El aprendizaje de vivir en colectivo: los edificios

El aprendizaje de vivir en colectivo: los edificios

Uno de mis sueños es el de la solidaridad como forma de vivir. Cuando milité en la izquierda, aproximadamente durante una década (1973-83), me preocupaba la dificultad de los pueblos para aceptar las propuestas de vida en colectivo que planteábamos. Con los años, lecturas, y reflexiones, evolucioné a una mayor flexibilidad en la comprensión del derecho que tiene la gente de organizar distintas modalidades de vida en lo social, económico y político. Aparte de los decepcionantes resultados de las experiencias “socialistas”, en cuanto a calidad de vida y a las violaciones de los derechos humanos.

Grata sorpresa ha sido para mí la vida en edificios con su componente colectivo; en los mismos, tenemos la obligación de aprender a vivir en grupo. El individualismo, por razones de conveniencia y escaséz, sufre un duro revés. Tenemos que aprender a lidiar con los pleitos que se arman en las edificaciones por los problemas de dejadez, de animales que molestan, el robo de servicios hasta a los mismos vecino/as, tirar basura, música alta, no querer pagar la cuota del mantenimiento, etc. Es una obligatoria escuela para el pulimento social: tener que hablar, poner normas, presionar, persuadir, equilibrar poderes, en fin, aprender a vivir en democracia en pequeño.

Se aprende y se aporta desde distintas sensibilidades y habilidades. Hay quienes se preocupan por hermosear, por las flores, la seguridad, el orden en los parqueos, un buen ejemplo de trato considerado y paciente, entre otras virtudes. Y hay que fajarse a aportar aun involuntariamente para tú tener algo de calidad de vida, en la vertiente que cada quien valora.

Mucha gente de todas las ideologías, quiere irse, no aguanta; otras personas están obligadas a permanecer por falta de recursos, y otros/as, lo aceptan como una forma más segura, más cómoda para resolver asuntos de servicios comunitarios, y también, para vivir menos solos/as.

Sin querer queriendo, en los edificios nos enriquecemos, aportándonos fortalezas, y lidiando en democracia, con las debilidades; procurando calidad de vida, en medio de “ese infierno”. Ahí estamos. Y yo disfrutando un poco de mi sueño de aprender a vivir en colectivo.
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