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Discurso de Pepe Mujica en una conferencia para universitarios (antes de ser elegido Presidente de Uruguay)

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Pepe Mujica, Presidente de Uruguay




Queridos amigos:

La vida ha sido extraordinariamente generosa conmigo.

Me ha dado un sinfín de satisfacciones más allá de lo que nunca me hubiera atrevido a soñar.

Casi todas son inmerecidas. Pero ninguna más que la de hoy: encontrarme ahora aquí, en el corazón de la democracia uruguaya, rodeado de cientos de cabezas pensantes.

¡Cabezas pensantes! A diestra y siniestra!

Cabezas pensantes a troche y moche, cabezas pensantes pa' tirar pa' arriba.

¿Se acuerdan de Rico Mac Pato, aquel tío millonario del pato Donald que nadaba en una piscina llena de billetes?

El tipo había desarrollado una sensualidad física por el dinero.

Me gusta pensarme como alguien que le gusta darse baños en piscinas llenas de inteligencia ajena, de cultura ajena, de sabiduría ajena.
Cuanto más ajena, mejor.

Cuanto menos coincide con mis pequeños saberes, mejor.

El semanario BÚSQUEDA tiene una hermosa frase que usa como insignia:

“Lo que digo no lo digo como hombre sabedor, sino buscando junto con vosotros”.

Por una vez estamos de acuerdo.

¡Si estaremos de acuerdo!

Lo que digo, no lo digo como chacarero sabihondo, ni como payador leído, lo digo buscando con ustedes.

Lo digo, buscando, porque sólo los ignorantes creen que la verdad es definitiva y maciza, cuando apenas es provisoria y gelatinosa.

Hay que buscarla porque anda corriendo de escondite en escondite.

Y pobre del que emprenda en soledad esta cacería.

Hay que hacerlo con ustedes, con los que han hecho del trabajo intelectual la razón de su vida. Con los que están aquí y con los muchos más que no están.


DE TODAS LAS DISCIPLINAS

Si miran para el costado van a encontrar seguramente algunas caras conocidas porque se trata de gente que se desempeña en espacios de trabajo afines. Pero van a encontrar mucho más caras que les son desconocidas, porque la regla de esta convocatoria ha sido la heterogeneidad.

Aquí están los que se dedican a trabajar con átomos y moléculas y los que se dedican a estudiar las reglas de la producción y el intercambio en la sociedad.

Hay gente de las ciencias básicas y de su casi antípoda, las ciencias sociales; gente de la biología y del teatro, y de la música, de la educación, del derecho y del carnaval.

Y en tren de que no falte nada, hay gente de la economía, de la macroeconomía, de la microeconomía, de la economía comparada y hasta alguno de la economía doméstica.

Todas cabezas pensantes, pero que piensan en distintas cosas y pueden contribuir desde sus distintas disciplinas a mejorar este país.

Y mejorar este país significa muchas cosas, pero desde los acentos que queremos para esta jornada, mejorar el país significa empujar los complejos procesos que multipliquen por mil el poderío intelectual que aquí esta reunido.

Mejorar el país, significa que dentro de veinte años, para un acto como este no alcance el Estadio Centenario, porque al Uruguay le salen ingenieros, filósofos y artistas hasta por las orejas.

No es que queramos un país que bata los récords mundiales por el puro placer de hacerlo.

Es porque está demostrado que, una vez que la inteligencia adquiere un cierto grado de concentración en una sociedad, se hace contagiosa.


INTELIGENCIA DISTRIBUIDA

Si un día llenamos estadios de gente formada va a ser porque afuera, en la sociedad, hay cientos de miles de uruguayos que han cultivado su capacidad de pensar.

La inteligencia que le rinde a un país es la inteligencia distribuida.

Es la que no está sólo guardada en los laboratorios o las universidades, sino la que anda por la calle.

La inteligencia que se usa para sembrar, para tornear, para manejar un autoelevador o para programar una computadora.

Para cocinar, para atender bien a un turista, es la misma inteligencia.

Unos subirán más escalones que otros, pero es la misma escalera.

Y los peldaños de abajo son los mismos para la física nuclear que para el manejo de un campo. Para todo se precisa la misma mirada curiosa, hambrienta de conocimiento y muy inconformista.

Se termina sabiendo, porque antes supimos estar incómodos por no saber.

Aprendemos porque tenemos picazón y eso se adquiere por contagio cultural, casi cuando abrimos los ojos al mundo.

Sueño con un país en el que los padres le muestren el pasto a los hijos chicos y le digan: “¿Sabés qué es eso?, es una planta procesadora de la energía del sol y de los minerales de la tierra”.

O que les muestren el cielo estrellado y hagan piecito en ese espectáculo para hacerlos pensar en los cuerpos celestes, en la velocidad de la luz y en la transmisión de las ondas.

Y no se preocupen, que esos uruguayos chicos igual van a seguir jugando al fútbol. Sólo que, en una de esas, ¡mientras ven picar la pelota puedan pensar a la vez en la elasticidad de los materiales que la hacen rebotar!


CAPACIDAD DE INTERROGARSE

Había un dicho: “No le des pescado a un niño, enséñale a pescar”.

Hoy deberíamos decir: “No le des un dato al niño, enséñale a pensar”.

Tal como vamos, los depósitos de conocimiento no van a estar más dentro de nuestras cabezas, sino ahí afuera, disponibles para buscarlos por Internet. Ahí va a estar toda la información, todos los datos, todo lo que ya se sabe.

En otras palabras, van a estar todas las respuestas.


Lo que no van a estar es todas las preguntas.


En la capacidad de interrogarse va a estar la cosa.

En la capacidad de formular preguntas fecundas, que disparen nuevos esfuerzos de investigación y aprendizaje.

Y eso está allá abajo, marcado casi en el hueso de nuestra cabeza, tan hondo que casi no tenemos conciencia. Simplemente aprendemos a mirar el mundo con un signo de interrogación, y esa se vuelve la manera natural de mirar el mundo.

Se adquiere temprano y nos acompaña toda la vida.

Y sobre todo, queridos amigos, se contagia.

En todos los tiempos, han sido ustedes, los que se dedican a la actividad intelectual, los encargados de desparramar la semilla.

O para decirlo con palabras que nos son muy queridas: ustedes han sido los encargados de encender la admirable alarma.

Por favor, vayan y contagien.

¡No perdonen a nadie!


Necesitamos un tipo de cultura que se propague en el aire, entre en los hogares, se cuele en las cocinas y esté hasta en el cuarto de baño.
Cuando se consigue eso, se ganó el partido casi para siempre. Porque se quiebra la ignorancia esencial que hace débiles a muchos, una generación tras otra.



EL CONOCIMIENTO ES PLACER

Necesitamos masificar la inteligencia, primero que nada para hacernos productores más potentes. Y eso es casi una cuestión de supervivencia.
Pero en esta vida, no se trata sólo de producir: también hay que disfrutar.

Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.

Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo queda el placer.

Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.

¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!

Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.

No porque sea elegante sino porque es placentero.

Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines.

¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!

Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers.

En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos...

No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.

Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.
Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos.

Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques.

Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.

Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento.

En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada...

INCONFORMISMO

Les pedía antes que contagien la mirada curiosa del mundo, que está en el ADN del trabajo intelectual.

Y ahora agrando el pedido y les ruego que contagien inconformismo.

Estoy convencido que este país necesita una nueva epidemia de inconformismo como la que los intelectuales generaron décadas atrás.

En el Uruguay, los que estamos en el espacio político de la izquierda somos hijos o sobrinos de aquel semanario Marcha del gran Carlos Quijano.

Aquella generación de intelectuales se había impuesto a sí misma la tarea de ser la conciencia crítica de la nación. Anduvieron con alfileres en la mano pinchando globos y desinflando mitos.

Sobre todo el mito del Uruguay multicampeón.

Campeón de la cultura, de la educación, del desarrollo social y de la democracia.

¡Qué íbamos a ser campeones de nada!

Y menos en esos años, en las décadas de los cincuenta y sesenta, donde el único récord que supimos conseguir fue la del país de Latinoamérica que menos creció en veinte años.

Sólo nos superó Haití en ese ranking.

Esos intelectuales ayudaron a demoler aquel Uruguay de la siesta conformista.

Con todos sus defectos, preferimos esta etapa, donde estamos más humildes y ubicados en la real estatura que tenemos en el mundo.

Pero tenemos que recuperar aquel inconformismo y tratar de metérselo debajo de la piel al Uruguay entero.

Antes les decía que la inteligencia que le sirve a un país es la inteligencia distribuida.

Ahora les digo que el inconformismo que le sirve a un país es el inconformismo distribuido.

El que ha invadido la vida de todos los días y nos empuja a preguntarnos si lo que estoy haciendo no se puede hacer mejor.

El inconformismo está en la naturaleza misma del trabajo que ustedes hacen.

Se precisa que se nos haga a todos una segunda naturaleza.

Una cultura del inconformismo es la que no nos deja parar hasta conseguir más kilos por hectárea de trigo o más litros por vaca lechera.

Todo, absolutamente todo, se puede hacer hoy un poco mejor que ayer.

Desde tender la cama de un hotel a matrizar un circuito integrado.

Necesitamos una epidemia de inconformismo. Y eso también es cultural, eso también se irradia desde el centro intelectual de la sociedad a su periferia.

Es el inconformismo el que ha ganado el respeto a pequeñas sociedades y a lo que hacen.

Ahí andan los suizos, cuatro gatos locos como nosotros, que se dan el lujo de andar por ahí vendiendo calidad suiza o precisión suiza.

Yo diría que lo que de verdad venden es inteligencia e inconformismo suizos, ese que tienen desparramado por toda la sociedad.


LA EDUCACION ES EL CAMINO

Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación.

Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar.

Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo.

Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.

Pero hay que hacerlo.

Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.

Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.

Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.

Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.

Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números.

Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.

Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa.

Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez.
O como los que vieron el fuego por primera vez.

Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.

Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo.

Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo.
Es abrumador.

Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente.

Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua.
Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes.

Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.

Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.

Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada.

Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública.

Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo.

No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines.

Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.

Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica.

Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación.

No hay tarea más grande delante de nosotros.

EL IDEALISMO AL SERVICIO DEL ESTADO

Queridos amigos, estamos en tiempos electorales.
En benditos y susodichos tiempos electorales.
susodichos, porque nos ponen a pelear y a correr carreras entre nosotros.
Benditos, porque nos permiten la convivencia civilizada.
Y otra vez benditos, porque con todas sus imperfecciones, nos hacen dueños de nuestro destino. Aquí todos aprendimos que es preferible la peor democracia a la mejor dictadura.

En los tiempos electorales, todos nos organizamos en grupos, fracciones y partidos, nos rodeamos de técnicos y profesionales, y desfilamos frente al soberano.
Hay adrenalina y entusiasmo.
Pero después, alguien gana y alguien pierde.

Y eso no debería ser un drama.

Con unos o con otros, la democracia uruguaya seguirá su camino e irá encontrando las fórmulas hacia el bienestar.

Nos toque el lugar que nos toque, allí vamos a estar tratando de poner el hombro.

Y estoy seguro de que ustedes también.

La sociedad, el Estado y el Gobierno precisan de sus muchos talentos.
Y precisan aún más de su actitud idealista.

Los que estamos aquí, nos acercamos a la política para servir, NO para servirnos del Estado.

La buena fe es nuestra única intransigencia. Casi todo lo demás es negociable.

Gracias por acompañarme.


José "Pepe" Mujica

Brasil, liderazgo en equilibrio e institucional en las Américas

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Luis Ignacio Lula Da Silva

Es parte del nuevo liderazgo regional autónomo, socialista democrático, serio para con su pueblo, un capitalismo con proteccción social, un Estado de bienestar, sin discursos focalizados y hostiles contra EEUU, metas propias de crecimiento, diplomacia exquisita, aportan al equilibrio geopolítico en las Américas...¡¡¡Vivan Lula Da Silva y Brasil!!! ¡¡¡Vivan los Estados Unidos como un país hermano!!!

Mildred d

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Latinoamérica alaba y envidia a la potencia que habla a EEUU de tú a tú



Brasil se erige en motor del Cono Sur bajo el liderazgo de Lula, un hombre carismático lejos del caudillismo, que se enfrenta de tú a tú con EEUU. Cinco destacados periodistas e intelectuales latinoamericanos hablan de la percepción que de Brasil tienen en sus países.

Pivotando entre la admiración, la envidia y el reconocimiento de una labor ingente por parte de Lula, los países de latinoamérica miran a Brasil como al hermano mayor que ha sabido despegar.

El papel de Brasil es clave para el futuro de América Latina, desde luego que tiene un liderazgo continental que ofrecer. Dueño de una de las economías más grandes del mundo, y con una abierta perspectiva de crecimiento, presenta además factores de estabilidad continuada que se han hecho patentes a lo largo de los gobiernos democráticos de Fernando Enrique Cardoso y de Lula da Silva, capaces ambos de establecer las bases de una sola política de desarrollo interno, con variantes, pero esencialmente idéntica. Esta continuidad vuelve a Brasil confiable, y los liderazgos se basan antes que nada en la confianza.

Hay, por supuesto, una disputa por el liderazgo en América Latina, bajo diferentes estilos; y entre Lula y Chávez, que pretende adelantar el suyo propio, existen diferencias fundamentales. Lula puede heredar su perspectiva de nación aplicada al plano internacional, así como Cardoso supo heredarla a su tiempo, dentro de este sentido de continuidad. Se trata, en ambos casos, de estadistas con la conciencia del papel que les toca jugar, mientras tanto Chávez depende de sí mismo y de su propia apuesta personal, bajo su propio estilo, y su influencia se basa en el recurso exclusivo de las donaciones de petróleo, o del petróleo barato. Esta exclusividad, la del petróleo, vuelve cualquier política de influencia muy precaria, y esa influencia tampoco podrá tener continuidad después de Chávez, desde luego que se trata de una política personal, no de una política de estado.

En este sentido Brasil está desarrollando una tradición de liderazgo que no depende del caudillismo, pese a la personalidad atractiva de Lula, sino en la diversidad de una oferta de cooperación que tiene serios componentes tecnológicos. Y está de por medio también el componente democrático, fundamental a la hora de ofrecer una imagen de liderazgo sólido.

De modo que habrá Brasil para rato en América Latina, como potencia económica, y como potencia democrática.

Con la esperanza de mantener el flujo de dólares gringos para financiar su obsesiva batalla contra las guerrillas de las FARC, Uribe ofreció abrirles siete bases militares nacionales a las fuerzas estadounidenses. Y el continente entero le armó la gresca. Uribe llegó a defenderse a la Cumbre de Unasur en Bariloche, temeroso de que la dupla Chávez-Correa, con la que tiene una pelea de más de un año, lo pusieran a dar explicaciones sobre asuntos internos de su país. La sorpresa fue el discurso subversivo de Lula, que invitó a sus pares a descolonizarse las mentes, y a arreglar diferencias entre los del sur; a no caer en las trampas del poder del norte que siempre los dividió para reinar.

Brasil le habló de tú a tú a Estados Unidos, con más estrategia que rabia. Fue una voz nítida de que América Latina ya había superado la etapa de la adolescencia rebelde, y era capaz de ejercer una autonomía más madura y más real frente a la temida y admirada águila imperial. El despliegue del liderazgo de Brasil no se limitó solo a un gran discurso, sino que la sofisticada cancillería brasileña —a años luz de la mayoría de sus pares en la región— ya había movido fichas, y sutilmente, como toda diplomacia eficaz, logró que Correa se moderara ante Colombia y siguiera la pauta digna, pero respetuosa, del mandatario brasilero. Consiguió que a Chávez se le viera enredado, y un poco torpe, con su cantaleta simplona en contra del imperialismo yanqui. Logró en unas horas, lo que no pudo hacer nuestro popular y provinciano presidente Uribe en meses de esfuerzos. Sólo en una escena se vislumbró el calibre del liderazgo de Lula y el peso que Brasil tendrá en los próximos años sobre los destinos de Iberoamérica.

Hace dos semanas el gobierno chileno anunció que la norma que elegía para poner en marcha la televisión digital en Chile era la japonesa. La administración Bachelet se tomó casi dos años en una decisión que requería velocidad y finalmente (después de haber coqueteado con la norma Europea y la estadounidense) cedió a las «sugerencias» de Lula y de Brasil, los grandes impulsores de la tecnología nipona.

Brasil es el hermano mayor para Chile y Lula nuestro referente. La neo-arrogancia chilena (los nuevos argentinos, pero mal vestidos, como nos dicen en Perú) no alcanza para intimidar al gigante sudamericano. Nuestras cifras macroeconómicas apenas alcanzan para despertar el interés de Brasil. Para Chile, ellos no corren por la misma pista. Y tampoco nos importa. Incluso, si nos ganan en el fútbol, los chilenos no sólo lo consideramos una tremenda normalidad, sino que además aplaudimos su buen fútbol. Y, por supuesto, Pelé nos parece mejor que Maradona.

Entre ambos no hay fronteras, entonces no hay rivalidad. Las democracias chilenas se han sentido cómodas con Brasil y las dictaduras también. Son nuestros aliados naturales, a pesar de la ausencia de documentos que nos den esa categoría. Brasil son las vacaciones para los chilenos, representan la alegría de la que carecemos e incluso Lula es lo más cercano que tenemos a la Bachelet.

Ambos (Bachelet y Lula) son socialistas conversos, ambos comparten la defensa del mercado, pero con protección social. Ambos le sonríen a Chávez, pero saben que lideran el bloque opositor al populista venezolano. Bachelet ahora tiene la misma norma de televisión digital que Brasil, porque pensándolo bien, no había otra posibilidad.

Brasil está haciendo lo que México hubiera querido y necesitado hacer en este cambio de milenio: reformas energéticas racionales, con sus naturales asociaciones productivas; una estrategia económica popular mas no populista y un liderazgo regional cada vez más sólido y contundente que ha colocado al país sudamericano en una posición de intermediario sexy sin llegar al aburrimiento propio de los tibios que se llaman a sí mismo neutrales.

México ve por todo esto a Brasil con cierta envidia, y no poco de eso tiene qué ver con Lula, ese izquierdista que salió de obrero para convertirse en un líder carismático que ha evitado la gastada retórica del típico presidente demagógico y bananero para llevarle no sólo cierta prosperidad a su pueblo sino, quizá más importante, un sentido de orgullo, de brillo nacional que en México tanto se añora.

Para un país que ha sido tan afecto al psicoanálisis como Argentina, los contradictorios, competitivos y a veces despiadados avatares de su relación con el gigantesco Brasil, quizá serian mejor materia de esa ciencia que de la geopolítica.

Brasil, que es el inevitable EE.UU. para una Argentina que, pese a su deseo, difícilmente sea el Canadá en la misma metáfora, fue para los argentinos objeto de cierto demérito y burlas que excedían la puja futbolera. Y era el país que ocupaba el arenero sobre el cual los militares argentinos se entrenaban para una guerra que nunca sucedería pero que costó la inexistencia de rutas amplias, grandes puentes, vínculos reales.

Todo eso pero también Brasil ha sido el lugar donde los argentinos se recibían de clase media si podían regalarse unas vacaciones en alguna de sus playas de nombres raros en portuñol que las chicas rubias de Buenos Aires repetían como si siempre estuvieran por el mundo.

Es muy diferente, claro, aquel Brasil de hace más de treinta años, cuando aún Argentina tenía impulso económico, al actual que multiplica por cuatro el producto bruto de su vecino del sur. Buenos Aires siempre compitió por el lugar en el mundo que hoy tiene el gigante sudamericano. Las fallas acumuladas desde la década de los 90 cuando Argentina siguió con la convertibilidad uno a uno de su moneda y los brasileños la abandonaron, generó una brecha de tamaño oceánico, no solo económico, sino cultural.

Cuando finalizó la dictadura militar, Argentina era la potencia nuclear de la región y había logrado tecnología propia para colocar un cohete en órbita que pueda transportar satélites, tenia un laboratorio propio de enriquecimiento de uranio. Y miraba con orgullo sobre su hombro a los científicos que antes habían logrado construir el primer avión a reacción de la región. Esa vanguardia científica duró poco. Raúl Alfonsín se conformó con acotar la ambición nuclear que había impulsado la dictadura, pero su sucesor Carlos Menem destruyó todo lo obtenido. Brasil, continuó. No solo en el nivel nuclear. Hoy es el tercer fabricante mundial de aviones. La petrolera argentina fue vendida en medio de una polémica que aún no cesa, Brasil mantuvo su Petrobras en matrimonio con inversiones de todo el mundo y hoy es una de las mayores del planeta.

Los argentinos que antes veían a Brasil como un competidor antipático, un socio difícil en el Mercosur —el pacto aduanero que nunca llegó a ser un mercado común político y económico—, no tienen hoy otra salida que observar a sus vecinos como el objeto de deseo, el muro psicológico contra el cual se hacen evidentes sus carencias. Todo eso se agiganta, por cierto, en la actual peregrinación por todas las estaciones del estremecimientos por las que suele hacer pasea a su pueblo el matrimonio K gobernante de Argentina. Ahí también hay mucho de duelo cuando se mira a Brasil. Un embajador se lo comentó a este cronista. A Lula da Silva le dio resultado rehuir la confrontación y las peleas y su país tiene instituciones fuertes. Hoy Brasil se reconoce como lo reconocen en el exterior, una potencia que se codea con EE.UU. y que tiene una segunda línea, como un patio trasero, al cual atender y muchas veces cuidar; es ahí donde se apila Argentina.

Oscar Arias, negocia la paz para Honduras

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Oscar Arias


Oscar Arias y Honduras

Una alondra suave
surca el cielo
su vuelo es sosegado

y luego

aposicionada, desde un rincón,
observa serena

halcones
pitirojos
gorriones y águilas

conversa con ellos
y les amaestra sobre el tocado adecuado para sus plumas
sobre las intensidades necesarias de los cantos
sobre la forma de sus nidos

esa alondra parece que tiene más de 66 años
dobla la edad de Jesúscristo.


¡Que extraña alondra en América!
se parece a Michelle Bachelet, a Andrés Velasco, a Barack Obama,
a Hillary Clinton, a Lula Da Silva, a José Luis Insulza,
a Stephen Harper, a José Luis Rodríguez Zapatero,
a Leonel Fernández, a Cristina Hernández,
a Luis Alfonso Santos Villega, a Álvaro Uribe Vélez,
y demás aves cantoras en estos actos:
refrenaron o agitaron, con valor y prudencia,
sobre desigualdades y refrenamientos
quizás sobre miles de otros tópicos irreverentes
y otros tópicos adocenados.

Son unas alondras sabias,
son estilos de liderazgos que se van sosegando
es a todos y a todas a quienes canto
y a ese pueblo extraño
que apenas recién comienza
a cantar odas en voz alta:
Honduras.


mildred d
Santiago, RD
18.07.09

América Latina fortalece su liderazgo regional: Análisis de José Natanson, argentino

Dice este analista argentino, José Natanson, que América Latina se fortalece en su liderazgo y autonomía, liderazgos que se corrdinan y deciden regionalmente. Esto significa equilibrio de poderes en el mundo, que dos o tres países no decidan en base a sus parciales miradas y parciales intereses de influencia y economía. Muy esperanzador análisis. Pongo en negritas lo que concierne al tema República Dominicana y Haití.

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El país, Argentina|Domingo, 30 de Diciembre de 2007

REHENES, AUTONOMIA LATINOAMERICANA, REACCION DE EE.UU.

Vivir con lo nuestro


Más allá de sus bordes ideológicos, el caso de los rehenes de las FARC tiene una característica central: fue manejado entre vecinos, con Washington observando con creciente incomodidad cómo suceden cosas sin su influencia.

Por José Natanson

La operación para rescatar a los rehenes colombianos confirma una de las grandes noticias políticas de los últimos años: la creciente participación de los gobiernos de América latina en las crisis que suceden en América latina. Una afirmación que a primera vista puede parecer una obviedad, pero que marca un quiebre en la historia de la región y que genera fricciones con Estados Unidos, que mira con más sospecha que apoyo el creciente protagonismo de su tradicional patio trasero.

Hacerse cargo

No es la primera vez que los países latinoamericanos intentan proyectar su influencia estabilizadora en la región. El antecedente más lejano es el Grupo Contadora, formado en 1983 por Colombia, México, Panamá y Venezuela, y al que después de sumaron Argentina, Brasil, Perú y Uruguay, para ayudar a los países centroamericanos que luchaban por dejar atrás las dictaduras y las guerras internas. Corrían los tiempos de la primavera democrática y aquellas naciones que habían superado la larga noche autoritaria buscaban acelerar la transición en el resto de América latina.

Doce años después, en 1995, Perú y Ecuador retomaron su vieja disputa limítrofe, que se remonta al momento mismo de la independencia y la división de la Gran Colombia, con una guerra absurda. Argentina, que había sido uno de los garantes de la primera paz, provocó un escándalo internacional cuando se descubrió que había vendido armas a Ecuador. El conflicto se saldó poco después gracias a una gestión clave de Brasil, que impulsó un armisticio firmado en Brasilia y titulado, con más agradecimiento que originalidad, “Declaración de Paz de Itamaraty”.

Pero son antecedentes aislados y lejanos. En realidad, los momentos de mayor protagonismo latinoamericano pueden encontrarse en los años recientes. En octubre de 2003, con La Paz aislada por los indígenas que reclamaban la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, Kirchner y Lula, que se encontraban juntos en Buenos Aires para anunciar una serie de acuerdos económicos, decidieron enviar una misión conjunta para buscar una salida a la crisis. El representante brasileño fue el mismo que hoy transpira junto a Kirchner en la selva colombiana, Marco Aurelio Garcia, y el resultado fue la renuncia de Goñi y su reemplazo por Carlos Mesa.

Un tiempo antes había habido una reacción, también latinoamericana y también crucial, que a menudo es pasada por alto. En abril de 2002, un grupo de militares venezolanos ejecutó un golpe de Estado contra Hugo Chávez y cedió el poder al empresario Pedro Carmona. El hombre duró solo un día en el gobierno (los venezolanos lo apodaron “Pedro El Breve”) y Chávez fue repuesto en su cargo por los mismos militares que lo habían desplazado con el curioso argumento de que no había presentado una renuncia firmada. El fracaso del golpe tiene muchas explicaciones, desde la decisión de Carmona, que supuestamente venía a salvar la democracia, de disolver por decreto la Asamblea Legislativa, hasta el apoyo masivo de las masas chavistas. Pero sin duda una de las causas más importantes fue la reacción de los países latinoamericanos: Eduardo Duhalde fue el primer presidente que dijo “golpe”, la palabra que la CNN demoró dos días en pronunciar, posición a la que luego se fueron sumando los gobiernos de Brasil, Chile y México. Al año siguiente, con Venezuela aún desgarrada por la polarización, un grupo de países liderado por Brasil formó el Grupo de Amigos de Venezuela, que impulsó la convocatoria del Referéndum Revocatorio de 2004, en el que Chávez arrasó con el 60 por ciento de los votos y logró definir el empate político que paralizaba al país.

La misión de paz en Haití de junio de 2004, finalmente, no es una iniciativa estrictamente latinoamericana, sino una decisión de las Naciones Unidas integrada por tropas de diferentes países, entre ellos algunos tan exóticos como Filipinas y Nepal. Pero nuevamente aquí el rol de la región fue definitorio: el primer jefe civil de la misión fue Juan Gabriel Valdés, un experimentado político chileno, y el comandante militar el general brasileño Augusto Heleno Ribeiro Pereira. La mayor parte de los Cascos Azules destinados a Haití son latinoamericanos: 1197 brasileños, 572 uruguayos, 548 argentinos, 448 chilenos y 205 peruanos.

En tándem

El líder de todas estas movidas fue Brasil, un país que pasó casi toda su vida mirándose a sí mismo, tal vez como resultado de su particularidad lingüística y cultural y de sus especificidades históricas: es, de hecho, el único país latinoamericano que contó con un rey en su territorio. Pero en 1985, luego de la dictadura, Brasil decidió romper con su tradicional ensimismamiento y comenzó a mirar con otros ojos, más amigables, a sus vecinos, un poco como resultado de un cálculo muy lógico –el desarrollo nunca sería posible en una región convulsionada– y otro poco como parte de su decisión de fortalecer su liderazgo sudamericano.

Pero esto nunca hubiera sido posible sin una buena relación con Argentina, su tradicional competidor en Sudamérica. Los columnistas televisivos que suelen quejarse por la falta de políticas de Estado deberían repasar la historia reciente de la relación bilateral: tras la recuperación de la democracia, los gobiernos de Raúl Alfonsín y José Sarney dieron el primer paso en la construcción de una alianza duradera con la firma de un convenio de inspecciones nucleares mutuas. Lo que podría haber terminado en una escalada al estilo India-Pakistán se convirtió en una política de amistad –los especialistas la llaman “construcción de confianza”– que se fue profundizando con el paso de los años. Aunque duela reconocerlo, el Protocolo de Asunción, primer gran hito del Mercosur, fue firmado por Carlos Menem y Fernando Collor de Melo en 1991, en el inicio de un proceso de integración que en los ’90 asumió un tono comercial, orientado al intercambio de bienes, pero que nunca fue abandonado del todo.

En el 2003, apenas llegaron al poder, Lula y Kirchner protagonizaron algunos primeros chispazos incómodos, sobre todo por las dificultades del argentino para digerir la línea económica seguida por el brasileño. Sin embargo, a los pocos meses los prejuicios fueron dejados de lado y hoy el diálogo entre ambos países es más fluido que nunca, tal como demuestran una serie de iniciativas –la más importante de las cuales es el ingreso de Venezuela al Mercosur– que nunca hubieran podido concretarse sin el apoyo conjunto.

El amigo americano

Acostumbrado desde siempre a hacer y deshacer al sur del Río Bravo, Estados Unidos observa el hiperprotagonismo latinoamericano con una mezcla de aceptación resignada y resistencia sorda. Ya en 1983 se opuso al Grupo Contadora al negarse a reconocer al gobierno sandinista de Nicaragua. Más recientemente, su intervención osciló entre el apoyo moderado y el abierto obstruccionismo. En el golpe contra Chávez de 2002, mientras casi todos los países manifestaban su rechazo, el embajador norteamericano en Caracas, Charles Shapiro, se reunía con Pedro El Breve y decía: “Alabamos su intención de fortalecer las instituciones y los procesos democráticos”. En la crisis de Bolivia, Washington prácticamente no intervino: poco antes, su embajador en La Paz, Manuel Rocha, había avisado que su país rechazaba al “narcotraficante”, con relación a Evo Morales, lo cual sólo contribuyó a fortalecer la candidatura del líder indígena, así que después se limitó a mirar el caos desde lejos y, eso sí, otorgarle asilo al depuesto Sánchez de Lozada. ]En cambio, el respaldo estadounidense a la misión de paz en Haití fue inmediato, pero en este caso había un interés concreto: evitar una nueva oleada migratoria de haitianos empobrecidos a las costas de Florida.

En el caso de los rehenes colombianos, aunque evidentemente rechaza tanto el protagonismo de Chávez como el incómodo lugar en el que se ha puesto Alvaro Uribe, lo cierto es que Washington no ha tenido más remedio que mantenerse al margen. Riordan Roett, prestigioso internacionalista de la Universidad Johns Hopkins, sostiene que los problemas en Oriente Medio han generado un debilitamiento de la influencia de Estados Unidos en América latina y que hoy solo le quedan fuerzas para preocuparse por los que considera temas negativos: la transición en Cuba, el liderazgo de Chávez, la influencia de China y el poder de las FARC. Pero ni su alianza con Uribe, ni el hecho de que Colombia sea el tercer país del mundo que recibe más asistencia militar norteamericana después de Irak a Israel, han logrado que Washington juegue algún rol en la operación rescate, que descansa en las espaldas de Venezuela, Argentina y Brasil. En el patio trasero, la presencia latinoamericana crece en la misma proporción en la que el influjo estadounidense se atenúa, una novedad positiva pero que también entraña los riesgos de vivir con lo nuestro.

http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elpais/1-96848-20 07-12-30.html

¿Tiene América Latina más autoestima?

Tenemos más autoestima, valor, habilidades de concertación en América Latina con respecto a los intereses grandes de los que tienen más acumulación de capitales. Ya no es tan importante estar al lado del poderoso, porque da más glamour? ¿Nos estamos estimando más, pobres, descendientes de taínos, mujeres (estamos votando por mujeres). ¿Estamos cambiando en la cultura de sólo querer estar al lado del que nos da ventajas económicas, y estamos aprendiendo a valorar otras facetas de la vida? Como el respeto al más débil (coyunturalmente), la solidariadad, y la felicidad de todos y todas.
Acá pongo algunas reflexiones del escritor Eduardo Galeano.


Eduardo Galeano

¿En qué medida es un desafío para Washington la llegada al poder de figuras como Evo Morales en América Latina?

Habrá quien diga, en la Casa Blanca: "La democracia nos da disgustos. El voto popular es un arma más en el arsenal del terrorismo".

"¿Hasta cuándo seguiremos soportando, cruzados de brazos, estas provocaciones?"

Habrá quien diga, en la Casa Blanca: "La democracia nos da disgustos. El voto popular es un arma más en el arsenal del terrorismo".

"¿Hasta cuándo seguiremos soportando, cruzados de brazos, estas provocaciones?"

¿Se ha vuelto irrelevante para EE.UU. que cada vez más gobiernos de la región sean de izquierda?

Hay algunos signos de que es al revés.

Está siendo cada vez más irrelevante para la región lo que los Estados Unidos opinen sobre los gobiernos que elige.

¿Sigue siendo EE.UU., como creen algunos, el imperio todopoderoso y factor crucial en el destino económico o político de la región?

"La liebre hace al cazador", dice un viejo proverbio italiano. Es la mirada del débil la que hace todopoderoso al poderoso.

¿Todopoderoso quién?

Ni los dioses, cuanto menos los hombres. Recuerdo un grafiti en una pared de Santiago de Chile: "Todos los dioses fueron inmortales".
¿Será A. Latina aún menos prioritaria para EE.UU. debido a la guerra en Irak y otros eventos de mayor importancia para Washington?

Allá ellos. Lo importante, para nosotros, es perder el miedo. La cultura de la impotencia, triste herencia colonial, todavía nos ata las manos.

Seguimos aceptando que nos tomen examen, que nos digan qué se puede y qué no se puede…

Recuerdo una asamblea obrera, en las minas de Bolivia, hace ya un tiempito, más de treinta años: una mujer se alzó, entre todos los hombres, y preguntó cuál es nuestro enemigo principal.

Se alzaron voces que respondieron “El imperialismo”, “La oligarquía”, “La burocracia”… Y ella, Domitila Chungara, aclaró: "No, compañeros.

Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro". Yo tuve la suerte de escucharla. Nunca olvidé.
Más allá de las declaraciones y diferencias entre Washington y mandatarios como Hugo Chávez, ¿son mucho más importantes otras herramientas en el juego de poder? ¿Son más importantes hoy otros mecanismos de presión como el cierre de mercados o la modificación de aranceles?

Muchos dientes usa la máquina.

La máquina abre la boca y los muestra: dientes financieros, políticos, periodísticos, militares…

Si no asusta, no funciona. Muchos dientes usa la máquina.

La máquina abre la boca y los muestra: dientes financieros, políticos, periodísticos, militares…

Si no asusta, no funciona.


Red por la Gobernalidad y la transparencia.
El ejercicio responsable de la ciudadanía y la participación más actividad de todos y todas en la vida pública es la garantia de una democracia sustentable y sostenible. La presencia pública de la ciudadanía en todos los espacios, ya sean partidos u organizaciones sociales, culturales o económicas permite construir la democracia como expresión de la voluntad colectiva. El déficit principal de la democracia dominicana es la ausencia de organizaciones fuertes y verdaderamente representativas de los sectores más pobres.