A favor del embarazo terapéutico: Rosario Espinal

ENFOQUES

Embarazo constitucional forzado


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Rosario Espinal



martes, 24 de febrero de 2009

La propuesta de reforma constitucional depositada en el Congreso establece el embarazo forzado como uno de sus postulados.

Embarazo forzado es aquel que toda mujer está obligada a llevar a término porque de lo contrario estaría delinquiendo y sería sujeta de sanción penal junto a quienes hacen el aborto.

Actualmente, la República Dominicana es uno de los pocos países en el mundo occidental donde todo tipo de aborto está prohibido.

En Europa, Norteamérica y en casi todos los países de América Latina se permite en caso de violación sexual, incesto o riesgo de vida para la madre. En Europa, Canadá y Estados Unidos se permite también durante el primer trimestre del embarazo, independientemente de la causa.

En República Dominicana, por el contrario, las leyes recientemente depositadas en el Congreso, o en discusión, establecen la prohibición absoluta del aborto.

El Artículo 30 de la propuesta de reforma constitucional indica que: “El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte”, y el proyecto de Código Penal instituye sanciones más fuertes que las actuales a las mujeres y el personal médico que aborten.

En la práctica, estas disposiciones constitucionales y legales contra el aborto impedirían que una niña de 11 años violada por su tío pueda interrumpir el embarazo que ella no escogió voluntariamente. También impediría que una mujer con un embarazo de alto riesgo pueda interrumpirlo para salvar su vida.

Distintas iglesias se movilizan activamente a favor de que se establezcan fuertes restricciones al aborto.

Prefieren que una madre muera, incluso con el feto, antes de aceptar que en esas condiciones es aconsejable médica y socialmente un aborto. También prefieren que una niña de 11 años lleve el resto de su vida la marca de una criatura producto de una burda violación sexual.

Confieso que nunca he comprendido la noción de Dios que promueven los religiosos que así piensan. Para mí, la razón humana de creer en Dios es asumir su fuerza compasiva, su misericordia y su sentido de justicia.

Ante las barbaridades que rodean la humanidad (y un ejemplo son las violaciones sexuales), un Dios compasivo dejaría abierta la posibilidad de resolver el problema de la manera menos perjudicial para la víctima; porque, que quede claro, el daño a una niña abusada sexualmente nunca se diluirá completamente.

Tener un sistema legal que permita el aborto cuando se presentan condiciones adversas para completar un embarazo no significa obligar a toda mujer a abortar; ni tampoco que las iglesias no puedan predicar sus doctrinas para convencer a sus feligreses de que no lo hagan.

Sólo significa que habría legalidad para que las mujeres que decidan hacerlo cuenten con las condiciones médicas adecuadas.

Un sistema legal así no atenta contra un Dios compasivo, aunque sí, contra la concepción teológica despótica, donde se promueve un Dios absolutista en las reglas que producen más dolor que alivio a los seres humanos.

El dilema histórico de las religiones ha sido cómo resolver el conflicto entre imponer el absolutismo dogmático por un lado, y ejercitar por otro la compasión humana que nos conduce a mitigar las injusticias y los abusos.

En República Dominicana domina actualmente una concepción religiosa de excesivo dogmatismo prohibitivo, que en el campo de los derechos ciudadanos, deja poco espacio para concebir leyes más acordes con la democracia.

La razón de esta situación es que los políticos dominicanos, obsesionados con el poder, son incapaces de trascender el miedo y la subordinación a los poderosos.

Por eso no legislan ni gobiernan en función de los derechos democráticos.

Los congresistas dominicanos enfrentan actualmente la disyuntiva de sucumbir ante el dogmatismo, aprobando una nueva Constitución y un nuevo Código Penal altamente restrictivos y punitivos del aborto, o alzar la frente respetuosamente y asumir la responsabilidad pública para la cual fueron democráticamente electos.

No se acobarden señores congresistas ante el tema del aborto; atrévanse a ser verdaderos legisladores para una sociedad democrática del siglo XXI.


http://www.clavedigital.com/App_Pages/opinion/Firmas.aspx?Id_Articulo=13760&Id_ClassArticulista=23
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