Mostrando las entradas con la etiqueta cultura dominicana. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cultura dominicana. Mostrar todas las entradas

Felicitaciones a Pengbian Sang Ben y a Retrojazz por su CD NO. 2 Jazzeando el cancionero dominicano


La noche del jueves 22, a las 8:00 PM, acá en Santiago, en el Gran Teatro del Cibao, en la sala de La Restauración, tuvo lugar el concierto de Jazz con canciones de compositores dominicanas/os con Retrojazz, mi querido cuñado, Pengbian Sang es muy buen músico, y toda la banda.

Fue gratis, pensando en la integración de todo tipo de personas del pueblo que ame la música, ¡inclusive yo! que me estoy educando en la música (...ja ja...)!!

Se pensó hacer al aire libre, pero las lluvias estaban un poco desatadas y se hizo dentro, en la Sala De la Restauración.

Me encantó el concierto. Me encantaron varios arreglos que los retengo (y voy aprendiendo de música), el contenido, los solos de cada especialista: "Siña Juanica", "Dile", El Guardia del Arsenal...
"Siña Juanica" se puso a la altura del drama humano que trata de la pobreza sacando un poco la cabeza de la desesperanza aprendida, buscando cuatro "clavaos" para salvar su niño de la tos ferina.

"Dile" es la demanda de democratización de los sentimientos, de que no hay amores únicos, hay mucha gente capaz de llenar vacíos en los corazones humanos, y la vida se llena de diversas experiencias de amor.

El Guardia del Arsenal me gusta que cantaron todas y todos las/os cantantes, y habla de la línea noroeste: Manzanillo, habla de Pedro Brand...otro drama de la sobrevivencia....

La Ventanita estuvo muy bien orquestado como parte del primer CD, con video clip, hubo un villancico de navidad...

Se me quedó la composición de Leonor Porchela de Brea: Dónde podré gritarte que te quiero", hermosa...se reconoció a Sonia Silvestre, salió varias veces como cantante de hermosas letras, como esa de doña Leonor. También me enteré que "Para que no me olvides" es de Juan Luis Guerra, famosa cantada por Luis Miguel.

Y me encanta lo que se aprende sobre cultura, reconocimiento a compositores, proyecta la sociedad dominicana en sus aspectos positivos.

Cuando se compra un CD se coopera con la Asociación Dominicana de Rehabilitación, Escuela de Educación Especial de Santiago.

Mildrilla Dolores Mata

Pobre institucionalidad: Cultura e identidad social y política en la República Dominicana

Artículo de Bernardo Matías,

sobre el tema de la no institucionalidad y el incumplimiento de las reglas en RD

mdm
-----

TOCANDO EL FONDO

INCUMPLIMIENTO DE LAS REGLAS EN LA SOCIEDAD DOMINICANA ¿CULTURA O CONTRACULTURA? 

BERNARDO MATIAS

Nuestra sociedad, desde los albores de la colonización, ha estado asentada lo que a primera vista para una desconcertante, dañina y paralizante cultura del incumplimiento de las reglas y las normas. No obstante, este comportamiento individual y colectivo debe ser situado en un contexto cuyas raíces inician con el mismo modelo colonizador implantado arbitrariamente por los españoles, y que se profundiza durante el período postcolonial con la configuración de relaciones sociales y económicas duales (capitalismo vs. precapitalismo) y excluyentes; y de un Estado de naturaleza conservadora y autoritaria.

En efecto, el período y colonial se caracterizó por un desfase de la realidad socioeconómica, política y cultural de la colonia con los valores y las leyes directamente importados desde la corona. La imposición de las autoridades y las leyes generaron la cultura del cimarrón no sólo en los negros esclavos, sino en los propios colonizadores excluidos del poder. Las rebeliones frente a leyes impuestas fue un fenómeno que marcó la vida cotidiana de la colonia. En ese sentido, el no acatamiento de las reglas coloniales, más que una cultura, se constituyó en una contracultura, en una resistencia frente a lo arbitrariamente impuesto.

De aquí se desprende un primer supuesto: la imposición de leyes y valores, al margen de la realidad concreta de una sociedad, tiende a generar un tipo de resistencia que deviene en cultura de desacato a las reglas y al establecimiento de códigos de comportamientos implícitos e informales que son respetados y asumidos en los microespacios y terminan funcionando como contracultura. Los negros cimarrones se dieron sus propias normas de relaciones grupales; el campesino se dio patrones de comportamiento que moldearon y regularon sus relaciones informales; en el espacio urbano las redes informales tienen sus propias reglas de juego.

Esta tensión entre modelo impuesto y resistencia se acentúa durante el período independentista y postindependentista. Esta etapa de nuestra historia se caracterizó por una lucha constante entre la imposición de un modelo de Estado de factura europea y la realidad de la nueva sociedad. Los liberales estuvieron influenciados por una visión europeizante del Estado y la sociedad, mientras que los conservadores, además de su eurocentrismo, configuraron la idea de un Estado cuyo fundamento no era la ley ni la norma, sino la figura del caudillo, sus intereses y caprichos personales. En ese escenario, el país vivirá la tensión entre darse un Estado a la medida de nuestro desarrollo social y económico o conforme a las ideas eurocentristas dominantes.

Simultáneamente la sociedad dominicana se iba moldeando con el desarrollo de una economía dual donde el capitalismo asomaba la cabeza y las relaciones precapitalistas en lugar de desaparecer se enraizaban y resistan a morir. Esta dualidad económica marcará en gran parte el comportamiento dual de nuestra sociedad frente a lo formal. El capitalismo por su propia naturaleza requiere de normas y leyes funcionales, en cambio en las relaciones precapitalistas la informalidad, el compadrazgo, las relaciones primarias, funcionan por encima de las leyes y normas. El precapitalismo no significa ausencia de reglas, sino que lo predominante es la presencia de códigos éticos informales que operan funcionalmente al margen de lo normal o prescriptivo dentro de la esfera del Estado.


Contrario a la imagen construida sobre el funcionamiento de las leyes durante la dictadura trujillista, este fue el período donde más se configuró una cultura del desacato de las reglas o leyes. Con Trujillo se institucionalizó la cultura de que quien tiene o controla el poder puede violar las reglas sin que degenere en consecuencias condenatorias. La ley existía para quien estaba fuera de la estructura de poder del dictador y caudillo, en cambio todo aquél que formara parte de su favor o agrado tenía carta abierta para el desacato y la instrumentalización de las normas legales.

Por su parte, el balaguerismo no sólo será un continuum de esta cultura del incumplimiento de las reglas, sino que será el período de su justificación e institucionalización. La visión instrumental de la Constitución y las leyes moldeará toda la sociedad. Es el Estado mismo quien llama a violar las leyes y la Constitución, cuando Balaguer define a la Constitución como". Este absurdo político nos convierte en una sociedad única. Parte de las funciones del Estado es garantizar el cumplimiento de las reglas establecidas por él mismo. Nuestra sociedad inaugura una ideología del desacato de las reglas, la cual es enarbolada desde el mismo Estado. Esta práctica contradictoria, perversa y dañina en lugar de erradicarse en nuestra sociedad se ha ido soldando y consolidando cada vez más.

Las relaciones desiguales y las asimetrías sociales motorizan el relajamiento de las propias instituciones públicas, hace más difícil la construcción de una cultura ciudadana que facilite la adhesión a las reglas y normas de la sociedad. La exclusión y la fragmentación social genera un ciudadano que hace de la ruptura de lo normativo un mecanismo de supervivencia. Es la cultura del “cimarrón” que busca sobrevivir frente a las exclusiones generadas en “las plantaciones”. Pero es a la vez la cultura del “amo” que entiende que su poder lo convierte en persona invulnerable e intocable cuando viola las reglas y las leyes. Él es su propia ley.

Dentro de las crisis éticas que vivimos en nuestra sociedad, el incumplimiento generalizado de las reglas y las leyes constituye uno de los más graves. Este comportamiento arropa la vida individual, familiar, social e institucional. Cada vez más el incumplimiento se asume como un valor esencial de supervivencia y se ha ido convirtiendo en un comportamiento socialmente tolerado.

Los dominicanos y dominicanas, al igual que otros países latinoamericanos, hemos desarrollado los mecanismos más diversos y variados para el desacato y la burla de las leyes y las normas. Se burlan, violan y desacatan las normas de salud, de orden público, en las universidades, de tránsito, ventas ambulantes, en los partidos, en las familias, las iglesias, las organizaciones públicas y privadas. Sin embargo, pocas veces hay consecuencias. Cuando un colectivo internaliza que el incumplimiento de las normas, las reglas o compromisos no tiene consecuencias, el resultado final es que el relajamiento de las reglas de juego termina siendo parte de su identidad.

El incumplimiento de las reglas arrastra en cadena una serie de consecuencias que frenan el desarrollo de una sociedad. Una de las consecuencias de la cultura del incumplimiento es que corroe la convivencia y los tejidos sociales de un país; existe una percepción de ilegitimidad y desconfianza de la autoridad y las instituciones; se impone el individualismo con la consecuente pérdida de lo colectivo.

Una sociedad se construye sobre rocas cuando establece un conjunto de valores considerados “duros”, innegociables, los cuales trascienden a las instituciones, los individuos y a las generaciones. La cultura del cumplimiento de las reglas nace en el seno de la familia y se institucionaliza en el Estado y las redes de organizaciones que cohesionan la sociedad. El cumplimiento implica relaciones de respeto mínimamente humanas entre unos y otros, pero especialmente cuando el Estado se convierte en el principal promotor de una nueva cultura ciudadana.


PDF to Word

Las promesas religiosas, buscando con pasión un mejor vivir

FE CATÓLICA

Las promesas altagracianas de los creyentes del Cibao

Arleny Lantigua - 1/21/2008


La Basílica de Higüey recibe hoy a miles de fieles de la fe católica.

SANTIAGO.- Con la llegada del 21 de enero, día de Nuestra Señora de la Altagracia, protectora del pueblo dominicano, se empiezan a escuchar las voces que dicen: “tengo que ir para Higüey a cumplir una promesa”.

Y es que desde que los hermanos Alonso y Antonio de Trejo trajeron la virgen de la Altagracia a esta tierra, la devoción hacia ella es muy popular, concurriendo a su santuario todos los años numerosas romerías que van desde los más apartados confines de la isla a ofrendarle los votos y promesas hechas en momentos de tribulación.

Según el diccionario, la promesa es un contrato por el cual una de las partes, o ambas, se obligan, dentro de cierto lapso, sea por el vencimiento de un plazo o por el cumplimiento de una condición, a celebrar un contrato futuro determinado.

En palabras más simples en un intercambio de hechos, si tú haces esto, yo hago aquello.

La gente desea mejoría, bienestar, estabilidad, se siente apegada a personas, sueños, viajes, deseos. Las promesas reflejan una gran convicción, un deseo vehemente para lograr algo.

Las personas se disciplinan, se imponen sacrificios y le dan fuerza a sus palabras con promesas, considera la socióloga Mildred Dolores Mata.

Las promesas van desde ofrecimientos de prendas de oro, viajes a pies o de rodillas a la Basílica de Higüey, vestir de equis color por determinado tiempo, dejar vicios o malas costumbres y hasta cortarse el pelo, todo para satisfacer a la virgen y que así les cumpla lo anhelado. En el peor de los casos esperan a que se cumpla lo pedido para cumplir lo ofrecido.

La Iglesia Católica tiene su posición definida en cuanto a este tema, afirma el padre Juan Rodríguez, párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Altagracia de Santiago. “La gente agradece a la virgen todo lo que ella nos ha dado con diferentes cosas”, precisó, pero apunta que no se trata de un negocio.

El pensamiento mágico, determinista...cree mucho que con la fe, pueden influir en la realidad. Las personas más realistas y democráticas con la Virgen, piden, pero dicen “que se haga tu voluntad”, así se da un espacio de flexibilidad y de respeto a ella, por si no se pueden cumplir sus deseos, dice Mata.

Entonces surge el dilema de si es por la promesa que se cumplen las cosas o es por la actitud de la gente ante las situaciones, así como las condiciones externas para que algo sea realizable.

Mucha gente sabe que a veces no suceden cosas que desean con vehemencia porque quizás no le conviene. Pero de todas formas ponen su granito de arena para empujar la realidad conforme a lo que quieren, por si acaso se puede.

Mata asegura que hay una relación entre nivel educativo y conciencia racional. El creer mucho en el destino, en que las cosas dependen de fuerzas sobrenaturales es un sello propio de la impotencia por la falta de comprensión, de análisis y de poder.

A veces las promesas resultan frustrantes para quienes las ofrecen, porque de no ver sus sueños realizados se vuelven rebeldes, incrédulos y hasta dejar de venerar la que antes era la niña linda de su vida.

El padre William Almonte, encargado de la Pastoral Juvenil en esta ciudad, sostiene que las promesas son asuntos de fe popular, porque normalmente la gente recibe un milagro y luego ofrece las promesas u ofrece una promesa para recibir el milagro.

“Depende de la formación de la gente en la fe, para no verlo como un intercambio, puede verse como un negocio pero no lo es, la fe es muy diferente al pensamiento de la gente. Con las promesas no se busca la complacencia humana sino la voluntad de Dios”, añadió.

La cultura dominicana nos enseña a creer lo que no es malo, pero hay que saber que lo positivo de nuestro entorno y pensamientos, el esfuerzo físico, psicológico e intelectual es lo que garantiza el éxito en la vida. Si los milagros existen, se realizarán, pero no por un mero interés personal.

http://www.listin.com.do/app/article.aspx?id=45014

La navidad en el 2007 en República Dominicana, la periodista Grisbel Medina analiza

COSTUMBRES
Pálpito regional en Navidad: ¿qué queda y qué se fue de la tradición en los pueblos del Cibao?
Por Grisbel Medina
La navidad, más que contagio, es integración. Cuando Juana Núñez era niña, en Nagua, municipio ubicado al Nordeste de la República Dominicana, “todo el mundo se integraba a cocinar” y en la noche “las calles se quedaban vacías, porque la gente cenaba en su casa”, confirma. Con la mirada pegada al techo, la joven recuerda cómo, para final de año, aparte de brochazos coloridos a la pared, su madre cosía ropa nueva para ella y sus hermanas. Torciendo la boca, como señal de lamento por los cambios impuestos por la prisa y el tiempo, asegura que ahora “la gente se desgarita pa’ la calle” porque “la unión familiar se ha perdido muchísimo”.

En Mamey, Los Hidalgos, comunidad perteneciente a Puerto Plata, Lianuska Santos rememora las navidades en el pedazo de patria donde aún se sienten los aguinaldos, pero, aclara “no con el orden y el espíritu de antes”. El pueblo de Mamey es fiestero. El año entero suena música frente al parque y derrocha cerveza en las banquetas al aire libre, donde los varones le hacen “ÿuca” (vigilia) a las muchachas.
En Navidad el movimiento en esta localidad se incrementa y de acuerdo a Lianuska, quien trabaja para las asociaciones choferiles, antes, los villancicos corrían de casa en casa, organizadamente, mientras que ahora es un reperpero hasta las cuatro de la mañana”, comentó.
Por su lado, Carmen Luisa, nacida hace 51 años en Salcedo, hoy provincia Hermanas Mirabal, recuerda el alboroto del vecindario desde que se asomaba el mes de noviembre.
“La gente pintaba las casas y compraba trastes nuevos. Por mas pobre que fueran, siempre había para pintar el rancho”, relató.
La Navidad, la temporada que ilumina las ciudades de pomposas coronas con miles de bombillas y arbolitos de todas las variedades, está muy marcada por la moda y las imposiciones del mercado.
Según Yonarys de Jesús, antes los niños y niñas se agradaban con cualquier monería.
“Ahora piden con exigencia y hay que comprarles lo que quieran”. Como el más grande de los tesoros, la joven residente en Santiago, guarda la bondad de la época impregnada por sus progenitores.
“A pesar de tener 29 años, tengo ese grato recuerdo de que mis Santa, que eran papi y mami, me permitieron crecer con el espíritu de la Navidad”, confiesa la casi treinteañera, que adiciona “ya no se escucha un niño preguntarse ’qué me va a dejar Santa’, lo escuchas cuestionarte sobre ¿qué me vas a comprar?.
En torno a las costumbres de la época, la socióloga, Mildred Dolores Mata, dice que se mantienen con diferencias regionales. Para la gente del Cibao, el niño Jesús es clave para hacerle regalos a los más pequeños, en Santo Domingo son los Reyes magos, cita como ejemplo.
En estos días, las aceras del Centro Histórico de Santiago (el área más antigua de la ciudad), se rompen y rehacen en adoquines, por encargo gubernamental a la Oficina Supervisora de Obras del Estado.
Dolores Mata dijo que “la ciudad está más cuidada y cosmopolita. Supuestamente y como “regalo de Navidad”, el presidente Leonel Fernández, inaugurará las “nuevas aceras” de Santiago.
En Navidad, el Cibao, productiva región del país, es tribuna de luces, arbolitos, puerco asado, pavo horneado, intercambio de regalos, festividad, alegría y unidad familiar. De acuerdo a la socióloga, en este tiempo se manifiesta más solidaridad, se aprecia el retorno de inmigrantes, se bebe más alcohol y hay más dinero para, por ejemplo, limpiar y pintar las casas.
La navidad sensibiliza
Una labor que ocupa a muchas instituciones de Santiago es la de cantar y contagiar de júbilo a envejecientes, infantes e internos, con visitas al Hospicio San Vicente de Paúl, hospitales infantiles y recintos carcelarios.
Muchos colegios organizan actividades para llevar juguetes y dulces a niños y niñas de diferentes centros como la Unidad de Quemados del Hospital Infantil Arturo Grullón. Los Voluntariados, hay diversos en la ciudad, también solicitan permiso para llevar alegría a ancianos e infantes en situación vulnerable.
El doble sueldo, tan esperado desde las primeras horas de diciembre, es un billetico que a juicio de Mildred Dolores Mata, entusiasma a la gente. De hecho, asegura, en esta época, “la gente cambia de ánimo, celebra, es más unitaria, la autoestima y el ánimo sube, se vuelve más solvente económicamente, circula más el dinero, y esto, claro, incrementa decisiones, libertad, circulación.... “
Los tarantines con sus macetas de uvas, rojitas y gordas, se instalan en diversas esquinas de la ciudad. Como deben mantener colgada la mercancía, los dueños de estos negocios (obtienen un permiso del Ayuntamiento), se turnan para dormir debajo de la “falda” plástica de las mesas donde también hay pasas, manzanas, confetti y guineos maduritos.
¿Que se ha perdido y que hemos ganado de la Navidad?, le preguntamos a la experta. Su respuesta, “pienso que hay más estrés por tres razones: Las dificultades que atravesamos por el paso de la tormenta Noel, muchas personas en precariedad absoluta, las personas responsables y sensibles, así como las instituciones están más atentas a socorrer, no hay tanta festividad al margen de este sentir. Además, añade, este año es previo a unas elecciones y eso hace que el debate político mantenga cierta tirantez en la sociedad dominicana, propia de las diferencias partidarias que compiten. Esta situación, declara Mildred, hace que no estemos tan unidos, y que compitamos, algunas veces, hiriéndonos y esto no es muy festivo.
Su tercera razón es que el país “está más consciente sobre varias dificultades sociales que nos afectan a través de familias disfuncionales y personas antisociales: la violencia de género, que se conmemora a finales de noviembre. Son estadísticas tristes, dolorosas, muchas mujeres asesinadas. y la ausencia de recursos y actividades de prevención, y de enfrentamiento de la problemática”.