"...al entrar un señor con una bandeja de té, ella misma se interrumpió en medio de una frase, le dirigió una sonrisa cariñosa y le dijo: "Buenos días, Miguel. Muchísimas gracias"." Michelle Bachelet, un modelo de socialismo sin enfermedades con la patología del poder, debilidades, a veces propias del caudillismo y de los patriarcas, y de la prepotencia neoliberal, que no sabe de interiroridad para vivir, los $$$ los confunden y apenas viven para comprar, coleccionar, vanidades, y cero compasión para la suerte de todas y todos. mildred d _______ ENTREVISTA Michelle Bachelet Presidenta de Chile "Los hombres sienten más una atracción fatal por el poder" JOHN CARLIN 01/11/2009 Durante los 20 años transcurridos desde el final de la guerra fría, América Latina ha pasado de ser un continente plagado de déspotas y dinastías políticas a ser uno en el que se impone, de norte a sur, la democracia electoral. Pero lo que no ha cambiado del todo es el ansia de los gobernantes por eternizarse en el poder. Convencidos, como Louis XV de Francia, de que después de ellos, el diluvio, buscan cómo cambiar las reglas del juego para poder presentarse a la reelección. Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, ofrece el caso más notorio, pero su némesis, Álvaro Uribe, de Colombia, también da señales de haber caído en la misma tentación. Igual que Daniel Ortega en Nicaragua y, en su día, Alberto Fujimori en Perú y Carlos Menem en Argentina. Michelle Bachelet, la presidenta de Chile, en cambio, no evidencia ningún interés en prolongar su mandato más allá del límite de cuatro años que impone la Constitución. Pese a que los últimos sondeos le dan un 76% de apoyo popular, un logro mayor en un país hasta hace muy poco partido políticamente por la mitad, la socialista Bachelet no ha sucumbido a la droga del poder. Habrá elecciones en Chile en diciembre y ella abandona la presidencia en marzo, pero afronta los pocos meses que le quedan al mando de su país con filosófica, e incluso risueña, serenidad. Durante una entrevista con EL PAÍS en el palacio presidencial de La Moneda, y una segunda en su casa dos días después, prefirió no hacer comparaciones entre su forma de entender la política y, por ejemplo, la de Hugo Chávez. Con la cautela y sensatez que caracteriza a su Gobierno y a gran parte de su pueblo, insistió en que "nosotros los chilenos nunca hacemos comentarios sobre otros países". No se cortó, por otro lado, a la hora de definir sus principios, que la colocan claramente del lado no del chavismo bolivariano, sino de la izquierda pragmática que gobierna en Brasil y Uruguay, y tampoco tuvo ningún reparo en sugerir que la patología del poder podría quizá incidir con más virulencia en el hombre que en la mujer. Doctora en medicina, ex ministra de Defensa de su país, Bachelet, de 58 años, es simpática y humilde, vivaz y pensativa, cualidades que detectan en ella la gran mayoría de chilenos, razón por la cual han adoptado a su primera presidenta de la historia como la primera madre de la nación. Un detalle durante la primera parte de la entrevista, no muy común en personajes poderosos: al entrar un señor con una bandeja de té, ella misma se interrumpió en medio de una frase, le dirigió una sonrisa cariñosa y le dijo: "Buenos días, Miguel. Muchísimas gracias". Pregunta. Ya que goza de una enorme popularidad entre el electorado chileno, ¿se le ha pasado por la cabeza cambiar la Constitución de tal modo que pueda repetir en la presidencia? Respuesta. Creo que en la vida como en la política hay que ser ética y estética. Jamás cambiaría yo una situación para beneficio personal. Si yo alguna vez hubiera pensado que hay que hacer un cambio a la Constitución, habría mandado un proyecto de ley que hubiera entrado en vigor desde el próximo gobierno en adelante, no para el propio. Creo de verdad que no es una buena política que las personas arreglen las legislaciones, el mundo político, la autoridad a su tamaño. Los cambios en las leyes, en las instituciones tienen que ser para mejorar la situación del país, no las situaciones personales. Eso no me interesa, y no estoy de acuerdo. P. Pero, tras vivir cuatro años la pompa del poder, ¿puede entender esa desesperación de algunos por no abandonarlo? R. No soy un buen ejemplo para contestar eso. Lo único que quiero hacer en los meses que me quedan es cumplir los compromisos con la gente, porque a eso vine. Ahora... algunos dicen que el poder es sexy. Pero a mí no se me ha generado esa droga. El boato no me impresiona, ni los fuegos artificiales. Lo que sí he visto es que tiene que ver en algunos casos con la ambición personal, que puede ser ambición de fama. También he visto que hay en esto algo vinculado al género. No sé si es un tema de la naturaleza, o si es cultural, antropológico o biológico, o está relacionado con el momento de la historia en el que estamos. Pero he visto habitualmente en el trabajo (aunque, debo de insistir, hay de todo) que en general las mujeres se relacionan con el poder más desde la óptica del servicio a los demás. P. ...Mientras que el hombre... R. No quiero caricaturizar..., pero... parece ser que en el caso del hombre se ofrece una suerte de atracción fatal más potente por el poder. Le pasa una cosa distinta (aunque insisto en que hablo en términos generales, y hay excepciones). Se le produce una atracción por el poder que vive de manera diferente de una mujer. No estoy hablando de presidentes de la república. Lo he visto en jefaturas diversas, ministerios, muchos sitios: hay gente espléndida, encantadora, que cuando llegan a un cierto cargo se transforman en pequeños dictadores. Algo les pasa con las alturas. Llegan y se marean. No es que no pase con las mujeres, pero mi pregunta es si las mujeres no han tenido todavía suficiente exposición al poder para mostrar estas características, si a lo mejor es sólo un problema de tiempo, os es que hay algo más ontológico. P. ¿Cuál cree que es la respuesta? R. Éste es un juicio empírico; no pretendo armar una teoría, pero... Hay una mujer llamada Gilligan que ha hecho estudios de neurociencia basándose en observar cómo el niñito y la niñita resuelven los conflictos en los jardines infantiles. Ella dice que todos quieren resolver el conflicto (por eso no digo que los hombres llegan al poder a hacer una cosa mala y las mujeres una buena), pero las mujeres, cuando resuelven un conflicto, buscan el win-win solution. Buscan que el resultado sea bueno, pero no a costa de muchos heridos en el camino, sino de que ojalá todos salgan ganando. En cambio, los hombres se preocupan más por el resultado que por el proceso. No quiero asegurar que esto sea completamente cierto. (¡Y no digo que las mujeres son mejores que los hombres!). Pero lo que sí quiero decir es que creo que hay que buscar el mejor aporte de mujeres y de hombres, porque aparentemente hay algunos rasgos de liderazgo que pueden ser distintos, y con liderazgo complementario una sociedad puede hacer más cosas. P. Un rasgo típicamente masculino de su presidencia que los chilenos han resaltado últimamente, tras el regocijo nacional por la reciente clasificación de Chile para el Mundial de Suráfrica el año que viene, es que usted ha invertido más que cualquier presidente anterior en el fútbol, concretamente en la construcción de estadios nuevos. Explique esto. R. Como médico, entiendo que el deporte es esencial para la salud física y mental. Así se genera una sociedad más sana y más integrada, y por eso mi apoyo al fútbol. Mi percepción es que hay que hacer una sociedad en Chile que garantice derechos, y derechos sociales y económicos, pero también el derecho al deporte, a la recreación, lo que hace que la gente sea un poco más feliz. P. En los últimos años ha surgido el concepto de la economía de la felicidad, algo intangible más allá de las estadísticas... R. Es muy importante porque a veces uno mira a un chileno, la imagen que hay de Chile en el exterior, que es la imagen que tenemos de nosotros mismos, y ve que somos hipercriticones. Siempre vemos el vaso medio vacío y no medio lleno. Es un elemento cultural, porque uno va a otros países y ve otras cosas. Le doy un ejemplo. Un embajador de mi país en otro país latinoamericano (prefiero no decir cuál), donde había miles de problemas, mucha pobreza, me dijo que veía a todo el mundo feliz; que su chófer estaba siempre feliz. Le preguntó al chofer: "¿Por qué ustedes son tan felices teniendo tantos problemas?", y el chófer le dijo: "Entonces, ¿usted quiere que, además de pobres, seamos miserables?". ¡Es buenísima la anécdota! En cambio, nosotros somos mucho más serios, tenemos una estructura distinta, y eso tiene la dificultad de que a veces no nos sentimos orgullosos de lo que hemos sido capaces de construir. Pero tiene de bueno por otro lado que somos serios, que respetamos las normas, que somos exigentes con nosotros mismos, que no nos quedamos con las respuestas fáciles ni con los aplausos. Y eso nos ha permitido que las instituciones funcionen. Y si las instituciones no funcionan, hay una crítica lapidaria; y por estas razones, en parte, a Chile le ha ido bastante bien, ha hecho las cosas que ha hecho, ha sido capaz de recuperar la democracia y reconstruir el país. P. ¿Y capaz de ser feliz también? R. Es un tema importante. Cuando yo voy al terreno y la gente en la calle me abraza, cariñosa, y me dice: "Sabe que éste es un país al que le ha ido bien, pero nosotros necesitábamos algo más humano, más calentito, más arropadito, como las mamás". En el fondo, eso quiere decir que no nos basta con ser exitosos en la economía, también queremos algo para ser un poco más felices. P. El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, dijo hace un par de años que las empresas españolas estaban "a gusto" en Chile porque trabajan en un país "serio y moderno", "un ejemplo para Latinoamérica y para el mundo"... Uno ve a Chile desde lejos y tiene la impresión de que es el alumno prolijo, serio, en una clase en la que hay bastantes gamberros... R. Esos factores que hacen que Chile sea menos alegre de lo que podría ser también son positivos porque dan un contenido de seriedad, de desarrollo, que nos sirve a la hora de que los inversionistas tienen que elegir en qué países entrar. El chileno es autoexigente, las cosas pasan de manera bastante ordenada, articulada, estructurada, y además hay un nivel educacional muy bueno desde hace muchos años atrás, con altísima cobertura. Entonces los valores se aprenden desde muy chico en el colegio, el valor de la institucionalidad, que es la clave en esto. Una pregunta que me interesa mucho es por qué tiene Chile menos corrupción que otros países. Fuimos todos colonias españolas, las iglesias son las mismas... Pero es una realidad, y es algo muy antiguo: Chile es un país serio y responsable, y desconozco exactamente por qué. Me gustaría estudiar la cuestión más a fondo algún día. P. En un continente en el que sigue teniendo mucho peso la ideología, su Gobierno parece definirse por el pragmatismo. ¿Cómo definiría su filosofía económica? R. Si uno quisiera resumirlo en un concepto, diría: crecer para incluir, incluir para crecer. Equilibrio macroeconómico, cuentas saneadas, responsabilidad fiscal: todo esto, claro. Pero, a la vez, con políticas sociales muy fuertes que, a medida que crece el país, van incluyendo a todos, y que al mismo tiempo den confianza e incentivos a la inversión doméstica y externa y a la empresa privada. Siempre, también, con las regulaciones necesarias, luchando contra los abusos y la corrupción. O sea, buscar eficiencia económica, pero a la vez protección. Y entender que en un país de 16 millones no se vive del consumo interno. Tenemos más de 56 tratados de libre comercio con el mundo. Pensamos que es buena la globalización y hay que buscar oportunidades. Creemos que el libre comercio es una oportunidad. Hay países que lo ven como una amenaza. P. Repitiendo, entonces, ¿el pragmatismo por encima de la ideología...? R. Para mí, a los 20 años de edad, pragmatismo era una palabra grosera. Pero hoy le doy otro tono. Me encanta lo que decían los griegos: "El pragmatismo es la capacidad de hacer realidad los sueños". ¡Es verdad! Al final, no es cuestión de ser pragmáticos por ser pragmáticos, sino que gracias a ello hemos logrado disminuir fundamentalmente la pobreza, hemos logrado hacer un país que se desarrolla. Yo mantengo los mismos sueños que siempre, pero he aprendido que los instrumentos pueden ser otros. Este pragmatismo ha permitido cambiar la cara de este país. P. ¿Cuál ha sido el mayor logro político de su presidencia? ¿Tendrá que ver con la unificación de un país que hasta hace muy poco estuvo partido en dos por el fenómeno Pinochet? R. Hemos avanzado mucho en el reencuentro entre esos dos Chiles. El entendimiento llega a través del diálogo o, cuando el diálogo no es posible, a través de mecanismos democráticos y pacíficos que tenemos para resolver nuestras diferencias. Siempre he sido una persona que ha buscado el diálogo, los puntos en común. Desde chica, incluso. La empatía, ponerse en los zapatos del otro: eso para mí es natural. En unas clases de resolución de conflicto en las que participé en Estados Unidos entendí que una de las cosas que más le costaba a las partes era tratar de entender qué es lo que de verdad estaba pasando, más allá de lo que se decía. Insisto: uno tiene que tratar de ponerse en los zapatos del otro para buscar la fórmula. P. ¿El resto del mundo político ha entendido el mensaje? R. Esto para mí es muy importante y muy central. Por eso uno de los proyectos para nuestro bicentenario que estoy haciendo es el museo de la memoria. Se llama La memoria y los derechos humanos y será un museo gráfico, vívido para mostrar lo que pasó en nuestro país. Por un lado, mucha tragedia, dolor y muerte, pero para terminar en un discurso que yo permanentemente señalo: que depende de nosotros cuidar lo que hemos sido capaces de construir, que es un país más aceptador de la diversidad, un país que saca las lecciones del pasado. Los parlamentarios rivales se pueden decir de todo en el terreno político, pero en un partido de fútbol se abrazan. Muchas veces, cuando viajo fuera, llevo parlamentarios de todos los partidos, y así se generan las condiciones para hablar en otro plan. Hay que buscar los espacios para consolidar esta tendencia. P. Volvamos a su condición de mujer. Usted es una mujer presidente en un continente -un mundo- machista. ¿Habrá sufrido, como Hillary Clinton señalaba, eso de que la gente se fija menos en lo que dice que en su pelo, su ropa?, ¿habrá tenido que soportar actitudes paternalistas o incluso quizá haya sacado ventaja de una tendencia a subestimarla? R. Ha habido todo lo que usted menciona, ¡por supuesto! Desde críticas al pelo, la ropa, el peso... Aquí ha habido gente de la política, hombres, de un cierto peso, pero eso era sinónimo de poderoso. En cambio, una mujer es una gorda. Si a un presidente, un hombre, en un momento muy emocionante se le llenaban los ojos de lágrimas, era un hombre sensible; en cambio, una mujer era una histérica. Estoy contando lo que salía en la prensa, no fantasías mías. Yo podría contar millones de anécdotas de este tipo. P. Tremendamente frustrante, ¿no? R. Sí, pero me doy cuenta de que tiene que ver con lo nuevo, lo inédito, con que la gente se maneja con códigos masculinos para relacionarse con el poder. Si uno daba una instrucción en una voz tranquila, no siempre el que le escuchaba, si era hombre, se daba cuenta de que era una orden. U otros que se resienten claramente, que se resisten a la jefatura femenina. Al comienzo hubo mucha crítica, prejuicio, machismo, subestimación, sin duda. Una vez, uno, creyendo que me estaba diciendo un tremendo piropo, me dijo: "Usted es de lo más inteligente que he conocido como mujer". . Pero yo creo que es la experiencia de todas las mujeres del mundo que trabajan, que son profesionales. Tienen que trabajar el triple y ser triplemente buenas para que las reconozcan. Me pregunto: ¿será la manera en la que las mujeres nos planteamos los temas?, ¿será algo en la estructura del pensamiento para que lo mismo dicho por un hombre suene maravilloso y dicho por una mujer no logra convencer? No sé... P. Pero ¿se ha avanzado desde aquellos comienzos? Usted ha sido una pionera, la primera mujer en América Latina no casada con un ex presidente que ha llegado a la presidencia. ¿Ha allanado el camino para las que siguen? R. ¡Sí! Y ha sido maravilloso, y a mí que soy médico -soy pediatra- antes las niñas me decían: "¡Quiero ser como tú, quiero ser doctora!". Ahora me dicen: "¡Quiero ser presidenta!". Ha sido un proceso, paso a paso, día a día. Hoy vemos que ha habido un cambio cultural. Las mujeres tienen la autoestima más elevada. No hay veto ahora. Todo es posible. Y lo interesante hoy es que ya no es un tema. Creo, de verdad, que ya no lo es. © EDICIONES EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 337 8200 http://www.elpais.com/articulo/reportajes/hombres/sienten/atraccion/fatal/poder/elpepusocdmg/20091101elpdmgrep_4/Tes | |
Un blog de opinión e informaciones enfocado en temas relacionados con los derechos de la mujer. Soy una demócrata radical en el desarrollo de las naciones, con la equidad e igualdad social, económica y política de los ciudadanos/as dominicanos/as y del mundo.
También encontrarás algunas producciones literarias buscando un sentido de interioridad y una visión universal.
Mostrando las entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas
Una socialista no seducida por el poder personal: Michelle Bachelet
En Chile, Michelle Bachelet y Andrés Velasco, Ministro de Hacienda, han sabido ahorrar, y progresan!!!
Chile se ha enamorado de Bachelet
El tándem formado por la presidenta y su ministro de Hacienda, Andrés Velasco, cosecha unos índices de aprobación inéditos en plena crisis
MANUEL DÉLANO - Santiago - 06/07/2009
El presidente de EE UU, Barack Obama, lo reconoció hace un par de semanas en la Casa Blanca, cuando fue anfitrión de la presidenta chilena, Michelle Bachelet: Washington puede aprender una "buena lección" del manejo que Chile ha hecho de la economía, dijo Obama. La receta de La Moneda tiene un ingrediente bíblico que todos los Gobiernos conocen pero muy pocos aplican -ahorrar en tiempos de vacas gordas para los periodos de vacas flacas-, y dos protagonistas que han logrado un récord de aprobación en la opinión pública: Bachelet y su ministro de Hacienda, Andrés Velasco.
Bachelet ascendió hasta un 74% de aprobación, el porcentaje más alto logrado por un presidente desde el retorno a la democracia en 1990, y Velasco, con un 68%, se consolidó en junio como el ministro mejor evaluado del Gabinete, según la encuesta mensual de Adimark, una de las empresas serias de medición de opinión pública en este país.
Los porcentajes elogiosos parecen casi abrumadores para una democracia: un 89% dice que Bachelet es "querida"; un 86%, que es "respetada"; un 80%, que es "creíble"; un 78%, que tiene "capacidad para enfrentar situaciones de crisis"; un 76%, que "cuenta con liderazgo", y un 75%, que "cuenta con autoridad".
El analista político Patricio Navia bautizó el fenómeno en el diario La Tercera como una "cariñocracia", porque los chilenos parecen "estar enamorados de su presidenta".
A pesar que el desempleo se elevó hasta sobrepasar los dos dígitos (10,2%) y las proyecciones indican que el producto interior bruto (PIB) caerá cerca del 1% este año, los chilenos no culpan a La Moneda de la crisis, porque identifican su origen mundial. Por el contrario, valoran las políticas de protección social aplicadas por La Moneda, que ha logrado aumentar el gasto en plena crisis para paliar los efectos de la recesión, mientras el Banco Central ha reducido la inflación.
La aprobación de Bachelet y Velasco constituye un récord. "Bachelet está mejor evaluada que los presidentes Lula Brasil], Uribe [Colombia] y Correa [Ecuador], que tienen muy alta aprobación. En democracias normales, con estudios de opinión razonables, Bachelet es un fenómeno mundial. Todos hablamos del súper Obama y Bachelet le saca 10 puntos de ventaja", sostiene Roberto Izikson, jefe de estudios públicos de Adimark.
"No sé si habrá un presidente en algún país del mundo con mejor evaluación que Bachelet, pero sí sé que no hay ningún ministro de Hacienda que, en plena crisis económica, tenga un 68% de aprobación", afirma Izikson. La presidenta y el jefe del equipo económico son la "fórmula perfecta". Este Gobierno "no se entendería si uno de los dos no estuviera. Bachelet da la protección y Velasco, la solidez del mercado", agrega.
Pero, tal como le ocurrió al faraón, según el Génesis bíblico, este cóctel de políticas sociales y disciplina fiscal no fue comprendido por los chilenos en el periodo de vacas gordas. Hace un par de años, cuando el precio del cobre, el principal producto de exportación del país, alcanzó un precio internacional récord, impulsado por la avidez de materias primas que produce el crecimiento económico de China, y Velasco insistía en ahorrar y no gastar los recursos extra que engrosaban las arcas públicas, recibió ataques de las filas oficialistas y de la Concertación, la coalición gobernante de centroizquierda, por su falta de imaginación e incompetencia, y le pedían que gastara los recursos.
Bachelet llegó a ser la presidenta de la Concertación con más baja evaluación en los sondeos, afectada primero por movilizaciones masivas de estudiantes de enseñanza media y después por cambios mal diseñados y aplicados en el transporte urbano en Santiago. Pero, con el inicio de la crisis financiera, en septiembre de 2008, la presidenta y su ministro de Hacienda comenzaron a trepar en las encuestas, que coinciden en mostrar un alza a partir de ese mes. La política de guardar para el periodo de vacas flacas sólo comenzó a ser comprendida cuando llegó la etapa de gastar parte de lo ahorrado.
Durante su visita a Washington, Bachelet recordó en una reunión con inversores que, cuando las arcas fiscales se llenaban gracias a los ingresos extra que producía el cobre, le decían: "¡Qué tonta!, ¿por qué no le haces [gastar a Velasco]?". Y el ministro de Hacienda, a quien entonces acusaban de ser "mano de guagua" y "amarrete" (tacaño, avaro), se ha convertido hoy en un héroe nacional por las políticas contracíclicas. Fue, como dijo Obama, lo que Estados Unidos no hizo, porque, "cuando tuvimos excedentes, los dilapidamos".
La clave ha sido una regla de superávit fiscal de largo plazo que se autoimpuso el Gobierno de Ricardo Lagos en el año 2000, independizando el gasto público de la coyuntura, y que los ministros de Hacienda han respetado, pese a las tentaciones y presiones.
Hijo de un político que debió partir al exilio en dictadura, Velasco (49 años) tiene un sólido currículum académico. Es doctor en Economía en Columbia, máster en Relaciones Internacionales en Yale, con estudios posdoctorales en Harvard y el MIT. A sus publicaciones especializadas se suman dos incursiones en la ficción. En 2008 recibió el premio al mejor ministro de Hacienda de América Latina que concede Emerging Markets, una publicación de las reuniones anuales del Banco Mundial y el FMI.
Para los chilenos se convirtió en una figura familiar y cercana cuando en febrero pasado su hija menor, Ema, de dos años, casi se ahoga al caer a una piscina; el ministro permaneció días y noches completos en una clínica acompañándola mientras se recuperaba, junto con su esposa, la periodista Consuelo Saavedra, presentadora del noticiario central en la televisión estatal. Pero el accidente no tuvo mayor impacto en los sondeos. "Velasco ya venía subiendo desde antes", explica Izikson.
El nombre de Velasco circuló en las filas oficialistas como posible candidato para la elección del sucesor de Bachelet cuando Frei no subía en las encuestas. Y muchos no descartan que pueda sumarse a la campaña oficialista en los días finales, como una carta ganadora.
© EDICIONES EL PAÍS S.L.
El tándem formado por la presidenta y su ministro de Hacienda, Andrés Velasco, cosecha unos índices de aprobación inéditos en plena crisis
MANUEL DÉLANO - Santiago - 06/07/2009
El presidente de EE UU, Barack Obama, lo reconoció hace un par de semanas en la Casa Blanca, cuando fue anfitrión de la presidenta chilena, Michelle Bachelet: Washington puede aprender una "buena lección" del manejo que Chile ha hecho de la economía, dijo Obama. La receta de La Moneda tiene un ingrediente bíblico que todos los Gobiernos conocen pero muy pocos aplican -ahorrar en tiempos de vacas gordas para los periodos de vacas flacas-, y dos protagonistas que han logrado un récord de aprobación en la opinión pública: Bachelet y su ministro de Hacienda, Andrés Velasco.
Bachelet ascendió hasta un 74% de aprobación, el porcentaje más alto logrado por un presidente desde el retorno a la democracia en 1990, y Velasco, con un 68%, se consolidó en junio como el ministro mejor evaluado del Gabinete, según la encuesta mensual de Adimark, una de las empresas serias de medición de opinión pública en este país.
Los porcentajes elogiosos parecen casi abrumadores para una democracia: un 89% dice que Bachelet es "querida"; un 86%, que es "respetada"; un 80%, que es "creíble"; un 78%, que tiene "capacidad para enfrentar situaciones de crisis"; un 76%, que "cuenta con liderazgo", y un 75%, que "cuenta con autoridad".
El analista político Patricio Navia bautizó el fenómeno en el diario La Tercera como una "cariñocracia", porque los chilenos parecen "estar enamorados de su presidenta".
A pesar que el desempleo se elevó hasta sobrepasar los dos dígitos (10,2%) y las proyecciones indican que el producto interior bruto (PIB) caerá cerca del 1% este año, los chilenos no culpan a La Moneda de la crisis, porque identifican su origen mundial. Por el contrario, valoran las políticas de protección social aplicadas por La Moneda, que ha logrado aumentar el gasto en plena crisis para paliar los efectos de la recesión, mientras el Banco Central ha reducido la inflación.
La aprobación de Bachelet y Velasco constituye un récord. "Bachelet está mejor evaluada que los presidentes Lula Brasil], Uribe [Colombia] y Correa [Ecuador], que tienen muy alta aprobación. En democracias normales, con estudios de opinión razonables, Bachelet es un fenómeno mundial. Todos hablamos del súper Obama y Bachelet le saca 10 puntos de ventaja", sostiene Roberto Izikson, jefe de estudios públicos de Adimark.
"No sé si habrá un presidente en algún país del mundo con mejor evaluación que Bachelet, pero sí sé que no hay ningún ministro de Hacienda que, en plena crisis económica, tenga un 68% de aprobación", afirma Izikson. La presidenta y el jefe del equipo económico son la "fórmula perfecta". Este Gobierno "no se entendería si uno de los dos no estuviera. Bachelet da la protección y Velasco, la solidez del mercado", agrega.
Pero, tal como le ocurrió al faraón, según el Génesis bíblico, este cóctel de políticas sociales y disciplina fiscal no fue comprendido por los chilenos en el periodo de vacas gordas. Hace un par de años, cuando el precio del cobre, el principal producto de exportación del país, alcanzó un precio internacional récord, impulsado por la avidez de materias primas que produce el crecimiento económico de China, y Velasco insistía en ahorrar y no gastar los recursos extra que engrosaban las arcas públicas, recibió ataques de las filas oficialistas y de la Concertación, la coalición gobernante de centroizquierda, por su falta de imaginación e incompetencia, y le pedían que gastara los recursos.
Bachelet llegó a ser la presidenta de la Concertación con más baja evaluación en los sondeos, afectada primero por movilizaciones masivas de estudiantes de enseñanza media y después por cambios mal diseñados y aplicados en el transporte urbano en Santiago. Pero, con el inicio de la crisis financiera, en septiembre de 2008, la presidenta y su ministro de Hacienda comenzaron a trepar en las encuestas, que coinciden en mostrar un alza a partir de ese mes. La política de guardar para el periodo de vacas flacas sólo comenzó a ser comprendida cuando llegó la etapa de gastar parte de lo ahorrado.
Durante su visita a Washington, Bachelet recordó en una reunión con inversores que, cuando las arcas fiscales se llenaban gracias a los ingresos extra que producía el cobre, le decían: "¡Qué tonta!, ¿por qué no le haces [gastar a Velasco]?". Y el ministro de Hacienda, a quien entonces acusaban de ser "mano de guagua" y "amarrete" (tacaño, avaro), se ha convertido hoy en un héroe nacional por las políticas contracíclicas. Fue, como dijo Obama, lo que Estados Unidos no hizo, porque, "cuando tuvimos excedentes, los dilapidamos".
La clave ha sido una regla de superávit fiscal de largo plazo que se autoimpuso el Gobierno de Ricardo Lagos en el año 2000, independizando el gasto público de la coyuntura, y que los ministros de Hacienda han respetado, pese a las tentaciones y presiones.
Hijo de un político que debió partir al exilio en dictadura, Velasco (49 años) tiene un sólido currículum académico. Es doctor en Economía en Columbia, máster en Relaciones Internacionales en Yale, con estudios posdoctorales en Harvard y el MIT. A sus publicaciones especializadas se suman dos incursiones en la ficción. En 2008 recibió el premio al mejor ministro de Hacienda de América Latina que concede Emerging Markets, una publicación de las reuniones anuales del Banco Mundial y el FMI.
Para los chilenos se convirtió en una figura familiar y cercana cuando en febrero pasado su hija menor, Ema, de dos años, casi se ahoga al caer a una piscina; el ministro permaneció días y noches completos en una clínica acompañándola mientras se recuperaba, junto con su esposa, la periodista Consuelo Saavedra, presentadora del noticiario central en la televisión estatal. Pero el accidente no tuvo mayor impacto en los sondeos. "Velasco ya venía subiendo desde antes", explica Izikson.
El nombre de Velasco circuló en las filas oficialistas como posible candidato para la elección del sucesor de Bachelet cuando Frei no subía en las encuestas. Y muchos no descartan que pueda sumarse a la campaña oficialista en los días finales, como una carta ganadora.
© EDICIONES EL PAÍS S.L.
ENTREVISTA a Michelle Bachelet , de la periodista de España Gabriela Cañas
Importante, leer las experiencias de una mujer en el poder, una mujer socialista, víctima de la dictadura y que ha podido ser Ministra de Defensa. Veamos sus vivencias:
Dice Michelle Bachelet
"Todo mi dolor se transformó en otra fuerza"
GABRIELA CAÑAS 29/06/2008
La presidenta de Chile es uno de los líderes más valorados del mundo. Hija de un militar asesinado por los golpistas, la historia de esta ¿mujer, separada, socialista y agnóstica? conmueve.
La resiliencia es, según los expertos en psicología, la capacidad de algunos sujetos para sobreponerse a tragedias o periodos de dolor emocional. Si esa resiliencia es la adecuada, entonces el sujeto puede resultar incluso fortalecido a causa de los contratiempos.
Michelle Bachelet se considera a sí misma una persona "resilente" con un instinto constructivo que le nace de forma natural, y ése puede ser, quizá, su gran secreto. Su secreto a voces. Hija de un militar víctima de sus propios compañeros de milicia, la dramática historia de Michelle Bachelet la hermana con la de miles de sus compatriotas, víctimas a su vez de un cruento golpe de Estado y de una dictadura cruel e implacable. Ella misma, junto a su madre, sufrió el cautiverio, unas torturas que siempre ha minimizado y, finalmente, el exilio.
Pero con la democracia que ella ayudó a restaurar, la socialista Michelle Bachelet acabó convirtiéndose en ministra de Salud primero y ministra de Defensa después. Jefa suprema, en fin, de esa institución que tanto dolor infligió a su vida y a la de su propio país; de una institución que ella aprecia en lo más íntimo.
Presidenta de la República desde enero de 2006, Michelle Bachelet es hoy uno de los líderes más conocidos y valorados del mundo. La revista Time la incluyó recientemente en el listado de los 100 personajes más influyentes del planeta.
En Chile, sin embargo, su liderazgo parece estar en horas bajas. Y ello a pesar de que todos los analistas internacionales coinciden en seguir señalando a Chile como el país más exitoso de América Latina por su crecimiento económico, por sus políticas sociales y su estabilidad financiera.
Los transportistas están en huelga y los estudiantes se manifiestan en las calles. La coalición a la que pertenece (la Concertación de Partidos por la Democracia) parece romperse. Concurrirá con candidaturas separadas a las próximas municipales por vez primera.
Bachelet, a la que los analistas locales acusan de tardar demasiado tiempo en tomar decisiones, se ha hecho una foto con todos los presidentes de la coalición (Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos) para llamar a la unidad. "Inédito", critican. "Claro síntoma de debilidad".
La entrevista (pospuesta para un día después a causa de la crisis política local) tiene lugar en un suntuoso salón del palacio de la Moneda contiguo a su despacho, del que emerge con su cálida sonrisa y ese flequillo que le otorga un cierto aire de niña. Se deshace en disculpas por la espera (en realidad sólo ha sido de media hora), dice que lee todos los días EL PAÍS por Internet y rompe el hielo con una charla informal que facilita el encuentro.
Veo su retrato oficial en este palacio, vestida con chaqueta blanca entallada y la banda de Chile cruzada en su pecho, y me parece estar viendo la imagen de un militar.
"No, no. Lo de la banda forma parte de las tradiciones republicanas de Chile, y el vestido es verdad que lleva unos botones que pudieran parecer [se ríe]. Pero no. Simplemente era un estilo que estaba de moda cuando asumí el cargo y era elegantito."
Se lo digo porque hay una parte de su biografía que se ha destacado poco y me ha llamado la atención: su curso de estrategia militar aquí en Chile y el de posgrado en defensa continental en Fort Leslie McNair (Washington) a mediados de los noventa.
Lo hice porque consideré que uno de los problemas que tuvimos en Chile era una falta de diálogo entre el mundo de la política y el mundo militar. Mi gran preocupación era cómo lograr no repetir una tragedia como la que habíamos pasado [el golpe de Estado y la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990]. Yo creía que en el mundo de la política y de la izquierda había que entender que las Fuerzas Armadas eran parte constitutiva del Estado y que teníamos que generar confianza entre ambos mundos, dejando atrás los prejuicios, para asentar las bases de la democracia. Porque la democracia es algo mucho más que la mera elección de los representantes. Lo importante y lo difícil es aprender a convivir con un espíritu de amistad cívica. Ése es el sentido de mi acercamiento a lo militar en plena transición política.
Pregunta: Pensaba que era un mecanismo de defensa; salvando todas las distancias, como el indígena americano que aprende el español, la lengua de los conquistadores, para combatirlos mejor.
No, porque ya estábamos en democracia. Era una manera de explorar cómo construir una sociedad sana y democrática y no reproducir los errores del pasado. Me parecía, además, que desde la izquierda no le habíamos dado el valor suficiente al mundo militar, como tampoco a la seguridad ciudadana.
Pregunta: ¿Es la militar una institución que usted quiere especialmente, a pesar de todo lo ocurrido?
Yo sentí que a través de mi historia podía tender puentes entre los dos mundos. Mi acercamiento fue genérico, pero tuvo consecuencias en lo personal. Recuperé los afectos y descubrí que muchas de las cosas que yo había vivido ahí tenían que ver con mi carácter, con mi forma de ver las cosas. Mi padre era un hombre muy excepcional, un hombre muy recto, con gran sentido del deber y gran amor al país, a la patria. Es mi mismo sustento como política: sentir que uno se debe a su país, a la patria, pero no como un concepto abstracto, sino a las personas. Sentí que conectando la política con el mundo militar yo podía hacer una diferencia. Los valores que me enseñaron en mi familia me permitían entender mejor el mundo militar, tanto para reconocer aquello con lo que me identificaba como para cuestionar lo que no me parecía justificable, como los horrores y los errores que sufrió nuestro país.
Pregunta El 11 de septiembre de 1973, los militares rebeldes, a las órdenes del general Augusto Pinochet, bombardearon este palacio en el que ahora estamos y asesinaron a su presidente Salvador Allende. Durante la dictadura pinochetista, que duró hasta 1990, murieron 3.197 personas y hubo 1.197 detenidos desaparecidos. Entre las víctimas figura el general de Brigada de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, el padre de la ahora presidenta de Chile.
Es impresionante la carta que les escribió su padre desde su cautiverio antes de morir: ?Me quebraron por dentro en un momento, me anduvieron reventando moralmente?. ¿Cómo vivió aquella pérdida?
Era difícil vivir aquello sólo desde la óptica personal porque lo estábamos viviendo de forma colectiva. La gente desaparecía, aparecía muerta. La sensación era que en Chile estaba pasando un horror que en lo personal afectaba a mi familia. Muchos otros estaban viviendo dolores muy profundos.
Pregunta: ¿Y eso es consolador?
No lo sé [reflexiona largamente]. Era más bien una sensación de desamparo global [ríe con sarcasmo]. Desamparo en lo familiar. Bueno, yo estaba con mi madre, que era una mujer muy fuerte. Yo también soy una persona fuerte. Nos preguntábamos cuánto iba a durar aquello. Y en lo personal fue muy triste, muy doloroso, porque yo era además muy regalona de mi padre, la única niñita en casa y esa cosa tradicional de ser la niñita del papá. Teníamos una relación muy estrecha y cariñosa. Mi padre era muy protector. Y, claro, tuve todo el dolor de la pérdida, que luego reviví en muchos momentos de mi historia.
¿Por ejemplo?Cuando tuve hijos. Me hubiera gustado tanto. Mi padre era un padre entretenido. Así como era estricto, era un padre que jugaba con nosotros. Era deportista. Lamenté muchas veces no sólo no haber contado con él como hija; también que mis hijos perdieran esa oportunidad de tener ese abuelo que hubiera sido tan entretenido e interesante. Bueno, han tenido una abuela entretenida e interesante.
Pregunta: Pero de su madre no suele hablar, quizá lo haga luego?
Sí. Cuando yo soy elegida ministra de Defensa me habría gustado que hubiera estado ahí mi padre conmigo. También cuando fui elegida presidenta, aunque esa noche sentí que estaba conmigo. Estoy segura de que para él habría sido un tremendo orgullo. En realidad, siempre estuvo orgulloso de esta hija que era superbuena alumna, deportista, que tocaba la guitarra, que cantaba.
Pregunta: Ni siquiera le importaba que fuera usted una 'hippy'?.
Bueno, había un par de cosas que no le gustaban tanto. Además, yo era un hippy entre comillas, porque era una buena alumna y vivía en casa, no en una carpa por ahí.
Pregunta: Pero ya podría sospechar para entonces que usted no era muy convencional.
Es que yo le diría que en cierto sentido mi padre era poco convencional. No es casual que yo sea como soy. Era serio y protocolario, pero andaba en bermudas cuando en Chile no se usaban y no asumía el rol típicamente machista. Era abierto de mente, cuestionador y nada dogmático. Siempre respetó, adoró y tuvo una profunda admiración por mi madre.
Periodista: ¡Qué bien!
Sí, mi madre era una mujer inteligente. Yo tuve en mi hogar gente inteligente, cuestionadora del, entre comillas, "orden natural de las cosas". Por el contrario, para ellos el orden natural de las cosas es que la gente tuviera una vida de calidad, con justicia, con solidaridad, con humanidad, que no había ninguna razón para que hubiera pobres.
Pwriodista: En 1973, cuando se produjo el golpe de Estado, su hermano mayor, su único hermano, ya fallecido, vivía en Australia. Tras la muerte de su padre, Michelle Bachelet quedó sola con su madre, Ángela Jeria, cuyas denuncias por lo que ocurría en Chile motivaron la detención de ambas. Era enero de 1975. Durante las tres semanas de prisión en Villa Grimaldi, las dos sufrieron "apremios físicos", según reza la biografía oficial. Bachelet siempre ha procurado eludir los detalles de los mismos. Otro militar conocido de la familia logró su liberación y huyeron al exilio, como miles de chilenos. Fueron a Australia. A Alemania, después.
Pregunta: Supongo que lo de Villa Grimaldi fue también terrible para usted. ¿Cómo ha podido superar y perdonar todo aquello?
No sé si mi capacidad de resiliencia, como le llaman los expertos, tiene que ver con mi padre o con mi madre. Probablemente con los dos. Porque mi madre tiene hoy día la misma actitud que yo. Ella cree que tenemos que aprender de la historia. Es arqueóloga, así que esto de la historia le importa mucho. Probablemente por esa historia familiar, yo diría que lamentando profundamente lo pasado, uno mira cómo puede ser un actor relevante en garantizar que este país sea un país mejor para todos en el futuro. Y esa actitud más constructiva, más propositiva (no quisiera calificarla), es lo que me nace naturalmente. Pero quiero serle muy clara. Hubo un momento en mi vida en que yo no estaba en esta actitud. Tenía dolor, rabia, ira. Pasé por todas las etapas, en lo personal y en lo colectivo. Pero primero hice mi duelo propio, primero enterré a mi padre, y después todo ese dolor se fue transformando en otra fuerza.
pregunta: ¿Y qué fue lo que más le ayudó a transformar esa fuerza?
[Tarda en contestar].
No sé. Tal vez? buscar la manera de que nuestro país recuperara la democracia.
Pregunta: ¿Y ese deseo es tan fuerte como para aceptar que usted pudiera cruzarse por la calle con su propio torturador o el de su padre?
Efectivamente. Mi madre y yo nos encontramos a la vuelta del exilio con personas que tuvieron cargos relevantes, que tomaron decisiones complejas que significaron la muerte y las torturas de mucha gente. Y luego en democracia nos encontramos con mucha gente, incluso en el Parlamento, que tuvieron responsabilidades políticas importantes en lo sucedido. Y, bueno, se desarrollaron conductas democráticas de relacionamiento. Yo diría que nuestro país hizo una transición que algunos criticaron mucho, pero que ha sido bastante efectiva por su ritmo y su gradualidad.
Usted ha asumido incluso los sentimientos negativos que sufrió, motivados por el régimen de terror. Reconoció públicamente hace dos años no haber sido comprensiva con aquel novio suyo, Jaime López, que, bajo tortura, delató a sus amigos.
Hubo momentos de ira, de rabia, de dolor, y también de polarización de los afectos y de la capacidad de mirar las cosas. Pasados los años, hay que ser capaces de entender el proceso de una manera distinta. Hay cosas que no voy a justificar aunque pasen 400 años. Hay gente que hizo cosas horribles. Nunca les daré el beneplácito de admitir que no fueron lo que fueron: asesinos, traidores. Pero en el caso de este chico. Tenía 23 años y estaba asumiendo lo que otros no hicieron (se habían ido, se habían escondido). Ahora tenemos la posibilidad de poner en su justo término las cosas.
Pregunta: Tras el exilio, usted vuelve a Chile en 1979, llega la democracia y su vida parece convertirse en una película de final feliz. En 2000 es nombrada ministra de Salud; luego, de Defensa, y ahora, presidenta. Parece la victoria del bien sobre el mal.
Ja, ja. Luego le comento en offesa opinión.
Pero es así y Chile se ha convertido en el ejemplo de Latinoamérica.
Yo lo he vivido de manera distinta, como fruto del trabajo para sacar las cosas adelante. Hay que hacerse cargo de un nuevo Gobierno que me representa, un presidente que yo ayudé a elegir y me propone estas tareas y yo echo para adelante. Nunca lo he interpretado como un gesto de reparación. Obviamente, desde fuera se pueden sacar las conclusiones que usted dice.
Pregunta: Cuando fue ministra de Defensa pregonó ser mujer separada, agnóstica y socialista. ¿Fue una sorpresa para usted lograr después la presidencia de la República en un país que los propios chilenos tildan de machista?
Tengo la sensación de que la gente lo que buscó y recompensó fue la percepción de una persona creíble, honesta y dispuesta a trabajar por ella. Y siento que el humor es una parte importante de la vida que puede aligerar tensiones. Así que en la primera reunión que tuve con el jefe de las Fuerzas Armadas le dije todo eso de que soy agnóstica y madre soltera. El mensaje era: esto es así, sí, pero les puedo asegurar que vamos a trabajar bien. Hay falta de credibilidad en los líderes políticos porque lo que la gente busca y necesita son personas que de verdad trabajen por ella. El hecho de que yo hablara de mi condición y creencias tan abiertamente reflejaba a una persona consecuente y honesta.
Pregunta: ¿Dice que ve falta de liderazgos políticos en el mundo?
Muchas encuestas en muchos países demuestran que los ciudadanos no sienten que los políticos se ocupen de las cosas que les pasan en su vida. Los sienten discutiendo de abstracciones y peleándose el poder por el poder, más que el poder para hacer lo que es necesario. Y en este sentido, creo que es lo que Chile necesitaba.
Pregunta: ¿Y cómo se logra salir de ahí? ¿Cómo no dejarse arrastrar por la "alta política" y no perder pie con la realidad?
Creo que las mujeres, por nuestra experiencia desde que nacemos, estamos muy capacitadas para estar inmersas en la realidad. Porque nos toca hacernos cargo de muchas cosas, sobre todo sociales. Las chilenas, como supongo las españolas, se hacen cargo de la familia, de la casa, van a comprar el pan, saben los precios. Tenemos un aprendizaje social, desde muy chicas, que habitualmente nos hace prácticas, realistas y con conexión a tierra. Yo, además, leo los diarios todos los días, veo Internet, escucho a la gente, me escriben cartas y mailsy leo todo eso. Yo converso con mi familia, que es una familia crítica, nada autocomplaciente. Me relaciono con mis asesores y no les pido que me cuenten que las cosas están estupendas. Lo que más desprecio es la lealtad entendida como incondicionalidad. Al revés. Para mí, la palabra lealtad significa decir lo que está mal y lo que está bien. Así que es difícil no tener una mirada realista.
Pregunta: La prensa local le critica mucho, y parece que los mismos rasgos que le ayudaron a ganar la presidencia son ahora mal percibidos.
Por un lado, la gente me dice: "No cambie. Por favor, no cambie. Usted es cercana. Nos ve. Existimos". Yo saludo, converso, abrazo, beso. Me río. Y la gente lo aprecia profundamente. Tengo la sensación de que mi estilo de liderazgo fue menos comprendido en el mundo de la política más convencional. Porque la gente que me eligió lo hizo sabiendo cómo soy. Pero tal vez también la gente siente que estoy más distante, porque muchas veces tengo que ocuparme de asuntos muy abstractos.
Pregunta: ¿Significa algo para usted que en Latinoamérica haya ahora en la cúspide dos mujeres [Bachelet y Cristina Fernández en Argentina], dos sindicalistas [Lula en Brasil y Evo Morales en Bolivia], un obispo [Fernando Lugo en Paraguay], dos médicos [de nuevo Bachelet y Tabaré Vázquez en Uruguay] y un militar [Hugo Chávez en Venezuela]?
En Brasil, el pasado mes de mayo, cuando asumí la presidencia pro témpore de esta Unión de Suramérica (Unasur), nos reunimos Evo, Lula y esta presidenta. ¿Quién hace cinco años hubiera imaginado que en una testera como ésta estaríamos un indígena, un líder sindical y una mujer?
Periodista: Esto demuestra que América Latina es otra.
¡Afortunadamente!
Y es una América Latina ansiosa de incluir y no de excluir. Ansiosa de ser representada por personas que desde su diversidad buscan lo mejor para sus pueblos. Y creo que representan mejor a América Latina. Esa diversidad es lo que nos ha permitido ir avanzando hacia una mayor integración (pese al sentido de urgencia de ir mucho más rápido), en una voluntad de ir avanzando desde el concepto de unidad en la diversidad.
Periodista: Curioso. Es el lema de la Unión Europea que se quiso introducir en el nuevo tratado: unidos en la diversidad?
Mire, los nuevos líderes latinoamericanos no son sólo una demostración de que aquí hay de todo; también, de que durante muchos años fueron los excluidos. En nuestros países, los indígenas han sido excluidos del poder; los sindicalistas, claro, nunca estuvieron en el máximo poder. Y las mujeres, para qué decir. En Chile, durante la dictadura, se inhabilitó a los dirigentes sindicales para ser parlamentarios y todavía no hemos logrado cambiar eso. Vamos hacia una sociedad más inclusiva, y creo que en América Latina está pasando lo mismo.
pregunta: ¿Cree que puede ser el gran momento de América Latina? Todos los artículos que leo son muy pesimistas al respecto?
A América Latina se le dijo en los años ochenta que su nivel de pobreza y subdesarrollo eran producto de no haber hecho las reformas económicas necesarias. Las hicieron y están registrando crecimientos económicos importantes y sostenidos, pero la pobreza se mantuvo igual o se incrementó. A mi juicio, lo que sucedió es que las políticas económicas no llevaron de la mano las políticas sociales para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. En Chile hemos logrado un crecimiento económico importante y sostenido y hemos reducido la pobreza. En 2006 bajamos el nivel de pobreza al 13,7% desde el 39% que teníamos cuando recuperamos la democracia. La extrema pobreza ha quedado en el 3% y veníamos del 20%. Obviamente, no es suficiente. Somos prácticamente el primer país de Latinoamérica en todos los indicadores: mayor expectativa de vida, menor mortalidad materna e infantil (después de Cuba) y baja tasa de desnutrición. Y son indicadores ya similares a los de los países más ricos del mundo. Seguimos teniendo desafíos tremendos: se nos ha envejecido enormemente el padrón electoral. Debemos mirar cómo interesar a los jóvenes en la política. Esos jóvenes no votan y han vivido siempre en democracia creyendo que los derechos son algo natural. Ahora tenemos que luchar por tener un desarrollo sostenible. Hemos creado por vez primera un Ministerio de Medio Ambiente. Queremos seguir teniendo crecimiento económico, pero no a cualquier precio. Queremos equidad y justicia social. Con la reforma de la Previsión que hemos hecho, a partir de este mes de junio el 40% de los ciudadanos más pobres van a tener una pensión mínima solidaria o van a ver aumentada la que tienen [esa pensión supondrá duplicar la mínima actual].
Periodista: Es el camino de los Estados de bienestar europeos.
Bueno, no podemos compararnos con Europa. Nosotros venimos de Estados neoliberales brutales.
Periodista: No hago más que escuchar que la presidenta Bachelet está acabada, que a este Gobierno no le queda nada por hacer. En realidad, el hecho de que su mandato acabe en 2010 sin posibilidad de presentarse a la reelección fomenta esa percepción, supongo.
Hoy mismo cuento con el 48% de la aprobación de la gente, pero es verdad que ha habido momentos duros y difíciles. En todo caso, yo voy a gobernar hasta el último día de mi mandato y seguimos haciendo miles de cosas en infraestructuras y mejoras sociales.
Pregunta: ¿Qué explicación da entonces al desencanto de los chilenos?
Los Latinobarómetros demuestran que los ciudadanos chilenos siempre se sienten más infelices que los demás. Los chilenos somos extraordinariamente exigentes. También creo que los medios de comunicación influyen negativamente en este sentido. Hay una disociación entre la experiencia personal y la percepción colectiva. Lo veía cuando era ministra de Salud. La gente decía que la asistencia sanitaria era pésima, pero si les preguntabas cómo les había ido las tres últimas veces que la utilizaron decían: excelente. Mi aspiración no es que los medios oculten los problemas, pero echo de menos el equilibrio. En cuanto a los políticos, cuando converso con otros presidentes me dicen: nadie es profeta en su tierra.
Pregunta: ¿A qué se dedicará cuando termine su mandato?
No he tenido tiempo para pensarlo. Soy presidenta 24 horas al día. Voy a seguir trabajando, porque aún no habré cumplido los 60 y he sido siempre activa. Seguiré con mi vocación pública y sé que dedicaré más tiempo a mi familia. Desde luego, escribiré un libro. El hecho de ser la primera mujer presidenta es toda una experiencia a transmitir. Además es sorprendente leer cómo se interpretan algunas cosas con códigos tan diferentes a la realidad.
Pregunta: ¿Ha ido tomando notas?
No, pero tengo buena memoria. Y creo que ese libro será bueno para Chile, para mujeres que ocupen puestos similares y también para los hombres, ¿por qué no?. Es bueno que ellos se pongan de vez en cuando los zapatos de otros y sepan lo que significa ser mujer y nuestras dificultades al asumir un cargo; que sepan que a las mujeres nos valoran distinto. Si lloras, dicen de ti que eres blanda. Si no lloras, que eres demasiado inflexible. Como siempre te critican, hagas lo que hagas, yo he decidido mostrarme tal como soy. Es bueno que los hombres comprendan también que las mujeres respondemos de una manera diferente. Creo que todo esto no me lo puedo quedar sólo para mí. Se lo debo a la cosa pública, y yo tengo un tremendo sentido del deber. Es lo que me mueve en la vida.
__________________________________________________________
Blog your life in 3D with Windows Live Writer.
http://www.windowslive.com/overview.html?ocid=TXT_TAGLM_Wave 2_wl_writer_022008
Volver al comienzo Ver mildred.d's Perfil
Dice Michelle Bachelet
"Todo mi dolor se transformó en otra fuerza"
GABRIELA CAÑAS 29/06/2008
La presidenta de Chile es uno de los líderes más valorados del mundo. Hija de un militar asesinado por los golpistas, la historia de esta ¿mujer, separada, socialista y agnóstica? conmueve.
La resiliencia es, según los expertos en psicología, la capacidad de algunos sujetos para sobreponerse a tragedias o periodos de dolor emocional. Si esa resiliencia es la adecuada, entonces el sujeto puede resultar incluso fortalecido a causa de los contratiempos.
Michelle Bachelet se considera a sí misma una persona "resilente" con un instinto constructivo que le nace de forma natural, y ése puede ser, quizá, su gran secreto. Su secreto a voces. Hija de un militar víctima de sus propios compañeros de milicia, la dramática historia de Michelle Bachelet la hermana con la de miles de sus compatriotas, víctimas a su vez de un cruento golpe de Estado y de una dictadura cruel e implacable. Ella misma, junto a su madre, sufrió el cautiverio, unas torturas que siempre ha minimizado y, finalmente, el exilio.
Pero con la democracia que ella ayudó a restaurar, la socialista Michelle Bachelet acabó convirtiéndose en ministra de Salud primero y ministra de Defensa después. Jefa suprema, en fin, de esa institución que tanto dolor infligió a su vida y a la de su propio país; de una institución que ella aprecia en lo más íntimo.
Presidenta de la República desde enero de 2006, Michelle Bachelet es hoy uno de los líderes más conocidos y valorados del mundo. La revista Time la incluyó recientemente en el listado de los 100 personajes más influyentes del planeta.
En Chile, sin embargo, su liderazgo parece estar en horas bajas. Y ello a pesar de que todos los analistas internacionales coinciden en seguir señalando a Chile como el país más exitoso de América Latina por su crecimiento económico, por sus políticas sociales y su estabilidad financiera.
Los transportistas están en huelga y los estudiantes se manifiestan en las calles. La coalición a la que pertenece (la Concertación de Partidos por la Democracia) parece romperse. Concurrirá con candidaturas separadas a las próximas municipales por vez primera.
Bachelet, a la que los analistas locales acusan de tardar demasiado tiempo en tomar decisiones, se ha hecho una foto con todos los presidentes de la coalición (Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos) para llamar a la unidad. "Inédito", critican. "Claro síntoma de debilidad".
La entrevista (pospuesta para un día después a causa de la crisis política local) tiene lugar en un suntuoso salón del palacio de la Moneda contiguo a su despacho, del que emerge con su cálida sonrisa y ese flequillo que le otorga un cierto aire de niña. Se deshace en disculpas por la espera (en realidad sólo ha sido de media hora), dice que lee todos los días EL PAÍS por Internet y rompe el hielo con una charla informal que facilita el encuentro.
Veo su retrato oficial en este palacio, vestida con chaqueta blanca entallada y la banda de Chile cruzada en su pecho, y me parece estar viendo la imagen de un militar.
"No, no. Lo de la banda forma parte de las tradiciones republicanas de Chile, y el vestido es verdad que lleva unos botones que pudieran parecer [se ríe]. Pero no. Simplemente era un estilo que estaba de moda cuando asumí el cargo y era elegantito."
Se lo digo porque hay una parte de su biografía que se ha destacado poco y me ha llamado la atención: su curso de estrategia militar aquí en Chile y el de posgrado en defensa continental en Fort Leslie McNair (Washington) a mediados de los noventa.
Lo hice porque consideré que uno de los problemas que tuvimos en Chile era una falta de diálogo entre el mundo de la política y el mundo militar. Mi gran preocupación era cómo lograr no repetir una tragedia como la que habíamos pasado [el golpe de Estado y la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990]. Yo creía que en el mundo de la política y de la izquierda había que entender que las Fuerzas Armadas eran parte constitutiva del Estado y que teníamos que generar confianza entre ambos mundos, dejando atrás los prejuicios, para asentar las bases de la democracia. Porque la democracia es algo mucho más que la mera elección de los representantes. Lo importante y lo difícil es aprender a convivir con un espíritu de amistad cívica. Ése es el sentido de mi acercamiento a lo militar en plena transición política.
Pregunta: Pensaba que era un mecanismo de defensa; salvando todas las distancias, como el indígena americano que aprende el español, la lengua de los conquistadores, para combatirlos mejor.
No, porque ya estábamos en democracia. Era una manera de explorar cómo construir una sociedad sana y democrática y no reproducir los errores del pasado. Me parecía, además, que desde la izquierda no le habíamos dado el valor suficiente al mundo militar, como tampoco a la seguridad ciudadana.
Pregunta: ¿Es la militar una institución que usted quiere especialmente, a pesar de todo lo ocurrido?
Yo sentí que a través de mi historia podía tender puentes entre los dos mundos. Mi acercamiento fue genérico, pero tuvo consecuencias en lo personal. Recuperé los afectos y descubrí que muchas de las cosas que yo había vivido ahí tenían que ver con mi carácter, con mi forma de ver las cosas. Mi padre era un hombre muy excepcional, un hombre muy recto, con gran sentido del deber y gran amor al país, a la patria. Es mi mismo sustento como política: sentir que uno se debe a su país, a la patria, pero no como un concepto abstracto, sino a las personas. Sentí que conectando la política con el mundo militar yo podía hacer una diferencia. Los valores que me enseñaron en mi familia me permitían entender mejor el mundo militar, tanto para reconocer aquello con lo que me identificaba como para cuestionar lo que no me parecía justificable, como los horrores y los errores que sufrió nuestro país.
Pregunta El 11 de septiembre de 1973, los militares rebeldes, a las órdenes del general Augusto Pinochet, bombardearon este palacio en el que ahora estamos y asesinaron a su presidente Salvador Allende. Durante la dictadura pinochetista, que duró hasta 1990, murieron 3.197 personas y hubo 1.197 detenidos desaparecidos. Entre las víctimas figura el general de Brigada de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, el padre de la ahora presidenta de Chile.
Es impresionante la carta que les escribió su padre desde su cautiverio antes de morir: ?Me quebraron por dentro en un momento, me anduvieron reventando moralmente?. ¿Cómo vivió aquella pérdida?
Era difícil vivir aquello sólo desde la óptica personal porque lo estábamos viviendo de forma colectiva. La gente desaparecía, aparecía muerta. La sensación era que en Chile estaba pasando un horror que en lo personal afectaba a mi familia. Muchos otros estaban viviendo dolores muy profundos.
Pregunta: ¿Y eso es consolador?
No lo sé [reflexiona largamente]. Era más bien una sensación de desamparo global [ríe con sarcasmo]. Desamparo en lo familiar. Bueno, yo estaba con mi madre, que era una mujer muy fuerte. Yo también soy una persona fuerte. Nos preguntábamos cuánto iba a durar aquello. Y en lo personal fue muy triste, muy doloroso, porque yo era además muy regalona de mi padre, la única niñita en casa y esa cosa tradicional de ser la niñita del papá. Teníamos una relación muy estrecha y cariñosa. Mi padre era muy protector. Y, claro, tuve todo el dolor de la pérdida, que luego reviví en muchos momentos de mi historia.
¿Por ejemplo?Cuando tuve hijos. Me hubiera gustado tanto. Mi padre era un padre entretenido. Así como era estricto, era un padre que jugaba con nosotros. Era deportista. Lamenté muchas veces no sólo no haber contado con él como hija; también que mis hijos perdieran esa oportunidad de tener ese abuelo que hubiera sido tan entretenido e interesante. Bueno, han tenido una abuela entretenida e interesante.
Pregunta: Pero de su madre no suele hablar, quizá lo haga luego?
Sí. Cuando yo soy elegida ministra de Defensa me habría gustado que hubiera estado ahí mi padre conmigo. También cuando fui elegida presidenta, aunque esa noche sentí que estaba conmigo. Estoy segura de que para él habría sido un tremendo orgullo. En realidad, siempre estuvo orgulloso de esta hija que era superbuena alumna, deportista, que tocaba la guitarra, que cantaba.
Pregunta: Ni siquiera le importaba que fuera usted una 'hippy'?.
Bueno, había un par de cosas que no le gustaban tanto. Además, yo era un hippy entre comillas, porque era una buena alumna y vivía en casa, no en una carpa por ahí.
Pregunta: Pero ya podría sospechar para entonces que usted no era muy convencional.
Es que yo le diría que en cierto sentido mi padre era poco convencional. No es casual que yo sea como soy. Era serio y protocolario, pero andaba en bermudas cuando en Chile no se usaban y no asumía el rol típicamente machista. Era abierto de mente, cuestionador y nada dogmático. Siempre respetó, adoró y tuvo una profunda admiración por mi madre.
Periodista: ¡Qué bien!
Sí, mi madre era una mujer inteligente. Yo tuve en mi hogar gente inteligente, cuestionadora del, entre comillas, "orden natural de las cosas". Por el contrario, para ellos el orden natural de las cosas es que la gente tuviera una vida de calidad, con justicia, con solidaridad, con humanidad, que no había ninguna razón para que hubiera pobres.
Pwriodista: En 1973, cuando se produjo el golpe de Estado, su hermano mayor, su único hermano, ya fallecido, vivía en Australia. Tras la muerte de su padre, Michelle Bachelet quedó sola con su madre, Ángela Jeria, cuyas denuncias por lo que ocurría en Chile motivaron la detención de ambas. Era enero de 1975. Durante las tres semanas de prisión en Villa Grimaldi, las dos sufrieron "apremios físicos", según reza la biografía oficial. Bachelet siempre ha procurado eludir los detalles de los mismos. Otro militar conocido de la familia logró su liberación y huyeron al exilio, como miles de chilenos. Fueron a Australia. A Alemania, después.
Pregunta: Supongo que lo de Villa Grimaldi fue también terrible para usted. ¿Cómo ha podido superar y perdonar todo aquello?
No sé si mi capacidad de resiliencia, como le llaman los expertos, tiene que ver con mi padre o con mi madre. Probablemente con los dos. Porque mi madre tiene hoy día la misma actitud que yo. Ella cree que tenemos que aprender de la historia. Es arqueóloga, así que esto de la historia le importa mucho. Probablemente por esa historia familiar, yo diría que lamentando profundamente lo pasado, uno mira cómo puede ser un actor relevante en garantizar que este país sea un país mejor para todos en el futuro. Y esa actitud más constructiva, más propositiva (no quisiera calificarla), es lo que me nace naturalmente. Pero quiero serle muy clara. Hubo un momento en mi vida en que yo no estaba en esta actitud. Tenía dolor, rabia, ira. Pasé por todas las etapas, en lo personal y en lo colectivo. Pero primero hice mi duelo propio, primero enterré a mi padre, y después todo ese dolor se fue transformando en otra fuerza.
pregunta: ¿Y qué fue lo que más le ayudó a transformar esa fuerza?
[Tarda en contestar].
No sé. Tal vez? buscar la manera de que nuestro país recuperara la democracia.
Pregunta: ¿Y ese deseo es tan fuerte como para aceptar que usted pudiera cruzarse por la calle con su propio torturador o el de su padre?
Efectivamente. Mi madre y yo nos encontramos a la vuelta del exilio con personas que tuvieron cargos relevantes, que tomaron decisiones complejas que significaron la muerte y las torturas de mucha gente. Y luego en democracia nos encontramos con mucha gente, incluso en el Parlamento, que tuvieron responsabilidades políticas importantes en lo sucedido. Y, bueno, se desarrollaron conductas democráticas de relacionamiento. Yo diría que nuestro país hizo una transición que algunos criticaron mucho, pero que ha sido bastante efectiva por su ritmo y su gradualidad.
Usted ha asumido incluso los sentimientos negativos que sufrió, motivados por el régimen de terror. Reconoció públicamente hace dos años no haber sido comprensiva con aquel novio suyo, Jaime López, que, bajo tortura, delató a sus amigos.
Hubo momentos de ira, de rabia, de dolor, y también de polarización de los afectos y de la capacidad de mirar las cosas. Pasados los años, hay que ser capaces de entender el proceso de una manera distinta. Hay cosas que no voy a justificar aunque pasen 400 años. Hay gente que hizo cosas horribles. Nunca les daré el beneplácito de admitir que no fueron lo que fueron: asesinos, traidores. Pero en el caso de este chico. Tenía 23 años y estaba asumiendo lo que otros no hicieron (se habían ido, se habían escondido). Ahora tenemos la posibilidad de poner en su justo término las cosas.
Pregunta: Tras el exilio, usted vuelve a Chile en 1979, llega la democracia y su vida parece convertirse en una película de final feliz. En 2000 es nombrada ministra de Salud; luego, de Defensa, y ahora, presidenta. Parece la victoria del bien sobre el mal.
Ja, ja. Luego le comento en offesa opinión.
Pero es así y Chile se ha convertido en el ejemplo de Latinoamérica.
Yo lo he vivido de manera distinta, como fruto del trabajo para sacar las cosas adelante. Hay que hacerse cargo de un nuevo Gobierno que me representa, un presidente que yo ayudé a elegir y me propone estas tareas y yo echo para adelante. Nunca lo he interpretado como un gesto de reparación. Obviamente, desde fuera se pueden sacar las conclusiones que usted dice.
Pregunta: Cuando fue ministra de Defensa pregonó ser mujer separada, agnóstica y socialista. ¿Fue una sorpresa para usted lograr después la presidencia de la República en un país que los propios chilenos tildan de machista?
Tengo la sensación de que la gente lo que buscó y recompensó fue la percepción de una persona creíble, honesta y dispuesta a trabajar por ella. Y siento que el humor es una parte importante de la vida que puede aligerar tensiones. Así que en la primera reunión que tuve con el jefe de las Fuerzas Armadas le dije todo eso de que soy agnóstica y madre soltera. El mensaje era: esto es así, sí, pero les puedo asegurar que vamos a trabajar bien. Hay falta de credibilidad en los líderes políticos porque lo que la gente busca y necesita son personas que de verdad trabajen por ella. El hecho de que yo hablara de mi condición y creencias tan abiertamente reflejaba a una persona consecuente y honesta.
Pregunta: ¿Dice que ve falta de liderazgos políticos en el mundo?
Muchas encuestas en muchos países demuestran que los ciudadanos no sienten que los políticos se ocupen de las cosas que les pasan en su vida. Los sienten discutiendo de abstracciones y peleándose el poder por el poder, más que el poder para hacer lo que es necesario. Y en este sentido, creo que es lo que Chile necesitaba.
Pregunta: ¿Y cómo se logra salir de ahí? ¿Cómo no dejarse arrastrar por la "alta política" y no perder pie con la realidad?
Creo que las mujeres, por nuestra experiencia desde que nacemos, estamos muy capacitadas para estar inmersas en la realidad. Porque nos toca hacernos cargo de muchas cosas, sobre todo sociales. Las chilenas, como supongo las españolas, se hacen cargo de la familia, de la casa, van a comprar el pan, saben los precios. Tenemos un aprendizaje social, desde muy chicas, que habitualmente nos hace prácticas, realistas y con conexión a tierra. Yo, además, leo los diarios todos los días, veo Internet, escucho a la gente, me escriben cartas y mailsy leo todo eso. Yo converso con mi familia, que es una familia crítica, nada autocomplaciente. Me relaciono con mis asesores y no les pido que me cuenten que las cosas están estupendas. Lo que más desprecio es la lealtad entendida como incondicionalidad. Al revés. Para mí, la palabra lealtad significa decir lo que está mal y lo que está bien. Así que es difícil no tener una mirada realista.
Pregunta: La prensa local le critica mucho, y parece que los mismos rasgos que le ayudaron a ganar la presidencia son ahora mal percibidos.
Por un lado, la gente me dice: "No cambie. Por favor, no cambie. Usted es cercana. Nos ve. Existimos". Yo saludo, converso, abrazo, beso. Me río. Y la gente lo aprecia profundamente. Tengo la sensación de que mi estilo de liderazgo fue menos comprendido en el mundo de la política más convencional. Porque la gente que me eligió lo hizo sabiendo cómo soy. Pero tal vez también la gente siente que estoy más distante, porque muchas veces tengo que ocuparme de asuntos muy abstractos.
Pregunta: ¿Significa algo para usted que en Latinoamérica haya ahora en la cúspide dos mujeres [Bachelet y Cristina Fernández en Argentina], dos sindicalistas [Lula en Brasil y Evo Morales en Bolivia], un obispo [Fernando Lugo en Paraguay], dos médicos [de nuevo Bachelet y Tabaré Vázquez en Uruguay] y un militar [Hugo Chávez en Venezuela]?
En Brasil, el pasado mes de mayo, cuando asumí la presidencia pro témpore de esta Unión de Suramérica (Unasur), nos reunimos Evo, Lula y esta presidenta. ¿Quién hace cinco años hubiera imaginado que en una testera como ésta estaríamos un indígena, un líder sindical y una mujer?
Periodista: Esto demuestra que América Latina es otra.
¡Afortunadamente!
Y es una América Latina ansiosa de incluir y no de excluir. Ansiosa de ser representada por personas que desde su diversidad buscan lo mejor para sus pueblos. Y creo que representan mejor a América Latina. Esa diversidad es lo que nos ha permitido ir avanzando hacia una mayor integración (pese al sentido de urgencia de ir mucho más rápido), en una voluntad de ir avanzando desde el concepto de unidad en la diversidad.
Periodista: Curioso. Es el lema de la Unión Europea que se quiso introducir en el nuevo tratado: unidos en la diversidad?
Mire, los nuevos líderes latinoamericanos no son sólo una demostración de que aquí hay de todo; también, de que durante muchos años fueron los excluidos. En nuestros países, los indígenas han sido excluidos del poder; los sindicalistas, claro, nunca estuvieron en el máximo poder. Y las mujeres, para qué decir. En Chile, durante la dictadura, se inhabilitó a los dirigentes sindicales para ser parlamentarios y todavía no hemos logrado cambiar eso. Vamos hacia una sociedad más inclusiva, y creo que en América Latina está pasando lo mismo.
pregunta: ¿Cree que puede ser el gran momento de América Latina? Todos los artículos que leo son muy pesimistas al respecto?
A América Latina se le dijo en los años ochenta que su nivel de pobreza y subdesarrollo eran producto de no haber hecho las reformas económicas necesarias. Las hicieron y están registrando crecimientos económicos importantes y sostenidos, pero la pobreza se mantuvo igual o se incrementó. A mi juicio, lo que sucedió es que las políticas económicas no llevaron de la mano las políticas sociales para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. En Chile hemos logrado un crecimiento económico importante y sostenido y hemos reducido la pobreza. En 2006 bajamos el nivel de pobreza al 13,7% desde el 39% que teníamos cuando recuperamos la democracia. La extrema pobreza ha quedado en el 3% y veníamos del 20%. Obviamente, no es suficiente. Somos prácticamente el primer país de Latinoamérica en todos los indicadores: mayor expectativa de vida, menor mortalidad materna e infantil (después de Cuba) y baja tasa de desnutrición. Y son indicadores ya similares a los de los países más ricos del mundo. Seguimos teniendo desafíos tremendos: se nos ha envejecido enormemente el padrón electoral. Debemos mirar cómo interesar a los jóvenes en la política. Esos jóvenes no votan y han vivido siempre en democracia creyendo que los derechos son algo natural. Ahora tenemos que luchar por tener un desarrollo sostenible. Hemos creado por vez primera un Ministerio de Medio Ambiente. Queremos seguir teniendo crecimiento económico, pero no a cualquier precio. Queremos equidad y justicia social. Con la reforma de la Previsión que hemos hecho, a partir de este mes de junio el 40% de los ciudadanos más pobres van a tener una pensión mínima solidaria o van a ver aumentada la que tienen [esa pensión supondrá duplicar la mínima actual].
Periodista: Es el camino de los Estados de bienestar europeos.
Bueno, no podemos compararnos con Europa. Nosotros venimos de Estados neoliberales brutales.
Periodista: No hago más que escuchar que la presidenta Bachelet está acabada, que a este Gobierno no le queda nada por hacer. En realidad, el hecho de que su mandato acabe en 2010 sin posibilidad de presentarse a la reelección fomenta esa percepción, supongo.
Hoy mismo cuento con el 48% de la aprobación de la gente, pero es verdad que ha habido momentos duros y difíciles. En todo caso, yo voy a gobernar hasta el último día de mi mandato y seguimos haciendo miles de cosas en infraestructuras y mejoras sociales.
Pregunta: ¿Qué explicación da entonces al desencanto de los chilenos?
Los Latinobarómetros demuestran que los ciudadanos chilenos siempre se sienten más infelices que los demás. Los chilenos somos extraordinariamente exigentes. También creo que los medios de comunicación influyen negativamente en este sentido. Hay una disociación entre la experiencia personal y la percepción colectiva. Lo veía cuando era ministra de Salud. La gente decía que la asistencia sanitaria era pésima, pero si les preguntabas cómo les había ido las tres últimas veces que la utilizaron decían: excelente. Mi aspiración no es que los medios oculten los problemas, pero echo de menos el equilibrio. En cuanto a los políticos, cuando converso con otros presidentes me dicen: nadie es profeta en su tierra.
Pregunta: ¿A qué se dedicará cuando termine su mandato?
No he tenido tiempo para pensarlo. Soy presidenta 24 horas al día. Voy a seguir trabajando, porque aún no habré cumplido los 60 y he sido siempre activa. Seguiré con mi vocación pública y sé que dedicaré más tiempo a mi familia. Desde luego, escribiré un libro. El hecho de ser la primera mujer presidenta es toda una experiencia a transmitir. Además es sorprendente leer cómo se interpretan algunas cosas con códigos tan diferentes a la realidad.
Pregunta: ¿Ha ido tomando notas?
No, pero tengo buena memoria. Y creo que ese libro será bueno para Chile, para mujeres que ocupen puestos similares y también para los hombres, ¿por qué no?. Es bueno que ellos se pongan de vez en cuando los zapatos de otros y sepan lo que significa ser mujer y nuestras dificultades al asumir un cargo; que sepan que a las mujeres nos valoran distinto. Si lloras, dicen de ti que eres blanda. Si no lloras, que eres demasiado inflexible. Como siempre te critican, hagas lo que hagas, yo he decidido mostrarme tal como soy. Es bueno que los hombres comprendan también que las mujeres respondemos de una manera diferente. Creo que todo esto no me lo puedo quedar sólo para mí. Se lo debo a la cosa pública, y yo tengo un tremendo sentido del deber. Es lo que me mueve en la vida.
__________________________________________________________
Blog your life in 3D with Windows Live Writer.
http://www.windowslive.com/overview.html?ocid=TXT_TAGLM_Wave 2_wl_writer_022008
Volver al comienzo Ver mildred.d's Perfil
Chile y el neoliberalismo, el shock aprovechado para instalarlo: Naomi Klein
Naomi Klein en Chile de nuevo. Un balance sobre la política neoliberal impulsada por la Escuela de Economía de Chicago
Naomi Klein viene al ''laboratorio Chile''
El capitalismo 2.0 no garantiza sino que limita la libertad de las personas.
Esa es la consigna del último libro de la canadiense superventas y que sitúa como kilómetro cero de la globalización neoliberal la instauración del modelo económico bajo la bota de Pinochet en nuestro país. La próxima semana Klein estará de visita acá, donde comenzó todo.
Ana Rodríguez Silva
La culpa de todo la tiene el "Doctor Shock", dice Klein. Milton Friedman, un hombre carismático y ambicioso, perteneciente a la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, es posiblemente el único economista que pudo poner en práctica sus reformadores planteamientos, experimentando directamente con un país del Cono Sur.
Y ese país es Chile. Una nación que de recóndita y desconocida no tiene nada, pues ha estado bajo la mira de la potencia estadounidense desde 1965, año en que comenzó el denominado "Proyecto Chile", un plan consistente en educar estudiantes cuidadosamente seleccionados de la Universidad Católica, en la Universidad de Chicago. Un concepto de "intercambio" mal entendido, destinado a resistir las ideas del desarrollismo latinoamericano que comenzaban a surgir en la época.
Naomi Klein sintetiza estas ideas en su libro "La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre", diciendo: "Friedman soñaba con eliminar los patrones de las sociedades y devolverlas a un estado de capitalismo puro, purificado de toda interrupción como pudieran ser las regulaciones del gobierno, las barreras arancelarias o los intereses de ciertos grupos (…)
Friedman creía que cuando la economía estaba muy distorsionada, la única manera de alcanzar el estado previo era infligir deliberadamente dolorosos shocks: sólo una 'medicina amarga' podía borrar todas esas distorsiones y pautas perjudiciales".
Fue precisamente a través de un shock que se "corrigió" el modelo con que el Chile de Allende funcionaba. Un golpe eléctrico –a veces, literal- que instauró una dictadura militar, con un cabecilla que posaba para la foto de lentes oscuros, que nada sabía de economía y que escogió precisamente a los "Chicago Boys" para su asesoría en estas materias.
Cuando se examina en el aula la economía setentera chilena con microscopio y se desprecian los intentos del Estado por aliviar la pobreza, diseñar programas de nuevas estrategias económicas y trabajar en conjunto con los militares para mantener a la población aterrorizada y preparar el shock no resulta tan descabellado. El plan de Friedman iba sobre ruedas.
Al poco tiempo del Golpe, Friedman visitó Chile y fue recibido, según Klein, como un rock star. "A lo largo de toda su visita, Friedman machacó con un solo tema: la Junta había empezado bien, pero necesitaba abrazar el libre mercado sin ninguna reserva. En discursos y entrevistas utilizó un término que hasta entonces jamás se había aplicado a una crisis económica del mundo real: pidió un 'tratamiento de choque'.
Afirmó que era 'la única cura. Con certeza. No hay otra forma de hacerlo. No hay otra solución a largo plazo'", cita la canadiense.
"La doctrina del shock requiere condiciones sociales en que haya un extendido temor, pánico e incertidumbre en la población. En esas condiciones es que dejan de operar las estructuras de las fuerzas sindicales, gremiales y otro tipo de asociaciones", dice el director ejecutivo de la Asociación Chilena pro Naciones Unidas (ACHNU), Osvaldo Torres. ¿Es necesario recordar cómo se mantuvo el clima de temor?
Los resultados
"Una de las manifestaciones más puras del sistema económico imperante que indica Klein es justamente el modelo nacional, donde las variables de desarrollo solamente son medidas en función del crecimiento", dice el académico del departamento de Sociología de la Universidad de Chile, Rodrigo Figueroa.
Para Osvaldo Torres, los argumentos de Naomi Klein van desnudando "el carácter ideológico de la 'ciencia económica de la Escuela de Chicago', quedando desenmascarado como un discurso que tiene tras de sí un proyecto político de carácter neoliberal, que no puso ninguna cortapisa para imponerse, aplastando las democracias formales que se daban tanto en América Latina como en otros lugares del mundo.
Desde esa perspectiva creo que ella muestra un panorama en que la globalización podría haber avanzado con otro rostro y otros caminos y no el del shock y la brutalidad". "En Chile aún vivimos las secuelas de lo que fue esta doctrina, que lentamente se ha intentado reponer con un giro en la política económica, que no ha sido un giro muy radical, y con una lentísima recuperación del protagonismo de las instituciones y la participación democrática", asegura Torres.
Según Figueroa, la nuestra es una sociedad en la que el modelo de desarrollo se aplica "a rajatabla en función de tener algunos parámetros que va a exigir el mercado como mecanismo de regulación social en distintas materias". Esto es salud, educación, fondos de pensiones, acceso a
protección social.
Para el académico de la Universidad de Chile, en el país ha predominado una visión fundamentalmente pensada en el mercado, en que el Estado asume un rol corporativista, en el sentido de cautelar el correcto desarrollo del modelo.
"No me cabe la menor duda de que el Estado y la forma en que se ha ejercido la voluntad general a partir de él supone una protección de la propiedad privada, y por lo tanto de las dimensiones sociales o de la sociedad civil son entendidas como situaciones que deben ser controladas, que es lo que hace el Estado en los últimos quince años en Chile".
Además, y al igual que en muchos otros aspectos, el modelo neoliberal ha construido un sistema de relaciones laborales "donde se tiende a la individualización y a desvalorizar los elementos colectivos del mundo del trabajo. Esto significa reducir el trabajo a una pura y simple mercancía, sustentando relaciones laborales individualizadas como si se estuviera concurriendo a un mercado de bienes cualquiera.
Por eso nuestra legislación le da escaso valor a la negociación colectiva, tal como estamos viendo ahora con trabajadores que no pueden negociar colectivamente ni tampoco organizarse, como los subcontratados", dice Figueroa.
Naomi Klein viene al ''laboratorio Chile''
El capitalismo 2.0 no garantiza sino que limita la libertad de las personas.
Esa es la consigna del último libro de la canadiense superventas y que sitúa como kilómetro cero de la globalización neoliberal la instauración del modelo económico bajo la bota de Pinochet en nuestro país. La próxima semana Klein estará de visita acá, donde comenzó todo.
Ana Rodríguez Silva
La culpa de todo la tiene el "Doctor Shock", dice Klein. Milton Friedman, un hombre carismático y ambicioso, perteneciente a la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, es posiblemente el único economista que pudo poner en práctica sus reformadores planteamientos, experimentando directamente con un país del Cono Sur.
Y ese país es Chile. Una nación que de recóndita y desconocida no tiene nada, pues ha estado bajo la mira de la potencia estadounidense desde 1965, año en que comenzó el denominado "Proyecto Chile", un plan consistente en educar estudiantes cuidadosamente seleccionados de la Universidad Católica, en la Universidad de Chicago. Un concepto de "intercambio" mal entendido, destinado a resistir las ideas del desarrollismo latinoamericano que comenzaban a surgir en la época.
Naomi Klein sintetiza estas ideas en su libro "La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre", diciendo: "Friedman soñaba con eliminar los patrones de las sociedades y devolverlas a un estado de capitalismo puro, purificado de toda interrupción como pudieran ser las regulaciones del gobierno, las barreras arancelarias o los intereses de ciertos grupos (…)
Friedman creía que cuando la economía estaba muy distorsionada, la única manera de alcanzar el estado previo era infligir deliberadamente dolorosos shocks: sólo una 'medicina amarga' podía borrar todas esas distorsiones y pautas perjudiciales".
Fue precisamente a través de un shock que se "corrigió" el modelo con que el Chile de Allende funcionaba. Un golpe eléctrico –a veces, literal- que instauró una dictadura militar, con un cabecilla que posaba para la foto de lentes oscuros, que nada sabía de economía y que escogió precisamente a los "Chicago Boys" para su asesoría en estas materias.
Cuando se examina en el aula la economía setentera chilena con microscopio y se desprecian los intentos del Estado por aliviar la pobreza, diseñar programas de nuevas estrategias económicas y trabajar en conjunto con los militares para mantener a la población aterrorizada y preparar el shock no resulta tan descabellado. El plan de Friedman iba sobre ruedas.
Al poco tiempo del Golpe, Friedman visitó Chile y fue recibido, según Klein, como un rock star. "A lo largo de toda su visita, Friedman machacó con un solo tema: la Junta había empezado bien, pero necesitaba abrazar el libre mercado sin ninguna reserva. En discursos y entrevistas utilizó un término que hasta entonces jamás se había aplicado a una crisis económica del mundo real: pidió un 'tratamiento de choque'.
Afirmó que era 'la única cura. Con certeza. No hay otra forma de hacerlo. No hay otra solución a largo plazo'", cita la canadiense.
"La doctrina del shock requiere condiciones sociales en que haya un extendido temor, pánico e incertidumbre en la población. En esas condiciones es que dejan de operar las estructuras de las fuerzas sindicales, gremiales y otro tipo de asociaciones", dice el director ejecutivo de la Asociación Chilena pro Naciones Unidas (ACHNU), Osvaldo Torres. ¿Es necesario recordar cómo se mantuvo el clima de temor?
Los resultados
"Una de las manifestaciones más puras del sistema económico imperante que indica Klein es justamente el modelo nacional, donde las variables de desarrollo solamente son medidas en función del crecimiento", dice el académico del departamento de Sociología de la Universidad de Chile, Rodrigo Figueroa.
Para Osvaldo Torres, los argumentos de Naomi Klein van desnudando "el carácter ideológico de la 'ciencia económica de la Escuela de Chicago', quedando desenmascarado como un discurso que tiene tras de sí un proyecto político de carácter neoliberal, que no puso ninguna cortapisa para imponerse, aplastando las democracias formales que se daban tanto en América Latina como en otros lugares del mundo.
Desde esa perspectiva creo que ella muestra un panorama en que la globalización podría haber avanzado con otro rostro y otros caminos y no el del shock y la brutalidad". "En Chile aún vivimos las secuelas de lo que fue esta doctrina, que lentamente se ha intentado reponer con un giro en la política económica, que no ha sido un giro muy radical, y con una lentísima recuperación del protagonismo de las instituciones y la participación democrática", asegura Torres.
Según Figueroa, la nuestra es una sociedad en la que el modelo de desarrollo se aplica "a rajatabla en función de tener algunos parámetros que va a exigir el mercado como mecanismo de regulación social en distintas materias". Esto es salud, educación, fondos de pensiones, acceso a
protección social.
Para el académico de la Universidad de Chile, en el país ha predominado una visión fundamentalmente pensada en el mercado, en que el Estado asume un rol corporativista, en el sentido de cautelar el correcto desarrollo del modelo.
"No me cabe la menor duda de que el Estado y la forma en que se ha ejercido la voluntad general a partir de él supone una protección de la propiedad privada, y por lo tanto de las dimensiones sociales o de la sociedad civil son entendidas como situaciones que deben ser controladas, que es lo que hace el Estado en los últimos quince años en Chile".
Además, y al igual que en muchos otros aspectos, el modelo neoliberal ha construido un sistema de relaciones laborales "donde se tiende a la individualización y a desvalorizar los elementos colectivos del mundo del trabajo. Esto significa reducir el trabajo a una pura y simple mercancía, sustentando relaciones laborales individualizadas como si se estuviera concurriendo a un mercado de bienes cualquiera.
Por eso nuestra legislación le da escaso valor a la negociación colectiva, tal como estamos viendo ahora con trabajadores que no pueden negociar colectivamente ni tampoco organizarse, como los subcontratados", dice Figueroa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)