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Situación social y económica en República Dominicana 2009: Ramón Tejada Holguín

La aceleración y crecimiento de la desigualdad en la República Dominicana: qué se ha hecho y qué se puede hacer para reducirla

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Ramón Tejada Holguín

Respuestas a las preguntas del Ranier Maldonado, de la sección Economía y Negocios del periódico Listín Diario.


Ranier Maldonado: Concepto de la brecha económica.


Ramón Tejada Holguín: La “brecha económica” se refiere a la distancia que existe entre los muy ricos y los pobres. Mientras más grande es la brecha económica mayor es el nivel de desigualdad América Latina es una de las regiones más desiguales del planeta. Según datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el 10% de las personas más ricas recibe alrededor del 40 de los ingresos totales generados por la región, mientras que el 20% más pobre recibe entre 2 y 4%.

Esto datos demuestran que hay un sector pequeño de la población con gran capacidad de consumo de bienes y servicios, y un sector muy grande que sufre niveles de desnutrición, no tiene acceso a los servicios básicos, ni siquiera a educación y salud de calidad.

Ranier: ¿Cuál es su visión del estado de la brecha económica en el país?

Ramón:
Somos uno de los países más desiguales de América Latina. En el informe de desarrollo humano del 2005, la República Dominicana se ubicó entre los primeros 13 países (de un grupo de 177) que menos han aprovechado el ingreso por habitante para mejorar el nivel de desarrollo humano.

Eso significa que si bien el Producto Interno Bruto (PIB) ha ido creciendo en los últimos años, esto no se ha traducido en beneficio para la mayoría de las personas del país, sino que los muy ricos han salido beneficiados. Y el beneficio para los más pobres ha sido muy poco o casi nulo.

Según la CEPAL en su informe del 2006, en el país el 10% más rico recibía alrededor de la mitad de los ingresos, mientras que el 40% más pobres recibía apenas el 10.4%. Esto significa que nuestro país tiene un modelo económico que estimula la desigualdad. No se trata de una situación coyuntural. El combate a la desigualdad y la reducción de la pobreza han sido relegados a la última fila en las prioridades de los sucesivos gobiernos y partidos.

Según las últimos cálculos realizados por la Secretaría de Economía Planificación y Desarrollo (SEPYD), usando las encuestas del Banco Central (BC) se ha evidenciando una muy leve reducción de la desigualdad entre el 2006 y el 2007. Lo cual se asocia a la puesta en ejecución de Ley de Seguridad Social y a los programas de transferencia monetarias como Solidaridad. Pero, los datos para el 2008 parecen que están revirtiendo esa tendencia, lo que significa que la misma no es sostenible en el tiempo. Además, los programas asistenciales a menos que no creen la capacidades para que los pobres se valgan por sí mismos, terminan creando pobres profesionales y siendo mínimo su impacto en la reducción de la desigualdad.

Imagínate lo que pasaría si se cumpliera cabalmente con la Ley de la Seguridad Social, si con todas las limitaciones que ha tenido la puesta en marcha del sistema, con las cortapisas que le han puesto y aun así ha logrado un mínimo nivel de reducción.

Ranier: ¿Cuáles factores sociales han influido en esta, quizá desde un punto de vista histórico?

Ramón
: Los factores son diversos, y van desde el poco énfasis en políticas sociales universales (o sea la inversión en salud y educación de calidad para todas las personas), el poco énfasis en la creación de empleo y su protección, por el lado del gasto que hace el gobierno. Por el lado de los ingresos tenemos la existencia de impuestos indirectos generalizados que afectan a los “artículos de primera necesidad”, además la base de los impuestos del país descansa en el impuesto sobre la renta que pagan principalmente los asalariados, hay pocos impuestos a los altos niveles de ganancias, y existen niveles importantes de evasión.

Es decir, el presupuesto nacional no ha sido usado como una herramienta de desarrollo, que estimule el acceso a la salud, la educación y la vivienda de los más pobres, de manera que estos sean capaces de participar en el mercado de trabajo, de producir riquezas y obtener ingresos propios.

Una mención especial ha de tener el llamado Consenso de Washington. Sí, desde finales de los ochentas creció la visión de que si se desarrollaba el sector privado, se desregulaba la economía y se dejaba el desarrollo a las fuerzas del mercado, las riquezas gotearían, o caerían como cataratas hacia los pobres. La actual crisis mundial y el crecimiento de los niveles de desigualdad han evidenciado que no es así, ya que la escasa intervención estatal para reducir las inequidades provocadas por el mercado han provocado mayores niveles de desigualdad. Si bien el tema de la desigualdad viene de lejos, no cabe duda que las políticas del consenso de Washington lograron profundizarla.

Ranier: ¿Qué porcentaje del país se encuentra sumido en la pobreza? ¿Crece esta?

Ramón
: Aquí los pobres se cuentan mal. Porque a veces se define la pobreza como el que carece de recursos económico, solamente. Pero, además se cambian las formas de medición y cambiando las formas de medición se nos dice que se reduce la pobreza.

De todas maneras las cifras oficiales sugieren que la pobreza tuvo un pico de crecimiento significativo durante la crisis bancaria del 2002-2003, para comenzar a reducirse a partir del 2004. En la actualidad el número de pobre se calcula en 3 millones 219 mil 194 personas, es decir un 35% de la población dominicana. De estos un millón 64 mil 12 personas son pobres extremos, es decir indigentes, personas que no tienen para comer diariamente, y 2 millones 155 mil 183 personas son pobres.

Estos datos son según las cifras oficiales, provienen de la SEPYD usando las encuestas del BC. Pero hay una proporción de personas no contabilizada que si bien no es pobre según ingreso y necesidades insatisfechas, se encuentra en el borde, o sea es casi pobre. Estamos hablando que posiblemente casi el 50% de la población dominicana o es pobre o se encuentra en ese borde que lo hace vulnerable y proclive de caer en la pobreza.

Ranier: En este marco. ¿En qué pie estamos parados y qué futuro nos espera?

Ramón
: Tomando en cuenta que no se han “blindado a los pobres y a los que son vulnerables a la pobreza” contra los efectos de la crisis económica podemos decir que existe la probabilidad de que este año crezca la pobreza en el país. Sobre todo porque los programas sociales dirigidos a los pobres no están logrando crear la capacidades para que estos se valgan por sí mismos, sino que dependen de los ingresos del gobierno, y como sabemos el gobierno ha reducido sus ingresos en este año.

No estamos bien parados, y se demanda más acción y consciencia del problema de parte de las élites políticas y económicas del país. En cuanto al futuro, y sin querer ser alarmista te digo que o redefinimos el modelo de desarrollo, colocando el énfasis en estimular la capacidad de las personas para trabajar, insertarse en el mercado de trabajo, y ser un ente productivo a la sociedad, o no sólo nos veremos afectados por la crisis económica, sino que la crisis podría provocar un quiebre en lo social, un sentido de frustración en las personas más pobres y de los sectores medios, creando descontento y estallidos sociales que afectan más la productividad del país.

Ranier: ¿Cómo logramos mejorar? ¿Con cuáles medios contamos?

Ramón:
La nación necesita una reorientación de los gastos, y una reorientación de la estructura impositiva. Aquí para muchos es una mala palabra hablar de reforma fiscal, pero es necesaria. No hablamos de una reforma mediatizada, sino una reforma real que no siga penalizando a los sectores medios y siendo una base para el crecimiento de la desigualdad. Se necesita mayor participación y comprensión del empresariado en este aspecto.

Al mismo tiempo el gobierno debe reorientar sus prioridades, invertir mejor el dinero en los ingresos, fortalecer los programas anticorrupción, hacer rendición de cuenta, ser más transparente y castigar el dispendio, además se debe elaborar y respetar un autentico plan de austeridad.

El país tiene recursos para poder hacer frente a la adversidad que representa la crisis mundial, si todos los sectores son capaces de cumplir con su deber. Y el principal recursos somos los dominicanos y las dominicanas, nuestras capacidades, nuestras responsabilidades, nuestra honestidad, nuestro esfuerzo. Lo malo es que unos pocos quieren aprovecharse de esas capacidades colectivas, y es ahí donde el estado debería jugar un papel de primer orden.


19 de Marzo 2009

Links donde aparece el artículo:


http://desdeelpaisdealicia.blogspot.com/2009/03/la-desigualdad-los-fraudes-bancarios-y.html


http://www.listin.com.do/app/article.aspx?id=95431






El sistema judicial dominicano en el caso Omega y la violencia de género: Ramón Tejada Holguín

Ramón Tejada Holguín, en la Red por la Gobernabilidad externó el siguiente comentario sobre lo del caso Omega y la actuación del sistema judicial. Hablando de si jueza podía o no variar la pena solicitada por el Procurador de la Corte de apelación:


"Creo que el debate no es sólo ese. Y se está perdiendo la oportunidad de un debate más substancial sobre el tema. Yo no colocaría el énfasis en si la jueza puede esto o puede lo otro, yo me leería cuidadosamente el argumento de la jueza en donde habla de una cosa llamada psiquiatra forense y señala algunos aspectos legales de importancia.

Y en ese caso mi conclusión sería de otro nivel:

1. lo necesario que resulta que el ministerio público como totalidad, no sólo un ministerio público especializado, sea capacitado en la materia de violencia intrafamiliar (noten que el problema de la
contradicción en el ministerio público está relacionado, a una oficina que se debida al tema y a otra que no, y ambas fueron a estrado). He ahí temas importanes: ámbitos de acción e independencia de las oficinas especializadas o entrenamiento a todos y todas los y las ministerio
publico. Es decir, si existe una oficina dentro del ministerio público dedicada exclusivamente al tema de violencia de género, debe ser esta oficina y sólo esta la facultada para subir a estrado, lo que supone un cambio en el código. Ahora bien, si puede subir cualquier ministerio publico, entonces todos deben se entrenados en el tema.

2. Es evidente que la violencia de género necesita un trato especial en el código o los códigos, tanto en lo procesal como en lo que tiene que ver con la tipificación (excusen, si los términos no son correctos, no soy abogado). O sea tiene que haber reglas claras para este tema en función de las características del tema de manera que los jueces tengan marcos legales claros para juzgarlos.

3. Se debe tener mucho cuidado con elegir un caso especifico y convertirlo en "el caso", es decir, ¿"se tiene realmente todos los detalles del caso Omega"?

4. Queremos una sociedad basada en un nivel de instituconalidad en la cual impere la ley, el estado de derecho, lo que significa que queremos que "todos y todas seamos iguales ante la ley". Eso incluye que cualquier acusado debe ser juzgado correctamente y basado en el ordenamiento institucional."

Ramón Tejada Holguín.

Retos para superar la pasividad en la democracia. La Posdemocracia: Ramón Tejada Holguín

Más abajo dos articulos que escribió Ramón Tejada Holguin a propósito del libro sobre la Posdemocracia cuando salió de Colin Crouch, el primero se publicó el 2 de diciembre del 2004 y el segundo el 16 de diciembre del 2004. Ambos en la columna que este tenía en El Caribe.

La Posdemocracia según Crouch


Según Colin Crouch en su libro "Posdemocracia" (Taurus, 2004) la política y el gobierno están volviendo al redil de las élites privilegiadas.

Ese retorno describe un movimiento en forma de parábola: no se trata de un poder que se ejerce de manera similar a los gobiernos predemocráticos, sino que es ejercido en el contexto de las democracias occidentales maduras y la generalización de la democracia en la mayoría de los países del mundo.

Las formalidades de la democracia se han hecho parte del proyecto global: hay elecciones libres y cambios de gobierno en 191 países en 1999, mientras que 10 años antes sólo se realizaban elecciones libres en 147.

Pero, ¿qué son elecciones libres? Si pensamos en:

1) la cantidad de dinero que se necesita para elaborar esas grandes campañas publicitarias que antes que motivar a la participación política pretenden vender una mercancía llamada candidato o candidata,

2) en los costosos consultores y asesores nacionales y extranjeros de los que se proveen los partidos,

3) en la influencia de los organismos multilaterales y las empresas transnacionales en las agendas locales
de la gran mayoría de los partidos,

4) el desencanto que sobreviene a la ciudadanía que sólo tiene el voto como mecanismo de presión y la ausencia de formas institucionales de expresión del descontento frente a las autoridades elegidas, veremos que el concepto de "elecciones libres" debe ser revisado.

Hay que agregar a esto la banalidad de las campañas y la
despolitización y la desmovilización creciente de los sectores más excluidos.

De hecho este es quizás el elemento más relevante y que ha afectado a los partidos más comprometidos con el cambio, es decir a las izquierdas. Entonces, es lo que he declarado: el retorno de las élites al control casi absoluto del gobierno y las instituciones políticas describe un movimiento parabólico, porque esta vez los
mecanismos para la captura de las instituciones políticas son más complejos y sutiles.

Por eso Crouch denomina el fenómeno como posdemocracia. No es democracia porque gran parte de la gente ha sido excluida por una multiplicidad de sofisticados mecanismos y no es antidemocrática porque respeta ciertas formalidades de la democracia representativa.

El concepto de posdemocracia puede ser usado como una forma de observar la salud del sistema democrático.

Dicho en las palabras del autor: "tanto las técnicas para manipular la opinión pública como los mecanismos para abrir la política al examen público son cada vez más sofisticados, al tiempo que el contenido de los programas de los partidos y el carácter de la rivalidad partidista se están convirtiendo en algo crecientemente anodino e insípido." (pág. 37).

Si bien Crouch observa el fenómeno en países en los que la democracia ha recorrido un largo periplo hasta llegar a la posdemocracia, parecería que países como el nuestro no llegarán a una suculenta democracia "madura" y pasarán de una tímida y larguísima transición democrática a la posdemocracia, al control del gobierno y las instituciones políticas por las grandes corporaciones nacionales y extranjeras, al mismo tiempo que se observa la desmovilización y la despolitización de las grupos menos privilegiados.

II

Enfrentar la posdemocracia


Hemos hablado del peligro que enfrenta la democracia debido al creciente poder e influencia que tienen las élites empresariales en el Estado, con la agravante de que, según Crouch, en su libro "Posdemocracia", existe un gran desequilibrio entre los intereses empresariales y los de prácticamente todo el resto de los grupos (Pág. 145). El problema es que no están teniendo contrapeso de
ningún tipo, que su poder se acrecienta en un contexto en que la gente común se excluye o es excluida de la política, dejándoles así el campo libre.

En la posdemocracia dominicana, los partidos políticos conocen un proceso creciente de debilitamiento, y la influencia empresarial se hace sentir fuertemente a través del financiamiento de las candidaturas y las actividades partidarias. El costo de las candidaturas se eleva cada día: precio de la televisión, de la radio,
de los diarios, de los asesores y consultores ¿Quiénes tienen el dinero suficiente para financiar partidos y candidatos? Para los empresarios financiar campañas es una inversión, pero para la ciudadanía que apenas tiene los recursos para sobrevivir financiar campaña es un gasto. El financiamiento privado de las candidaturas en
el país se asemeja a un bono con el cual se compra los favores y se trafica con la influencia, antes de llegar al poder.

¿Ejemplos?

Las formas en que se realizan las privatizaciones, es uno. Las compras que realizan las entidades estatales sin previa convocatoria a concursos públicos transparentes. La asignación de obras grado a grado. La evasión de impuestos. La colocación de la propaganda publicitaria. La inexistencia de entidades de protección al consumidor o consumidora y las trabas que se colocan para crear este tipo de institución. Las ineficiencias de las diversas
superintendencias: eléctrica, banca, seguros. Nombramiento de funcionarios que favorecen a grupos empresariales específicos.
Ausencia de legislación sobre determinados aspectos de la protección de la ciudadanía frente a determinados productos.

Estamos en una encerrona. ¿Qué hacer? Crouch propone tres campos de acción.

El primero es enfrentar el creciente poder empresarial en la política. Para lo cual una ley que limite el financiamiento privado de los partidos y sus candidaturas ayuda. Se trata de nivelar la competencia política, legislando sobre el uso igualitario de los medios de comunicación masivos. Se trata de evitar que el que tenga más dinero pueda influenciar en los partidos, de manera que cuando estos lleguen al Estado le devuelvan con intereses lo "invertido".

El segundo campo de acción es la búsqueda de nueva formas de hacer política. En el país hay un interesante proyecto de Ley de Partidos Políticos que contiene aspectos importantes.

El tercero es la ciudadanía. Este campo tiene la ventaja de que ayuda a mejorar los otros dos. Para actuar en este campo hay que entender los tres modelos de ciudadanía que según Crouch existen (Pp. 25-27).

El modelo de ciudadanía que puede ayudar a enfrentar la posdemocracia es el que llama "ciudadanía positiva": que la gente se organice en grupos de intereses en comunes, que creen sus propias identidades, definan con claridad sus demandas e interpelen directamente al sistema político. El ciudadano activo reconoce en la política la
principal esfera de participación.

Los modelos de ciudadanía que contribuyen con la posdemocracia son:
1) la ciudadanía que se vive quejando de de las élites, que vive refunfuñando y diciendo que todos los políticos son corruptos, por lo que no vale la pena participar en
política; y 2) la ciudadanía pasiva que entiende que cree que es suficiente con ir a votar cada cuatro años, y no vuelve a interesarse en las cuestiones políticas. El resabioso y el apático contribuyen por igual a la posdemocracia, uno porque vive quejándose sin hacer
nada y el otro porque no se queja de nada. ¿Y usted en cuál modelo se ciudadanía se inscribe?