Sobre las Relaciones Domínico-Haitianas, historia. Por Mu-Kien Adriana Sang Ben

Mukien Adriana Sang Ben ilustra en este escrito el tema sobre  las relaciones entre Haití y La República Dominicana, en diversos aspectos. Narra sobre las alianzas, las diferencias, lo comúnen la economía.
Mu-Kien Adriana Sang Ben, historiadora dominicana, actualmente dirige un instituto sobre temas del Caribe, en la PUCMM, 2012

Recomiendo este artículo para formación de personas sin prejuicios, y con una mentalidad objetiva. Necesitamos sanarnos y aprender entre dos países en construcción y en esta isla compartida. Para que la bondad se adueñe de ella deberíamos ya construir y dejar atrás las malas querencias.


Felicito a Mukien por lo amplio de los temas que muestra en poco espacio y con serenidad. ¡¡¡A leer!!!

mildred dolores mata
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TEMAS SOBRE HAITI, REPUBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE
 
Relaciones dominico haitianas: mitos y verdades

Por: Mu-Kien Adriana Sang

mu-kiensang@pucmm.edu.do
mu-kiensang@hotmail.com

Mitos esfumados

A Henri Bangou


Por René Depestre

Mis viajes de alegre nómada antillano
me condujeron hasta mi abismo natal:
amo su espacio y su tiempo marinos en duelo,
su vida hecha añicos sobre mi desierto.
Lejos de mi infancia maravillada en Jacmel
mis rebeldías de loa de la poesía
son en mis viejos días estrellas muertas.
La ternura de la leche ha dejado de subir
a los pechitos de las hadas de mi generación.
En un muelle expuesto a los tsunamis de la tarde
mi odisea cabe en un pañuelo remendado
que agita todo un país que se esfuma.
Aquí está, presa de su autodestrucción,
vive a temperatura de su suicidio,
en mi corazón todo su azul sin norte
en torno a mis ensueños de poeta en pedazos.
¡Ay, perdiz mía, siempre en rumbo fijo hacia
un ultra sufrimiento demente del sufrir!
¡Ay, dulce loa de la paz y las armonías,
concede a mi poema su última gira
en esta hora del naufragar donde el ocaso haitiano
enciende su quinqué en mi frente desolada.
René Depestre
René Depestre, poeta haitiano

Nuestros países, República Dominicana y Haití, están, estamos, obligados a compartir la isla y a no continuar viviendo de espaldas, como si la realidad de una y otra no nos importaran o como si pudiésemos seguir ignorándonos.  Pretendo en este artículo plantear algunas verdades y mitos que han condicionado el imaginario colectivo tanto aquí como en el hermano país.

1.    El imaginario de la nacionalidad.   Sostengo que la construcción de la República Dominicana tuvo tres grandes momentos. La primera etapa se desarrolló en contra de Haití, una nación pequeña y vecina que a su vez había librado una de las más sangrientas luchas por configurar su propio Estado. La segunda etapa se desarrolló con la Guerra de la Restauración en 1865 en contra del imperio español; y la tercera, fue la derrota definitiva del proyecto anexionista por parte de Buenaventura Báez en 1869. Sin embargo, en el imaginario dominicano, la nacionalidad dominicana se forjó  en la lucha en contra del pueblo vecino. Estas ideas fueron definitivamente desarrolladas por el gran escritor conservador Manuel Arturo Peña Batlle, quien, para justificar el mito de que el pueblo dominicano era descendiente de España, por lo tanto blanco, no mulato ni negro, defendió la idea de que la incipiente nacionalidad dominicana se desarrolló inmediatamente después de las Devastaciones de Osorio en 1606. 

2.    Las luchas fronterizas como construcción de identidades.  Vuelvo a la tesis, ya comentada en esta columna,  de don Mario Góngora, quien afirmaba  que esas luchas por la frontera habrían forjado el sentimiento nacional en las naciones latinoamericanas. En esencia, decía, que la nacionalidad se había conformado sobre la base de la negación de lo que no somos. En el caso dominicano, la recién formada República había definido en las constituciones del siglo XIX que la frontera de la nueva República estaba determinada por la demarcación establecida en el Tratado de Aranjuez.  Se olvidaron los constituyentes, que un tratado posterior, el de Basilea, como    señalamos en el artículo de la semana anterior, lo había revocado. El conflicto entre ambas naciones duró desde 1844 hasta 1937, cuando Trujillo impuso por la sangre la actual frontera. Debemos mirarnos en el espejo de los demás países hermanos.  Las luchas fronterizas fueron momentos difíciles de la historia latinoamericana.  Se impone superar esos episodios dramáticos de nuestro pasado, mirando el presente con una óptica distinta, para poder construir un futuro distinto, más humano y con menos prejuicios.

3.    El anti haitianismo como unificación nacional y bandera de lucha del poder político dominicano. El pensamiento de Juan Pablo Duarte y de los trinitarios, fue coherente.  Respetaban al pueblo haitiano y le admiraban por su determinación de luchar por su libertad.  Decían, que si ellos habían tenido ese derecho, los dominicanos también. El liderazgo caudillista conservador, utilizó el anti haitianismo como un mecanismo de unificación nacional y una excusa para el militarismo, el despojo y el abuso de poder.   Buenaventura Báez, en el siglo XIX, planteaba que los males dominicanos venían de Haití.  Ulises Heureaux utilizó ese argumento en momentos de debilidad política.  Trujillo copió de Lilís y magnificó las ideas, creando, a partir de las brillantes ideas de los intelectuales adláteres a la dictadura, la tesis de la nacionalidad dominicana, la defensa del hispanismo como la cultura dominante en la conformación política y cultural de la nación dominicana. Balaguer siguió la tradición y, en su libro, La Isla al revés, magnificó tanto el peligro haitiano, que definió a sus habitantes como seres caníbales y endemoniados.  En el artículo de la próxima semana, utilizo el planteamiento de Frank Moya Pons, quien afirma que hay dos tipos de anti haitianismo, el histórico y el de política de Estado.

4.    A pesar de las diferencias, también aliados.  Desde la creación de la República Dominicana, los políticos haitianos y dominicanos se han visto en la necesidad de aliarse en determinadas coyunturas históricas. Esto se aplica a los liberales y  conservadores. Por ejemplo, intentando materializar el proyecto antillanista, Emeterio Betances logró alianzas formidables con líderes dominicanos, como Gregorio Luperón y Máximo Gómez. También con haitianos como lo fueron Fabré Geffrard, Antenor Firmín y Nissage Saget. A este proyecto se sumaron luego Pedro Francisco Bonó, el educador Eugenio María de Hostos y José Martí. Por el lado contrario, en determinados momentos, Trujillo hizo alianzas tácticas con su homólogo dictador haitiano Duvalier. 

5.    A pesar de las diferentes posiciones enfrentadas, se desarrolla una creciente actividad económica entre los dos países.  Según los datos que nos ofrece el Banco Mundial, Haití se ha convertido en los últimos diez años en el segundo socio comercial de la República Dominicana.  El primero, claro está, desde finales del siglo XIX, es la gran nación norteña, Estados Unidos.
Entonces, ¿qué nos queda?  La historia nos ofrece la información del pasado, de los errores y aciertos cometidos, para que, los que tienen la responsabilidad de dirigir los destinos, no repitan los errores y horrores de sus homólogos antepasados.
Todavía se manejan muchos prejuicios.  No tiene sentido negar la realidad. Como tampoco tiene sentido pretender que se esfumen de manera espontánea los mitos, leyendas, mentiras y verdades de una historia común, en la que ha primado, de ambas partes, tergiversaciones y verdades a medias.





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