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Despenalización del aborto. Reconoce derechos de las mujeres veto Danilo Medina. Por Rosario Espinal

Repito: bien hecho, Señor Presidente. Por Rosario Espinal 


En 2014 publiqué el artículo que leerán a continuación cuando el presidente Danilo Medina observó el Código Penal por la penalización total del aborto. En esta ocasión, en que por segunda vez el presidente Medina observa el Código por el mismo motivo, aprovecho para reiterar lo dicho entonces. Reproduzco aquí ese artículo con pequeñas adaptaciones de tiempo y espacio.
Con la observación y las explicaciones sobre los eximentes que la sustentan, el presidente Danilo Medina ha marcado una diferencia histórica para gestar una sociedad de derechos humanos y reproductivos de las mujeres.
El aborto podría verse como un asunto insignificante en la constelación de problemas que afectan la sociedad dominicana; pero no es así. Podría verse como un tema exclusivo de las feministas; pero tampoco es así. Podría considerarse amoral, pero no siempre lo es.
Como señala la observación presidencial, hay circunstancias donde procede despenalizar el aborto. Es el caso cuando peligra la vida de la madre, cuando el embarazo es producto de una violación sexual o incesto, y cuando hay deformaciones que impiden la vida. Pero a pesar de lo obvio, siempre hay opositores furibundos.
A quienes se oponen al aborto cuando peligra la salud de la madre, hay que decirles que los legisladores no tienen derecho a condenar una mujer a la muerte porque se complique un embarazo. ¿Qué harían esos opositores si una hija enfrentara la muerte por un embarazo? Apuesten que la mayoría aceptaría la interrupción.
A quienes se oponen al aborto en caso de violación sexual hay que preguntarles: ¿qué harían si una hija es violada y queda embarazada por un acto aberrante y criminal? Apuesten que la mayoría se inclinaría por la interrupción.
La evidencia internacional es clara: la penalización total del aborto no reduce los abortos, por el contrario, los aumenta.
Un estudio del Instituto Guttmacher con datos de 1997 a 2003 muestra que en Europa Occidental, donde el aborto es permitido en el primer trimestre del embarazo, la tasa promedio de abortos fue de 12 por 1000 mujeres en edad reproductiva, mientras en los países subdesarrollados donde se penaliza totalmente, la tasa fue 29 por 1000.
Cuando el aborto está prohibido totalmente, las mujeres acuden a prácticas inadecuadas para inducírselo. Eso afecta negativamente la salud de las mujeres y es una causa de mortalidad materna. Las mujeres de menores ingresos son las más expuestas al aborto inseguro y sus consecuencias.
Despenalizar el aborto no significa obligar a nadie a hacerlo. Significa que el Estado permite la interrupción del embarazo para quien tome esa decisión ante situaciones adversas establecidas legalmente. Esa es la norma en la mayoría de los países latinoamericanos.
Como la iglesia católica y las evangélicas han llevado la voz cantante en la oposición total al aborto, es importante recordarles que lo pecaminoso en lo religioso no constituye necesariamente un delito público que deba conllevar penas.
La legislación sobre el aborto no debe responder a dogmas religiosos, sino a derechos civiles. Las religiones pueden intentar convencer a sus feligreses de que nunca aborten, pero es injusto que lo impongan a toda la sociedad.
Un sistema democrático debe ser respetuoso de la libertad de culto, y la República Dominicana lo es; pero un Estado democrático no puede legislar solamente para satisfacer dogmas, sino para garantizar una pluralidad de derechos civiles a la sociedad.
Bien hecho, Señor Presidente, por haber observado el Código Penal. Ahora, a los legisladores que actúen con la sensibilidad, sensatez y valentía del presidente Medina. Hasta el Papa Francisco ha flexibilizado con el perdón la oposición al aborto.

A favor del embarazo terapéutico: Rosario Espinal

ENFOQUES

Embarazo constitucional forzado


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Rosario Espinal



martes, 24 de febrero de 2009

La propuesta de reforma constitucional depositada en el Congreso establece el embarazo forzado como uno de sus postulados.

Embarazo forzado es aquel que toda mujer está obligada a llevar a término porque de lo contrario estaría delinquiendo y sería sujeta de sanción penal junto a quienes hacen el aborto.

Actualmente, la República Dominicana es uno de los pocos países en el mundo occidental donde todo tipo de aborto está prohibido.

En Europa, Norteamérica y en casi todos los países de América Latina se permite en caso de violación sexual, incesto o riesgo de vida para la madre. En Europa, Canadá y Estados Unidos se permite también durante el primer trimestre del embarazo, independientemente de la causa.

En República Dominicana, por el contrario, las leyes recientemente depositadas en el Congreso, o en discusión, establecen la prohibición absoluta del aborto.

El Artículo 30 de la propuesta de reforma constitucional indica que: “El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte”, y el proyecto de Código Penal instituye sanciones más fuertes que las actuales a las mujeres y el personal médico que aborten.

En la práctica, estas disposiciones constitucionales y legales contra el aborto impedirían que una niña de 11 años violada por su tío pueda interrumpir el embarazo que ella no escogió voluntariamente. También impediría que una mujer con un embarazo de alto riesgo pueda interrumpirlo para salvar su vida.

Distintas iglesias se movilizan activamente a favor de que se establezcan fuertes restricciones al aborto.

Prefieren que una madre muera, incluso con el feto, antes de aceptar que en esas condiciones es aconsejable médica y socialmente un aborto. También prefieren que una niña de 11 años lleve el resto de su vida la marca de una criatura producto de una burda violación sexual.

Confieso que nunca he comprendido la noción de Dios que promueven los religiosos que así piensan. Para mí, la razón humana de creer en Dios es asumir su fuerza compasiva, su misericordia y su sentido de justicia.

Ante las barbaridades que rodean la humanidad (y un ejemplo son las violaciones sexuales), un Dios compasivo dejaría abierta la posibilidad de resolver el problema de la manera menos perjudicial para la víctima; porque, que quede claro, el daño a una niña abusada sexualmente nunca se diluirá completamente.

Tener un sistema legal que permita el aborto cuando se presentan condiciones adversas para completar un embarazo no significa obligar a toda mujer a abortar; ni tampoco que las iglesias no puedan predicar sus doctrinas para convencer a sus feligreses de que no lo hagan.

Sólo significa que habría legalidad para que las mujeres que decidan hacerlo cuenten con las condiciones médicas adecuadas.

Un sistema legal así no atenta contra un Dios compasivo, aunque sí, contra la concepción teológica despótica, donde se promueve un Dios absolutista en las reglas que producen más dolor que alivio a los seres humanos.

El dilema histórico de las religiones ha sido cómo resolver el conflicto entre imponer el absolutismo dogmático por un lado, y ejercitar por otro la compasión humana que nos conduce a mitigar las injusticias y los abusos.

En República Dominicana domina actualmente una concepción religiosa de excesivo dogmatismo prohibitivo, que en el campo de los derechos ciudadanos, deja poco espacio para concebir leyes más acordes con la democracia.

La razón de esta situación es que los políticos dominicanos, obsesionados con el poder, son incapaces de trascender el miedo y la subordinación a los poderosos.

Por eso no legislan ni gobiernan en función de los derechos democráticos.

Los congresistas dominicanos enfrentan actualmente la disyuntiva de sucumbir ante el dogmatismo, aprobando una nueva Constitución y un nuevo Código Penal altamente restrictivos y punitivos del aborto, o alzar la frente respetuosamente y asumir la responsabilidad pública para la cual fueron democráticamente electos.

No se acobarden señores congresistas ante el tema del aborto; atrévanse a ser verdaderos legisladores para una sociedad democrática del siglo XXI.


http://www.clavedigital.com/App_Pages/opinion/Firmas.aspx?Id_Articulo=13760&Id_ClassArticulista=23

Posición sobre el Sistema de Seguridad Social en la República Dominicana: Rosario Espinal

Rosario Espinal escribió en Firmas Clave Digital sobre el Seguro Familiar de Salud (SFS), identifica que hay demasiados intermediarios en el sistema y propone su simplificación. Acá el artículo de Rosario Espinal:

http://www.clavedigital.com/Firmas/Articulo.asp?Id_Articulo= 9491

Acá coloco precisiones del especialista en el tema de Seguridad Social, doctor Pedro Luis Castellanos en torno al contenido del artículo de Rosario Espinal:

"Reflexionar sobre el interesante artículo de la Dra. Espinal sobre el Seguro Familiar de Salud (SFS) me lleva a sentir la necesidad de expresar algunas de estas reflexiones y hacer algunas imprecisiones que de no hacerse podrían inducir a errores serios de interpretación si no se aclaran..

Previamente digo que es muy importante que el tema se mantenga en la opinión pública y que seas ampliamente debatido por todos loos sectores y personas interesados y no solo por los "especialistas". En este sentido me alegró haber leído en su oportunidad el artículo de Espinal. El tema nos afecta e a todos, nos interesa a todos y todas y todos y todas debemos participar de una u otra forma en del debate.

Para comenzar debo debo decir que comparto sus preocupaciones por la complejidad del régimen contributivo y personalmente hubiera preferido un diseño mucho menos complejo, con menos actores y, en el caso del contributivo, con menos intervención del Gobierno y del Estado. La principal responsabilidad del Estado no es subsidiar a las ARS y menos aún a los empleadores en sus cotizaciones al SFS ni a los prestadores privados. Su principal responsabilidad es desarrollar la Red Pública de Servicios de Salud y asegurar que todos los pobres sean incorporados al régimen subsidiado.

Ahora no voy a abundar sobre como consideramos que debió haberse diseñado el sistema, pero este es el vigente y legalmente establecido. En su oportunidad fuimos derrotados quienes aspirábamos otros diseños. Por ahora apuesto a que se desarrolle hasta sus límites, porque es muy superior a lo que tenemos y significará beneficios relevantes, sobre todo para la mayoría de la población. Solo diré que estoy convencido que tarde o temprano iremos a un sistema de financiamiento básicamente anclado en impuestos pero con prestadores mixtos, es decir públicos y privados. Creo que es casi inevitable que nos vinculemos a esta tendencia predominante a nivel mundial en países capitalistas desarrollados y subdesarrollados y mas aun en países con orientación al socialismo.

Ahora algunas reflexiones y precisiones.

a) Las tarifas y honorarios que debe fijar la SISALRIL son solamente de referencia, es decir la mínimas. Buscan proteger, en un sistema de mercado regulado, a quienes se suponen mas débiles (los prestadores) para que negocien en mejores condiciones con las ARS que siempre tratarán de pagarles lo menos posible. No coresponde al Estado fijar los términos de estos contratos. Las tarifas y honorarios reales que se establezcan en los contratos entre las ARS y los prestadores no tienen límite superior. Nunca los tuvieron en el sistema anterior y tampoco lo tienen en el actual. Dependen de la capacidad de negociación y fuerza de cada prestador con las diferentes ARS. Este es un conflicto en que el Estado solo debería intervenir en defensa de los intereses de los beneficiarios, es decir aplicando con firmeza las regulaciones y obligando a las ARS y los prestadores (médicos, clínicas, farmacias, laboratorios, etc) a asegurar un servicio adecuado, o sancionando ejemplarizadamente a quienes incumplan.

b) En cuanto al subsidiado y el contributivo-subsidiado. Lo primero que hay que entender es que la informalidad en el mercado laboral no es un accidente o fenómeno transitorio o excepcional. Alrededor del 56% de la población está vinculada al sector informal (desde la perspectiva del SFS quiere decir que no tiene un patrón establecido ni un trabajo formal estable). No es algo excepcional, es la mayoría de la población. Tampoco es transitorio, las tendencias en el mercado laboral son a aumentar la proporción de la población en la informalidad no a disminuir. Esto así porque la capacidad de generación de empleo en el sector formal, en el actual modelo económico es muy limitada. Por muchas razones, nuestra economía tiene mas capacidad de poner a rodar dinero entre la población que de generar empleos de calidad.

Entonces, el desarrollo del régimen subsidiado y del contributivo subsidiado no puede ser vistos como una desgracia o mal que tendremos que soportar los buenos que pagamos impuestos. Primero que no solo los trabajadores y empleadores formales pagan impuestos. Pero por otra parte, no deberíamos pensar en esto como una desgracia a superar. Por el contrario, debería entenderse que es la espina dorsal del sistema de seguridad social, si realmente esperamos que tenga impacto en la protección social de la salud de la población y cumpla un efecto redistributivo suficiente para reducir la exclusión y las inequidades en salud.

De donde deben salir los recursos, pues de donde salen en todas partes del mundo, del presupuesto público, de los aportes en impuestos de la sociedad. Por eso deben ser producto de amplios consensos sobre el modelo de desarrollo, de reflexiones acerca de la sociedad y el país que somos y que queremos ser. Nuestro país tiene uno de los mas bajos gastos públicos en salud del continente y hasta del mundo, cuando lo medimos como porcentaje del PIB. DE allí la paradoja de que la economía crece pero la disponibilidad de recursos per cápita en salud se mantiene y a veces disminuye. La consecuencia es que los servicios públicos de salud están permanentemente subfinanciados y no pueden elaborar planes y programaciones de desarrollo porque sus recursos están sujetos a la discrecionalidad de los gobernantes.

Si se lograra aumentar hasta el 3% del PIB el gasto público en salud, habría suficientes recursos para mejorar sustancialmente la Red de Servicios Públicos. Por supuesto no bastará aumentarlo, se necesitan reformas estructurales de fondo para conformar una Red única de Servicios Públicos de Salud y cambios sustanciales en los sistemas de gestión financiera, para asegurar mayor eficiencia y efectividad. Estimamos que el gasto total en salud del país (público y privado) debería llvarse al menos hasta el 5% del PIB para el 2015. Esto es aun menor que el promedio latinoamericano actual, pero es suficientemente desafiante como visión, porque actualmente es alrededor del 3% del PIB. Elevar el gasto público es esencial para dicminuir el gasto familiar, el cual afecta considerablemente a las familias, sobre todo las mas pobres.

Habría que recordar que la tendencia universal predominante es al financiamiento público de los sistemas de salud y de aseguramiento universal. La experiencia parece demostrar que los sistemas basados en el aseguramiento privado son menos eficientes y producen peores resultados. Por eso en España, Dinamarca y varios países europeos que entraron hace unos quinquenios en la moda neoliberal de los sistemas de aseguramiento privados, hoy casi el 100% del financiamiento del aseguramiento de sus poblaciones, al igual que en casi toda Europa, Japón, Canadá y muchos otros, es casi exclusivamente público, aunque en muchos casos la prestación de los servicios es mixta o en algunos predominantemente privada.

¿Que somos pobres?. Precisamente por eso mas necesitamos un buen sistema de protección social de la salud si queremos desarrollarnos. ¿Qué no nos alcanza?. Habría que verlo en término de prioridades en la inversión pública desde una perspectiva de desarrollo humano y sostenible. Es muy difícil imaginarse que caminemos aceleradamente hacia el desarrollo sin un buen sistema educativo público y un buen sistema de protección social de la salud. Entonces, tal vez deberíamos preguntarnos, como hizo una vez Josue de Castro a propósito de las relaciones entre población y economía: "Oh, señor, ¿somos pobres porque tenemos muchos hijos, o tenemos muchos hijos porque somos pobres?. Aplicar este tipo de reflexiones a la salud y la educación puede ayudarnos a ver las cosas de otra manera. ¿Tenemos mala educación y salud porque somos pobres o somos pobres porque tenemos mala educaión y salud?. No me gusta asumir posiciones fundamentalistas en este
tipo de disyuntivas, pero es mejor reflexionar sobre ellas que igniorarlas. No somos mas pobres de Kerala (India) ni de lo que eran Taiwan, Singapur y varios otros cuando hace unos 30 años decidieron hacer fuertes inversiones en salud y educación para sustentar su modelo de desarrollo.

c) Avanzar hacia el aseguramiento universal (de toda la población) como lo establece la Ley 87-01 para el 2011, requerirá (salvo milagros económicos que nos e avisoran) que el subsidiado cubra mas de 3 millones de personas y probablemente el contributivo-subsidiado alrededor de dos a tres millones. Si esto se lograra, y si los mecanismos de financiamiento de los servicios y establecimientos públicos se vincularan cada vez mas al pago por prestaciones realizadas a los ciudadanos asegurados, mas un aporte por atención a la población no asegurada o por servicios no cubiertos por el Plan Básico de Salud, podríamos tener un sistema público de servicios de salud que constituya no solo el reconocimiento de un derecho ciudadano de la mayoría, sino una opción válida para quienes estando en el régimen contributivo así lo prefieran, como ocurre en la mayoría de los países del mundo en los que el sistema público es de mejor calidad que el privado lucrativo.

Considero que debemos apostar al desarrollo del sistema público, a que la sociedad y el estado dominicanos asumamos un compromiso serio con la cobertura universal de aseguramiento en salud y con el desarrollo de un sistema público de calidad, al igual que por una fuerte rectoría pública. Solo hay un país en el mundo cuyo modelo de atención de salud es predominantemente privado (los Estados Unidos) y entre los países desarrollados es el que peores resultados produce en la salud de la población y el mas costoso (alrededor del 15% del PIB). Por eso no es de extrañar que por varios años ha estado en la discusión política de ese país la necesidad de una reforma de fondo de dicho sistema. En todos los demás países desarrollados, y en casi la totalidad de los subdesarrollados, los sistemas públicos de salud (aun con todas sus fallas y limitaciones) son de mucha mayor cobertura y calidad que los sistemas privados de su mismo país, salvo en cuestiones de hotelería y algunos servicios que no atañen a la calidad de la atención (tiempos de espera por ejemplo). En esto la República Dominicana no podría ser la excepción. Simplemente no es posible pensar en un sistema de salud de calidad y de cobertura universal sino es sobre la base de un sistema público altamente desarrollado y de alta capacidad de resolución y de satisfacción a la población. Pero esto es imposible si no se aumenta considerablemente el financiamiento público del sistema y si no se garantiza el aseguramiento universal en salud de la población.


Definitivamente para allá no se va por el camino de las complacencias con intereses de lucro de sectores minoritarios. Se necesita una visión del país y compromiso de todos los sectores con esa visión y con un camino. Para esto se necesita una cierta disposición de sacrificio en quienes han sido los mas beneficiados del modelo actual, altamemte excluyente.

Pedro Luis

Dr. Pedro L. Castellanos
"Un mundo mejor es posible"
IDESARROLLO. República Dominicana

¿Reformar el seguro familiar de salud en la Repúblic Dominicana: Rosario Espinal

PUBLICADO EN LA SECCION FIRMAS DE CLAVE DIGITAL EL DIA martes, 25 de septiembre de 2007

ENFOQUES

Seguro Familiar de Salud, ¿capitalista o socialista?

Rosario Espinal - Socióloga. Profesora de sociología y política en Temple University, Filadelfia.

En República Dominicana hay una marcada tendencia a diseñar leyes y ejecutar programas de manera inadecuada, aunque la intención que los motive sea loable.

Ofrecer cobertura de salud total es fundamental para el bienestar de la población, pero la experiencia de todos los países indica que lograrlo es complicado.

El desafío es aún mayor en economías capitalistas de bajo desarrollo, como la dominicana, donde la pobreza es amplia y las ansias de ganancias no se corresponden con las precariedades imperantes.

La Ley 87-01 que creó el Sistema Dominicano de Seguridad Social, del cual es parte el Seguro Familiar de Salud, fue promulgada con promesas de justicia y se fundamenta en varios principios socialistas, como la universalidad en la cobertura, la solidaridad y la equidad.

Pero vale preguntar en medio de tantas promesas: ¿quién pagará, cuánto y a quién para garantizar los servicios?

Al tratar de responder esta pregunta encontramos que la ley, aunque proclama principios igualitarios, enfrenta serios problemas de implementación porque se basa en un sistema capitalista de prestación de servicios.

El Seguro Familiar de Salud está dividido en tres categorías: el subsidiado por el Estado para las personas de muy bajos ingresos; el contributivo para los empleados del sector formal; y el contributivo-subsidiado para los trabajadores informales, desde chiriperos hasta médicos y abogados en ejercicio liberal.

Según la ley, el subsidiado es costeado totalmente por el Estado, el contributivo por empleados y empleadores, y el contributivo-subsidiado por trabajadores y el Estado. Los dos primeros programas se han iniciado.

El dinero para financiar el sistema subsidiado viene del presupuesto nacional y los pobres recibirán lo que el gobierno ofrezca.

En el contributivo habrá mayores tensiones, como ya se evidencia. La razón es que los aportes que hacen los empleados y empleadores no alcanzarán para pagarle a todas las instancias que regulan, administran y ofrecen los servicios de salud.

Primero, los prestadores tienen que negociar con la burocracia estatal que regula y administra los recursos del sistema contributivo. Segundo, hay que cotizar a las administradoras de riesgos de salud (ARS) que ofrecen los seguros y operan como empresas capitalistas. Tercero, hay que pagar a los prestadores directos (clínicas, médicos, laboratorios, farmacias), que también desean cobrar con márgenes de beneficios.

Si la mayoría de la población dominicana trabajara en el sector formal de la economía y ganara mejores salarios, el nuevo sistema funcionaría con más holgura.

Pero muchos trabajadores dominicanos devengan salarios bajos, y el porcentaje que aportan junto a sus empleadores, no alcanzará para pagar tantas instancias de prestación con aspiración de ganancia.

La carga es más pesada para los empleados de mayores ingresos en el sector formal, porque tendrán que subsidiar a los de menores ingresos, y además, comprar planes complementarios para mantener el nivel de servicio deseado.

Con el propósito de reducir los costos del sistema contributivo, el gobierno intenta regular las cuotas de pago a los prestadores, pero eso genera inconformidades y tensiones entre distintos sectores.

Ahí radica la lucha actual. Si los intermediarios privados (las ARS) y los prestadores privados (clínicas, laboratorios, médicos, farmacias) no logran convencer al gobierno de que establezca cuotas de pago que les favorezcan, en la práctica, negarán servicios a los pacientes o aumentarán el co-pago.

Las persistentes posposiciones del inicio del Seguro Familiar de Salud y los conflictos que se suscitan después de iniciado, se deben a que los aseguradores y prestadores luchan por preservar beneficios en el nuevo sistema.

La confusión de la población se debe a la irresponsabilidad de las autoridades gubernamentales y las administradoras de seguros, que conociendo las dificultades para ejecutar el sistema contributivo, pero no las comunican claramente al público.

El meollo del asunto es que no es posible tener tantas instancias de intermediación y prestación de servicios que operan con una lógica de ganancia capitalista, en un sistema de salud que la Ley 87-01 establece como universal, solidario y equitativo.

Para funcionar, el sistema contributivo tendrá que hacerse más socialista, eliminado instancias de intermediación y regulando más las cuotas de pago; o más capitalista, retornando a las empresas el poder de negociación y pago directo a las aseguradoras privadas. El híbrido actual no augura éxitos.

WWW.CLAVEDIGITAL.COM

Concentración de riquezas en República Dominicana, y desarrollo con equidad: Rosario Espinal

PUBLICADO EN LA SECCION FIRMAS DE CLAVE DIGITAL EL DIA martes, 11 de septiembre de 2007
ENFOQUES
Tutumpotes e hijos de machepa
En aquellos tiempos de resonante discurso boschista, había un puñado de tutumpotes y muchos hijos de machepa. Hoy, hay más tutumpotes y muchos más hijos de machepa.
Rosario Espinal - Socióloga. Profesora de sociología y política en Temple University, Filadelfia.

A principios de los años 60, Juan Bosch se convirtió en el gran maestro de sociología de la población dominicana. Sus exposiciones radiales inundaban el país y traían lecciones que ayudaban a comprender la dinámica social, los problemas económicos y los vericuetos políticos.

Tutumpotes eran los ricos oligárquicos. Hijos de machepa, los pobres desarropados. Ambos términos pasaron a ocupar un lugar importante en el argot popular.

En aquellos tiempos de resonante discurso boschista, había un puñado de tutumpotes y muchos hijos de machepa. Hoy, hay más tutumpotes y muchos más hijos de machepa.

Si la República Dominicana se hubiese desarrollado en las últimas décadas, la situación sería diferente. Hubiese, proporcionalmente, menos tutumpotes y muchos menos hijos de machepa; la clase media fuera más grande y estable.

Durante los últimos 50 años, las ciencias sociales han debatido el tema del desarrollo, enfocado en cómo lograr crecimiento económico, equidad social y democracia.

En los años 50 y 60, algunos analistas plantearon la compatibilidad de estos objetivos, argumentando que los llamados países subdesarrollados podían alcanzar simultáneamente crecimiento económico, bienestar social y derechos políticos, como ocurrió en Europa Occidental y Estados Unidos.

Esta ilusión de linealidad desarrollista se desvaneció, sin embargo, en los años 70 ante las evidencias. Países como Brasil, con un alto nivel de crecimiento económico, mostraron poco avance en el campo de la igualdad social y la democracia política.

Se afianzó entonces la tesis de la conflictividad de los objetivos del desarrollo. Se podía alcanzar uno sin los otros.

Un asunto muy debatido fue la relación entre crecimiento económico y equidad social.

Por un lado se argumentó que había que crecer antes de redistribuir. Por otro, que para crecer de manera sostenida y justa, había que establecer desde el inicio de la fase de crecimiento, parámetros de mayor igualdad.

Surgieron entonces las comparaciones entre los procesos de modernización de América Latina y el sudeste asiático. Al ser más desigual, América Latina creció sin redistribuir en la misma magnitud, mientras los países asiáticos crecieron y redistribuyeron mejor.

Según ha publicado la Oficina de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, la República Dominicana pertenece al grupo de países que en las últimas décadas ha crecido mucho y redistribuido poco.

Como resultado, el alto crecimiento económico dominicano de los últimos 50 años no produjo una mejoría sustancial en los indicadores de desarrollo humano.

La pobreza sigue siendo un grave problema, agudizado con la crisis económica de 2003-2004. Los niveles de escolaridad y la calidad de la educación son precarios, así como el acceso a los servicios de salud, seguridad social y vivienda.

La economía dominicana genera hoy más riqueza que hace 50 años, pero no crea empleos suficientes para la población. La mayoría de los trabajos pagan poco y muchas personas laboran en el sector informal. El gobierno no invierte suficiente en programas sociales y los servicios públicos son muy deficientes.

El Estado sigue siendo un botín para provecho de los funcionarios y relacionados, que cambian según el partido que se encuentre en el poder. Algunos políticos incluso se las ingenian para participar en todos los gobiernos.

Así han surgido muchos políticos-tutumpotes que luchan ferozmente en los procesos electorales por quedarse o volver al poder.

Por su parte, los tutumpotes del sector privado (de vieja alcurnia o nuevo cuño) establecen sus lealtades políticas en función del partido/gobierno que mejor garantice la prosperidad de sus negocios.

Las zonas francas, turismo, el sector bancario, los bienes raíces y las drogas han representado en las últimas tres décadas nuevos espacios de acumulación de capital, junto al permanente despojo de los bienes públicos por parte de políticos y segmentos del sector privado.

En este contexto ha crecido el número de hijos de machepa en la sociedad dominicana.

Aspiran al progreso, pero no han podido acceder a la distribución de riqueza. Para vencer las precariedades, unos han emigrado o desean hacerlo, mientras otros han hecho un oficio de la delincuencia callejera.

La clase media, que hila esperanzas en medio de las desesperanzas, también ha encontrado en la migración la escalera de escape de una economía que, aunque crezca, no se torna más productiva ni redistributiva.


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