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Pepe Mujica, ejercicio de poder y diferencias sociales

Pepe Mujica, dialéctico, muestra en esta entrevista sus experiencias, y su lógica en el ejercicio del poder, moviéndose entre lo deseable, la correlación de fuerzas: cero infantil.
Pepe Mujica, ex presidente de Uruguay, período 2011-2015.
Su pensamiento es complejo sobre cómo manejar las diferencias en las clases sociales, inter países, a partir de las diferencias con Argentina, que difiere con Uruguay en tener un proyecto menos integrador.

Es un hombre de pensamiento y práctica colectiva, disciplinado, realista, todo un estadista, más allá de su parcela ideológica.

Habla sobre los medios de comunicación y sus mediaciones con los grupos económicos.
Acá la entrevista para el periódico País.
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"Vamos a bajarle los decibeles"

En su chacra, sentado en un banco de plaza que le regaló una cooperativa de trabajo, el presidente José Mujica recibe a El País. Es miércoles por la mañana. Se lo ve relajado pero cansado. Su discurso también parece sufrir la fatiga. Se le pregunta sobre su prédica sobre la lucha de clases y pide que se hable de "diferencias" de clase para "bajar los decibeles".


PAULA BARQUET / GONZALO TERRAsáb feb 28 2015
También aclara que "lo político por encima de lo jurídico" fue una figura teórica y admite que en la práctica sería "una barbaridad". Culpa a su forma de hablar. Mujica se despide y retorna a un tono conciliador. Pero no da tregua y se prepara para seguir en campaña para que su esposa Lucía Topolansky llegue a la intendencia. Anuncia que promoverá la reforma constitucional en la trinchera del Senado.

—En estos cinco años surgieron temas sobre los que usted no había hecho énfasis a lo largo de su carrera política: marihuana, matrimonio homosexual y otra serie de leyes que consagraron derechos. ¿Cómo llegaron a ser una prioridad?

—Yo tengo que confesar: eso que se llama la agenda social, en mi forma de pensar, tal vez por veterano y hasta por "conservador", no es central. A ver, el hombre de color que tiene problemas, es pobre. Si es rico ya no tiene tanto problema. El homosexual tiene problemas también si es pobre. Es decir, la lucha de clases, en mi humilde manera de pensar, sigue siendo el dibujo que está en la base de la sociedad y no deberíamos sumarlo con otras agendas que si bien son importantes, son relativamente más secundarias. Con esa salvedad, es evidente que estas cuestiones de la agenda social están motivando enormemente a la gente joven del Frente y de Uruguay. Y uno tiene que percibirlo.


—¿Hubiera preferido concentrar el debate en otros temas?

—No sé. No hacemos lo que queremos, hacemos lo que podemos. Uno tiene que ser sensible a los problemas que plantea el entorno social de la gente.



—Muchas cosas le quedaron en el tintero: mejora de la educación, puerto de aguas profundas, ferrocarril. En comparación con el primer gobierno de Tabaré Vázquez el suyo ha tenido muchos problemas de gestión. ¿A qué lo atribuye?

—Primero, yo en política sacaría la palabra gestión. La gestión es para los empresarios, porque si esto fuera gestionar, vamos a buscar al gerente de Conaprole y lo ponemos al frente del país. Esto no es una estancia, no es una fábrica. Por eso la política es un arte, sin que por ello se desprecie a la ciencia. Pero acepto. Es probable que… Yo no me propuse nunca ser presidente. Tuve que agarrar esta changa porque si no ganaba (Luis Alberto) Lacalle. Si lo dejábamos ganaba él. ¿Por qué? Porque las elecciones que yo gané las definió un grupo de blancos que a él no lo bancaban y a mí sí. Por una realidad política me metí en esta changa. Si no, ni se me pasaba por la cabeza. Yo soy muy libertario. Soy contestatario. Soy otra cosa y las naciones necesitan presidentes para la foto, con cara de estatua.

—¿Sus problemas de gestión pasan por la gente de la que se rodeó?

—Y a veces la chamboneamos, nos equivocamos. Elegimos estupenda gente como personas pero se los fumaron por buenos. Nos pasó en Salud Pública (N. de R.: se refiere a Mario Córdoba, expresidente de ASSE). En la enseñanza tuvimos que dar un golpe de Estado. Nosotros queríamos llevar un proyecto de libertad y autonomía de UTU, que se desarrollaran y apuntaran a futuras universidades tecnológicas. Nuestra fuerza no lo llevó, la oposición tampoco. El país necesita acentuar la enseñanza tecnológica. Por lo menos como etapa, y sobre todo en el interior.

—¿A qué se refiere con "golpe de Estado"?

—Y sí, agarramos a la gente que estaba dirigiendo la UTU y la pusimos al frente del Codicen. No le pudimos dar la autonomía y la libertad, pero le dimos un pedazo de poder. Nos dieron como premio consuelo la UTEC, que la votaron por unanimidad. Pero fue un premio consuelo. Yo quiero señalar que la enseñanza es muy importante; el conocimiento lo es. Pero más importante es el rumbo que hay atrás, y eso lo dan los valores. Y ahí me parece que es donde tenemos que pelear todos los uruguayos, no es un problema del Frente o del gobierno. Tenemos problemas de valores cada vez más fuertes: cada vez estamos más ricos, cada vez queremos más cosas, pero tenemos una crisis de valores.

—Los valores y la educación tienen mucho que ver con la prosperidad. ¿Conoce algún pobre que haya salido de pobre solo con ayuda estatal?

—No, no. Por supuesto. La pobreza es un cuadro espiritual y mental. Lo puedo superar estadísticamente en el campo de los ingresos, pero el ser humano puede tener severas limitaciones y se me puede caer en cualquier momento. Por un lado uno se puede sentir orgulloso porque disminuyó mucho la pobreza estadística y la indigencia. Y por otro lado se puede sentir triste porque este país no es para tener pobres e indigentes. Es bueno que nos acordemos de las dos partes. Creo que hay mucho que laburar en eso, y yo siento que es una deuda.

—Usted aspira al socialismo. ¿Para usted Vázquez puede llegar a ser un retroceso?

—No, mire, yo parto de la base, como teoría, de que no se puede construir una sociedad mejor a partir de una sociedad pobre. El país se tiene que desarrollar. No porque a partir del desarrollo vaya a ir en línea recta hacia una sociedad mejor. Puede ser una sociedad mucho más rica y muy venenosa. Pero creo que los recursos económicos y, sobre todo, la masificación de la cultura y del conocimiento, son condiciones para una sociedad mejor. Ese intento de crear socialismo a partir de sociedades pobres y todo lo demás, la historia porfiadamente demuestra exactamente lo contrario. Más cerca del socialismo están países como Noruega o como Suecia, mucho más. Entonces yo no le voy a poner piedras en la rueda a una etapa del Uruguay que tiene que desarrollarse. Y tengo la permeabilidad de no meterme a sustituir lo que no puedo sustituir porque no tengo con qué. ¿Ustedes no se dan cuenta de que el ministro de Agricultura es un empresario que puse yo? A un sector clave de la economía uruguaya, por la incidencia y la capacidad de exportar, le puse uno de ellos. Y es medio de izquierda, pero no deja de ser un empresario. Para que encaje. Porque si le pongo uno de los muy rengos de izquierda de los míos, van a estar desconfiados como caballo de tuerto, y los tipos tienen que trabajar con confianza porque yo no tengo nada para sustituirlos. Puedo tirar la bronca para la concentración de la riqueza, o que no quieran pagar impuestos, pero sé perfectamente que tienen que cumplir un papel histórico en un país que es agroexportador. Y si me dedico a ponerles palos en la rueda, lo único que voy a trancar es el desarrollo del país. Entonces, soy un tipo de izquierda pero no masco tuerca. Más bien soy un hombre de izquierda en la forma de vivir.

—Usted se va al Parlamento ahora y tiene ahí una bancada muy fuerte.

—Tengo, sí.

—Hace un rato decía que agarró la "changa" de presidente para que el proyecto de izquierda siguiera avanzando. La gente que usted identifica como "la barra" no tiene un 100% de coincidencias con Vázquez en lo que es su modelo de sociedad y el rumbo económico. ¿Cuál va a ser su papel en el Parlamento?

—No, no, no. El barco puede tener tablas que son distintas pero hay que intentar que navegue lo más posible. Si no, lo único que hay son los pedazos. No solo como Frente, sino como país. Yo voy a respaldar al gobierno. Ahora, no voy a respaldar como un soldado que dice amén. Alguna opinión voy a tener y alguna cosa... Pero como tiene que ser un político: un negociador. Mucho más en el Uruguay. Más que confrontador debe ser negociador. Entonces yo voy a respaldar a mi compañero en sus responsabilidades de gobierno. Sí, desde luego que tenemos diferencias. Él es un oncólogo brillante, dicen que es masón. Yo soy medio libertario… Pero bueno, ta.

—Nos dijo que el problema de fondo es la lucha de clases. Hace unos años, ante empresarios en el Conrad, no mencionó el discurso de la lucha de clases. ¿Por qué lo retoma ahora?

—No es la lucha de clases, es la diferencia entre clases. La lucha de clases puede ser opinable. Es la tendencia a la desigualdad acentuada que existe en nuestra sociedad y nos crea la peor fantasía de nuestras definiciones jurídicas: los ciudadanos son iguales ante la ley. Sí, sí. Si tenés un abogado que te puede defender. Sabemos que las diferencias materiales crean desigualdades sociales, no hay caso. No hay que tomarse con dolor las diferencias de clase. No creo que haya que tener odio con nadie. Yo me siento orgulloso de pertenecer por convicción a los sectores humildes de la sociedad. Me siento feliz, integrado. Aquellos que buscan la felicidad teniendo mucha plata están locos.

—Pero habló de lucha de clases y se refiere a la propiedad de los medios de producción y del antagonismo entre capital y trabajo. Usted decía "el Fondes es una velita prendida al socialismo". Cuando pone sobre la mesa que el problema es de clase ¿es porque vislumbra una sociedad en la que los medios de producción estén colectivizados?

—No, estoy de vuelta con lo que pensaba hace 50 años con respecto a esto. Yo no creo en ningún Estado avasallante, que se imponga y que se apropie de todo. Es el mejor camino para tener otra clase de burocracia que nos ponga reglamento para todo. No, no tengo nada que ver con eso. Prefiero coexistir con la actividad privada siglos. Se puede perfectamente tener una parte de la economía autogestionada y otra parte no. Y me parece que hay un largo camino así. Lo peor de todo es no laburar o caer en lo del perro del hortelano, que no come ni dejar comer. ¿Porque no me gusta el capitalismo no lo hagas vos? ¡No seas malo! Eso es ridículo. El capitalismo es una cultura, es una bruta formación y ha desatado una civilización que tiene enormes defectos pero nos da, nada más y nada menos, que 40 años más de vida promedio que lo que hacía hace un siglo. ¿Qué te parece? Entonces, no es como para poner en una bolsa y decir "todo esto lo tiro a la basura". Ese es un esquema infantil. Si mis palabras son duras, con respecto a eso, vamos a bajarle los decibeles. Creo que las clases sociales existen, están, pero tampoco hay que hacer un drama con eso.

—Dice que no hay que hacer drama con el tema de las clases sociales, pero su discurso cuando inició el gobierno era más centrado y tolerante que lo que le hemos escuchado últimamente. Ha hecho discursos fuertes contra las clases altas, la oposición, la Justicia, los medios. ¿A qué se debe? ¿A dónde quiere ir?

—No estoy intentando nada, yo estoy diciendo lo que pienso. Pero la verdad es compleja. El Derecho varía de acuerdo a los cambios históricos, las relaciones de clases. Toda revolución y esto fue lo que dije en algún momento, pero me lo agarraron con espíritu estudiantil una vez que se concreta es una fuente de Derecho, crea un ordenamiento jurídico en determinado sentido, y después se atiene a ese ordenamiento. Cuando pasa el tiempo se producen cambios en la sociedad y empiezan a haber incongruencias entre lo que jurídicamente se afirmó en el pasado y lo que está pasando en la realidad, y viene una época de cambio jurídico. ¿Cuántas veces habremos cambiado nuestra Constitución? ¿Y cuánto la cambiaremos? Entonces lo político está por encima de lo jurídico en el sentido estratégico del ordenamiento. En el diario vivir tenemos que tener normas jurídicas a las que atenernos porque si no, sería el caos. Nos matamos entre nosotros. Convengamos que estos niveles existen porque si no, no habría revolución ni cambio. Estaríamos como en la época de los reyes o de los señores feudales. Y estamos en la época de las repúblicas.


—Igualmente, haber dicho que lo político está por encima de lo jurídico es muy fuerte. Bajo esa consigna se hicieron muchas barbaridades.

—Sí..., exactamente. Si usted lo agarra en la de todos los días es una barbaridad. Pero lo jurídico lo inventamos los hombres para poder convivir.

—Es el fin por encima de los medios.

—Sí... Yo pienso que… Es posible que mi lenguaje… Pero ¿por qué tenemos miedo de llamar a las cosas como son? ¿Por qué no aceptamos que existen clases sociales, y que hay diferencias?

—Que existan clases sociales es un hecho objetivo. Que el Poder Judicial esté para defender las clases sociales altas ya es una valoración que, en definitiva, puede generar un imaginario negativo sobre la institucionalidad…

—No creo que sea el Poder Judicial. No es el Poder Judicial. Pero es evidente que una parte de la estructura jurídica le da un nivel de garantía al statu quo muy importante. Y los jueces se van a mover con ese ordenamiento jurídico; no es una cuestión de que los tipos tengan responsabilidad personal.

—Entonces lo suyo es contra la Constitución, porque el ICIR se lo frenan por la Constitución.

—Justamente, ¡y yo lo tengo que aceptar! Y estoy en contra de lo que dice la Constitución, ¡pero me la tengo que bancar!

—Entonces la Suprema Corte lo que hace es aplicar la Constitución. No son los señores de la Suprema Corte los malos.

—Desde luego. Pero es la Constitución la que defiende el statu quo.

—Ahora va al Senado y tiene los votos de un buen número de legisladores.

—¡Y tengo para pelearla, claro! Me parece que es de las cosas que ameritan cambios. Pero tampoco puedo caer en llevarme el país por delante.

—Países de la región han llegado a un nivel de confrontación social muy alto y también han iniciado caminos de reforma constitucional.

—No, no, de mi parte eso no lo van a ver porque eso es entrar de aprendiz de brujo. Yo tengo problema con los sueldos de los jueces pero hasta estoy dispuesto a buscar caminos de negociación. Pero se me portaron como una corporación. La Justicia puede tener defectos, pero pobres de nosotros si no tenemos a alguien que toque el pito. Y nunca debe estar en manos del Poder Ejecutivo.

—¿La reforma constitucional va a ser su prioridad como legislador?

—Le doy importancia, sí, pero no puedo internarme en una cosa así sin la fuerza política. Yo creo que es una herramienta importante a esta altura. Pero no para desangrar al país tampoco. Tuvimos un intento en el 92, ¿se acuerdan?

—Pero iba en otro sentido.

—El error fue que se les ocurrió ponerles sueldo a los ediles y ¡paf! Es notable nuestro pueblo, qué cosa bárbara.

—¿Cuál cree usted que fue su mejor acierto y cuál su mayor error?

—(Piensa) ...El mayor acierto, eso que les decía respecto a la indigencia y la pobreza. Mejoró sustantivamente. O podría ser la política energética. Nuestro mayor error (vuelve a pensar unos segundos) confiar demasiado. Confiar demasiado en alguna gente buena. Se nos perturbó la cosa en algunos lugares importantes. Perdimos muchísimo tiempo y energía. Pero esto lo digo con el diario del lunes. Si lo hubiera visto antes no habría pasado, qué va a hacer.

“Pensé que El País iba a apoyar el gobierno de Vázquez”.
Durante la entrevista hubo un momento en el que el presidente habló de los medios uruguayos, de la ley que aprobó para su regulación y opinó sobre el diario El País. Recordó que en un principio estaba negado a legislar sobre el tema y que llegó a decir que si le entregaban una ley de medios la tiraría a la basura. Ahora aclara que aquella fue una señal para su interna, porque mientras él “no tenía ni idea” del tema, otros estaban “sacando cosas para afuera” y causando “alarmismo” en vez de discutirlo en Presidencia. Después, sí, logró que lo “escucharan bastante” e incluso incidió en algún aspecto de la ley que se votó a fines de 2014.

“El problema es dónde están los medios. Son empresas en un mundo que se mueve entre empresas. Entre otras cosas son un hecho económico, porque si no tienen una economía que los respalde, desaparecen. Y naturalmente eso va a influir en parte o tiende a influir. Como no puede ser pública la manutención de los medios de prensa, naturalmente que aquellos que entonan mejor con el sistema empresarial van a tener en general un mejor apoyo que aquellos que están en contra”, dijo Mujica, y luego agregó: “No se me ofendan, pero sería ridículo si yo no les digo que hay gente que va a llevar avisos a El País, y si nosotros ponemos un diario no nos va a poner nada”. Mujica reveló entonces que tenía otra expectativa del diario cuando el Frente Amplio llegó al poder. “Yo pensé que El País iba a apoyar al gobierno la primera vez, cuando ganó Vázquez. Apoyar no, tener una cierta bonhomía con el gobierno. Me equivoqué, me equivoqué, porque las clases sociales funcionan”, señaló. Sin embargo, luego reconoció que de alguna manera su alta aprobación y popularidad relativizan el poder que tienen los medios. “Relativiza, es cierto. No es matemático. Y también hay que reconocer una resultante en general en el periodismo uruguayo de cierto margen de independencia que permite que haya una expresión bastante fuerte de las opiniones”, consideró.

“La política miserable”
-Una de sus prioridades cuando asumió el gobierno era encaminar la relación con Argentina, pero no parece que se haya logrado. ¿Cuál fue el error?

-Yo creo que no hubo ningún error. Hubo una realidad difícil. El puente estaba cerrado cuando nosotros asumimos, pero estaba cerrada la financiación del Focem, que es una cosa tan o más importante que el puente, y la gente se olvida. Nosotros logramos destrabar eso. La interconexión pesada que tenemos terminada con Brasil, que nos permite traspasar para acá o para allá más de 500 mW, se hizo con plata del Focem. Y eso estaba bloqueado por la mala relación que teníamos con la Argentina. Pero naturalmente que la Argentina está metida en un proyecto, en mi opinión, muy cerrado, y eso tiene consecuencias en la región. Está como en un proyecto típico de 1960, por tomar una fecha. Y nosotros estamos en la época de la integración. Creo que esa política interna de la Argentina nos crea problemas para el desarrollo y el Mercosur. Eso no significa que la Argentina no haya hecho gestos; ha hecho muchos. Pero tiene la imposición del modelo que asumió, y eso resulta contradictorio con la integración del Mercosur. Tampoco me puedo colocar en un plano neutral. Yo soy de los que cuando Argentina juega con Alemania soy hincha de la Argentina. Le hago una crítica en familia, pero aprendí una cosa en la historia: cuando a Argentina le va bien, a nosotros nos va mejor. Hay mucho uruguayo torpe que no se da cuenta de eso.

-Pero ese esfuerzo suyo no ha sido de ida y vuelta con el gobierno argentino.

-Hemos tenido dificultades, yo lo reconozco, pero hemos tenido algunos logros. Con la otra política, la de cerrarnos a cal y canto… Ya la conocemos a esa política. La conocimos con Perón: seis años en los que no se podía ni venir a Uruguay. ¿Y qué nos pasó? ¿Cuál fue el beneficio que recibimos? ¡La muerte de toda la costa uruguaya! Yo tengo grabado eso porque lo viví. Entonces, ¿por qué negociar? Es nuestro camino. Con la confrontación, de guapo, te podrás sacar la bronca pero resultados prácticos no conseguís ninguno.

-Eso lo diferencia de Vázquez.

-Y bueno, puede ser que sea una diferencia. Yo no puedo jugar con la comida de la gente que vive del turismo. No es sacarme la bronca, yo me como la bronca. Alguna vez me he peleado con la presidenta argentina y difícilmente haya alguien que haya sido tan duro en una pelea como yo, pero no es cuestión de sacarse la bronca. Pero bueno, vendrán otros mejores que lo harán mejor.

-Usted ha dicho que su propia fuerza política le trancó algunas cosas. ¿Esa fue la verdadera oposición?

-No, no, en general no. Tuvimos oposición en alguna cosa gruesa, dura. Lo de la UTEC me duele hasta ahora y me dolerá mientras viva, pero bueno, ta. La culpa es mía porque no soy especialista en educación y no tuve capacidad de convencerlos. Después tenemos otra oposición, que es la peor. Yo tuve la mejor relación posible con los intendentes. Ahora, hay gente mía que se me enojaba en el interior porque le daba una mano al intendente. Si no ayudamos al interior, caemos en esa chiquita. La gente de su propio partido, acá, de contra, cuestiona las decisiones que toman los intendentes. Nos pasó con las patentes. Es de lo peor porque es una oposición al país, habla de nuestra inmadurez. Es la política miserable. Me dan ganas de llorar.

-Es una lógica que el Frente también utilizó cuando era oposición.

-Sí, señor. Sí, señor. Yo también. Me hago cargo. Tenemos que tener un sentido político más adulto.

Mujica recibió a El País en su chacra de Rincón del Cerro. Foto: Nicolás Pereyra


El arte de amar necesita de cambios fundamentales en la sociedad: Erich Fromm

Necesitamos el amor como experiencia social, necesitamos vivir más allá de actuar sólo para mantener el consumismo y los cargos que conservaremos si le seguimos la corriente al fundamentalismos por conveniencia.

Acá Erich Fromm dice que tenemos que hacer cambios fundamentales en nuestras sociedades.
Pongo un poco del último capítulo, al final del libro El arte de amar de Erich Fromm, 1959, reproducción 2005). Editorial Paidós. España. Erich Fromm fue un terapeuta, humanista, norteamericano; su libro original es en inglés y se titula The art is loving.

Veamos:

El arte de amar no puede limitarse al dominio personal de la adquisión y desarrollo de características de bondad, intensidad interior de actividades, no sólo para la propia familia, lo vecinos, los amigos de la iglesia, o de la obra en la que estoy haciendo.

En la sociedad actual las relaciones "buenas" no están determinadas por el amor al prójimo; Erich Fromm dice que más bien están determinadas:

" ...por el principio de la equidad. Equidad significa no engañar ni hacer trampas en el intercambio de artículos y servicios, o en el intercambio de sentimientos. "Te doy tanto como tú me das", así en los bienes materiales como en el amor, es la máxima ética predominante en la sociedad capitalista. Hasta podría decirse que el desarrollo de una ética de la equidad es la contribución ética particular de la sociedad capitalista.

Las razones de tal situación radican en la naturaleza misma de la sociedad capitalista. En las sociedades precapitalistas, el intercambio de mercaderías estaba determinado por la fuerza directa, por la tradición, o por lazos personales de amor y amistad. En el capitalismo, el factor que todo lo determina en el intercambio es el mercado. Se trate del mercado de productos, del laboral, o del de servicios, cada persona trueca lo que tiene para vender por lo que quiere conseguir en las condiciones de mercado, sin recurrir a la fuerza o al fraude." (Erich Fromm, páginas 124-125)

La ética bíblica judeo-cristiana "amas a tu prójimo como a ti mismo" quiere significar, dice Erich Fromm:

"...amar a tu prójimo, es decir, sentirse responsable por él y uno con él, mientras que la ética equitativa significa no sentirse responsable y unido, sino distante y separado; significa respetar los derechos del prójimo pero no amarlo.(...)La práctica del amor debe comenzar por reconocer la diferencia entre equidad y amor.

Si toda nuestra organización social y económica está basada en el hecho de que cada uno trate de sacar ventajas para sí mismo, si está regido por el agiotismo atemperado sólo por el principio ético de la equidad, ¿cómo es posible hacer negocios dentro de la estructura de la sociedad existente, y al mismo tiempo practicar el amor? ¿No implica lo segundo renunciar a todas las preocupaciones seculares y compartir la vida de los más pobres? Los monjes cristianos y personas como Tolstoy, Albert Schweitzeir y Simone Weilhan han planteado y resuelto este problema en forma radical. Otros comparten la opinión de que en nuestra sociedad existe una incompatibilidad básica entre el amor y la vida secular normal. Llegan a la conclusión de que hablar del amor en el presente sólo significa participar en el fraude general; sostienen que sólo un mártir o un loco puede amara en el mundo actual, y, por lo tanto, que todo examen del amor no es otra cosa que una prédica. Este respetable punto de vista se presta fácilmente a una racionalización del cinismo. En realidad es implícitamente compartido por la persona corriente que siente: "me gustaría ser un buen cristiano pero tendría que morirme de hambre si lo tomara en serio". Este radicalismo es un nihilismo moral. Tanto los "pensadores radicales" como la persona corriente son autómatas carentes de amor, y la única diferencia entre ellos, consiste en que la segunda no tiene conciencia de serlo, mientras que los primeros conocen y rconocen la "necesidad histórica" de este hecho. (...)(página 126).

El principio sobre el que se basa la sociedad capitalista y el principio del amor son incompatibles. Pero la sociedad moderna en su aspecto concreto es un fenómeno complejo. El vendedor de un artículo inútil, por ejemplo, no puede operar económicamente sin mentir; un obrero especializado, un químico y un médico pueden hacerlo. De manera similar, un granjero, un obrero, un maestro y muchos tipos de hombres de negocios pueden tratar de practicar el amor sin dejar de funcionar económicamente. Aun si aceptamos que el principio del capitalismo es incompatible con el principio del amor, debemos admitir que el "capitalismo" es, en sí mismo, una estructura compleja y continuamente cambiante, que incluso permite una buena medida de inconformidad y libertad personal. " (Página 126 y 127).

"La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza, la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea. No tanto porque las múltiples ocupaciones no permiten una actitud amorosa, sino porque el espíritu de una sociedad dedicada a la producción y ávida de artículos es tal que que sólo el no conformista puede defenderse de ello con éxito.Los que se preocupan seriamente por el amor como única respuesta racional al problema de la existencia humana deben, entonces, llegar a la conclusión de que para que el amor se convierta en un fenómeno social y no en una exepción marginalista e individual, nuestra estructura social necesita cambios importantes y radicales. (...)

Nuestra sociedad está regida por una burocracia administrativa, por políticos profesionales; los individuos son motivados por sugestiones colectivas; su finalidad es producir más y consumir más, como objetivos en sí mismos.

Todas las actividades están subordinadas a metas económicas, los medios se han convertido en fines; el hombre es un autómata -bien alimentado, bien vestido, pero sin interés fundamental alguno en lo que constituye su cualidad y función peculiarmente humana-.

Si el hombre quiere ser capaz de amar, debe colocarse en su lugar supremo. La máquina económica debe ser capaz de servirlo, en lugar de ser él quien esté a su servicio. Debe capacitarse para compartir la experiencia, el trabajo, en vez de compartir, en el mejor de los casos, sus beneficios. La sociedad debe organizarse en tal forma que la naturaleza social y amorosa del hombre, no esté separada de su existencia social, sino que se una a ella. Si es verdad, como he tratado de demostrar, que el amor es la única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana, entonces toda sociedad que excluya, relativamente, el desarrollo del amor, a la larga perece a causa de su propia contradicción con las necesidades básicas de la naturaleza humana.

Hablar del amor no es "predicar"; por la sencilla razón de que significa hablar de la necesidad fundamental y real de todo ser humano.Que esa necesidad haya sido oscurecida, no significa que no exista. Analizar la naturaleza del amor es descubrir su ausencia general en el presente y criticar las condiciones sociales responsables de esa ausencia. Tener fe en la posibilidad del amor como un fenómeno social y no solo excepcional e individual, es tener una fe racional basada en la comprensión de la naturaleza humana." Páginas 127 y 128.

¿Estamos reconociendo lo público, la intervención de la sociedad a través del Estado, para proteger la humanidad?

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_7640000/764 0173.stm

En Inglaterra, nacionalizando un banco.

¿Qué está pasando con el libre mercado, sin que nadie se pueda entromenter en nombre de pensar en lo colectivo, en toda la sociedad?

¿Están los intrusos intereses de toda la sociedad, lo público, el Estado, rescatando el mercado?

Se necesita igualdad entre el rendimiento social y privado: Joseph E. Stiglitz

Yo he leído que los altos precios de los alimentos es el resultado de medidas especulativas de la bolsa de valores. Pienso igual puede estar pasando con el petróleo.

Pero nuuunca, nuuunca...pensé que el Consenso de Washington (o la ideología del Grupo de Chicago) estaban confiando en que el mercado se autorregularía.

De Joseph E. Stiglitz extraigo dos afirmaciones:

"Esa mezcla de retórica sobre el libre comercio e intervención estatal ha funcionado particularmente mal para los países en desarrollo. Se les dijo que dejaran de intervenir en la agricultura, con lo que expusieron a sus agricultores a una competencia devastadora de los Estados Unidos y Europa.

Sus agricultores habrían podido competir con sus colegas americanos y europeos, pero no podían hacerlo con las subvenciones de los EU y de la Unión Europea. Como no era de extrañar, las inversiones en la agricultura en los países en desarrollo fueron disminuyendo y el desfase en materia de alimentos aumentó. *"

La otra afirmación es:

"Hoy hay una desigualdad entre los rendimientos privados y los sociales. Si no están bien a la par, el sistema de mercado no puede funcionar bien. " Joseph E. Stiglitz.

Cuánto quisiera saber porqué él afirma de la necesaria igualdad entre rendimientos sociales y rendimientos privados, se necesita saber razonar sobre eso ¡muuucho!.
Se enfatiza en el análisis a partir de USA.

mildred dolores.

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¿El fin del neoliberalismo?

Joseph E. Stiglitz*
20:24 - 07/07/2008

NUEVA YORK

El mundo no ha sido piadoso con el neoliberalismo, ese revoltijo de ideas basadas en la concepción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos eficientemente y sirven bien al interés público. Ese fundamentalismo del mercado era subyacente al thatcherismo, a la reaganomía y al llamado “consenso de Washington” en pro de la privatización y la liberalización, y de que los bancos centrales independientes se centraran exclusivamente en la inflación.

Durante un cuarto de siglo ha habido una pugna entre los países en desarrollo, y está claro quiénes han sido los perdedores: los países que aplicaron políticas neoliberales no sólo perdieron la apuesta del crecimiento, sino que, además, cuando sí que crecieron, los beneficios fueron a parar desproporcionadamen te a quienes se encuentran en la cumbre de la sociedad.

Aunque los neoliberales no quieren reconocerlo, su ideología suspendió también en otro examen. Nadie puede afirmar que la labor de asignación de recursos por parte de los mercados financieros a finales del decenio de 1990 fuera estelar, en vista que el 97 por ciento de los inversores en fibra óptica tardaron años en ver la salida del túnel, pero al menos ese error tuvo un beneficio no buscado: como se redujeron los costos de la comunicación, la India y China pasaron a estar más integradas en la economía mundial.

Pero resulta difícil ver beneficios semejantes en la errónea asignación en masa de recursos a la vivienda. Las casas recién construidas para familias que no podían pagarlas se deterioran y se destruyen, a medida que millones de familias se ven obligadas a abandonar sus hogares en algunas comunidades y el gobierno ha tenido que intervenir por fin... para retirar las ruinas. En otras, se extiende la plaga. De modo que incluso los que han sido ciudadanos modélicos, han contraído préstamos prudenciales y han mantenido sus hogares, ahora se encuentran con que los mercados han disminuido el valor de sus hogares más de lo que habrían podido temer en sus peores pesadillas. Desde luego, hubo algunos beneficios a corto plazo del exceso de inversión en el sector inmobiliario: algunos americanos (tal vez sólo durante algunos meses) gozaron de los placeres de la propiedad de una vivienda y de la vida en una casa mayor de aquella a la que, de lo contrario, habrían podido aspirar; pero, ¡con qué costo para sí mismos y para la economía mundial! Millones de personas van a perder sus ahorros de toda la vida, al perder sus hogares, y las ejecuciones de las hipotecas han precipitado una desaceleración mundial. Existe un consenso cada vez mayor sobre el pronóstico: la contracción será prolongada y generalizada.

Tampoco los mercados nos prepararon bien para unos precios desorbitados del petróleo y de los alimentos. Naturalmente, ninguno de esos dos sectores es un ejemplo de economía de libre mercado, pero de eso se trata en parte: se ha utilizado selectivamente la retórica sobre el libre mercado… aceptada cuando servía a intereses especiales y desechada cuando no.

Tal vez una de las pocas virtudes del gobierno de George W. Bush es la de que el desfase entre la retórica y la realidad es menor de lo que fue durante la presidencia de Ronald Reagan. Pese a su retórica sobre el libre comercio, Reagan impuso restricciones comerciales, incluidas las tristemente famosas restricciones “voluntarias” a la exportación de automóviles.

Las políticas de Bush han sido peores, pero el grado en que ha servido abiertamente al complejo militar-industrial de los Estados Unidos ha estado más a la vista. La única vez en que el gobierno de Bush se volvió verde fue cuando recurrió a las subvenciones del etanol, cuyos beneficios medioambientales son dudosos. Las distorsiones del mercado de la energía (en particular mediante el sistema tributario) continúan y, si Bush hubiera podido salirse con la suya, la situación habría sido peor.

Esa mezcla de retórica sobre el libre comercio e intervención estatal ha funcionado particularmente mal para los países en desarrollo. Se les dijo que dejaran de intervenir en la agricultura, con lo que expusieron a sus agricultores a una competencia devastadora de los Estados Unidos y Europa. Sus agricultores habrían podido competir con sus colegas americanos y europeos, pero no podían hacerlo con las subvenciones de los EU y de la Unión Europea. Como no era de extrañar, las inversiones en la agricultura en los países en desarrollo fueron disminuyendo y el desfase en materia de alimentos aumentó.

Quienes propagaron ese consejo equivocado no tienen que preocuparse por las consecuencias de su negligencia profesional. Los costos habrán de sufragarlos los de los países en desarrollo, en particular los pobres. Este año vamos a ver un gran aumento de la pobreza, en particular si la calibramos correctamente.

Dicho de forma sencilla, en un mundo de abundancia, millones de personas del mundo en desarrollo siguen sin poder satisfacer las necesidades nutricionales mínimas. En muchos países, los aumentos de los precios de los alimentos y de la energía tendrán un efecto particularmente devastador para los pobres, porque esos artículos constituyen una mayor proporción de sus gastos.

La indignación en todo el mundo es palpable. No es de extrañar que los especuladores hayan sido en gran medida objeto de esa ira. Los especuladores afirman no ser los causantes del problema, sino que se limitan a practicar el “descubrimiento de precios” o, dicho de otro modo, el descubrimiento --un poco tarde para poder hacer gran cosa sobre ese problema este año-- de que hay escasez.

Pero esa respuesta es falsa. Las perspectivas de precios en aumento y volátiles animan a centenares de millones de agricultores a adoptar precauciones. Podrían ganar más dinero, si acaparan un poco de su grano hoy y lo venden más adelante y, si no lo hacen, no podrán sufragarlo, en caso de que la cosecha del año siguiente sea menor de lo esperado. Un poco de grano retirado del mercado por centenares de millones de agricultores en todo el mundo contribuye a formar grandes cantidades.

Los defensores del fundamentalismo del mercado quieren atribuir la culpa del fracaso del mercado a un fracaso del gobierno. Se ha citado a un alto funcionario chino, quien ha dicho que el problema radicaba en que el gobierno de los EU debería haber hecho más para ayudar a los americanos de pocos ingresos con su problema de la vivienda. Estoy de acuerdo, pero eso no cambia los datos: la mala gestión del riesgo por parte de los bancos de los EU fue de proporciones colosales y con consecuencias mundiales, mientras que los que gestionaban esas entidades se han marchado con miles de millones de dólares de indemnización.

Hoy hay una desigualdad entre los rendimientos privados y los sociales. Si no están bien a la par, el sistema de mercado no puede funcionar bien.

El fundamentalismo neoliberal del mercado ha sido siempre una doctrina política al servicio de ciertos intereses. Nunca ha recibido una corroboración de la teoría económica, como tampoco --ahora ha de quedar claro-- de la experiencia histórica. Aprender esta lección puede ser el lado bueno de la nube que ahora se cierne sobre la economía mundial.

*Joseph E. Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia, recibió el premio Nobel de Economía en 2001. Es coautor, junto con Linda Bilmes, de The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict (“La guerra de los tres billones de dólares: los verdaderos costos del conflicto del Iraq”).

Project Syndicate, 2008.

fuente: www.project- syndicate. org

¿Cómo construir sociedades con equidad y libertad?: veamos el cómo se está moviendo Cuba

Los temas de los tipos de propeidad, el socialismo, capitalismo, mezcla de sistemas, como las cooperativas, cómo abrirse al mercado, en qué no ayuda cerrarse, los procesos en cada país socialista o capitalista, el Estado de bienestar, la pobreza, etcétera, son aspectos vitales de los que tenemos que aprender, tener sabiduría, en los procesos de construcción de los países con equidad, oportunidades, para todos. Veamos esta noticia sobre Cuba, y cambios en su estructura de propiedad:

BBCMundo.com

Cuba agiliza títulos de propiedad

Redacción BBC Mundo

El gobierno de Cuba anunció la agilización de trámites para que muchos trabajadores estatales puedan adquirir viviendas que pertenecen a entidades del gobierno.

La intención de la medida -publicada este viernes en Gaceta Oficial- busca hacer más sencillos los trámites para traspasar viviendas a aquellos cubanos que las han rentado por 20 años.

En la resolución se establece que llegado a ese término "le asiste a los arrendatarios el derecho a la transferencia de la propiedad de la misma".


Desburocratizando

La ley data de 1988, pero los trámites tan burocráticos han hecho muy difícil hacer el debido traspaso.

Esta medida del Instituto Nacional de la Vivienda intenta entonces que los cubanos que trabajan para ciertas entidades del Estado sean sus propietarios y además permitir que al morir éstos, sus descendientes puedan heredar tales viviendas.

"En el caso de que el arrendatario hubiera fallecido, también están legitimados sus herederos para la promoción del trámite", indica la resolución fechada el 14 de marzo.

Algunas reformas:

Descentralización de la agricultura.

Eliminación de la prohibición para compra de bienes de consumo.

Acceso a hoteles y alquiler de autos.

Acceso a teléfonos celulares.

Agilización de trámites de propiedad de viviendas.

En el caso de los cubanos que trabajan para una brigada denominada "Blas Roca Calderío", el tiempo de alquiler necesario para poder adquirir la propiedad de la vivienda se reduce a sólo cinco años.

El hecho novedoso de esta resolución es que el proceso desde ahora se descentraliza y los cubanos sólo tendrán que hacer los trámites directamente con la entidad donde trabajan.

"Esta promoción es realizada ante la Dirección Municipal de la Vivienda del municipio donde se encuentra situada la vivienda".

Uno de los graves problemas que tiene Cuba es su inmenso déficit de viviendas.

Se cree que es necesaria la construcción de por lo menos medio millón de casas para solventar el problema.

Además cientos de miles de hogares que ya existen están en muy mal estado.

Por otro lado, el gobierno cubano no ha podido cumplir con las metas anuales de construcción por una diversidad de factores que incluye falta de materiales, carencia de mano de obra y corrupción.

Nota de BBCMundo.com:
http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/hi/spanish/latin_america/ne wsid_7343000/7343939.stm

Opinión sobre Estado, socialismo, neoliberalismo.

Acá coloco las opiniones de un amigo que intercambió conmigo sus opiniones acerca de mis interrogantes sobre Estado, capitalismo, socialismo, neoliberalismo, a propósito del artículo sobre Haití de Wooldy Edson Louidor.

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"En relación a la cuestión estatal, el Estado no es socialismo, y la estatización no es un paso al socialismo, como tampoco lo fue el mercado para el capitalismo en las sociedades antiguas china e india. El capitalismo surge o se impone porque aparece una clase burguesa que le conviene y lo convierte en su preferido. Tengo diferencias con las posiciones pro estatistas y anti mercado como la cubana, que cree que manteniendo el país estatizado y limitando el mercado se evitan las presiones de restauración del capitalismo.

La cuestión clave del socialismo es la aparición de experiencias realmente consensuadas de cooperación y solidaridad, no tan directas y mecánicas como el hombre nuevo del Ché, pero una creciente apropiación de las decisiones colectivas por el conjunto de la sociedad, y por eso es tan importante la democracia.

Todas las empresas estatales en este tipo de sociedad contribuyen directamente al proceso de acumulación burgués. Pienso ahora en lo que pasó con la cementera Colón, que sirvió de base a la acumulación de los 300 contratistas millonarios de Balaguer y transfirió en forma de gobernabilidad manteniendo cientos de botellas.

La quiebra de Cementos Colón no fue un resultado administrativo, sino político, de los que dirigían el Estado. El Banreservas, bien administrado, está presionando a la baja de las tasas de interés en función de la política económica estatal que busca reducir el déficit cuasi fiscal por ese medio, demostrando que son cuestiones políticas las supuestas ineficienias de la administración estatal.

Desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores hay que balancear el papel en beneficio del pueblo de una determinada empresa o propiedad estatal. Si mantenerla se convierte en una carga que afecta los servicios públicos fundamentales y nadie se está beneficiando de su condición pública, es mejor venderla, arrendarla o contratar una administración especializada.

Eso incluso se puede extender, a mi juicio, hasta la administración de los servicios públicos, pues no podemos comprometernos a defenderle el empleo a unos insensibles burócratas.

Ahora bien, para el llamado Consenso de Washington que está en la base del neoliberalismo, toda propiedad pública es dañina porque demuestra que la burguesía es prescindible. Ojalá siempre pudiéramos contar con alternativas de administración eficientes que les quiten el control de los medios de producción a los parásitos burgueses. El problema es que le han quitado los medios y vienen como accionistas bursátiles. "

Anónimo.


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Esta opinión se fundamenta en estas preguntas:

He aquí un balance de la situación actual en Hiatí del periodista wooldy Edson Louidor. Pongo en negritas los temas que más llaman mi atención y quiero destacar dos:

1) La baja de la criminalidad en un 70%. Gran logro en la sociedad haitiana, felicidades.

2) La contradicción con respecto a las inversiones del Estado, empresas...Un gran nudo de debate de filosofía política y desarrollo. ¿En cuáles áreas el Estado debe tener empresas cuando no tiene mucha capacidad gerencial u opera con déficits y tiene múltiples tareas pendientes. Las empresas que administra el Estado deben ser de determinadas áreas?. ¿Qué hacer? Fortalecer las emprresas a pesar de la gran sangría de recursos que significan empresas deficitarias, o vender parte de su participación? ¿Tener el 50% de las empresas como pasa en Cuba? Nudo fuerte. Para el neoliberalismo lo ideal es que todo sea privado. Para el socialismo la mayor parte público. ¿Puede plantearse que cualquier Estado, sociedad tiene capacidad de pensar de manera colectiva y plantearse dirigir lo económico aún sea deficitario?