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Gobierno de EEUU con Donald Trump, recorta programas educación, salud. Atraso en USA. Por Miguel Sang Ben

Dr.Neil de Grasse Tyson, se dedica a la difusión trabajos científicos, en EEUU

El Dr. Neil de Grasse Tyson valora Donald Trump no hará que Estados Unidos sea más grande, destaca recortes a áreas básicas del desarrollo, políticas neoliberales de debilitar lo público.

Miguel Sang Ben, nos ilustra, con este artículo las falencias de las políticas del gobierno de Donald Trump de debilitar los programas en las áreas de investigación científica, educación, salud... Un norteamericano ilustre, Dr. Neil de Grasse Tyson, ve en estos recortes de D Trump un atraso para los Estados Unidos. Leamos

Mildred D Mata

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DIVAGACIONES

Las mentiras de las promesas trumpianas

Por Miguel Sang Ben

Voy a hacerme eco de un meme con la firma del Dr. Neil de Grasse Tyson respondiéndole a la pretensión de Trump de “hacer de América grande otra vez”. ¿Por qué interesarme por el Dr. Tyson? Porque es el sucesor del Dr. Carl Sagan en la serie de documentales de divulgación científica bajo el titulo de Cosmos, un hito en la educación científica del siglo XX.

Afronorteamericano y Doctor en Astrofísica, al igual que Sagan, ha reaccionado a los recortes presupuestarios de Trump en las áreas científicas y el gasto social, haciendo un contrapunteo entre las promesas y las acciones, entre el discurso y las consecuencias, del Gobierno Trump.
Hay que decir que el Dr. Tyson sirvió al Gobierno de Bush hijo en la Comisión para evaluar la política aeroespacial de los Estados Unidos. Comencemos a poner en español los argumentos del Dr. Tyson.

“Cinco razones por qué (Estados Unidos de) América no será grande otra vez” es el título del material del Dr. Tyson. La primera es la vía más rápida de hacer a USA débil otra vez, al suspender los fondos a las instituciones que apoyan el avance de las ciencias. El nuevo presupuesto corta en novecientos millones de dólares a la Oficina de Investigación Científica del Departamento de Energía (el equivalente al Ministerio de Energía). Pero, por el otro lado, le otorga 120 millones de dólares al controversial proyecto del cementerio de residuos nucleares de Yucca Mountain.

El segundo punto es sobre la vía más rápida para hacer a USA más estúpida, cortándole los fondos a los programas que apoyan a la educación. El Departamento Educación perderá el 14% de su presupuesto, resaltándose el corte de 3,5 billones de dólares en el entrenamiento de los maestros y en ayuda a los estudiantes de bajos ingresos, además de eliminar la oficina educativa de la NASA.
El tercer punto es la manera de enfermar a USA otra vez mediante el recorte de los fondos a los Institutos Nacionales de Salud (las instituciones encargadas de la investigación médica a nivel federal): una pérdida de 8.5 billones de dólares, recortando la ayuda norteamericana a la investigación multinacional en los organismos de las Naciones Unidas.

El cuarto punto es la vía rápida para retorcer los sistemas de soporte de la vida en el planeta Tierra: convertir la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) en la Agencia para la Destrucción del Medio Ambiente (EDA) al sufrir el mayor recorte de 31% del presupuesto. Los programas de lucha contra el Cambio Climático desaparecerán en los Estados Unidos.

El quinto, y último, cambio es la eliminación de fondos para el desarrollo de las artes: el desmonte de las cuatro agencias dedicadas a promover las artes, las artesanías y la cultura cultural.  Si queremos volver los Estados Unidos una gran nación, necesitamos hacerla inteligente de nuevo, afirma el Dr. Tyson.

Pero, estoy seguro que Trump no va a leer el mensaje del Dr. Tyson, ya que no pasa de minimensajes en Tweeter. El pronóstico sería reservado de lo que resultará luego del balance de la Presidencia Trump en Estados Unidos. Mi esperanza es que sirva de ejemplo para que los políticos dominicanos no trillen ese camino. Pero, debo confesar que mi esperanza es bastante flaca…
 

Contra los pensamientos absolutos: Gianni Vattimo piensa Europa está un poco paralizada

Gianni Vattimo es un filósofo italiano, es cristiano, es homosexual,  es marxista, comunista anárquico...¡¡¡Un remolino de ideas, posiciones, sentimientos, un hombre atrevido, osado...!!! Su pensamiento de ser cristiano, de lo que significa Dios, es:  "Significa que Dios está presente sólo de esa manera, en la cara del otro, en el encuentro con el otro".
Gianni Vattimo, filósofo italiano: Marxista, Católico y gay...
Y cuestiona la idea del catolicismo como poder encarnado en un centro que define la moral, por ejemplo. Sobre esta idea comenta:  "Hay todo un sistema de pensamiento pontifical, tradicional del catolicismo, que afirma que hay una naturaleza que sólo la Iglesia conoce y que deviene la base de su propia autoridad incluso en lo moral. Todo esto es básicamente no un respeto por la naturaleza, sino una voluntad por parte de la Iglesia de preservar su propio poder."

En esta entrevista del 2008, este filósofo cristiano, Gianni Vattimo,  valora el momento actual político en Europa. Reivindica el pensamiento no absolutista, y con gran humildad le llama pensamiento débil; en oposición a los sistemas cerrados y absolutistas de pensamiento. su pensamiento de Dios es muy abierto, cero opresión; cuestiona la pretensión de pensamiento absoluto de todo pensamiento que así lo pretenda (religión, marxismo, nazismo, neoliberalismo,...), y como cristiano critica la forma en que parte de la iglesia (la estructura jerárquica) pretende definir quien es que tiene la verdad ante las diferentes corrientes existentes en el colectivo de creyentes, filósofos/as...

También hace valoraciones sobre América Latina, y ve el equilibrio en el mundo en la alianza entre América Latina, El Caribe (pues habla de Cuba, y su cuestionamiento a las hegemonías imperiales) y Europa. Valora con esperanza, las gestiones socialistas democráticas de Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia..

¡Bueno!, les dejo con toda la entrevista, es frescura para nuestra cultura dominicana: tan absoluta, dicotómica, blanco y negro, medio bipolar.... Aún hayan trasncurrido dos años de esta entrevista, el mundo se ha movido poco.
Hizo la entrevista el periodista Argentino Gustavo Santiago

mildred dolores mata
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Pensamiento
Gianni Vattimo
"Europa está dormida y resignada"

El filósofo italiano recorre algunos de los temas ¿más representativos? de su obra y analiza la actualidad política global desde la perspectiva del "pensamiento débil"

Sábado 8 de noviembre de 2008

Por Gustavo Santiago. Para LA NACION

Hacia el final de la década del 70, un pequeño número de filósofos, encabezados por Gianni Vattimo y Pier Aldo Rovatti, se atrevía a sostener que las ideas "fuertes", que se pretendían sustentadas en sólidos fundamentos, debían dar paso a nociones más ligeras, abiertas a la pluralidad. Apenas unos años más tarde, el "pensamiento débil" llegó a gozar de una popularidad inusual para una corriente filosófica. Eran los tiempos en los que la dis*** modernidad/posmodernidad ocupaba el centro de la escena cultural.

En diálogo con adn cultura, correo electrónico mediante, Vattimo, que la semana próxima visita la Argentina, revisa aspectos controversiales de su producción y destaca la importancia de la perspectiva débil para construir una sociedad democrática y pluralista, que promueva la caridad y el respeto por la libertad.

-Han pasado treinta años desde el surgimiento del "pensamiento débil". ¿Cómo fue aquel comienzo? ¿Qué llevó a su formulación?

-El pensamiento débil se inició para enfrentar el carácter absoluto de algunas ideologías, entre las que se encontraba el marxismo. Algunos filósofos queríamos señalar la imposibilidad de seguir hablando de una razón central, de una razón omnicomprensiva del mundo. Es decir, algo semejante a lo que Lyotard iba a anunciar en
aquellos años como "el fin de los metarrelatos".

-¿En qué se sustentaba esa perspectiva?

-Estas ideas surgieron como una derivación o una especie de síntesis de Nietzsche y Heidegger. Pero de un Heidegger al que podríamos llamar "de izquierda". Desde mi perspectiva, el gran error de Heidegger, que hizo que se inclinara hacia el nazismo en 1933, fue no haber sido radicalmente nihilista. Eso lo llevó a pensar que se podía reconstruir una sociedad presocrática, preclásica, premetafísica, recurriendo a la mitología nazi. Como si el nazismo fuera una posibilidad de salir efectivamente de la metafísica. Esto fue un error político y también filosófico.

-En su autobiografía, usted recuerda que en los años 80 las discusiones sobre el pensamiento débil colmaban grandes auditorios. También eran numerosos los filósofos que decían sostenerlo. Actualmente, sin embargo, se oyen muy pocas voces de apoyo.

-Es verdad que hay una diáspora de los autores del pensamiento débil. Pier Aldo Rovatti es uno de los pocos que permanece fiel al "debilismo" desde los primeros momentos. Aunque desde el comienzo él tenía una versión de la debilidad un poco diferente de la mía, menos
ontológica y más fenomenológica; menos heideggeriana y más husserliana. Pero hubo autores que colaboraron con nosotros, como Umberto Eco o Maurizio Ferraris, que ahora dirían cualquier cosa de sí mismos excepto que son débiles. Para mí, en Eco sigue habiendo manifestaciones del pensamiento débil.

-¿Por qué cree que se produjo este cambio en la consideración de los intelectuales?

-Yo atribuyo esta situación al predominio de la derecha en el pensamiento actual. Hay un fuerte retorno al "realismo", desde el cual se afirma que lo que debe hacer la filosofía es analizar los hechos, ayudar a los saberes científicos, pero de ningún modo imaginar una alternativa a la realidad tal como es. Hay un retorno al
orden, a la "normalidad". Y el pensamiento débil no ayuda en esto.

Aunque algunos, interpretando mal la idea de debilidad, acusaron también al pensamiento débil de ser reaccionario, conciliador con la realidad neocapitalista. Pero nunca fue así.

-Sin embargo, ésa es una idea muy extendida en el mundo intelectual. ¿Usted cree que se trata de un simple error de comprensión?

-También puede estar ligado a una distorsión, quizá intencional. En Italia hemos tenido un período de corrupción política que en aquel momento se aliaba muy bien con un pensamiento que se decía débil.

Como si el pensamiento débil fuera la negación de los valores filosóficos definitivos y sólo eso. Esa idea se utilizaba para justificar una política pragmática y corrupta. Pero, obviamente, eso es algo con lo que yo nunca he estado de acuerdo.

-¿Cuál fue su posicionamiento en relación con el neoliberalismo en los años 80?

-Personalmente, nunca fui neoliberal. Sí puedo decir que en aquellos años me sentía comprometido con una política de "socialismo ligero", con la idea de un socialismo un poco menos autopunitivo, un poco menos austero. Pero nunca he estado a favor del neoliberalismo. Quizá el texto en el que he podido dar esa idea es La sociedad transparente . Allí afirmaba que la lógica misma de los m*** media conducía a una multiplicación de las interpretaciones que me resultaba una lógica liberadora, emancipadora. Yo decía que cuando alguien tiene un solo canal de televisión en la casa puede tomarlo como un Dios. Pero si tiene veinte, no creerá en ninguno de ellos porque al multiplicarse las voces se multiplican las interpretaciones. Pero cuando al comienzo del 2000 Berlusconi ganó las elecciones en Italia, publiqué una nueva edición de La sociedad transparente con un capítulo donde confesaba una cierta desilusión frente a la posibilidad intrínseca de los medios de funcionar como instrumentos de liberación, aunque sin llegar a pensar, como Adorno, que los medios como tales son totalitarios. Lo que veo es una resistencia del capital a la pluralidad, que lo lleva a monopolizar los medios e intentar hacerlos servir a una sola voz. La multiplicidad de interpretaciones es bloqueada por razones políticas y económicas. Por ello, se necesita una política que favorezca la pluralidad de las voces y esto es realmente difícil de lograr.

-Usted suele citar un verso de Hölderlin que también le gustaba a Heidegger: "Allí donde crece el peligro crece también la salvación". ¿Cuáles son los peligros que más lo preocupan en la actualidad desde una perspectiva política? ¿Vislumbra la gestación de alguna salvación?

-En este momento me parece que hay estructuras internacionales que controlan las políticas nacionales de un modo tan rígido que yo no veo, en Europa o en Italia, la posibilidad de cambiar mucho. Por ejemplo, la experiencia de centro izquierda italiana con Prodi me
desilusionó muchísimo porque ni siquiera Prodi, que era un hombre con buenas intenciones, honesto, ha podido cambiar mucho. ¿Y por qué no? Porque estamos en un sistema (la Unión Europea, el Pacto Atlántico, etc.), que nos impide manejar nuestra política. La única zona del mundo que me parece todavía prometer algo es Latinoamérica.

Efectivamente, lo que pasó en los últimos años en América latina, empezando con la resistencia de Cuba y después con Venezuela, con el Brasil de Lula, con la Argentina, me parece que promete no, obviamente, una revolución o una guerra en contra de los Estados Unidos, pero sí una posible modificación del equilibrio, del balance de los poderes internacionales. Yo siempre he soñado con una alianza entre la Unión Europea y Latinoamérica como alternativa a los Estados Unidos. Aunque, desde luego, no en términos de enemistad militar.

-¿Cuáles serían esos signos alentadores que encuentra en América latina?

-Lo que veo es una forma tentativa de socialismo. Soy consciente de los límites del chavismo, pero me parece que la utilización que ha hecho Chávez del dinero del petróleo es algo fundamental. Es cierto que en Venezuela tiene una fuerte oposición, pero también es cierto
que quienes lo cuestionan provienen de las clases acomodadas, que son las que han perdido los privilegios.

Pero es innegable que los pobres tienen más asistencia médica, más posibilidades de instrucción. Hay muchísimos elementos problemáticos del chavismo, pero creo ver allí
la posibilidad de un socialismo un poco diferente del que conocíamos.

También la veo en Evo Morales e incluso en Lula, aunque obviamente, como Brasil es el país más grande de América Latina, tiene más dificultades para actuar. No sé bien hasta qué punto se podría tener otra esperanza. ¿Qué podemos esperar? ¿Que Europa, por ejemplo, se transforme? Europa está dormida y resignada. Hay una pérdida total de confianza, la gente no participa más en la política.


-Para quien no haya leído sus textos, esta apelación al compromiso político puede resultar tan sorprendente como su retorno al cristianismo luego de recorrer las sendas de Nietzsche y de Heidegger.

-Escribí un pequeño libro que se publicó en español hace dos o tres años, que se llama Ecce Comu , título que ironiza un poco con Ecce Homo de Nietzsche, en el que postulo algo así como un "anarco comunismo". Y, aunque parezca extraño, esta especie de comunismo que sostengo está relacionado con mi cristianismo y con los filósofos que usted mencionaba. Yo no pienso que mi retorno a mi religión de juventud sea simplemente un hecho de salvación individual. Uno no se puede salvar individualmente, sino con su propio mundo, con su propia
situación social, con los otros. Como debilista, yo soy cristiano. La única filosofía cristiana que me parece existir hoy es el pensamiento débil. El pensamiento débil me parece una traducción filosófica del mensaje de la encarnación de Dios. Dicho de otro modo, la encarnación de Dios es una manera de desmentir todas las imágenes de lo divino como trascendente, como absoluto, como juez, para sustituirlas por la de un Dios que se hace hombre. La verdad del cristianismo no es la idea de que Dios existe en alguna parte en el cielo, ni que Jesús está sentado a la derecha del Padre. Cuando Jesús dice: "Yo estoy presente cuando dos o tres de ustedes se reúnen en mi nombre", no lo hace para decir que Dios está presente incluso de esta manera.

Significa que Dios está presente sólo de esa manera, en la cara del otro, en el encuentro con el otro. La Iglesia no siempre interpreta la Escritura literalmente. Pero decide ella misma cuándo se trata de tomarla al pie de la letra y cuándo no. Hay todo un sistema de pensamiento pontifical, tradicional del catolicismo, que afirma que hay una naturaleza que sólo la Iglesia conoce y que deviene la base de su propia autoridad incluso en lo moral. Todo esto es básicamente
no un respeto por la naturaleza, sino una voluntad por parte de la Iglesia de preservar su propio poder.

-En su autobiografía usted afirma que "el único pecado verdadero es la falta de caridad".

-Amor es ante todo la caridad cristiana. En el amor existe aquello que Santo Tomás llamaba la amistad conyugal. Esto es algo más que la pasión inmediata. El amor incluye problemas, sufrimiento. Por ejemplo, yo soy doblemente viudo, he estado con dos chicos más jóvenes que yo, que lamentablemente se murieron antes que yo.

¿Qué hace un viejo viudo? Con mis años, con mi barbita blanca, difícilmente llegue a seducir a alguien. Yo sufro esta espina en la carne. Para los jóvenes esa espina es el deseo, que nunca se acaba completamente, que lleva a la tentación. Yo tengo una suerte de
nostalgia y tengo que vivirla más o menos como vivo mi finitud. Un amigo me dice, en broma, que yo no soy heterosexual ni homosexual: a mi edad soy más bien "veterosexual". Y algo de razón tiene. Lo que no hay que olvidar es que en el eros hay también mucha caridad. Cuando el otro me gusta con su cara, con su cuerpo, y entre nosotros no hay opresión, ésta es una forma de caridad. El placer que allí surja no puede tener nada de malo, de pecaminoso. ¿Por qué tiene que estar Dios contra el placer?


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DE VISITA. Gianni Vattimo tendrá a su cargo la conferencia inaugural del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, el 12 de noviembre a las 19.30 en el Malba; el sábado 15 a las 11.30
presentará su libro No ser Dios en El Ateneo Gran Splendid.

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Ernesto Laclau: la amenaza a la democracia no viene del populismo sino del neoliberalismo

La marginación por el no cumplimiento de demandas de los pobladores, clases sociales, de parte de las autoridades va generando una unidd de equivalencias, y se gesta un movimiento que enfrenta el poder; ese movimiento que aglutina puede ser populista democrático o fascista. La hegemonía de buscar satisfacer esas equivalencias cuando integra heterogenidades sociales, y no una clase social, hace que el aglutinamiento se dé por la política y no por clase social. Acá una entrevista del politólogo Ernesto Laclau en torno al tema del populismo contrapuesto al neoliberalismo, se postula por una democracia popular.

mildred d

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Dialogos|Lunes, 1 de Junio de 2009

Diálogo con Ernesto Laclau, teórico político, autor de La razón populista

“Las amenazas a la democracia no vienen del populismo sino del neoliberalismo”


El populismo ha estado cargado de connotaciones negativas, pero para Laclau el populismo no es un movimiento que baje directamente del líder hacia el pueblo sino, a menudo, todo lo contrario, y puede convertirse en una opción genuinamente progresista para América latina.

Por Leonardo Moledo y Nicolás Olsevicki

http://www.pagina12.com.ar/fotos/20090601/notas/na17fo01.jpg

–¿Qué representa para usted el populismo? ¿Qué es? ¿Qué papel juega en la transformación social? Porque es un movimiento que se asocia, generalmente, a lo irracional. Y es muy criticado desde las posturas más clásicas de la izquierda.

–Bueno, le voy a dar, para comenzar, un ejemplo. Supongamos que en una localidad hay un grupo de gente que le pide a la municipalidad que cree una línea de ómnibus para llevarlos desde el lugar donde viven al lugar donde trabajan. Supongamos, también, que la demanda no es satisfecha, con lo cual se genera una frustración. Si esa gente empieza a ver que alrededor de ellos hay una serie de otras demandas que tampoco son satisfechas (con respecto a la salud, a la escolaridad, a la seguridad, por ejemplo), entre todas esas demandas insatisfechas se empieza a crear una cierta solidaridad, y se empieza a ver que hay una especie de distancia entre el espacio en el cual se generan las demandas populares y el poder. Ese tipo de distancia empieza a crear una especie de división en el campo social entre el poder y el ámbito popular. Es decir: empezó a surgir el clima donde el populismo puede emerger.

–No está basado en relaciones de clase...

–No, o por lo menos no necesariamente. Está basado en una cantidad de demandas insatisfechas que se articulan espontáneamente de determinada manera. En cierto momento la gente empieza a advertir que entre todas las demandas insatisfechas se establece lo que yo llamo en mi teoría una “cadena de equivalencias”, porque todas ellas expresan un cierto rechazo respecto de un sistema. Ahí es donde se crean las bases para el populismo, la existencia de un pueblo que se enfrenta al poder establecido.

–Si la demanda es esa línea de ómnibus, y se puede articular con otras demandas parecidas, ¿por qué tenemos que pensar que es algo antisistema y no movilizador del sistema? En el sentido en que el sistema tendría que funcionar de todas maneras...

–Eso no determina cuál va a ser la naturaleza del enemigo. El populismo no es en sí ni malo ni bueno: puede avanzar en una dirección fascista o puede avanzar en una dirección de izquierda. El maoísmo, por ejemplo, fue un movimiento populista en el cual las masas de China, que estaban desorganizadas por la invasión japonesa, consiguen una expresión a través del Partido Comunista. Pero también fue populista el fascismo italiano. Otra vez: el populismo no es ni bueno ni malo: es el efecto de construir el escenario político sobre la base de una división de la sociedad en dos campos.

–¿Pero cómo puede ser un elemento de la acción política, si no es ni bueno ni malo?

–La acción política tiene siempre lugar entre dos polos: el institucionalismo y el populismo. El institucionalismo es la absorción individual de las demandas por parte de un sistema que impide que se cree la cadena de equivalencias. Ese es el caso de Disraeli en la Inglaterra del siglo XIX. El decía: “La sociedad inglesa está completamente dividida en dos campos, y si seguimos así vamos a acabar todos como Luis XVI. Lo que hay que hacer, cuando hay dos naciones, es crear una nación. Ahora bien: ¿cómo crear una nación? Sobre la base de la absorción individual de las demandas”. Toda la teoría política del torismo inglés estaba basada en la creación de una sola nación mediante la absorción individual de las demandas, impidiendo que se crearan cadenas equivalenciales que dividieran a la sociedad en dos campos. Toda esta ideología después pasa a la idea del Estado de Bienestar: absorber demandas para que no haya puntos de ruptura en la sociedad. Era el reemplazo de la política por la administración. La sociedad iba a ser dirigida de un modo administrativo sin que hubiera ningún punto de ruptura política. Ese era el lema que en el siglo XIX proclamaba Saint-Simon: hay que pasar del gobierno de los hombres a la administración de las cosas.

–Digamos que si reemplazamos la palabrita “administración” por “gestión”, eso tiene connotaciones bien actuales en la Ciudad de Buenos Aires...

–Sí. Ese fue el lema de todo el positivismo: en la bandera brasileña, aún hoy, el lema es “Orden y progreso”. Les doy un ejemplo opuesto: si pensamos en el fenómeno de Solidaridad en Polonia, aparece lo contrario. Al principio, las demandas eran muy individualizadas: eran los obreros de los astilleros Lenin que pedían determinadas cosas muy puntuales. Como esas demandas y esos símbolos se plantean en una sociedad en las cuales muchas demandas no están siendo satisfechas, empiezan a ser los símbolos de una totalidad social.

–Y comienza a formarse la cadena de equivalencias. ¿Qué es exactamente esa cadena?

–Pongo un ejemplo: si hay demandas con respecto a transporte, a vivienda, a seguridad, a educación, la gente empieza a percibir que entre todas esas demandas hay una cierta solidaridad, porque todas se refieren a algo que no es satisfecho. Lo que se necesita después es que toda esa cadena se cristalice en determinado símbolo...

–¿Por ejemplo?

–Perón. Esa forma de cristalización es, por un lado, lo que llamo un significante hegemónico. Hegemonía quiere decir que una cierta particularidad, en determinado momento, asume el rol de algo mucho más amplio de lo que la particularidad originaria representaba. Del otro lado, tiende a ser un significante vacío, puesto que para representar la totalidad de la cadena debe romper sus vínculos con la particularidad originaria (y entonces representa algo que la rebasa ampliamente). Cuando se da ese juego, por el cual ciertos significantes pasan a ser hegemónicos y vacíos, tenemos populismo.

–¿Y eso no se parece un poco al bonapartismo?

–Digamos que el bonapartismo es una de las formas posibles de eso, pero el fenómeno es mucho más amplio.

–¿Cómo se da el paso de la cadena de equivalencias a esa cristalización, ese paso de la particularidad a la universalidad?

–Bueno, es una transición que no tiene por qué ser lógica y que depende de muchos avatares históricos. A la cuestión de si hay algo en el significante originario que lo lleva a ser el punto de confluencia de todas las demandas, la respuesta es que no. Muchos significantes pueden actuar así. Como decíamos antes: podemos llegar a tener un populismo fascista, un populismo de izquierda...

–¿Y el peronismo qué tipo de populismo fue? ¿Un populismo fascista? ¿Un populismo de izquierda?

–Definitivamente no fue un populismo fascista... fue un populismo que se volcó hacia la izquierda en el proceso de devenir central. Si pensamos en el peronismo de los años ‘60 en la Argentina, ahí hay cada vez más cantidad de demandas insatisfechas. Y de otro lado, el significante del retorno de Perón adquiere una centralidad cada vez mayor. Eso no tuvo nada que ver con un populismo de tipo fascista.

–Bueno, en esa etapa no. Pero en un primer momento parecería ser que sí, que lo que hacía y lo que proponía era muy similar a lo de Disraeli.

–Yo no lo veo para nada así. En primer lugar, Perón produjo un discurso en el cual él no estaba en contra de la lucha de clases. Cuando hablaba de “Braden o Perón”, lo que trataba de hacer era dividir a la sociedad en dos campos y, por lo tanto, hacía lo opuesto de Disraeli: en lugar de difuminar las fronteras internas, las creaba. Hay que pensar cómo funcionaba un sistema político en la Argentina en los años anteriores al peronismo: era absolutamente clientelista, todo se resolvía por las mediaciones de los punteros. Había, entonces, demandas que eran completamente individualizadas: no era un sistema como el de Disraeli, porque no se trataba de un clientelismo burocrático sino de un clientelismo clientelista, de un clientelismo de bases. Entre la demanda de la mujer que quería que atendieran primera a su hija en un hospital y la demanda de un hombre para casar rápido a su hijo no se formaba ninguna cadena equivalencial. Todo se resolvía a nivel local, por los punteros y los caudillos. El sistema funcionaba relativamente bien hasta 1930, cuando viene la crisis. En ese momento, las demandas que llegaban desde la base no podían ser satisfechas por el sistema institucional. Ahí se da una situación prepopulista, porque empieza a haber demandas insatisfechas por un lado y un aparato que no las puede absorber. En ese momento, a cierta altura, alguien de afuera del sistema empieza a interpelar a esos sectores de abajo por afuera de todo el sistema institucional. Ese es el origen del peronismo. Yo veo al peronismo como algo que creó un discurso de la ruptura interna de lo social, no como un discurso de la absorción individual de las demandas. Después empezaron a crear un sistema en donde esas demandas sí pudieran ser resueltas. Pero ese espacio que construyeron se daba siempre en oposición: en oposición a la oligarquía, al poder, a Estados Unidos. La mayor ruptura se da en esos años. Después empieza la gran apuesta, que es lo que viene después del ‘55. El argumento de la oligarquía restaurada sí era parecido al de Disraeli: absorber demandas individuales para que no se formaran las cadenas equivalenciales.

–¿Y por qué fracasó ese proyecto?

–Por muchas razones. Porque las inversiones extranjeras no representaron la fuente de desarrollo económico que se pensaba que iban a representar. Por el poder de la oligarquía ganadera en Argentina, que todavía están por acá dando vueltas y que exigían continuas devaluaciones. Faustino Fano, el presidente de la Sociedad Rural Argentina en 1960, usaba una palabra en todos sus comunicados que funcionaba como clave. Decía que los productores rurales se sentían “desalentados”. Cuando la gente leía eso en un comunicado, inmediatamente sabía que había que comprar dólares, porque sabía que lo que se pedía era una devaluación. Si la devaluación no se producía, el Ejército sacaba los tanques a la calle. Que el Ejército saque los tanques a la calle para imponer decisiones a un gobierno elegido democráticamente (al cual se supone que está subordinado) es lo que en cualquier país del mundo se llamaría “golpe de Estado”. Acá se llamaba “inquietud de las Fuerzas Armadas”. Al final, el juego semiológico había llegado a ser tan obvio que un día Fano salía del despacho presidencial y los periodistas le preguntaron: “¿Va a usar en su comunicado la palabra ‘desalentado’?”. El contestó: “Todavía no, pero dentro de una semana la vamos a usar si el gobierno no toma medidas”. Piensen que Frondizi, en efecto, sufrió 14 semigolpes de Estado.

–Ahora no sale el Ejército, los mismos ruralistas cortan las rutas.

–Sí, claro. Esas fuerzas no han dejado de existir, pero las podemos combatir mejor hoy en día. Aunque tienen un poder de convocatoria tremenda.

–¿Usted nota un proceso de derechización muy fuerte en la sociedad argentina?

–Creo lo contrario. Por un lado, a nivel del poder, se está evidentemente en una situación defensiva muy fuerte. Por otro lado, el poder popular se ha incrementado. Los Kirchner han representado un cambio importante desde esa perspectiva.

–Aparte en este momento, en Latinoamérica, hay una serie de gobiernos que se podrían denominar populistas de izquierda...

–Yo creo que este proceso habría que verlo en una secuencia histórica más amplia. Tradicionalmente, la democracia y el liberalismo no se dieron juntos. A principios del siglo XIX, la democracia era un término peyorativo, mientras que el liberalismo estaba perfectamente bien visto. Se requirió todo un largo proceso de revoluciones y reacciones para que liberal-democrático pasara a ser una unidad aceptada. Yo creo que en América Latina esa unificación nunca se dio. En primer lugar, el liberalismo fue la forma en que las oligarquías tradicionales organizaron la sociedad en la segunda mitad del siglo XIX. Esos regímenes eran liberales pero no eran democráticos en absoluto. Las demandas populares de los nuevos sectores a partir de comienzos del siglo XX empiezan a cristalizarse de maneras no liberales, como, por ejemplo, a través de las dictaduras nacionalistas. Entre liberalismo y democracia no se dio ningún tipo de articulación. Creo que en los últimos 30 años, después de las dictaduras más horripilantes que golpearon tanto la tradición liberal democrática, la base de esta unión empieza a ser plausible. Creo que hoy ya es evidente que ningún movimiento nacional y popular puede poner en cuestión las formas democráticas.

–¿Y se está formando una unión entre lo nacional popular y lo democrático como se formó en Europa y Estados Unidos entre lo liberal y lo democrático?

–Creo que estamos avanzando hacia ello. La gente muchas veces me pregunta si no creo que el populismo es una amenaza a la democracia. Yo creo que las amenazas a la democracia en América latina nunca han venido del populismo sino del neoliberalismo.

–Y una vez que estén dadas las condiciones para que emerja el populismo, ¿de qué depende que se oriente hacia la izquierda o hacia la derecha?

–Es que no es que primero se dé el populismo y luego se oriente hacia la izquierda o hacia la derecha. Las dos cosas se dan desde el comienzo mismo. Lo que sí se da es que a veces los movimientos comienzan de manera ambigua. Pongamos por ejemplo el caso del fascismo italiano: Mussolini era socialista originalmente. Lo que empieza a ocurrir es que después de la Primera Guerra Mundial la gente empieza a percibir que todo el orden institucional es un sistema que se está desintegrando, y que se necesita una refundación del sistema político. Es frecuente que la gente, en una situación de desorden generalizado, se sienta amenazada y demande un cierto orden. Cuál va a ser el contenido de ese orden es una consideración secundaria, en la medida en que haya un cierto orden.

–Esta manera de ver las cosas... ¿No nos hace depender demasiado de la figura del líder que aglutina las demandas?

–Yo no creo que el líder tenga ese tipo de centralidad. Si bien es cierto que la aglutinación de demandas depende un poco de la figura del líder, también es cierto que el ascenso de un líder (y no de otro) depende de las demandas que están en la base. Por un lado, los gobernantes se transforman en el símbolo de los gobernados, pero por otro lado los gobernados crean las bases para la constitución de este líder. Esto tiene que ver con la teoría freudiana de la distancia entre el “yo” y el “yo ideal”. El “yo ideal” es la figura del líder: si los particulares son débiles, el “yo ideal” ocupará un papel más central. Pero en otras circunstancias, la distancia entre el “yo” y el “yo ideal” no es tan grande, y entonces es un hermano el que ocupa el lugar del padre. Yo siempre tengo desconfianza de las teorías que hablan del “líder manipulador”. Porque para manipular a alguien, ese alguien tiene que dejarse manipular. Y muchas veces la acción del supuesto manipulado sobre el manipulador es una gran parte del proceso.

–Cuando uno piensa en el gran proceso de marginalización que se dio en Inglaterra, con los cerramientos, es inevitable pensar que toda esa gente pobre que era lanzada a los caminos iba a convertirse, sin siquiera imaginarlo, en la base de lo que iba a ser la Revolución Industrial. El proceso de marginalización que se está dando ahora: ¿puede ser parte de un proceso más grande, como la marginalización esa fue parte de la Revolución Industrial?

–Aquí lo que se está dando es una terciarización, por lo cual no parece haber ninguna forma obvia o equivalente a lo que fue la Revolución Industrial. La identidad de obrero industrial ya no es tan central ahora: estamos ante otro tipo de sociedad. El vínculo económico no tiene la misma importancia que tenía en la época de Marx. Yo creo que la forma de recomposición social no va a estar dada por la estructura económica simplemente, sino que va a estar dada por algún tipo de forma política.

–¿Cómo sería eso?

–Es lo que empezó a intuir Gramsci. La heterogeneidad social, según él, es un mundo que sólo puede reconstituirse a través de la hegemonía, es decir, de la acción política.

–En Hegemonía y estrategia socialista usted habla de “radicalizar la democracia”. ¿Por qué tenemos que radicalizar la democracia?

–Para vivir en un mundo mejor.
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Papel de los Partidos políticos y crisis financiera mundial: Fafa Taveras

Análisis muy completo sobre la situación de la crisis financiera y su impacto en los partidos políticos, de Fafa Taveras.

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CRISIS, PARTIDOS POLÍTICOS Y PROYECTO DE NACIÓN

Por Fafa Taveras

En la medida que la sociedad cambia, debe cambiar la forma de intervenir en ella.

Los partidos políticos, no importan su denominación, sus ideologías, programas o formas de lucha, son una mediación entre la ciudadanía y el poder.

Surgen desde la sociedad con el objetivo esencial de dirigirla.

Para acercarnos al impacto de la crisis actual sobre los partidos políticos, hay que tener presente que el término “partido” ha sido usado por siglos en las luchas de grupos al interior de las más diversas sociedades. Sin embargo, ha sido en el capitalismo que estos han surgido como expresión directa de Clases, o de fracciones de estas, o corrientes de opinión con una vocación de permanencia en la lucha por el control y dirección del poder.

En tal sentido, las dificultades o crisis cíclicas del sistema capitalista para reproducirse se reflejan directamente sobre los partidos. La historia reciente de América Latina lo confirma. Por ejemplo, cuando las formas de acumulación demandaron control militar, suprimiendo los partidos y/o limitando la existencia de los mismos en nombre de la Seguridad Nacional y excluyendo por razones ideológicas a los partidos más críticos del sistema.

En esta ocasión también, a pesar del autismo que muestran todos nuestros partidos encerrados en sí mismos, consumidos en sus luchas internas, serán inevitablemente zarandeados por la realidad como expresión de las modificaciones y cambios que tendrán que imponerse en todo el sistema capitalista.

Aunque nuestros partidos no lo adviertan, la necesidad de estos cambios es tan evidente como lo es la reconstrucción de una ciudad devastada por un terremoto.

El nivel del desastre que se vive a nivel de la economía mundial explica que un conservador tan notable como el actual presidente de Francia, llamara hace apenas 12 semanas a dos premios Nóbel: Joseph Stiglitz, reconocido crítico de algunos aspectos de la globalización y sobre todo del Banco Mundial y del Fondo Monetario, mecanismos de control en manos de los 7 gobiernos que dirigen el mundo, y a Amartya K Sen, orientador esencial de la nueva visión del desarrollo humano y crítico implacable del reduccionismo economicista de apreciar únicamente los indicadores del crecimiento económico para medir el desarrollo.

Sarkozy les pidió a estos dos premios Nóbel que elaboraran nuevos indicadores que permitan dar cuenta real del nivel de vida de los pueblos.

Y la crisis ha tomado tal dimensión y se despliega con tal rapidez, que sin haber recibido el resultado de su encargo, el presidente de Francia, en su condición de presidente de la Comunidad Económica Europea, ha llamado a la vieja Europa y al resto del mundo a refundar el capitalismo.


Frente a este cuadro estamos obligados preguntarnos.

¿DE QUÉ CRISIS HABLAMOS?

Nuestro presidente, el doctor Leonel Fernández, al referirse a la presente situación de la economía mundial ha dicho: “Lo que está en crisis es el modelo neoliberal, no el sistema”. Juicio reforzado por decenas de analistas, y parcialmente por el reconocido intelectual de la izquierda norteamericana, Noam Chomsky, quien expresa:

“Los orígenes inmediatos del presente desplome están en el colapso de la burbuja inmobiliaria supervisada por el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, quien sostuvo la economía de los años de Bush amalgamando el gasto en consumo fundado en deuda con la toma de préstamos del exterior.

“...Pero las raíces son más profundas. En parte, se hallan en el triunfo de la liberación financiera de los últimos 30 años, es decir, en las políticas consistentes en liberar a los mercados lo más posible de regulación estatal.”

CONSENSO DE WASHINGTON

Tras la caída del Muro de Berlín y del reordenamiento de la Unión Soviética, el capitalismo se sintió sin adversario y dueño absoluto del Mercado Mundial. El llamado Consenso de Washington en 1990, estableció las guías para consolidar aquella victoria, recogida en lo esencial en la receta que el FMI popularizó desde entonces:

Reformas fiscales para ampliar la base imponible.
Liberalización financiera, especialmente los tipos de interés.
Tipos de cambios competitivos.
Liberalización comercial.
Apertura a inversiones extranjeras directas.
Privatizaciones.
Desregulaciones.
Garantías de derechos de propiedad.

Desregulado, el capital financiero se lanzó a la apropiación y control de todos los mercados.

Seducido por la magia de la nueva realidad Estados Unidos se des-industrializó, reforzando su condición de centro financiero del mundo, acelerando la informatización de la economía financiera.

Llegó a tal grado esta informatización, que las operaciones de las bolsas podían seguirse desde máquinas programadas por ejecutivos financieros para actuar a la velocidad de la luz en miles de operaciones al día. De hecho, la economía financiera se hace virtual y al mismo tiempo se pone fuera de cualquier control.

Desde este posicionamiento, cada vez más autónomo, la economía financiera podía influir en todos los niveles de la sociedad mucho más allá de lo estrictamente económico. A tal grado, que en amplios círculos se acepta que el movimiento libre de capitales ha creado una especie de “parlamento virtual mundial de inversores y prestamistas”, que inciden y controlan los programas económicos y sociales de los gobiernos, expresándose en contra o a favor de los mismos. Si sus posiciones son ignoradas pueden votar por las fugas de capitales, ataque a las monedas locales y al conjunto de instrumentos que la liberalización financiera pone a su disposición.

Nunca antes, ni con guerras, terrorismo e intervenciones, el capital había alcanzado tanto poder sobre los pueblos.


Tampoco nunca antes se había visto tanta indiferencia frente al lastre del sistema.

LOS OBJETIVOS DEL MILENIO

En 1990, paralelo a la oficialización del llamado Consenso de Washington, se suscribieron Los Objetivos del Milenio, encabezados precisamente por el compromiso de “Reducir a la mitad entre 1990 y 2015, la proporción de personas extremadamente pobres, con ingresos inferiores a un dólar por día”, que al 2005, según anunció el Banco Mundial el 26 de agosto de este año 2008, alcanzaban la astronómica cifra de 1400 millones de personas.

1400 millones de personas sin agua potable, ni energía eléctrica; sin servicios de salud ni educación, mientras, los inmensos recursos del capital acumulado se concentraban en el campo virtual de la especulación, al tiempo que los objetivos del milenio no se cumplen por falta de recursos.

Así, viento en popa, el comercio del mundo crecía y las deudas de los pueblos también, sin reparar en los efectos de la aplicación de la receta del Consenso de Washington en los países en desarrollo.
Esto es: bancarrota de gran parte de los productores locales, que acostumbrados a la protección estatal y a la evasión, no desarrollaron a tiempo la debida capacidad competitiva que les permitiera resistir la avalancha de la apertura comercial.



Sin ninguna perturbación los magnates de esta apertura sólo valoraban los indicadores de las ganancias. Que estas ganancias no procedieran de la creación de riquezas, pero sí de la ampliación ilimitada del crédito sin garantías, o de los negocios a futuro, o de los múltiples juegos de valores en las bolsas, no tenía importancia.

Tampoco tenía importancia que estas políticas del Consenso de Washington mostraran su peor rostro en la crisis de la economía mejicana, que obligó al gobierno de Estados Unidos a facilitar a su vecino créditos multimillonarios de emergencia; o en el sudeste de Asia, donde Joseph Stiglitz, en el Malestar de la Globalización, calificó –antes de la crisis actual, aquélla, como la peor desde la gran depresión de 1929; o que los vientos de la liberalización casi llevaran al Estado argentino a la bancarrota.


Todos estos hechos, sólo se apreciaban como oportunidad para ampliar el mercado especulativo y fortalecer el poder del capital financiero sobre deudores y receptores de inversión extranjera, con quienes en sus dificultades siempre se podía alcanzar una rentable renegociación.

Nada conmovía la codicia de los especuladores financieros, hasta que la crisis estalló en su propia casa.

PÁNICO EN ESTADOS UNIDOS


Las noticias acerca de la crisis económica en Estados Unidos y sus repercusiones en el mundo, son tan recientes y tan masivamente divulgadas que podemos concentrarnos sólo en algunos aspectos relevantes de la misma.

La crisis hipotecaria parecía, al principio de divulgarse, una dificultad sectorial que podía aislarse. Pero las causas de aquella crisis apuntaban fuera del sector.

La incapacidad de pago de cada vez más propietarios de viviendas puso en evidencia una práctica bancaria generalizada: conceder créditos hipotecarios sin indagar la capacidad de pago de los beneficiarios.

Esas hipotecas peligrosas eran empaquetadas, vendidas y revendidas al mejor postor. Los bancos de inversión compraban estos créditos. Las agencias de valoraciones les daban su visto bueno y arrastraban bancos y fondos de pensiones y de seguros del mundo entero que andan tras la búsqueda de réditos altos y fáciles.

El pánico estalla cuando se conoce que los principales bancos y agentes financieros de Estados Unidos están profundamente contaminados, en bancarrota, o a la puerta de esta:

1. -Citigroup
2. -Goldman Sachs
3. -Morgan Stanley
4. -Wells Fargo
5. -JP Morgan Chase
6. -Bank of America
7. -Merrill Lynch
8. -State Street
9. -Bank of New York Mellon Corp.

Además, la industria automotriz prácticamente quebrada.

De hecho, se declara una emergencia general en Estados Unidos. Decenas y decenas de empresas hacen públicas sus pérdidas, aumenta el desempleo, caen las ventas y millones de depositantes de dentro y fuera del país, preocupados por sus fondos presionan para que La Reserva Federal y el presidente presenten a la carrera un paquete económico, garantizando los fondos de todos los depositantes y recapitalizando los bancos pretendiendo apaciguar la crisis y salvar al sistema.

Pero la crisis se expande en Europa y Asia, anunciada con la caída de todas las bolsas y la intervención de todos los gobiernos para llevar a cabo la más grande transferencia de recursos en toda la historia del capitalismo, poniendo en evidencia que en el actual proceso de globalización es imposible detener la hemorragia de esta crisis con ningún torniquete local, por lo demás insuficiente y tardío.

De ahí que los gobiernos del mundo desarrollado tienen que ponerse al frente de la crisis y en medio de consultas bilaterales permanentes, convocar a una cumbre mundial para tratar la presente crisis.

UNA CRISIS MÁS ALLÁ DEL MODELO

Los vientos de la crisis no se han detenido y las consecuencias de la misma, en gran medida, están por verse. Pese a estas limitaciones, lo que hemos visto nos resulta suficiente para entender que esta crisis va más allá del modelo.

En definitiva, el capitalismo es la organización social basada en la propiedad privada y el mercado. El Estado es el garante de la reproducción de esta forma de organización social. Lo es con la elaboración y aplicación de las leyes que permiten la convivencia. Con la prestación de servicios de salud, educación básica, seguridad y protección ciudadana. Con la creación y mantenimiento de la infraestructura necesaria para la dinámica del sistema.

En los momentos de auge de la economía ha primado el mercado. En las dificultades y crisis que periódicamente entorpecen el mercado, el estado carga con los costos y asume la responsabilidad de rehabilitar el funcionamiento del mismo.

Si esta crisis, tal como apreciamos nosotros, va más allá del modelo neoliberal que ha colapsado, se impondrá una reestructuración necesaria del capitalismo.

En este sentido, el llamado del presidente de Francia a refundar el capitalismo parece pertinente, pese a las críticas del presidente Bush defendiendo el Libre Mercado..

FLEXIBILIDAD DEL SISTEMA

Una de las características más notable del capitalismo, es la capacidad para integrar en su dinámica las novedades que le impone la vida.

Tras la prolongada recesión económica que siguió a la crisis de 1929, Franklin Delano Roosevelt asumió, como presidente de Estados Unidos, la responsabilidad de reactivar aquella economía. Para esto promovió grandes inversiones públicas en la construcción de infraestructura, al tiempo que estableció oficialmente el horario de 8 horas de trabajo, aumentó el salario mínimo y se creó la Seguridad Social norteamericana, asegurándose de este modo un sostenido crecimiento y expansión de la economía que duró más de 40 años.

Ahora, los problemas son globales y múltiples y por lo tanto la crisis debe ser enfrentada desde la cooperación internacional.

Desde luego, más allá del dilema de más Estado o más Mercado.

Ahora debemos pensar en más institucionalidad.
Más equidad.
Más solidaridad y responsabilidad social.
Más transparencia.
Menos impunidad.
Más fiscalización y control ciudadano sobre las ejecutorias públicas..

Está claro también que las soluciones no podrán obviar el tratamiento de las instituciones que a nivel global regulan las relaciones económicas a todos los niveles. Esto es, Banco Mundial; Fondo Monetario, Organización Mundial de Comercio.

II


DESAFÍO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Si como dice Giovanni Sartori que democracia es: “sistemas y regímenes políticos donde el pueblo manda”, tenemos que asumir el concepto pueblo como unidad y al mismo tiempo como expresión de la diversidad de clases y sectores que lo conforman.

Y en este reconocimiento está la necesidad de la representación política y de los sistemas políticos de partidos. Al mismo tiempo que definida la función esencial de esta representación, que no es otra que mediar entre la población y el poder.

Cuando se gana el derecho de gobernar el partido es el responsable de la conducción del mismo. En la oposición, el partido es la contraparte del gobierno.

PARTIDOS Y ACTUALIDAD

Asistimos a una situación que no puede obviarse.

A nivel internacional, catastrófica.

A nivel nacional, insoportable.

Lo sorprendente es que todos nuestros partidos están replegados sobre sí mismos. Los del poder, aprovechando las condiciones de estar arriba.

Los de la oposición, consumiendo sus energías en confrontaciones y debates internos.

Las masas populares y la población en general están sin orientaciones y sin acompañamiento.

Se olvida que el papel del partido siempre será: Recoger las demandas populares, depurarlas, darles coherencia y a la luz de la visión del partido sobre la sociedad y el poder, encauzarlas.

Si está en el poder, para que estas demandas sean incluidas en los planes oficiales y satisfechas.

Si está en la oposición, con mucho más razón se precisa de una estrecha relación con las masas.

IMPORTANCIA DE UN PROYECTO DE NACIÓN

A la luz de los cambios actuales:

¿Hacia dónde va el país?

El desafío de comprender la actualidad y el despliegue de la misma hacia el porvenir obliga a los partidos políticos a entender lo que ocurre y elaborar las guías para enfrentar este desafío.

Desde luego, las guías adecuadas para enfrentar el porvenir no podrán surgir de la simple competencia partidaria. Estas guías tienen que surgir de un nuevo compromiso de Nación que supere la práctica partidaria generalizada, de asumir los programas políticos como simple propaganda o como responsabilidad exclusiva de los gobiernos de turnos.


Para este compromiso, Los Objetivos del Milenio son una buena referencia, reforzados por las exigencias que la crisis actual ha puesto sobre la mesa, de que necesitamos a todos los niveles una nueva institucionalidad con transparencia y sin impunidad:

En la lucha contra la pobreza.
En educación.
En salud.
En tecnología.
En competitividad.
En energía.
En seguridad ciudadana.

Ninguno de estos problemas podrá enfrentarse con éxito desde las prácticas tradicionales que han caracterizado nuestros gobiernos.

Necesitamos un Compromiso de Nación, para que en el poder nadie invente y se pueda desarrollar un programa que trascienda los periodos presidenciales.

Necesitamos este Compromiso de Nación para evitar la ingobernabilidad, para evitar que la población se canse de las denuncias y tome el camino de las protestas, las movilizaciones y la desobediencia civil.

Para alcanzar un Compromiso de Nación, como hace falta, tenemos que recuperar el valor de la política como servicio y desterrar la práctica de la degradación comercial que la acompaña.

Para lograr un Compromiso de Nación estamos obligados a modernizar nuestros partidos, tanto en su vida interna como en su relación con la sociedad.

Estamos obligados también a superar la vieja idea de que la única ética de la política es lograr los resultados que quiere el príncipe, sin importar los medios para lograr estos resultados.

Para construir el Proyecto de Nación que necesitamos es imprescindible practicar los valores que predicamos.

Si pasamos por alto esta oportunidad para avanzar hacia un Compromiso de Nación, les estamos abriendo las puertas a:

EL CAUDILLISMO DE LA POST MODERNIDAD.

La seducción de las masas siempre es posible, usando lo inmediato como la base del discurso que recoge lo que las masas quieren oír.

Y apoyándose en la miseria y la desesperación de estas recurrir al clientelismo, a los subsidios víspera de las elecciones y estimular el camino de la rentabilidad del cabildeo.

De este modo, no hay que cancelar la oposición.
Se anula..
Se desnaturaliza.
Se corrompe, reduciéndola a una existencia formal.

De este modo, se concentra el poder en manos del Ejecutivo.

Se atomizan los demás poderes y se funda el nuevo caudillismo.

El caudillismo de la post modernidad.

Crisis Financiera: se termina la irresponsabilidad con lo público

Informe-Dipló Especial – 7-10-08

El fin del capitalismo financiero

LA CRISIS DEL SIGLO


Los terremotos que sacuden las Bolsas del mundo desde el pasado “septiembre negro” han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado...

por Ignacio Ramonet

Director de Le Monde diplomatique, España.


El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de Economía: “Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la Unión Soviética (URSS) fue para el comunismo”. Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: “El Estado no es la solución, es el problema”. Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La “edad de oro” de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, “amos del universo” denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes. Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas de corto plazo abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho facil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo a la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial.

La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el monto de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca “burbuja” reventó.

El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las “hipotecas basura” era sabido por todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en Le Monde diplomatique– desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson (ex-presidente de la banca Goldman Sachs …) ha propuesto un plan de rescate –reformado y aprobado por el Congreso de Estados Unidos– de las acciones “tóxicas” procedentes de las “hipotecas basura” (subprime) por un valor de unos 700 mil millones de dólares, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica– demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aun más.

Las autoridades estadounidenses acuden al rescate de los “banksters” (“banquero-gangster”) a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inútil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen “plan B” para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? “Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme”, vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo “New Deal” basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

1 Anagrama, Barcelona, 1995.
2 The Financial Times, Londres, 23-8-08.

¿Estamos reconociendo lo público, la intervención de la sociedad a través del Estado, para proteger la humanidad?

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_7640000/764 0173.stm

En Inglaterra, nacionalizando un banco.

¿Qué está pasando con el libre mercado, sin que nadie se pueda entromenter en nombre de pensar en lo colectivo, en toda la sociedad?

¿Están los intrusos intereses de toda la sociedad, lo público, el Estado, rescatando el mercado?

Se necesita igualdad entre el rendimiento social y privado: Joseph E. Stiglitz

Yo he leído que los altos precios de los alimentos es el resultado de medidas especulativas de la bolsa de valores. Pienso igual puede estar pasando con el petróleo.

Pero nuuunca, nuuunca...pensé que el Consenso de Washington (o la ideología del Grupo de Chicago) estaban confiando en que el mercado se autorregularía.

De Joseph E. Stiglitz extraigo dos afirmaciones:

"Esa mezcla de retórica sobre el libre comercio e intervención estatal ha funcionado particularmente mal para los países en desarrollo. Se les dijo que dejaran de intervenir en la agricultura, con lo que expusieron a sus agricultores a una competencia devastadora de los Estados Unidos y Europa.

Sus agricultores habrían podido competir con sus colegas americanos y europeos, pero no podían hacerlo con las subvenciones de los EU y de la Unión Europea. Como no era de extrañar, las inversiones en la agricultura en los países en desarrollo fueron disminuyendo y el desfase en materia de alimentos aumentó. *"

La otra afirmación es:

"Hoy hay una desigualdad entre los rendimientos privados y los sociales. Si no están bien a la par, el sistema de mercado no puede funcionar bien. " Joseph E. Stiglitz.

Cuánto quisiera saber porqué él afirma de la necesaria igualdad entre rendimientos sociales y rendimientos privados, se necesita saber razonar sobre eso ¡muuucho!.
Se enfatiza en el análisis a partir de USA.

mildred dolores.

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¿El fin del neoliberalismo?

Joseph E. Stiglitz*
20:24 - 07/07/2008

NUEVA YORK

El mundo no ha sido piadoso con el neoliberalismo, ese revoltijo de ideas basadas en la concepción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos eficientemente y sirven bien al interés público. Ese fundamentalismo del mercado era subyacente al thatcherismo, a la reaganomía y al llamado “consenso de Washington” en pro de la privatización y la liberalización, y de que los bancos centrales independientes se centraran exclusivamente en la inflación.

Durante un cuarto de siglo ha habido una pugna entre los países en desarrollo, y está claro quiénes han sido los perdedores: los países que aplicaron políticas neoliberales no sólo perdieron la apuesta del crecimiento, sino que, además, cuando sí que crecieron, los beneficios fueron a parar desproporcionadamen te a quienes se encuentran en la cumbre de la sociedad.

Aunque los neoliberales no quieren reconocerlo, su ideología suspendió también en otro examen. Nadie puede afirmar que la labor de asignación de recursos por parte de los mercados financieros a finales del decenio de 1990 fuera estelar, en vista que el 97 por ciento de los inversores en fibra óptica tardaron años en ver la salida del túnel, pero al menos ese error tuvo un beneficio no buscado: como se redujeron los costos de la comunicación, la India y China pasaron a estar más integradas en la economía mundial.

Pero resulta difícil ver beneficios semejantes en la errónea asignación en masa de recursos a la vivienda. Las casas recién construidas para familias que no podían pagarlas se deterioran y se destruyen, a medida que millones de familias se ven obligadas a abandonar sus hogares en algunas comunidades y el gobierno ha tenido que intervenir por fin... para retirar las ruinas. En otras, se extiende la plaga. De modo que incluso los que han sido ciudadanos modélicos, han contraído préstamos prudenciales y han mantenido sus hogares, ahora se encuentran con que los mercados han disminuido el valor de sus hogares más de lo que habrían podido temer en sus peores pesadillas. Desde luego, hubo algunos beneficios a corto plazo del exceso de inversión en el sector inmobiliario: algunos americanos (tal vez sólo durante algunos meses) gozaron de los placeres de la propiedad de una vivienda y de la vida en una casa mayor de aquella a la que, de lo contrario, habrían podido aspirar; pero, ¡con qué costo para sí mismos y para la economía mundial! Millones de personas van a perder sus ahorros de toda la vida, al perder sus hogares, y las ejecuciones de las hipotecas han precipitado una desaceleración mundial. Existe un consenso cada vez mayor sobre el pronóstico: la contracción será prolongada y generalizada.

Tampoco los mercados nos prepararon bien para unos precios desorbitados del petróleo y de los alimentos. Naturalmente, ninguno de esos dos sectores es un ejemplo de economía de libre mercado, pero de eso se trata en parte: se ha utilizado selectivamente la retórica sobre el libre mercado… aceptada cuando servía a intereses especiales y desechada cuando no.

Tal vez una de las pocas virtudes del gobierno de George W. Bush es la de que el desfase entre la retórica y la realidad es menor de lo que fue durante la presidencia de Ronald Reagan. Pese a su retórica sobre el libre comercio, Reagan impuso restricciones comerciales, incluidas las tristemente famosas restricciones “voluntarias” a la exportación de automóviles.

Las políticas de Bush han sido peores, pero el grado en que ha servido abiertamente al complejo militar-industrial de los Estados Unidos ha estado más a la vista. La única vez en que el gobierno de Bush se volvió verde fue cuando recurrió a las subvenciones del etanol, cuyos beneficios medioambientales son dudosos. Las distorsiones del mercado de la energía (en particular mediante el sistema tributario) continúan y, si Bush hubiera podido salirse con la suya, la situación habría sido peor.

Esa mezcla de retórica sobre el libre comercio e intervención estatal ha funcionado particularmente mal para los países en desarrollo. Se les dijo que dejaran de intervenir en la agricultura, con lo que expusieron a sus agricultores a una competencia devastadora de los Estados Unidos y Europa. Sus agricultores habrían podido competir con sus colegas americanos y europeos, pero no podían hacerlo con las subvenciones de los EU y de la Unión Europea. Como no era de extrañar, las inversiones en la agricultura en los países en desarrollo fueron disminuyendo y el desfase en materia de alimentos aumentó.

Quienes propagaron ese consejo equivocado no tienen que preocuparse por las consecuencias de su negligencia profesional. Los costos habrán de sufragarlos los de los países en desarrollo, en particular los pobres. Este año vamos a ver un gran aumento de la pobreza, en particular si la calibramos correctamente.

Dicho de forma sencilla, en un mundo de abundancia, millones de personas del mundo en desarrollo siguen sin poder satisfacer las necesidades nutricionales mínimas. En muchos países, los aumentos de los precios de los alimentos y de la energía tendrán un efecto particularmente devastador para los pobres, porque esos artículos constituyen una mayor proporción de sus gastos.

La indignación en todo el mundo es palpable. No es de extrañar que los especuladores hayan sido en gran medida objeto de esa ira. Los especuladores afirman no ser los causantes del problema, sino que se limitan a practicar el “descubrimiento de precios” o, dicho de otro modo, el descubrimiento --un poco tarde para poder hacer gran cosa sobre ese problema este año-- de que hay escasez.

Pero esa respuesta es falsa. Las perspectivas de precios en aumento y volátiles animan a centenares de millones de agricultores a adoptar precauciones. Podrían ganar más dinero, si acaparan un poco de su grano hoy y lo venden más adelante y, si no lo hacen, no podrán sufragarlo, en caso de que la cosecha del año siguiente sea menor de lo esperado. Un poco de grano retirado del mercado por centenares de millones de agricultores en todo el mundo contribuye a formar grandes cantidades.

Los defensores del fundamentalismo del mercado quieren atribuir la culpa del fracaso del mercado a un fracaso del gobierno. Se ha citado a un alto funcionario chino, quien ha dicho que el problema radicaba en que el gobierno de los EU debería haber hecho más para ayudar a los americanos de pocos ingresos con su problema de la vivienda. Estoy de acuerdo, pero eso no cambia los datos: la mala gestión del riesgo por parte de los bancos de los EU fue de proporciones colosales y con consecuencias mundiales, mientras que los que gestionaban esas entidades se han marchado con miles de millones de dólares de indemnización.

Hoy hay una desigualdad entre los rendimientos privados y los sociales. Si no están bien a la par, el sistema de mercado no puede funcionar bien.

El fundamentalismo neoliberal del mercado ha sido siempre una doctrina política al servicio de ciertos intereses. Nunca ha recibido una corroboración de la teoría económica, como tampoco --ahora ha de quedar claro-- de la experiencia histórica. Aprender esta lección puede ser el lado bueno de la nube que ahora se cierne sobre la economía mundial.

*Joseph E. Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia, recibió el premio Nobel de Economía en 2001. Es coautor, junto con Linda Bilmes, de The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict (“La guerra de los tres billones de dólares: los verdaderos costos del conflicto del Iraq”).

Project Syndicate, 2008.

fuente: www.project- syndicate. org

Populismo y autoritarismo: Ernesto Laclau y Carlos (Nacho) Álvarez

Ernesto Laclau: "El autoritarismo ha provenido del neoliberalismo, no del populismo"


© Clarín

El politólogo Ernesto Laclau, con el ex vicepresidente Carlos "Chacho" Alvarez, se presentaron en la Feria en una charla auspiciada por la Revista Ñ y Clarín. Ambos coincidieron en que un nuevo horizonte se está gestando en América latina. Vea un fragmento de sus intervenciones en el blog Diario de la Feria.

Un llamativo y contagioso optimismo ante la actual coyuntura política de América latina marcó el encuentro entre el filósofo político Ernesto Laclau y el actual presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, Carlos "Chacho" Alvarez, que se realizó el sábado en la Feria del Libro, como parte del ciclo "Argentina y América latina. Un continente frente al bicentenario", organizado por la Revista Ñ y Clarín.

Laclau, autor de Emancipación y diferencia (1996), expuso algunas categorías que ha desarrollado para analizar el nuevo escenario planteado desde principios de siglo en América latina. "El populismo no es un concepto peyorativo: es la construcción de un pueblo a partir de una pluralidad de demandas sociales", insistió Laclau, quien desarrolló este tema en su libro La razón populista (2005).

Si el populismo se caracteriza por la movilización popular, su contracara es el polo institucional, donde las demandas son absorbidas una a una mediante la administración de los conflictos. "En un régimen político volcado exclusivamente hacia este polo, los conflictos y las negociaciones entre los grupos son reemplazadas por el gobierno de los expertos", dijo Laclau, quien dirige el Centro de Estudios del Discurso y las Identidades Sociopolíticas de la Universidad de San Martín. Y explicó que "ambos extremos son perjudiciales. El problema de toda sociedad democrática y popular es cómo llegar a cierto equilibrio".

Su diagnóstico es que América latina hoy puede llegar a combinaciones satisfactorias. Para que esto suceda, llamó a la militancia, "porque la responsabilidad no es sólo del gobierno sino de la sociedad en su conjunto. Tiene que movilizarse para apoyar el proceso de cambio. La movilización en apoyo a las retenciones, por ejemplo, fue mínima y muchos sectores que se consideran progresistas actuaron con una pasividad enorme, cuando redistribuir el ingreso tiene que ser un proyecto político conjunto, no puede ser una decisión técnica".

Laclau remató recordando, frente a los fantasmas del autoritarismo, que en las últimas décadas éste "ha provenido del neoliberalismo y no del populismo".

Por su parte, Alvarez señaló que "en Sudamérica se encuentran las principales novedades políticas a nivel internacional". En principio, porque "los pueblos han reaccionado de manera muy homogénea. En los países donde la crisis económica arrastró al sistema de partidos, como Bolivia, Venezuela y Paraguay, surgieron líderes que apuntan a establecer una nueva relación entre las
sociedades y el Estado, a reinstalar la política por sobre la economía". Luego destacó la "mayor autonomía respecto de los centros de poder", fundamentalmente del FMI y de los Estados Unidos, "lo cual es muy bueno, porque nunca estuvimos como socios para el desarrollo
sino como parte trasera de un juego geopolítico". Y marcó que asistimos a un cambio gradual "hacia un mundo multipolar, políticamente más plural".

Laclau acordó con Alvarez y advirtió que "el Mercosur y la integración continental es el destino de las democracias latinoamericanas". A la vez recordó que "en 2005, en Mar del Plata, el proyecto del ALCA fue derrotado" y lo consideró una muestra de que "la unidad continental comenzaba a ser una alternativa de la que depende el futuro de la democracia en el continente".

Finalmente, agregó que "democracia y populismo van a avanzar paralelamente en la imagen política del continente".

Chile y el neoliberalismo, el shock aprovechado para instalarlo: Naomi Klein

Naomi Klein en Chile de nuevo. Un balance sobre la política neoliberal impulsada por la Escuela de Economía de Chicago

Naomi Klein viene al ''laboratorio Chile''

El capitalismo 2.0 no garantiza sino que limita la libertad de las personas.

Esa es la consigna del último libro de la canadiense superventas y que sitúa como kilómetro cero de la globalización neoliberal la instauración del modelo económico bajo la bota de Pinochet en nuestro país. La próxima semana Klein estará de visita acá, donde comenzó todo.

Ana Rodríguez Silva


La culpa de todo la tiene el "Doctor Shock", dice Klein. Milton Friedman, un hombre carismático y ambicioso, perteneciente a la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, es posiblemente el único economista que pudo poner en práctica sus reformadores planteamientos, experimentando directamente con un país del Cono Sur.

Y ese país es Chile. Una nación que de recóndita y desconocida no tiene nada, pues ha estado bajo la mira de la potencia estadounidense desde 1965, año en que comenzó el denominado "Proyecto Chile", un plan consistente en educar estudiantes cuidadosamente seleccionados de la Universidad Católica, en la Universidad de Chicago. Un concepto de "intercambio" mal entendido, destinado a resistir las ideas del desarrollismo latinoamericano que comenzaban a surgir en la época.

Naomi Klein sintetiza estas ideas en su libro "La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre", diciendo: "Friedman soñaba con eliminar los patrones de las sociedades y devolverlas a un estado de capitalismo puro, purificado de toda interrupción como pudieran ser las regulaciones del gobierno, las barreras arancelarias o los intereses de ciertos grupos (…)
Friedman creía que cuando la economía estaba muy distorsionada, la única manera de alcanzar el estado previo era infligir deliberadamente dolorosos shocks: sólo una 'medicina amarga' podía borrar todas esas distorsiones y pautas perjudiciales".

Fue precisamente a través de un shock que se "corrigió" el modelo con que el Chile de Allende funcionaba. Un golpe eléctrico –a veces, literal- que instauró una dictadura militar, con un cabecilla que posaba para la foto de lentes oscuros, que nada sabía de economía y que escogió precisamente a los "Chicago Boys" para su asesoría en estas materias.

Cuando se examina en el aula la economía setentera chilena con microscopio y se desprecian los intentos del Estado por aliviar la pobreza, diseñar programas de nuevas estrategias económicas y trabajar en conjunto con los militares para mantener a la población aterrorizada y preparar el shock no resulta tan descabellado. El plan de Friedman iba sobre ruedas.

Al poco tiempo del Golpe, Friedman visitó Chile y fue recibido, según Klein, como un rock star. "A lo largo de toda su visita, Friedman machacó con un solo tema: la Junta había empezado bien, pero necesitaba abrazar el libre mercado sin ninguna reserva. En discursos y entrevistas utilizó un término que hasta entonces jamás se había aplicado a una crisis económica del mundo real: pidió un 'tratamiento de choque'.

Afirmó que era 'la única cura. Con certeza. No hay otra forma de hacerlo. No hay otra solución a largo plazo'", cita la canadiense.

"La doctrina del shock requiere condiciones sociales en que haya un extendido temor, pánico e incertidumbre en la población. En esas condiciones es que dejan de operar las estructuras de las fuerzas sindicales, gremiales y otro tipo de asociaciones", dice el director ejecutivo de la Asociación Chilena pro Naciones Unidas (ACHNU), Osvaldo Torres. ¿Es necesario recordar cómo se mantuvo el clima de temor?

Los resultados

"Una de las manifestaciones más puras del sistema económico imperante que indica Klein es justamente el modelo nacional, donde las variables de desarrollo solamente son medidas en función del crecimiento", dice el académico del departamento de Sociología de la Universidad de Chile, Rodrigo Figueroa.

Para Osvaldo Torres, los argumentos de Naomi Klein van desnudando "el carácter ideológico de la 'ciencia económica de la Escuela de Chicago', quedando desenmascarado como un discurso que tiene tras de sí un proyecto político de carácter neoliberal, que no puso ninguna cortapisa para imponerse, aplastando las democracias formales que se daban tanto en América Latina como en otros lugares del mundo.

Desde esa perspectiva creo que ella muestra un panorama en que la globalización podría haber avanzado con otro rostro y otros caminos y no el del shock y la brutalidad". "En Chile aún vivimos las secuelas de lo que fue esta doctrina, que lentamente se ha intentado reponer con un giro en la política económica, que no ha sido un giro muy radical, y con una lentísima recuperación del protagonismo de las instituciones y la participación democrática", asegura Torres.

Según Figueroa, la nuestra es una sociedad en la que el modelo de desarrollo se aplica "a rajatabla en función de tener algunos parámetros que va a exigir el mercado como mecanismo de regulación social en distintas materias". Esto es salud, educación, fondos de pensiones, acceso a
protección social.

Para el académico de la Universidad de Chile, en el país ha predominado una visión fundamentalmente pensada en el mercado, en que el Estado asume un rol corporativista, en el sentido de cautelar el correcto desarrollo del modelo.


"No me cabe la menor duda de que el Estado y la forma en que se ha ejercido la voluntad general a partir de él supone una protección de la propiedad privada, y por lo tanto de las dimensiones sociales o de la sociedad civil son entendidas como situaciones que deben ser controladas, que es lo que hace el Estado en los últimos quince años en Chile".

Además, y al igual que en muchos otros aspectos, el modelo neoliberal ha construido un sistema de relaciones laborales "donde se tiende a la individualización y a desvalorizar los elementos colectivos del mundo del trabajo. Esto significa reducir el trabajo a una pura y simple mercancía, sustentando relaciones laborales individualizadas como si se estuviera concurriendo a un mercado de bienes cualquiera.

Por eso nuestra legislación le da escaso valor a la negociación colectiva, tal como estamos viendo ahora con trabajadores que no pueden negociar colectivamente ni tampoco organizarse, como los subcontratados", dice Figueroa.

El neoliberalismo, prioriza la acumulación de capitales a costa del bienestar de los pueblos, la coyuntura de los shocks: Naomi Klein en Argentina

Este texto es más largo, le recorté asuntos metodológicos. Se habla de la concepción de Naomi Klein sobre las coyunturas de situaciones de shock que aprovecha los empresarios para meter programas neoliberales para de manera brutal imponer sus acumulaciones de fortunas. Habla aquí Naomi Klein del como en el 2001, en Argentina se intentó hacer esto, pero como en Argentina se había vivido la experiencia de golpe de Estado en el 1976, el pueblo pudo enfrentar esta intentona en el 2001. Veamos la entrevista.

NAOMI KLEIN EN LA REVISTA Ñ

El capitalismo del desastre


En diálogo con Ñ, la periodista y activista canadiense, autora del exitoso No Logo, reiteró que el proceso de globalización lleva este mundo al desastre. Las políticas neoliberales, señaló, son terapias de shock que desarticulan la resistencia. Entusiasmada con los
movimientos originados por la crisis de 2001 en la Argentina, hoy dice que han desilusionado, pues no cumplieron con las expectativas.

Por: Ivana Costa

¿Qué quiere decir con "shock"? ¿Cómo definiría a la "doctrina del shock"?

Un shock es cualquier acontecimiento catastrófico que nos desorienta.

Mi forma preferida de entender el shock es decir que es la brecha entre un acontecimiento y el relato que lo explica. Ese lapso, esa brecha que se abre entre acontecimiento y relato es el estado de confusión en el cual somos vulnerables. La doctrina del shock es la
filosofía del poder que entiende que esa brecha es el mejor momento para imponer un programa radical pro-empresas.


Pero esa brecha ¿no es buen momento para tratar de imponer cualquier programa? En el libro demasiados shocks convergen para mostrar un mismo cuadro. ¿No es forzado equiparar Irak y Rusia, Sudáfrica y Polonia?

Esta no es una historia de esos países, es una historia del neoliberalismo. Esta ha sido una campaña ideológica y económica que sirve a las elites de todo el mundo, que tiene sus libros sagrados y su filosofía del poder. Esa filosofía es como el médico de shock. En el libro cito abundantemente a los arquitectos del neoliberalismo
cuando dicen que necesitan crisis: "Cualquier crisis sirve". Cito al ministro de Economía de Polonia cuando dice que puede ser "Una rápida transición económica, el fin de una guerra, cualquier cosa". El shock es un período en el que la gente pierde la orientación. La izquierda no entendió que hay una filosofía del poder en las crisis que ha permitido el ascenso de esta ideología. Las crisis son todas diferentes pero, en los últimos 30 años aparece este hilo conductor:
fueron sistemáticamente aprovechadas por un grupo pequeño que comprendió y estudió la utilidad de las crisis. Todo esto era nuevo para mí cuando empecé la investigación.

Es sorprendente tomar el huracán Katrina, el tsunami, Irak o el fin del comunismo y ver que en todos los casos aparecen las mismas recetas. Tienen una sola idea muy redituable: enriquece a los políticos y a las empresas.

El acontecimiento que inicia el shock puede ser predecible o impredecible, una catástrofe natural o de la política. ¿Esto no marca una gran diferencia en cuanto a las responsabilidades en cada "doctrina del shock"?

No es inevitable que reaccionemos ante los acontecimientos difíciles con un shock, un estado de desorientación. Pero el factor determinante de que nos sintamos desorientados, de que nos volvamos maleables y entremos en regresión es que tengamos o no un relato que explique lo que pasa. En estado de shock uno se vuelve vulnerable.

Con un electroshock la persona pierde control de su cuerpo, tanto en psiquiatría como en una tortura. La pregunta es cómo mantenerse fuera del shock, porque no podemos evitar que ocurran pero sí podemos controlar el hecho de entrar o no en ese estado de regresión y desorientación o al menos cuánto tiempo permanecemos en él.

Dice que la tesis inicial surgió en Argentina, ¿cómo nació la idea de convertirla en libro?

Lo que me motivó fue presenciar los efectos increíblemente dañinos del prolongado estado de shock en el que entraron los norteamericanos después del 11-S. Fue la quintaesencia de la brecha entre acontecimiento y relato. "¿Por qué nos odian?" se preguntaban. Uno tendría que hablar de las fallas de los medios, de nuestro sistema educativo, de la cultura que creó una situación en la que los estadounidenses quedaron totalmente sorprendidos de tener enemigos que querían su aniquilación, de los cuales no tenían ni la menor idea hasta el día anterior. El shock no fue el atentado sino el hecho de que parecía llegado de otro planeta. Eso creó el contexto para que el gobierno de Bush se adueñara del poder para destruir las libertades
civiles, invadir Afganistán e Irak, crear Guantánamo, etc. Yo quería entender la teoría del shock. Se combinaron la necesidad de ver los efectos nocivos que esto tuvo en el panorama político del lugar donde vivo y el hecho de haber venido a la Argentina después de un shock, después de la crisis. En enero de 2002, cuando vine por primera vez, todavía reinaba una gran confusión pero lo que me impactó –y esa es la raíz de la tesis de este libro– fue escuchar los relatos de la gente sobre por qué el país había reaccionado así el 19 y 20 de diciembre. Tantas personas contaban la misma historia:

"De la Rúa habló por televisión, declaró el estado de sitio y esa situación nos recordó el pasado". En 2001 ustedes tenían el contexto clásico para la aplicación de la doctrina del shock; esa vez no funcionó pero,
recordémoslo, se intentó hacerlo.

¿A qué se refiere?

Ustedes tenían una crisis económica, hubo un intento del FMI y de Domingo Cavallo de aplicar un programa de austeridad total, de aprovechar esa crisis económica para llevar el neoliberalismo aún más lejos. En los Estados Unidos había un grupo de economistas de derecha, como Rudiger Dornbusch, que proponían que la economía de Argentina se trasladara offshore. Es la idea más radical que jamás se haya oído. Ninguna de esas ideas prendió y la gente las rechazó porque había aprendido de aprovechamientos anteriores del shock.

Cuando De la Rúa declaró el estado de sitio, la gente recordó 1976.

Ustedes tuvieron una memoria histórica. En un momento en el que la gente podría haber sido vulnerable a otra terapia de shock económico, algo la mantuvo fuera. Sorprendente. Lo contrario de un shock, como una hiper-orientación. Todo el mundo estaba súper despierto.

Detectar las motivaciones de "todo el mundo", despiertos o dormidos, no es tan sencillo.

Mucha gente salió por propio interés, sin duda. Pero la experiencia cambia a la gente.

Aquellos días de diciembre son interesantes en contexto: por ejemplo, con los cacerolazos de los días previos, una práctica que nace en el Chile anti-Allende. Días atrás tuvimos nuevos cacerolazos y protestas en calles y rutas. ¿Cómo interpreta estos acontecimientos?

No los interpreto porque no los he investigado. Es fácil olvidar que había un programa ambicioso de aprovechar ese shock para adueñarse de la economía argentina, y eso no ocurrió.

Es consciente de que el proceso es muy complejo.

Sí. En este gobierno se han producido algunos cambios muy simbólicos. Y creo que la postura de Kirchner ante el FMI fue importante para el debilitamiento del FMI. Ahora el Fondo está en una profunda crisis y la Argentina desempeñó un papel significativo en ella. Dicho esto, no creo que los Kirchner realmente rechacen muchos postulados del neoliberalismo: le pagaron al FMI y la cuestión crucial es la redistribución de la riqueza. El legado neoliberal es la desigualdad masiva y la aniquilación de la clase media, por eso, la reconstrucción pasa por abordar la desigualdad y eso no ocurre aquí de manera significativa. ¿Es este un gobierno anti neoliberal? No sé.


Pero diciembre de 2001 fue un tiempo de cambio y también de desilusión porque había muchas esperanzas en ese potencial y creo que hubo muchas oportunidades perdidas.

¿Por ejemplo?

Una de las desilusiones es la de las fábricas recuperadas. Eso podría haber sido un cambio de política pero para que eso ocurra hace falta un gobierno al que le interese cambiar la dinámica (y gente que se lo exija), alejándose de la asistencia y la beneficencia para acercarse a la autosuficiencia, que es la amenaza fundamental porque el modelo clientelista es una maquinaria política. Las cooperativas autónomas
no necesitan tanto a los partidos políticos. Esto no sólo ocurre en la Argentina. Ese nuevo paso para institucionalizar otro modelo económico no se dio y esa es otra desilusión. Pero creo que sí se está haciendo en otros países que tienen otra relación con los movimientos sociales, una relación más igualitaria. Mire a Evo Morales: tiene que dar respuesta a los movimientos sociales pero no existe esa maquinaria política tan difícil de desarticular. Es un desafío muy particular.


Pero el peronismo –eso aprendí en la Argentina– es único.

Bueno, esa singularidad se pierde en el libro, muchos datos parecen inverosímiles; por su complejidad o quizá porque se basan en fuentes secundarias.

¿Cree eso? Sí, me apoyé en fuentes secundarias. No es lo ideal. Había hecho algunas investigaciones aquí pero profundicé más de lo que esperaba y por eso me basé en algunos libros publicados en inglés.
Ahora estamos haciendo un documental y podremos hacer más investigación. Lo acabamos de empezar con el director Michael Winterbottom; el viernes (por ayer) haremos la primera filmación. Winterbottom quiere ser muy fiel al libro. Los capítulos de Chile y Argentina lo impresionaron así que vamos a filmar aquí y en Chile.

En la reseña que hizo Joseph Stiglitz de su libro dice que, en verdad, nunca hubo teoría alguna para esas políticas.

Creo que él dice que las teorías de estos economistas eran aún más endebles. Malos economistas. Stiglitz disiente más en la tortura y la metáfora del shock.

Recientemente escribió sobre un arma nueva, Tazer, una pistola que lanza una descarga, como una picana. El video en YouTube donde se ve cómo guardias disparan Tazer y asesinan a un polaco en un aeropuerto canadiense es aterrador.

Sí, ya hubo muchas muertes causadas por el Tazer. Son un producto de consumo. Es increíble: vienen en rosa, con estampado de leopardo o con música. Este es el Estados Unidos post-11 de setiembre. Los padres las están usando con sus hijos, los maridos con las mujeres.

Es un arma de abuso en el hogar; y justamente porque tienen fama de seguras son mucho más peligrosas. La empresa repite: "Esto es seguro. No es fuerza mortal. " Hay historias de padres que la han usado contra chicos de tres años porque lloraban. Es una epidemia de shock.

La metáfora de la tortura por electroshock sigue viva.

Hay un tercer shock que es necesario para hacer cumplir con la doctrina y no fui lo suficientemente firme al respecto en el libro. Si volviera a escribirlo dedicaría un capítulo a las cárceles estadounidenses; al hecho de que uno de cada cien estadounidenses adultos está preso, que Estados Unidos tiene el índice de encarcelamiento más alto del mundo y que esa población carcelaria está compuesta mayoritariamente por negros y latinos. Nueva Orleans tiene al 30% de su población tras las rejas. Algunas de estas cárceles usan armas de shock. Las poblaciones que estuvieron en la línea de frente de estas políticas económicas sufrieron un nivel increíble de disciplinamiento y brutalidad policial.

Esto contrasta con su pintura de la dictadura argentina en la que, dice, "todos callaban lo que ocurría". Hoy cualquiera puede aplicar picana a otro y se supone que está bien.

Es más: es entretenido. Uno ve el shock en el cine, en TV... en los reality shows hay como una competencia: quién puede soportar un shock. Uno de los motivos por los cuales es tan difícil hablar de esto en los Estados Unidos es que los medios ejercen una amortiguación. La gente no confía en sus propias reacciones emocionales cuando no recibe confirmación de los medios. Y uno empieza a pensar que está loco, que es el único que piensa así.
Porque a uno algo le parece chocante pero la televisión está hablando de otra cosa. Para que estas cosas lleguen a ser una controversia hace falta más que un artículo. Tiene que haber un contexto, que los medios electrónicos digan: "Usted tiene razón en opinar que esto está mal". Si uno no recibe esa confirmación, piensa que esa violencia es normal. Por eso el uso de blogs es alentador. En Canadá nos llegó la noticia de que alguien había muerto por el uso del Tazer en un aeropuerto como la nota de un día. Recién cuando se vio el video en YouTube esto se convirtió en una polémica y en investigación.

¿Cuál es el lector ideal de "La doctrina del shock"?

El objetivo era prepararnos para el próximo shock. Y es muy gratificante recibir e-mails de gente que usa el marco de La doctrina del shock para interpretar la actualidad. Esa es mi meta como analista desde que empecé a escribir columnas: dar herramientas para leer mejor los diarios. Esa es mi misión. Por eso, es hermoso recibir mensajes de correo electrónico de gente de todo el mundo que me dice: "Está ocurriendo aquí. Están tratando de hacerlo. Lo están haciendo en la junta escolar, con la crisis alimentaria para introducir alimentos genéticamente modificados" o "con la crisis económica quieren privatizar la seguridad social". Ahí me siento muy gratificada porque significa que la gente tiene otra herramienta para interpretar las noticias. Soy bastante realista en cuanto a qué puede y no puede lograr un libro. Los libros no crean movimientos.

¿Cómo fue recibido este libro en el ámbito académico?

Depende del académico. Creo que muchos docentes valoran a quien divulga y sintetiza. Algunos valoran que use como fuente el trabajo tan cuidadoso que hacen ellos. Me invitan a hablar en universidades porque para los alumnos es útil tener el panorama general. Pero el punto de vista de algunos académicos depende de su orientación: para los marxistas o trotskistas, el libro es demasiado keynesiano. Para los neoliberales, es demasiado marxista.

Al presentar "La toma" su marido explicó que habían eliminado opiniones de especialistas porque la película expresaba un "echen a los expertos".

Eso estaba más bien dirigido a los economistas que habían hecho tal desastre. Tengo un gran respeto por quienes dedican tanto esfuerzo a ser precisos. Sin ellos no podría hacer mi trabajo.