Fortalecer los ayuntamientos dotándolos de más recursos es fortalecer la democracia


http://hoy.com.do/editorial/2010/9/4/340626/Una-democracia-sin-ayuntamientos

Editorial periodico Hoy
5 Septiembre 2010

¿Una democracia sin ayuntamientos?


El fortalecimiento de la democracia dominicana pasa, necesariamente, por el vigor institucional, la eficiencia, la autonomía y la capacidad de responder a sus munícipes que tengan los cabildos o ayuntamientos. Por definición, los cabildos están más cerca de la población que los Gobiernos centrales y pueden, por lo tanto, ser más sensibles ante los requerimientos de la gente.

Un país con municipios o cabildos débiles será un país con una democracia igualmente débil, sin capacidad de respuesta. Esta visión del rol de los cabildos es todavía más evidente en una sociedad como la dominicana, debido a la centralización de los ingresos y de los gastos.

Los ayuntamientos del país tienen poca resistencia. Su organización interna suele ser precaria y mínima, y su capacidad para darles a los munícipes los servicios que estos demandan y necesitan es casi nula. Porque son entidades que con el tiempo han venido a menos, porque su poder y su alcance han sido, sistemáticamente, mermados por el Poder Central.

Los cabildos, por ejemplo, prácticamente carecen de finanzas.  El Poder Central les quitó facultades a mediados de los años sesenta y toda la riqueza creada dentro de sus jurisdicciones va a parar a otras arcas, de las que luego reciben unas migajas financieras. El 10% que deben percibir de los ingresos tributarios internos sigue siendo una aspiración, un deseo.

Es absurdo que un municipio no pueda beneficiarse de los ingresos fiscales que se derivan, por ejemplo, de un polo turístico que opera de manera próspera en su jurisdicción. Como es igualmente absurdo que una localidad industrial  que albergue varias fábricas sólo tenga que quedarse con la contaminación y miasmas de estas factorías.

Los cabildos necesitan ser rescatados

Los políticos locales deben considerar en sus agendas este tema de la vida municipal y de la vida de los cabildos, que no es más que la peliaguda cuestión de la descentralización del poder político y del poder económico. Los 155 municipios y los 227 distritos municipales con que cuenta la República Dominicana necesitan ser vitalizados, organizados y puestos en condiciones de servir como verdaderos gobiernos municipales. De lo contrario, las dos terceras partes del país seguirá, como ahora, penando por servicios tan elementales como la recogida de la basura. Y nada más.
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