¿Dónde está él?
Haciendo llovizna para su amada.
Y en la noche oscura
enfogonea a la luna
para que aparezca.
Y luego la entrega.
Se queda dormido.
Despierta el forista
en rocío del alba
vestido de plata.
¿Dónde está ella,
la compañera de sueños?,
mirando bultos suaves...
compartiendo sin espacio...
sin tiempo
como mujer ilusa mira agua
en el lecho del río que sólo tiene piedras
y duerme entre sus olas regocijada.
¿Y la otra?,la princesa,
haciendo el pan y la cebada
los víveres, los vegetales y el pescado
alimenta los sueños
en horizontes llenos de haceres.
¿Y la poesía?
poniendo rosas en la vereda
recreando ilusiones
sueños
para que alguien no diga ¡qué cojones!,
¿vivir sin ilusiones?
Pero
quien de los versos se fía
es como quien cree en el dibujo
que en la arena se hace
y que luego la mar -inconsciente- lo barre;
así es la poesía
pone racimos de estrellas
y luego te descubres sin ellas.
mildrón dolores
Un blog de opinión e informaciones enfocado en temas relacionados con los derechos de la mujer. Soy una demócrata radical en el desarrollo de las naciones, con la equidad e igualdad social, económica y política de los ciudadanos/as dominicanos/as y del mundo.
También encontrarás algunas producciones literarias buscando un sentido de interioridad y una visión universal.
Oda al yo consciente y disfrutado
Hice mi casa debajo del árbol de cemento
allá decidí descansar
poseerme, saborearme, respirar, amarme...
y haciendo la zapata tropecé con topos,
mineros y minas
...y...
supe que más tarde moriría.
Me quedé sin palabras
seguí mi camino
ya no me importan las moradas
sólo el descanso
y el hacer para cualquier ser.
___
mildred d mata
stgo., RD.
30.abril.o7
allá decidí descansar
poseerme, saborearme, respirar, amarme...
y haciendo la zapata tropecé con topos,
mineros y minas
...y...
supe que más tarde moriría.
Me quedé sin palabras
seguí mi camino
ya no me importan las moradas
sólo el descanso
y el hacer para cualquier ser.
___
mildred d mata
stgo., RD.
30.abril.o7
Inoelia Remy Yantiel : Domínico haitiana y JOSEPH CHERUBIN
Acá la vida de dos personas vinculadas al tema Haití y RD. El sentir de una mujer dominicana de ascendencia haitiana, Inoelia, eso no lo sufre quien no tiene la problemática de la negación de sus compatriotas. Y las peripecias de un refugiado político.
La República
JOSEPH CHERUBIN
La otra cara de Haití en RD
María Isabel Soldevila - 4/15/2007 12:00:00 AM
509,994 HAITIANOS Y SUS HIJOS VIVÍAN EN EL PAÍS PARA 2002, SEGÚN FLACSO
SANTO DOMINGO.- Una niña de ojos grandes, negros, riega abono en el terreno en que—una vez más—verá crecer la caña que su padre cortará. Esa niña sueña y se indigna— sin conocer aún lo que significa la palabra indignación— porque los personajes de las novelitas rosa que le presta Víctor, un dominicano de “pura cepa” que hasta zapatos tiene, viven vidas fantásticas que ella sólo puede imaginarse. Cuando esa niña nació en 1948, los sueños no eran abonados en los bateyes como Bermejo. Pero Inoelia Remy Yantiel se atrevió a cultivarlos.
El 17 de abril de 1998, cincuenta años después de que Silvia Yantiel y Elías Miguel Remy la trajeron al mundo, la menor de siete se hizo abogada. El diploma cuelga en una pared principal de su despacho en la Asociación Pro-desarrollo de la Mujer y Medio Ambiente, inc., institución que dirige desde su fundación en 1994 y que ha llevado agua y pequeños negocios de cría de cerdos y conejos a su comunidad de origen. La vida en el batey no fue fácil, recuerda Remy.
La veían como un ser extraño, ensimismada en lecturas del Reader’s Digest, abriendo más aún sus grandes ojos para aprender sobre un tal Perón en un lugar llamado Argentina, o sobre una rubia Marilyn Monroe de un idílico Hollywood. “Nono”, como la conocían en su casa, se hundía en esas páginas y olvidaba aprender la receta del pan casero, ante el reproche de las mujeres del barracón. “Pero mamá me defendía. Les decía: ‘Nono conoce punta de lápiz’”, para que la dejaran tranquila.
Leer revistas parecía un pasatiempo fuera de lugar en un batey. Cuando los trabajadores recibían la paga, aquellos papelitos de colores eran canjeados, y vendedores llegaban de todas partes. Vendían revistas usadas, que servían para decorar las paredes de los barracones.
“Así conseguí mi primera Reader’s Digest. Mi hermano consiguió que se la dieran de ‘ñapa’, porque las páginas eran muy pequeñas como para decorar y nadie las compraba”, cuenta Remy.
Mientras la pequeña “Nono” construía un universo en su cabeza, el mundo de la caña a su alrededor le daba baños fríos de realidad.
“En el batey la gente está añorando irse. Son seis meses de trabajo y otros seis de puro sobrevivir”, dice la hoy abogada, y aún se estremece. “En 1959, nos dividieron en barracones diferentes. A los haitianos de un lado—y con ellos a sus hijos—y a los dominicanos ‘de pura cepa’ del otro. Teníamos mucho miedo, pues pensábamos que nos iban a matar, como en el 37”.
La vida fuera del batey En 1966, “Nono” dejó de ser “Nono”. Aquí, en el mundo de afuera, Inoelia Remy Yantiel, dominicana de ascendencia haitiana, pasó “las mil y una”, según cuenta.
Se fue a vivir con una amiga, la hija del jefe de tiro del batey, quien había logrado salir al casarse con un hombre “que le hizo un ranchito en Gualey”. Su origen y el color de su piel fueron motivo de burla más de una vez.
La mayoría de los inmigrantes haitianos, un 71%, manifestó, sin embargo, no haber sido ofendido por dominicanos debido a su origen, según la Encuesta sobre inmigrantes haitianos en República Dominicana (OIM y Flacso, 2004). El activismo comunitario, la participación en sindicatos y grupos de izquierda como la Unión General de Trabajadores Dominicanos (UGTD) y el PACOREDO, la ayudaron a encontrar su lugar fuera del batey.
La pequeña niña que regaba abono con sus hermanos, no negocia su terruño. En Haití le dicen dominicana y en República Dominicana le dicen haitiana. Inoelia Remy Yantiel, al igual que los cerca de 250 mil hijos e hijas de haitianos que la OIM y Flacso estiman hay en República Dominicana, vive en una especie de tierra de nadie.
Pero ella asegura que su corazón está en este lado de la isla, sin renegar de sus orígenes. “Cierren los ojos y piensen que no tienen casa, que alguien les dice que ustedes no son lo que son, que no son de donde son. Nadie puede decirme que no soy de donde nací, de donde aprendí el Quisqueyanos valientes... nadie ama este país como yo”, dice, emocionada, Inoelia Remy Yantiel, domínico- haitiana.
DICHOSO
Joseph Cherubin se declara un hombre con suerte. Hace 22 años que llegó de Haití, dos décadas en las que su vida ha dado un giro radical. Habla un español machacado, sazonado de creole haitiano, del que él mismo se burla sin ninguna vergüenza. “Yo nunca fui a la escuela pa’ aprender (español). Yo me aplatané aquí. Los hijos míos ríen muchísimo, me corrigen. La gente se burla, a mí no me importa eso”.
Nunca pensó que él, un enfermero del hospital militar de Puerto Príncipe durante la dictadura de Jean-Claude Duvalier, proveniente de una familia de clase media-su padre era dueño de una panadería en el barrio Matissantacabaría en esta parte de la isla, de la que solo había escuchado que se enviaba braceros para cortar la caña. “Yo no quería quedá má. Pedí que me dieran de baja. El hospital militar no me lo da. Yo hice un machete para ir a Nueva York”. Y llegó.
Pero su petición de asilo político fue denegada en Estados Unidos. Sabiendo que si regresaba a Haití, donde era un desertor, no saldría con vida, el hoy doctor Joseph Cherubin, director del Centro de Salud Integral La Solidaridad, en Villa Mella, se quedó en Santo Domingo, donde sí pudo asilarse. Era 1985. Su capital, unos US$40.
El servicio de refugiados de Naciones Unidas (ACNUR) fue su salvación. Cherubin tiene historias como para llenar varios libros. Vivía el día a día y pagaba noche a noche su derecho a dormir en Petit Haití, en un hotel que aún se mantiene en pie: el Del Monte y Tejada. Una simple conversación con otro refugiado definió su destino.
El Movimiento Socio Cultural para los Trabajadores Haitianos (MOSTCHA) necesitaba un enfermero capaz de asistir al doctor Guillermo Rijo Cedeño y de traducir al creole. Ese fue su primer trabajo de RD$250 mensuales. Y es en MOSTCHA donde Cherubin sigue aún.
La República
JOSEPH CHERUBIN
La otra cara de Haití en RD
María Isabel Soldevila - 4/15/2007 12:00:00 AM
509,994 HAITIANOS Y SUS HIJOS VIVÍAN EN EL PAÍS PARA 2002, SEGÚN FLACSO
SANTO DOMINGO.- Una niña de ojos grandes, negros, riega abono en el terreno en que—una vez más—verá crecer la caña que su padre cortará. Esa niña sueña y se indigna— sin conocer aún lo que significa la palabra indignación— porque los personajes de las novelitas rosa que le presta Víctor, un dominicano de “pura cepa” que hasta zapatos tiene, viven vidas fantásticas que ella sólo puede imaginarse. Cuando esa niña nació en 1948, los sueños no eran abonados en los bateyes como Bermejo. Pero Inoelia Remy Yantiel se atrevió a cultivarlos.
El 17 de abril de 1998, cincuenta años después de que Silvia Yantiel y Elías Miguel Remy la trajeron al mundo, la menor de siete se hizo abogada. El diploma cuelga en una pared principal de su despacho en la Asociación Pro-desarrollo de la Mujer y Medio Ambiente, inc., institución que dirige desde su fundación en 1994 y que ha llevado agua y pequeños negocios de cría de cerdos y conejos a su comunidad de origen. La vida en el batey no fue fácil, recuerda Remy.
La veían como un ser extraño, ensimismada en lecturas del Reader’s Digest, abriendo más aún sus grandes ojos para aprender sobre un tal Perón en un lugar llamado Argentina, o sobre una rubia Marilyn Monroe de un idílico Hollywood. “Nono”, como la conocían en su casa, se hundía en esas páginas y olvidaba aprender la receta del pan casero, ante el reproche de las mujeres del barracón. “Pero mamá me defendía. Les decía: ‘Nono conoce punta de lápiz’”, para que la dejaran tranquila.
Leer revistas parecía un pasatiempo fuera de lugar en un batey. Cuando los trabajadores recibían la paga, aquellos papelitos de colores eran canjeados, y vendedores llegaban de todas partes. Vendían revistas usadas, que servían para decorar las paredes de los barracones.
“Así conseguí mi primera Reader’s Digest. Mi hermano consiguió que se la dieran de ‘ñapa’, porque las páginas eran muy pequeñas como para decorar y nadie las compraba”, cuenta Remy.
Mientras la pequeña “Nono” construía un universo en su cabeza, el mundo de la caña a su alrededor le daba baños fríos de realidad.
“En el batey la gente está añorando irse. Son seis meses de trabajo y otros seis de puro sobrevivir”, dice la hoy abogada, y aún se estremece. “En 1959, nos dividieron en barracones diferentes. A los haitianos de un lado—y con ellos a sus hijos—y a los dominicanos ‘de pura cepa’ del otro. Teníamos mucho miedo, pues pensábamos que nos iban a matar, como en el 37”.
La vida fuera del batey En 1966, “Nono” dejó de ser “Nono”. Aquí, en el mundo de afuera, Inoelia Remy Yantiel, dominicana de ascendencia haitiana, pasó “las mil y una”, según cuenta.
Se fue a vivir con una amiga, la hija del jefe de tiro del batey, quien había logrado salir al casarse con un hombre “que le hizo un ranchito en Gualey”. Su origen y el color de su piel fueron motivo de burla más de una vez.
La mayoría de los inmigrantes haitianos, un 71%, manifestó, sin embargo, no haber sido ofendido por dominicanos debido a su origen, según la Encuesta sobre inmigrantes haitianos en República Dominicana (OIM y Flacso, 2004). El activismo comunitario, la participación en sindicatos y grupos de izquierda como la Unión General de Trabajadores Dominicanos (UGTD) y el PACOREDO, la ayudaron a encontrar su lugar fuera del batey.
La pequeña niña que regaba abono con sus hermanos, no negocia su terruño. En Haití le dicen dominicana y en República Dominicana le dicen haitiana. Inoelia Remy Yantiel, al igual que los cerca de 250 mil hijos e hijas de haitianos que la OIM y Flacso estiman hay en República Dominicana, vive en una especie de tierra de nadie.
Pero ella asegura que su corazón está en este lado de la isla, sin renegar de sus orígenes. “Cierren los ojos y piensen que no tienen casa, que alguien les dice que ustedes no son lo que son, que no son de donde son. Nadie puede decirme que no soy de donde nací, de donde aprendí el Quisqueyanos valientes... nadie ama este país como yo”, dice, emocionada, Inoelia Remy Yantiel, domínico- haitiana.
DICHOSO
Joseph Cherubin se declara un hombre con suerte. Hace 22 años que llegó de Haití, dos décadas en las que su vida ha dado un giro radical. Habla un español machacado, sazonado de creole haitiano, del que él mismo se burla sin ninguna vergüenza. “Yo nunca fui a la escuela pa’ aprender (español). Yo me aplatané aquí. Los hijos míos ríen muchísimo, me corrigen. La gente se burla, a mí no me importa eso”.
Nunca pensó que él, un enfermero del hospital militar de Puerto Príncipe durante la dictadura de Jean-Claude Duvalier, proveniente de una familia de clase media-su padre era dueño de una panadería en el barrio Matissantacabaría en esta parte de la isla, de la que solo había escuchado que se enviaba braceros para cortar la caña. “Yo no quería quedá má. Pedí que me dieran de baja. El hospital militar no me lo da. Yo hice un machete para ir a Nueva York”. Y llegó.
Pero su petición de asilo político fue denegada en Estados Unidos. Sabiendo que si regresaba a Haití, donde era un desertor, no saldría con vida, el hoy doctor Joseph Cherubin, director del Centro de Salud Integral La Solidaridad, en Villa Mella, se quedó en Santo Domingo, donde sí pudo asilarse. Era 1985. Su capital, unos US$40.
El servicio de refugiados de Naciones Unidas (ACNUR) fue su salvación. Cherubin tiene historias como para llenar varios libros. Vivía el día a día y pagaba noche a noche su derecho a dormir en Petit Haití, en un hotel que aún se mantiene en pie: el Del Monte y Tejada. Una simple conversación con otro refugiado definió su destino.
El Movimiento Socio Cultural para los Trabajadores Haitianos (MOSTCHA) necesitaba un enfermero capaz de asistir al doctor Guillermo Rijo Cedeño y de traducir al creole. Ese fue su primer trabajo de RD$250 mensuales. Y es en MOSTCHA donde Cherubin sigue aún.
Sin rumbo conocido
Ahora estoy sobre los mares
nisiquiera una sombra queda
es mucho este destierro inacabable
es implacable la realidad
¿por qué a mí?
¿por qué ni una sola ilusión es permitida?
Acá voy entre los árboles
bañada de sombra y sol
entre una extraña y quieta mar
y el tenue aire
voy con un corazón
entre gotas de agua
voy sin un camino - a cieguitas voy-
con el pecho apretado y triste
y sin lamentos;
estas palabras
alargan la partida,
sólo eso;
cuando regrese
confieso
que te contaré sobre el lodo
sobre la figura
y sobre la verdad en el transcurrir de aquel tiempo.
mildred dolores mata
Santiago, RD
28 (día de las/os locas/os) de abril 2007.
nisiquiera una sombra queda
es mucho este destierro inacabable
es implacable la realidad
¿por qué a mí?
¿por qué ni una sola ilusión es permitida?
Acá voy entre los árboles
bañada de sombra y sol
entre una extraña y quieta mar
y el tenue aire
voy con un corazón
entre gotas de agua
voy sin un camino - a cieguitas voy-
con el pecho apretado y triste
y sin lamentos;
estas palabras
alargan la partida,
sólo eso;
cuando regrese
confieso
que te contaré sobre el lodo
sobre la figura
y sobre la verdad en el transcurrir de aquel tiempo.
mildred dolores mata
Santiago, RD
28 (día de las/os locas/os) de abril 2007.
Amores extraños
Y yo sorprendida por juegos
desconocidos
y extraños.
Mi amor sabe a matar ilusiones
para que haya un renacer cada día;
muera, muera, muera
esa mujer de mediocres novelas
mis amores sólo son renaceres
son sabores desafiantes
a mangú con mango.
jajaja.
_____
Santiago, RD
mildred dolores mata
desconocidos
y extraños.
Mi amor sabe a matar ilusiones
para que haya un renacer cada día;
muera, muera, muera
esa mujer de mediocres novelas
mis amores sólo son renaceres
son sabores desafiantes
a mangú con mango.
jajaja.
_____
Santiago, RD
mildred dolores mata
Para el corazón terco de Leandro
Mirar, poder mirar, es querer
y querer es cuando quedan derrotados
todos los sueños no logrados
todas las autosuficiencias infladas
es consolarse con la realidad
cualquiera que sea
no importa si a regañadientes
no importa sin en las manos sólo tenemos migajas
y en los caminos
soledad,
soledad de ilusiones
guazábaras
o pajaritos trinando,
no importa,
el amor en los caminos
se consuela con todo
y cuenta gotitas, lombrices
o estrellas.
El querer
a la realidad le atraviesa el cerebro, el cuerpo todo,
y el alma.
A los humanos cuando quieren
nada les detiene
y a la muerte miran de frente.
Mildred D
Santiago, RD
y querer es cuando quedan derrotados
todos los sueños no logrados
todas las autosuficiencias infladas
es consolarse con la realidad
cualquiera que sea
no importa si a regañadientes
no importa sin en las manos sólo tenemos migajas
y en los caminos
soledad,
soledad de ilusiones
guazábaras
o pajaritos trinando,
no importa,
el amor en los caminos
se consuela con todo
y cuenta gotitas, lombrices
o estrellas.
El querer
a la realidad le atraviesa el cerebro, el cuerpo todo,
y el alma.
A los humanos cuando quieren
nada les detiene
y a la muerte miran de frente.
Mildred D
Santiago, RD
Sonia Pierre y lo que está en juego: Sara Pérez
El Nacional
Domingo 29 de Abril del 2007
Por Sara Pérez
READING, PA.‑ El 25 de abril, el señor Vinicio Castillo Selmán, abogado e hijo de Vinicio Castillo, (Vincho), publicó en Listín Diario un artículo titulado "Lo que está en juego en el caso de Sonia Pierre".
En su texto, Castillo denuncia una "gigantezca campaña mediática" en solidaridad con Sonia Pierre. Y el señor Castillo se equivoca.
La solidaridad con Sonia no existe como "campaña". El sector de la sociedad dominicana con suficiente formación humana y cívica para solidarizarse con ella, no tiene experiencias, ni recursos, ni intereses, ni retorcimiento moral para "armar gigantezcas campañas mediáticas", como las que otros han dedicado toda su vida a montar, con mentiras, medias verdades, calumnias deliberadas.
No, entre la gente que se ha solidarizado con Sonia no hay una sola que haya hecho carrera vendiendo calumnias, ni fisgoneando irregularmente a la población indefensa, ni contratando testigos falsos, ni comprando testimonios.
La "gigantezca campaña mediática" la tienen los que persiguen y hostigan a Sonia y con ella, a esa parte de la población dominicana, de origen haitiano, cuya situación debía conmover e indignar a cualquiera con un poco de sensibilidad y sentido de justicia y con alguna conciencia política para cuestionar un horror que es una mácula en la historia nacional.
Apelar a los sentimientos de humanidad, solidaridad y sobre todo, de justicia, de un pueblo, no tiene nada de reprensible. Lo que sí tiene mucho de vergonzoso es apelar a la mezquindad que algunos de sus peores ciudadanos le han metido en la cabeza a ese pueblo, ocultándole sobre qué pié está parado, mutilando su capacidad para identificar lo que es democracia, lo que son derechos humanos, lo que es discriminación racial y lo que es una segregación social y económica, particularmente acentuada sobre el grupo más pobre y pisoteado, entre todos los pobres y pisoteados dominicanos.
¿Que si es falsa o no la declaración con la que Sonia Pierre obtuvo la nacionalidad dominicana? ¿Y desde cuándo las declaraciones de cualquiera son las que ponen o quitan la nacionalidad? La nacionalidad le corresponde a Sonia por su lugar de nacimiento, según lo que establece la Constitución dominicana y que debe ser respetado por cualquiera que no se preste tan irresponsablemente a suapear esa Constitución.
Si se fuera a quitar la nacionalidad dominicana por inexactitudes ‑que no están comprobadas‑ en documentos de registro civil, tal vez ni Duarte calificaría como dominicano.
En las zonas rurales, en tiempos de Trujillo, el alcalde iba una o dos veces al año "al pueblo", montado en su caballo y allí solía declarar "a sigún" lo que le pareciera o recordara sobre los nacidos en su zona.
Incluso, era común que declarara como hijos suyos a esos niños, para ahorrar complicaciones.
¿Y les van a quitar la nacionalidad dominicana a todos los dominicanos y dominicanas, cuyas madres han mentido al identificar al padre de sus hijos?
Aparte de las imprecisiones que arrastran esos y otros deslices, en todos los lugares donde hay procesos migratorios tan dinámicos, con en República Dominicana, suelen ocurrir retoques en los registros civiles, que se añaden al desorden propio de una administración pública que nunca ha sido muy meticulosa.
Una enorme cantidad de dominicanos puede decir con la mayor naturalidad: "Mi acta de nacimiento dice que nací el 10 de agosto de 1957, pero la verdad es que fue 15 de febrero del 55, porque mi papá no quería pagar la multa por la declaración tardía y además, quien aparece como mi padre es el tío Julito, que en paz descanse".
Nada más hay que preguntarle a muchos dominicanos que juegan en las Grandes Ligas o que están "firmados" para ingresar en ellas. La creatividad en los datos de registro civil, no cuestionan la dominicanidad de nadie, sino que la confirman.
No sólo la Constitución, las leyes y los tratados internacionales , sino sobre todo el sentido de justicia, que tanto escasea entre algunos leguleyos, proclaman la dominicanidad de Sonia, que si no le correspondiera por ninguna de esas causas, le correspondería por haberle hecho al Estado dominicano el favor de comenzar a drenarle el más grande todos sus forúnculos.
Ningún tratado internacional contempla el mantenimiento en un limbo jurídico a los esclavos de una sociedad.
Ni la Constitución de Haití, ni nadie tiene que decirle a Sonia quién es ella. Su opción ha sido ser domínico‑haitiana y exactamente eso es. Ese estatus le corresponde no sólo por elección, sino por justicia y por ley. También eligió, (o las circunstancias la eligieron a ella), dónde desplegar su liderazgo y lo hizo con mucho tino, porque lo ubicó en un sitio donde se necesita.
Ojalá que Sonia consolide y multiplique todas sus alianzas. Es bueno que en República Dominicana, aparezcan gentes cuyas alianzas no estén encaminadas a sabotear la precaria democracia y a perpeturar el trujillismo.
Hay sectores en las grandes potencias, como los hay en las repúblicas bananeras, que dicen rechazar de los inmigrantes haitianos y dominicanos, entre otros, (lo que no ha sido óbice para que dominicanos y haitianos anden regados por todas partes), porque ese hipócrita discurso es el que facilita la explotación y el atropello de los sectores sociales más pobres.
La sugerencias sobre la dirección que deben seguir las migraciones haitianas, no necesariamente tienen que formar parte de la agenda de la señora Pierre, cuyas inquietudes se han centrado ‑y está muy bien que sigan centradas en las que defina prioridades‑ en la población dominicana de origen haitiano y en la inmigración haitiana a la que le niegan derechos básicos en RD.
La actitud de muchos países con relación a las nacionalidades adquiridas en base a documentos de registro civil con datos no muy puntillosos, es la de no joder mucho con eso y menos si se trata de una nacionalidad adquirida hace más de 40 aZos.
Si se pusieran muy estrictos al respecto, una buena de los dominicanos emigrantes y de los hijos de esos dominicanos nacidos en el extranjero serían despojados de las nacionalidades adquiridas fuera y gran parte de los dominicanos dentro de RD estarían en la misma situación.
Lo que está en juego con el caso de Sonia Pierre, es el derecho de todo dominicano y dominicana a quejarse, sin que haya un grupo con la potestad de ir a apedrear y a poner bozales en la boca de la gente. Lo que está en juego es la inicitiva de comenzar a subsanar el más abarcador de todos los crímenes del régimen de Balaguer: el de mantener una población sin voz y en condiciones infrahumanas
Lo que está en juego en el caso de Sonia Pierre, es la institucionalidad y es más que eso, es la calidad y naturaleza del alma dominicana.
cleo264@yahoo.com
Domingo 29 de Abril del 2007
Por Sara Pérez
READING, PA.‑ El 25 de abril, el señor Vinicio Castillo Selmán, abogado e hijo de Vinicio Castillo, (Vincho), publicó en Listín Diario un artículo titulado "Lo que está en juego en el caso de Sonia Pierre".
En su texto, Castillo denuncia una "gigantezca campaña mediática" en solidaridad con Sonia Pierre. Y el señor Castillo se equivoca.
La solidaridad con Sonia no existe como "campaña". El sector de la sociedad dominicana con suficiente formación humana y cívica para solidarizarse con ella, no tiene experiencias, ni recursos, ni intereses, ni retorcimiento moral para "armar gigantezcas campañas mediáticas", como las que otros han dedicado toda su vida a montar, con mentiras, medias verdades, calumnias deliberadas.
No, entre la gente que se ha solidarizado con Sonia no hay una sola que haya hecho carrera vendiendo calumnias, ni fisgoneando irregularmente a la población indefensa, ni contratando testigos falsos, ni comprando testimonios.
La "gigantezca campaña mediática" la tienen los que persiguen y hostigan a Sonia y con ella, a esa parte de la población dominicana, de origen haitiano, cuya situación debía conmover e indignar a cualquiera con un poco de sensibilidad y sentido de justicia y con alguna conciencia política para cuestionar un horror que es una mácula en la historia nacional.
Apelar a los sentimientos de humanidad, solidaridad y sobre todo, de justicia, de un pueblo, no tiene nada de reprensible. Lo que sí tiene mucho de vergonzoso es apelar a la mezquindad que algunos de sus peores ciudadanos le han metido en la cabeza a ese pueblo, ocultándole sobre qué pié está parado, mutilando su capacidad para identificar lo que es democracia, lo que son derechos humanos, lo que es discriminación racial y lo que es una segregación social y económica, particularmente acentuada sobre el grupo más pobre y pisoteado, entre todos los pobres y pisoteados dominicanos.
¿Que si es falsa o no la declaración con la que Sonia Pierre obtuvo la nacionalidad dominicana? ¿Y desde cuándo las declaraciones de cualquiera son las que ponen o quitan la nacionalidad? La nacionalidad le corresponde a Sonia por su lugar de nacimiento, según lo que establece la Constitución dominicana y que debe ser respetado por cualquiera que no se preste tan irresponsablemente a suapear esa Constitución.
Si se fuera a quitar la nacionalidad dominicana por inexactitudes ‑que no están comprobadas‑ en documentos de registro civil, tal vez ni Duarte calificaría como dominicano.
En las zonas rurales, en tiempos de Trujillo, el alcalde iba una o dos veces al año "al pueblo", montado en su caballo y allí solía declarar "a sigún" lo que le pareciera o recordara sobre los nacidos en su zona.
Incluso, era común que declarara como hijos suyos a esos niños, para ahorrar complicaciones.
¿Y les van a quitar la nacionalidad dominicana a todos los dominicanos y dominicanas, cuyas madres han mentido al identificar al padre de sus hijos?
Aparte de las imprecisiones que arrastran esos y otros deslices, en todos los lugares donde hay procesos migratorios tan dinámicos, con en República Dominicana, suelen ocurrir retoques en los registros civiles, que se añaden al desorden propio de una administración pública que nunca ha sido muy meticulosa.
Una enorme cantidad de dominicanos puede decir con la mayor naturalidad: "Mi acta de nacimiento dice que nací el 10 de agosto de 1957, pero la verdad es que fue 15 de febrero del 55, porque mi papá no quería pagar la multa por la declaración tardía y además, quien aparece como mi padre es el tío Julito, que en paz descanse".
Nada más hay que preguntarle a muchos dominicanos que juegan en las Grandes Ligas o que están "firmados" para ingresar en ellas. La creatividad en los datos de registro civil, no cuestionan la dominicanidad de nadie, sino que la confirman.
No sólo la Constitución, las leyes y los tratados internacionales , sino sobre todo el sentido de justicia, que tanto escasea entre algunos leguleyos, proclaman la dominicanidad de Sonia, que si no le correspondiera por ninguna de esas causas, le correspondería por haberle hecho al Estado dominicano el favor de comenzar a drenarle el más grande todos sus forúnculos.
Ningún tratado internacional contempla el mantenimiento en un limbo jurídico a los esclavos de una sociedad.
Ni la Constitución de Haití, ni nadie tiene que decirle a Sonia quién es ella. Su opción ha sido ser domínico‑haitiana y exactamente eso es. Ese estatus le corresponde no sólo por elección, sino por justicia y por ley. También eligió, (o las circunstancias la eligieron a ella), dónde desplegar su liderazgo y lo hizo con mucho tino, porque lo ubicó en un sitio donde se necesita.
Ojalá que Sonia consolide y multiplique todas sus alianzas. Es bueno que en República Dominicana, aparezcan gentes cuyas alianzas no estén encaminadas a sabotear la precaria democracia y a perpeturar el trujillismo.
Hay sectores en las grandes potencias, como los hay en las repúblicas bananeras, que dicen rechazar de los inmigrantes haitianos y dominicanos, entre otros, (lo que no ha sido óbice para que dominicanos y haitianos anden regados por todas partes), porque ese hipócrita discurso es el que facilita la explotación y el atropello de los sectores sociales más pobres.
La sugerencias sobre la dirección que deben seguir las migraciones haitianas, no necesariamente tienen que formar parte de la agenda de la señora Pierre, cuyas inquietudes se han centrado ‑y está muy bien que sigan centradas en las que defina prioridades‑ en la población dominicana de origen haitiano y en la inmigración haitiana a la que le niegan derechos básicos en RD.
La actitud de muchos países con relación a las nacionalidades adquiridas en base a documentos de registro civil con datos no muy puntillosos, es la de no joder mucho con eso y menos si se trata de una nacionalidad adquirida hace más de 40 aZos.
Si se pusieran muy estrictos al respecto, una buena de los dominicanos emigrantes y de los hijos de esos dominicanos nacidos en el extranjero serían despojados de las nacionalidades adquiridas fuera y gran parte de los dominicanos dentro de RD estarían en la misma situación.
Lo que está en juego con el caso de Sonia Pierre, es el derecho de todo dominicano y dominicana a quejarse, sin que haya un grupo con la potestad de ir a apedrear y a poner bozales en la boca de la gente. Lo que está en juego es la inicitiva de comenzar a subsanar el más abarcador de todos los crímenes del régimen de Balaguer: el de mantener una población sin voz y en condiciones infrahumanas
Lo que está en juego en el caso de Sonia Pierre, es la institucionalidad y es más que eso, es la calidad y naturaleza del alma dominicana.
cleo264@yahoo.com
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