que se lo dimos". Entonces, para mi sorpresa, encendieron un sonido de grabador con bajísima calidad técnica, casi imposible de reproducir. Dijeron que aquella era la grabación del momento en que el terror se apoderó del barrio. ¡No lo maten Dios mío, no lo maten,
no lo maten, no lo maten!. Ese grito se repetía en voces cercanas y lejanas y solo se vio interrumpida por la voz de alguien que dijo:

¡Carajo, han matado a un coronel, carajo!. Lo demás eran voces confusas, voces de pánico, gritos, alarma.

Salí de allí para seguir caminando en aquella especie de romería colectiva en torno a los rastros sangrientos. Las diligencias me permitieron acumular imágenes de los primeros momentos. Imágenes de los muertos con tiros cercanos, en sus cabezas, de las mujeres clamando justicia, de un general prometiendo esclarecimiento, de un coronel fallecido en su jeepeta.

Pero de todas las imágenes del día la que más impacto me causó no llegó hasta las cuatro de la tarde. Fue la imagen de las consecuencias. A esa hora me senté en el borde de un colmado aguardando la llegada de uno de los muertos procedente de Patología Forense. Fue entonces cuando aquel niño me llamó. Hasta ese momento no pensé en los niños del pueblo. Atraída por los testimonios de los
adultos no pensé en ellos. A partir de entonces no pude ignorarlos y lamenté no haberlos tenido en cuenta.

El niño no debía tener más de seis años. Los pies sucios. La camisa roída. "Señora, ¿usted es de los periodistas?, preguntó. Al responderle afirmativamente me dijo: "Le tengo una cosa, le tengo una bala".

Y se acercó. Abrió sus manitas. Y mostró el casquillo oxidado de lo que alguna vez fue una bala. Le expliqué que aquella bala era antigua. De todas formas él la recuperó y la guardó en el bolsillito de su pantalón remendado. En ese instante me di cuenta que no había
hablado con los niños del pueblo. ¿Cómo pude pensar en cubrir una tragedia sin hablar con ellos?.

Para reparar mi descuido desde entonces solo hablé con ellos, exceptuando los escasos minutos que conversé con el cura y el representante de los derechos humanos.

El chico portador de la bala me comentó que cuando comenzaron los tiros su madre lo metió debajo de la cama, dijo que cuando todo acabó su hermanito, de tres años, preguntó a su madre si se había marchado el cuco.

Me encontré rodeada de niños y niñas. La experiencia de todos era parecida. Al momento del tiroteo lo pasaron debajo de las camas, debajo de los muebles, debajo de un cajón, en fin, debajo de algo.

Otro pequeño, de ocho años, lloroso, me dijo: "se llevaron a mi mami y a mi papi. Mi tía dice que no sabe donde lo tienen. ¿Usted cree que lo van a matar?. Era obvio que allí faltaban psicólogos. Traté de
tranquilizarle diciéndole que la Policía no podía retenerles más de 48 horas. Que esperara otro rato, que sus padres llegarían.

Entonces, otro chico más despierto y avispado me comentó ser hermano del lloroso. "Oiga señora, yo le voy a decir lo que pasó"- ¿Usted ve aquella casa", dijo, mientras señalaba la residencia donde –según la Policía- estaba guardado el dinero que el fallecido coronel trataba
de recuperar.

"Llegó una jeepeta y se apearon dos hombres armados. No parecían policías. No tenían nada de policías, y comenzaron a dispararle a esa casa. Nos trancamos. Entonces, por la puerta de atrás llegó la señora
de la casa gritando. Mi mamá le abrió la puerta de atrás 'juyendo'.

Ella estaba muy asustada. Ella sufre del corazón. Su hija llegó con ella. Decían ¡ladrones, ladrones! Ellas se trancaron con nosotros y se oyeron muchos tiros. La señora estaba muy mal. Luego vino la Policía y le dieron agua porque se estaba poniendo mala y se la llevaron. Después se llevaron a mi papá. Mi mamá protestó y también
se la llevaron. Nosotros dormimos solos". Aquel niño no pasaba de diez años. Es el mayor en la casa.

Para entonces estaba rodeada de niños. Unos 20 chiquitines se convirtieron en mis guías. Me llevaron al patio de la residencia donde se resguardó la citada señora y mostraron un boquete abierto en la empalizada de cinc y alambres de púas. ¡Gracias a Dios las mujeres
pudieron pasar por aquí, gracias a Dios, porque las iban a matar!, dijo uno los niños. No le pregunté su edad, pero a juzgar por su tamaño calculo que no pasa de seis años.

Decidí hacer el recorrido de la señora a quien la Policía inculpó como responsable de las muertes por sus gritos de auxilio. Su histeria, a juicio policial, había sido el detonante.

Con los niños fui a su casa. En grupo, me enseñaron lo que los adultos no me habían mostrado. El lugar de la puerta de hierro donde el tiro hecho, supuestamente, por uno de los policías que acompañaba al coronel, dobló la protección de hierro, rompió el candado y se proyectó sobre la pared.

Fue entonces cuando la dueña de la casa salió corriendo por la puerta de atrás clamando ayuda. Y sí, como dijo el niño, tuvo suerte de poder romper una hoja de cinc de aquella empalizada tan tupida.

Luego, hablando con el cura del pueblo, le pedí razonar sobre algo tan humano como la histeria, de modo particular sobre la histeria de aquella mujer. Si a su casa –dijo el sacerdote- llegan unos hombres armados, de noche, vestidos de civil, sin fiscal, sin orden judicial,
tirando tiros a su puerta, en una jeepeta privada, ¿usted que haría?".

"Yo –culminó el cura- pensaría que son delincuentes. Por eso digo que esto es un caso muy extraño. Hasta yo gritaría", terminó.

A esta hora leo los diarios. Algunos recogen nueva vez la historia de aquella mujer histérica como parte de una componenda. Y las palabras del cura retornan a mi mente. "Si llegaran a su casa de esa forma ¿usted que haría?".

http://www.elnuevodiario.com.do/app/article.aspx?id=101702

Matar: la política de seguridad ciudadana que no trae seguridad: Nassef Perdomo Cordero

¿Matar supuestos delincuentes pobres en "intercambio de disparos", es la política que queremos de seguridad ciudadana?

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PUBLICADO EN LA SECCION FIRMAS DE CLAVE DIGITAL EL DIA martes, 19 de febrero de 2008

LA PIEDRA EN EL ZAPATO

De impíos e intercambios de disparos

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Nassef Perdomo Cordero - Abogado. Actualmente cursa estudios de doctorado en Derecho Constitucional

Cuentan que en el lejano pasado, en un apartado lugar vivió una vez un hombre extraordinario. Tan extraordinario que fue capaz de elevarse por encima de las duras realidades de su época. Predicó el amor y la necesidad de atender al valor de la dignidad ajena, incluso la de nuestros enemigos. El precio que pagó fue muy alto, pero su mensaje quedó entre nosotros y cambió el mundo.

Hoy, sin embargo, muchos de quienes se dicen sus representantes en la Tierra han trastocado ese mensaje por uno de agresividad. Han terminado pareciéndose más a los adversarios del carpintero que a sus discípulos. Para ellos la solución de todos los problemas se puede encontrar en el ejercicio –incluso brutal- de la fuerza estatal. Todo, todo se soluciona con “mano dura”.

Se han olvidado de que el mensaje que sirve de justificación a todos sus privilegios es completamente distinto de lo que ellos mismos dicen. Traicionan la Palabra y el espíritu de la misma.

Demuestran que, de haber sido contemporáneos del carpintero, hubieran apoyado a Caifás y los saduceos. La alianza con el poder terrenal es tal que, incluso sus excesos son vistos como buenos sólo porque los han llevado a cabo los gobernantes.

Recientemente la Policía Nacional –que ha vuelto a sus andadas con la actual jefatura- mató a 8 ciudadanos dominicanos en apenas dos días. Buena parte de la opinión pública elevó su voz con entendible preocupación. ¿Qué hace la Policía? ¿Es esto correcto? ¿Lo permiten las leyes? Preguntas pertinentes sobre todo porque en uno de los incidentes los vecinos escucharon como los policías que habían “actuado” se repartían el botín como si de los Cuarenta Ladrones se tratara.

Lejos de acompañar esa legítima preocupación, el más alto jerarca de la Iglesia Católica hizo unas declaraciones muy parecidas a aquellas a las que ya nos tiene acostumbrados. Pasando por alto el “No matarás”, celebró las acciones de la Policía y afirmó que eso debe ser un elemento fundamental de la política de “seguridad” del Estado. Lo que es más, en franca contradicción con su supuesto modelo dijo que no se puede tener “contemplaciones piadosas”.

Si este señor hablara menos y pensara más se daría cuenta de que es imposible determinar cuando realmente ha habido un “intercambio” de disparos. Y que, en todo caso, tenemos que confiar siempre en la palabra de los matadores.

Eso teniendo en cuenta que provienen de una de las instituciones estatales más demostrablemente corruptas que hay en el país. Pero además, lo hace ignorando la gran cantidad de casos en los que se ha comprobado que ha disparado sin preguntar.

Pero claro, es a los condenados de la tierra que se le aplican esos castigos. A los banqueros y publicanos se les trata con guantes de seda. Incluso se les celebran misas de acción de gracias en el aniversario cuando celebran un año más de medios adquiridos con dinero del pueblo.

No. Es a los otros que hay que caerles a tiros. San Agustín de Hipona tiene que estar revolcándose en la tumba. Ya nadie escucha la advertencia que hizo en el Capítulo IV del Libro IV de La Ciudad de Dios. Allí el Padre de la Iglesia afirmó que lo único que diferencia a los gobernantes de los bandidos es que los primeros actúan con justicia.

No hay duda entonces que solicitar a los policías que disparen indiscriminadamente sobre quienes ellos sospechen de ser delincuentes es pedirles que se conviertan en bandidos. Como consecuencia, los ciudadanos comunes y corrientes estaremos atrapados en el fuego cruzado y sin poder confiar verdaderamente en la Policía Nacional. Pero al alto jerarca eso no le importa porque, reitero, él y los suyos no serán víctimas nunca de un “intercambio”.

Quien no tiene “contemplaciones piadosas” es, por definición, un impío. Y también quien propone esa forma de actuar. Así las cosas, no debe sorprendernos tanto que el jerarca insista –como siempre ha hecho- en parecer más discípulo de Júpiter Tonante que del humilde carpintero.

WWW.CLAVEDIGITAL.COM http://www.clavedigital.com/Firmas/Articulo.asp?Id_Articulo= 10117

Eficiencia policial detención de pederasta con 200 videos abusando de niños/as

Felizmente, eficiencia en investigación criminal de la policía a nivel internacional

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BBCMundo.com

Presunto pederasta atrapado

Un sospechoso pederasta que movilizó al mundo en su captura, fue arrestado en Tailandia el viernes, informó la policía.

Christopher Paul Neil, un canadiense de 32 años, fue detenido en la provincia Nakhon Ratchasima, en el noreste de Tailandia, según dijo el portavoz policial.

La policía empezó la búsqueda de Neil luego de identificarlo -a través de una serie de imágenes de internet- como el hombre que al parecer estaba abusando de niños.

Neil ingresó a Tailandia la semana pasada desde Corea del Sur, donde había estado trabajando como profesor de inglés.

Búsqueda internacional

Las policías de Tailandia, Camboya y Vietnam habían estado buscando a Neil desde que llegó a la región.

"Fue arrestado el viernes por policías de turistas en el noreste de Tailandia", declaró un oficial de la policía a la agencia francesa de noticias AFP.

Otro agente indicó que Neil podría ser llevado a la capital tailandesa, Bangkok, en el transcurso del día.

La Interpol (policía internacional) había hecho una petición mundial para que le ayudaran a identificar a un hombre que aparecía en más de 200 imágenes de internet abusando sexualmente de menores.

La cara de Neil había sido codificada digitalmente, pero la Interpol usó un software para crear una imagen del sospechoso que pudiera ser utilizada en su búsqueda.


Nota de BBCMundo.com:

http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/hi/spanish/international/ne wsid_7052000/7052072.stm

Publicada: 2007/10/19 05:38:43 GMT

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