Limitaciones de la reforma sanitaria norteamericana: Pedro L.uis Castellanos

lunes, 5 de abril de 2010, 08:38 a.m.

Hemos destacado anteriormente los que nos parecen importantes logros que podrían beneficiar amplios sectores marginados del sistema de aseguramiento y de salud. Señalamos que también ganarían las “big pharma” y los consorcios de atención medica, es decir el llamado “complejo medico industrial”, los pequeños y medianos empresarios, los gremios profesionales de la salud e incluso las aseguradoras. Por supuesto, el presidente Obama y el partido Demócrata han sido beneficiados políticamente al lograr retomar la iniciativa política.

Los grandes perdedores han sido los más rabiosamente conservadores (“neocons”) y los pregoneros del neoliberalismo y del neoclasicismo económico. El estado emerge no solo como un regulador necesario para “desfacer los entuertos” del mercado, sino como responsable, en última instancia, del bienestar de la poblacion.

¿Por qué entonces muchos sectores progresistas dentro y fuera de los USA han sido y son fuertes críticos?. Muchas de estas críticas son razonablemente válidas.

Unos destacan, con razón, que aun quedarán por fuera sectores muy vulnerables, como los residentes no legales, entre 12 a 16 millones, quienes viven y aportan a la economía, a la cultura y a la vida social, marginados de sus derechos básicos. Sin duda una injusticia que podría significar que algunos indicadores básicos de salud del país continúen rezagados.

Otros destacan que no se crea aseguradoras estatales, apenas la posibilidad de crear aseguradoras “sin fines de lucro”. Quienes recuerdan con tristeza la evolución de algunas experiencias, que nacieron como prestadoras de servicios de salud sin fines de lucro y terminaron convirtiéndose en remedios peores que la enfermedad, como las llamadas HMO (Blue Cross-Blue Shield, por ejemplo), abrigan dudas sobre la importancia de estas aseguradoras tipo ONG.

Muchos destacan que la capacidad reguladora del estado aun será muy limitada. Las aseguradoras lucrativas se han hecho tan poderosas que podrían capturar estos tímidos espacios. Por ejemplo, invirtieron más de US$ 500 millones en hacer “lobby” entre los congresistas para debilitar la propuesta inicial de reforma. Se considera que por cada parlamentario había al menos dos o tres “lobbystas” profesionales. Lobby es el eufemismo norteamericano para el tráfico de influencias.

Muchos piensan que las aseguradoras, que verán aumentadas sus ganancias con la incorporación de más de 30 millones de nuevos afiliados y cerca de 60 millones más que mejorarían sus pólizas, llevarán el agua a su molino y en pocos años la situación de salud y de protección podría ser igual o peor que actualmente si, como es probable, se restablecerá la alianza entre el “complejo médico industrial” y el “complejo financiero en salud”, y disminuye la movilización social en torno a la salud.

También se ha señalado que la reforma intenta mejorar el sistema de aseguramiento, pero muy poco el modelo de producción de servicios de salud. Ciertamente, a diferencia de casi todos los países desarrollados del mundo, predominan empresas lucrativas y un modelo de prestación centrado en atenciones individuales y de restauración, consumidoras intensivas y abusivas de tecnología, en desmedro de estrategias poblacionales, de salud colectiva, de promoción de mejor calidad de vida y salud, así como de modelos familiares y comunitarios; y en las estrategias de promoción y prevención predomina un enfoque que penaliza a la víctima, más que de responsabilidad de la sociedad y del estado ante los determinantes de la situación de salud de las poblaciones.

Algunos llaman la atención sobre las perversas consecuencias de que las intervenciones en salud se hayan convertido en una mercancía, con la cual lucran el “complejo medico industrial” y el “complejo financiero en salud”. Recuerdan, con razón, que los USA invierten en salud más del 16% de su PIB, más del doble del per cápita que nadie en el mundo, incluyendo a Francia e Inglaterra, que invierten el 11% y 8% del PIB, pero tiene el sistema de salud con los peores resultados sanitarios entre los países desarrollados. Destacan que estos malos resultados con tan altos costos, son consecuencia de esa forma de producir los servicios y de esa mercantilización del sistema.

Obviamente, no podría haberse esperado que la reforma tuviera una orientación contraria, ni siquiera diferente, a la de fortalecer y relanzar al capitalismo norteamericano y su concepto de democracia. Una reforma sanitaria no es suficiente para una revolución social y un cambio en las bases del modelo de sociedad y sistema económico y político. Sin embargo, lo que si debe esperarse, es que la reforma cumpla sus promesas de mejoramiento de la protección social y de la situación de salud de la poblacion y, en este sentido, muchos abrigan el temor de que algunas de las que hoy emergen como esperanzas puedan naufragar a consecuencia de las limitaciones de la nueva Ley. Habrá que ver el futuro.

Clave Digital
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