Superar el arrastre en las elecciones para el Congreso, para alcaldes y regidores: una inquietud de Laura Acosta Lora

Difícil elección

La verdad es que le he dado mil vueltas a mi voto y no encuentro la solución a la disyuntiva. ¿mi problema? El arrastre. No puedo elegir un diputado de un partido y un senador de otro; no puedo poner a un alcalde de un partido, un vice-alcalde de otro y regidores de un tercer partido.

Laura Acosta Lora

domingo, 14 de febrero de 2010, 12:01 a.m.

El pasado viernes 12 de febrero la Junta Central Electoral proclamó formalmente el inicio del proceso electoral que culminará el próximo 16 de mayo para elegir a los 32 senadores, 178 diputados, 155 alcaldes, 155 vice-alcaldes, 1,149 regidores y sus 1,149 suplentes, 229 directores, 229 subdirectores y 715 vocales de todos los distritos municipales del país.

Tres mil novecientos noventa y un (3,991) cargos electivos están en juego. ¿candidatos? Miles.

A mí personalmente, como votante de la circunscripción nº 1 del Distrito Nacional, me corresponderá elegir a un senador, un diputado de los 6 que corresponden a mi circunscripción; un alcalde, un vice-alcalde, 13 regidores y sus 13 suplentes (que bueno, en realidad no elegiré sino que serán elegidos por el arrastre en la boleta municipal).

Tremenda responsabilidad me ha tocado; importantísima. Tanto quejarme, criticar, opinar durante cuatro años, y ahora que la democracia me ofrece la oportunidad de analizar cada opción y tomar un camino o varios, debo hacerlo con cuidado.

El trabajo de elegir a quien me representará en el Congreso es de suma importancia, el proceso de reforma constitucional demostró la necesidad de tener personas en el Congreso que representen nuestros intereses y derechos.

La boleta municipal no es menos importante, debo asegurarme que quien elija represente una opción para la solución verdadera de los problemas que entiendo afectan mi circunscripción.

Es la hora de evaluar lo que han hecho quienes están y quieren ser reelegidos; y analizar las ofertas de quienes aspiran a sustituirlos. Entre tanto mercadeo y publicidad, hay que distinguir las ofertas engañosas de las que no lo son; aquellos caramelos dulces por fuera al momento de votar y amargos tan pronto ocupan los cargos.

Hay votantes que se emocionan por una bonita valla, un eslogan original o un anuncio pegajoso con música bailable, sobre todo si viene interpretada por nuestro cantante favorito; otros – entre los que me incluyo – preferimos escuchar a los cantantes en los conciertos, bailar en las discotecas y consumir productos publicitarios en las tiendas o supermercados.

Un(a) senador(a), un(a) diputado(a), un(a) alcalde o vice-alcalde o regidor(a), no se elige sobre la base de su talento artístico para el baile o su gusto por la buena música; tampoco los elegimos porque tengan como amigo(a) a tal o cual personalidad; ni porque nos quiera mucho o poco. Necesitamos personas capaces, que conozcan los problemas que hay que resolver, el alcance y límites de los cargos para los que aspiran, sus funciones y limitaciones, pero sobre todo, que estén dispuestos verdaderamente a trabajar para honrar la confianza puesta en ellos por parte de los votantes.

La verdad es que no aparecen muchos así. Escuchar a un senador o a un diputado hablar de que comprará ambulancias o distribuirá medicinas, es penoso; hablar de que resolverá el problema del agua o arreglará carreteras, enterrará dignamente a los fallecidos y regalará casas o terrenos, es desconocer totalmente el verdadero papel que tiene un congresista. Ese tipo de candidato no me interesa y lo malo es que abunda.

Pero no todos los votantes tenemos los mismos intereses, de modo que hay – supuestamente – para todo el mundo.

El panorama todavía no está definido, aunque en mi circunscripción parece estar clara la cosa, por lo menos entre los dos partidos mayoritarios.

La verdad es que le he dado mil vueltas a mi voto y no encuentro la solución a la disyuntiva. ¿mi problema? El arrastre. No puedo elegir un diputado de un partido y un senador de otro; no puedo poner a un alcalde de un partido, un vice-alcalde de otro y regidores de un tercer partido.

Lo que quiero decir es que sí, es cierto que aparecen en las boletas contados buenos candidatos, gente que hasta ahora es decente y está dispuesta a trabajar en serio; pero votar por esas personas puede significar colocar en cargos electivos a otros cuyas motivaciones no son serias o en el mejor de los casos, representan intereses totalmente diferentes.

Quisiera – en un mundo ideal – poder votar por quien quiera y salir del colegio electoral contenta de haber ejercido mi derecho al voto, pero sé, que en las actuales circunstancias eso no será posible.

En medio de todo esto aparece un nuevo candidato: Ninguno, un candidato que me atrae vistas las circunstancias señaladas.

¿Qué es la democracia? me pregunto. Un verdadero Estado democrático debe asegurarle al ciudadano que puede votar con conciencia, que no tiene que elegir entre lo que hay si no quiere, porque el derecho al voto debe ser ejercido en libertad, sin constreñimiento, pero que su descontento será escuchado y será tomado en cuenta.

Quiero poder decir no a quien no defendió mis derechos, a quien sólo piensa en lo que hará con un barrilito, a quien no tiene soluciones para acabar con el clientelismo y la corrupción; quiero decirle a esos “Algunos” que tienen intención de hacer las cosas que necesita este país para avanzar verdaderamente que tienen que unirse y luchar dentro de sus partidos para cambiar las cosas.

No quiero elegir entre el malo y el menos malo; no quiero elegir uno bueno y arrastrar diez terribles con mi voto. Quisiera sí, reconocer el esfuerzo de aquellos que se esfuerzan, que se meten en la política partidaria porque de verdad quieren arreglar las cosas; pero ¿cómo hacerlo?

La actual boleta y el método de elección no me satisfacen, pero ese es el que hay; ¿cómo cambiarlo?, manteniendo el status-quo no será posible. Creo que contabilizar el voto en blanco es satisfacer a una parte – aunque mínima pero parte – de la población que necesita ser escuchada, que quiere participar y quiere que cambien las condiciones, que quiere políticos potables y quiere verlos reaccionar.

Muchos queremos ver reaccionar a nuestros representantes, verlos actuar de manera diligente y efectiva contra el estado de las cosas. Ninguno es un candidato provocador y creo que es bueno que lo dejen participar y le cuenten sus votos.
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