Sí a eliminar las desigualdades sociales, ¡No! a aumentar las penas de niñas, niños, adolescentes infractores! Leamos a Michael Foucault y sus críticas al encierro.

En estos días en la Cámara de diputadas y diputados se  está conociendo un Proyecto de Ley para aumentar las penas a jóvenes que tiene conductas violentas y antisociales. No estoy de acuerdo. La idea es superar las causas de la violencia juvenil. A propósito de esto copio un mensaje dejado por Carmen Julia Gómez Carrasco en facebook:

"Endurecer las penas para niños/as y adolescentes infractores NO ES LA SOLUCION! la delincuencia infantil y juvenil se puede prevenir enseñándoles a liberarse de la ira, las frustraciones, el miedo, la culpa, la tristeza, el sentimiento de abandono y de inferioridad."
http://www.facebook.com/carmen.j.carrasco?ref=ts

Carmen Julia Gómez Carrasco, mujer amiga, luchadora por un mundo de paz y de solidaridad


Conviene en estos momentos leer a Michael Foucault quien trabajó a profundidad como filósofo y como conocedor directo de los problemas de la violencia y el autoritarismo ante los problemas de sociabilidad por trabajar en un centro de salud psiquiátrico,  ante las dificultades en la salud mental y del encierro. Acá coloco una entrevista de Michael Foucault lo encuentro más llevadero con el tema de la disciplina y las necesidades de instrumentar parte de  esta, para la sobrevivencia de la humanidad. ¡Claro! sin abusos.

Me animé a leer sobre Ronald David Laing el psiquiatra que Michael Foucault referencia como haciendo un aporte positivo en la terapia cuando pplanteó la necsidad de especie de espacios-comunidades terapéuticos diferentes a los centros psiquiátricos de encierro y de medicaciones.

Me interesa mucho el tema y quisiera que en RD tomásemos más en serio el tema de salidas honorables y dignas ante la violencia un poco generalizada en que vivimos...y saliéramos del concepto de aumentar penas. Los encierros en las condiciones que se pueden en RD dan pena, y tienen muchas limitaciones para rehabilitar. Conviene pues un cambio en las políticas sociales y en la desigualdades, un cambio cultural de paz y de solidaridad disminuyendo la vulnerabilidad, la exclusión, las discriminaciones... por razones de sexo, de la mujer, u otras, y una masculinidad de paz y de igualdad, etcétera...

mildrilla d
----

Viernes 21 de septiembre de 2012
Autorretrato intelectual.

Michel Foucault: la máxima aspiración del poder es la inmortalidad

Michael Foucault, filósofo francés quien trabajó con dedicación sobre el autoritarismo y los abusos, desde el poder, en instituciones psiquiátricas, disciplina escolar, instituciones de seguridad.
 http://www.lanacion.com.ar/1509936-michel-foucault-la-maxima-aspiracion-del-poder-es-la-inmortalidad

Esta entrevista inédita en español, que se incluye en El poder, una bestia
magnífica, volumen que Siglo XXI publicará en octubre 2012, da testimonio de la
actualidad de las ideas del pensador francés, fallecido en 1984. La locura, el
dominio y la sexualidad, en un diálogo que es, al mismo tiempo, un repaso de su
trayectoria

Por Jerry Bauer |

¿Por qué usted, sin ser antropólogo, se interesa más, desde un punto de vista
filosófico, en la estructura de las instituciones que en los mecanismos evolutivos?


-Lo que trato de hacer -y siempre traté de hacer desde mi primer verdadero
libro, Historia de la locura en la época clásica- es poner en tela de juicio por
medio de un trabajo intelectual diferentes aspectos de la sociedad, mostrando
sus debilidades y sus límites. De todas maneras, mis libros no son proféticos y
tampoco un llamado a las armas. Me irritaría intensamente que pudiera vérselos
bajo esa luz. La meta que se proponen es explicar del modo más explícito -aun
cuando a veces el vocabulario sea difícil- las zonas de la cultura burguesa y
las instituciones que influyen directamente sobre las actividades y los
pensamientos cotidianos del hombre.

-La palabra clave de todos sus libros parece ser "poder", ya se lo entienda en
el sentido de poder disciplinario, poder de la medicina mental o poder
omnipotente de la pulsión sexual?


Foucault aseguraba en 1978 que le molestaba que sus libros fueran considerados
proféticos: su meta era explicar las instituciones que influyen en la
cotidianidad del hombre.. Foto: Jerry Bauer / opale / Dachary
-Está claro, procuré definir las estrategias del poder en ciertos ámbitos. Por
ejemplo, Vigilar y castigar se inicia con un "teatro del terror", la puesta en
escena espectacular que acompañaba las ejecuciones públicas hasta el siglo
pasado. Se suponía que ese ceremonial clamoroso y carnavalesco en el cual la
mano omnipotente de la justicia hacía ejecutar la sentencia bajo la mirada de
los espectadores grababa su mensaje de manera indeleble en las mentes de éstos.
Con frecuencia el castigo excedía la gravedad del delito, y de ese modo se
reafirmaban la supremacía y el poder absoluto de la autoridad. En nuestros días
el control es menos severo y más refinado, pero no por ello menos aterrador.
Durante el transcurso de nuestra vida todos estamos atrapados en diversos
sistemas autoritarios; ante todo en la escuela, después en nuestro trabajo y
hasta en nuestras distracciones. Cada individuo, considerado por separado, es
normalizado y transformado en un caso controlado por una IBM. En nuestra
sociedad, estamos llegando a refinamientos de poder en los que ni siquiera
habrían soñado quienes manipulaban el teatro del terror.

-¿Y qué podemos hacer?

-El punto en que nos encontramos está más allá de cualquier posibilidad de
rectificación, porque la concatenación de esos sistemas ha seguido imponiendo
este esquema hasta hacerlo aceptar por la generación actual como una forma de la
normalidad. Sin embargo, no se puede asegurar que sea un gran mal. El control
permanente de los individuos lleva a una ampliación del saber sobre ellos, el
cual produce hábitos de vida refinados y superiores. Si el mundo está en trance
de convertirse en una suerte de prisión, es para satisfacer las exigencias humanas.

-No sólo crítico, usted es, además, un rebelde.

-Pero no un rebelde activo. Jamás desfilé con los estudiantes y los
trabajadores, como lo hizo Sartre. Creo que la mejor forma de protesta es el
silencio, la total abstención. Durante mucho tiempo me parecieron intolerables
los aires que se daban algunos intelectuales franceses y que les flotaban encima
de la cabeza como las aureolas en algunos cuadros de Rafael. Por eso me fui de
Francia. Me marché a un exilio total y maravilloso, primero en Suecia, donde
dicté clases en la Universidad de Uppsala, y después en un lugar que es todo lo
contrario, Túnez, donde viví en Sidi Bou Said. De esa luz mediterránea puede
decirse sin lugar a dudas que acentúa la percepción de los valores. En África
del Norte se toma a cada uno por lo que vale. Cada uno debe afirmarse por lo que
dice y hace, no por lo que ha hecho o por su renombre. Nadie pega un salto
cuando se dice "Sartre"?

-Ahora usted es aclamado como el lógico sucesor de Sartre?

-Sartre no tiene sucesores, así como yo no tengo predecesores. Su
intelectualismo es de un tipo extremadamente inusual y particular. Y hasta
incomparable. Pero el mío no es de ese tipo. No siento ninguna compatibilidad
con el existencialismo tal como lo definió Sartre. El hombre puede tener un
control completo de sus propias acciones y su propia vida, pero hay fuerzas
capaces de intervenir que no pueden ignorarse. Para serle franco, prefiero la
sensibilidad intelectual de R. D. Laing. En su ámbito de competencia, Laing
tiene algo que decir y lo vuelca en el papel con claridad, espíritu e
imaginación. Habla en función de su experiencia personal, pero no hace
profecías. ¿Por qué, entonces, habríamos de formular profecías, cuando éstas
rara vez se cumplen? De la misma manera, admiro a Chomsky. Tampoco él profetiza:
actúa. Participó activamente en la campaña norteamericana contra la Guerra de
Vietnam, con sacrificio de su trabajo pero en el marco de su profesión de lingüista.

-Aparentemente, usted insiste mucho en la vida mental opuesta a la vida física.


-La vida mental abarca todo. ¿No dice Platón más o menos esto: "Jamás estoy tan
activo como cuando no hago nada"? Hacía referencia, desde luego, a las
actividades intelectuales, que en el plano físico casi no exigen, tal vez, otra
cosa que rascarse la cabeza.

-¿Sus intereses siempre fueron filosóficos?

-Como mi padre, me incliné hacia la medicina. Pensaba especializarme en
psiquiatría, por lo cual trabajé tres años en el hospital Sainte-Anne de París.
Tenía veinticinco años, era muy entusiasta -idealista, por así decirlo- y
contaba con una buena cabeza y un montón de grandes ideas. ¡Aun en ese momento!
Fue entonces cuando conocí a alguien a quien llamaré Roger, un internado de
veintidós años. Lo habían mandado al hospital porque sus padres y amigos temían
que se hiciese mal y terminara por autodestruirse durante una de sus frecuentes
crisis de angustia violenta. Nos hicimos buenos amigos. Lo veía varias veces al
día durante mis guardias en el hospital, y empezó a caerme simpático. Cuando
estaba lúcido y no tenía problemas, parecía muy inteligente y sensato, pero en
algunos otros momentos, sobre todo los más violentos, era preciso encerrarlo. Lo
trataban con medicamentos, pero ese tratamiento demostraba ser insuficiente Un
día me dijo que nunca lo dejarían irse del hospital. Ese horrible presentimiento
provocaba un estado de terror y éste, a su vez, generaba angustia. La idea de
que podía morir lo inquietaba mucho y llegó a pedir que le hicieran un
certificado médico donde constara que nunca lo dejarían morir; como está claro,
la solicitud se consideró ridícula. Su estado mental se deterioró y al final los
médicos llegaron a la conclusión de que, si no se intervenía con rapidez de la
forma que fuera, se mataría. Así, con el consentimiento de su familia,
procedieron a hacer una lobotomía frontal a ese joven excepcional, inteligente,
pero incontrolable? Por más que el tiempo pase, y haga yo lo que haga, no
consigo olvidar su rostro atormentado. Muchas veces me pregunté si la muerte no
era preferible a una no existencia, y si no se nos debería brindar la
posibilidad de hacer lo que queramos con nuestra vida, sea cual fuere nuestro
estado mental. En mi opinión, la conclusión evidente es que aun el peor dolor es
preferible a una existencia vegetativa, porque la mente tiene realmente la
capacidad de crear y embellecer, incluso a partir de la más desastrosa de las
existencias. De las cenizas siempre surgirá un fénix?

-Lo veo optimista.

-En teoría, pero la teoría es la práctica de la vida. En el fondo de nosotros
mismos sabemos que todos los hombres deben morir. La meta inevitable hacia la
cual nos dirigimos desde el momento en que nacemos queda entonces demostrada. De
todas formas, la opinión común parece ser diferente: todos los hombres se
sienten inmortales. ¿Por qué, si no, seguirían los ricos abultando sus cuentas
bancarias y haciéndose construir suntuosas viviendas? La inmortalidad parecería
ser la preocupación del momento. Por ejemplo, algunos científicos están muy
atareados en calcular, por medio de máquinas de alta tecnología, acontecimientos
que deberían verificarse dentro de millares de años. En los Estados Unidos hay
un interés creciente por la hibernación del cuerpo humano, al que en una época
ulterior debería volver a llevarse a la temperatura normal. Cada año la
preocupación por la inmortalidad aumenta, aunque una cantidad cada vez más
grande de personas mueran de un infarto a causa del tabaco y la alimentación
excesiva. Los faraones nunca encontraron la solución al problema de la
inmortalidad, ni siquiera cuando se hicieron enterrar con sus riquezas, que
esperaban llevar consigo. Dudo mucho de que seamos nosotros quienes resolvamos
ese problema. Algunas palabras bien escogidas pueden ser más inmortales que una
masa de ectoplasma congelado?

-¿Y estamos de nuevo hablando del poder?

-Alcanzar la inmortalidad es la máxima aspiración del poder. El hombre sabe que
es destructible y corruptible. Se trata de taras que ni siquiera la mente más
lógica podría racionalizar. Por eso el hombre se vuelve hacia otras formas de
comportamiento que lo hacen sentirse omnipotente. A menudo son de naturaleza sexual.

-Usted ha hablado de ellas en el primer volumen de su Historia de la sexualidad .
-Algunos hombres y algunas sociedades consideran que mediante la imposición de
controles a las manifestaciones sexuales y el acto sexual es posible imponer el
orden en general. Se me ocurren varios ejemplos. Hace poco, en China se
propusieron lanzar una campaña en las escuelas contra la masturbación de los
jóvenes, una iniciativa que invita a trazar una comparación con la campaña que
la Iglesia emprendió en Europa hace prácticamente dos siglos. Me atrevería a
decir que hace falta un Kinsey chino para descubrir cuál fue el éxito obtenido.
¡Sospecho que esto es como prohibirle a un pato acercarse al agua! En Rusia, la
homosexualidad es aún un gran tabú, y de ser sorprendido en flagrante delito de
violación de la ley uno termina en la cárcel y en Siberia. De todas formas, en
Rusia hay probablemente tanta homosexualidad como en otros países, pero sigue
encerrada en el clóset. Objetivamente, es muy curioso que para desalentar la
homosexualidad se encierre a los culpables en la cárcel, en estrecho contacto
con otros hombres? Se dice que en la calle Gorki hay tanta prostitución de ambos
sexos como en la place Pigalle. Como siempre, la represión no ha conseguido sino
hacer más seductores los encuentros sexuales, y aún más excitante el peligro
cuando se lo corre con éxito. La prostitución y la homosexualidad están
explotando tanto en Rusia como en las otras sociedades represivas. Es poco común
que sociedades como ésas, sedientas de poder como suelen serlo, tengan en esos
ámbitos visiones intuitivas.

-¿Por qué elegir el sexo como chivo expiatorio?

-¿Y por qué no? El sexo existe y representa el noventa por ciento de las
preocupaciones de la gente durante gran parte de las horas de vigilia. Es el
impulso más fuerte que se conozca en el hombre; en diferentes aspectos, más
fuerte que el hambre, la sed y el sueño. Disfruta incluso de cierta mística. Se
duerme, se come y se bebe con otros, pero el acto sexual -al menos en la
sociedad occidental- se considera como una cuestión del todo personal. Por
supuesto, en ciertas culturas africanas y aborígenes se lo trata con la misma
desenvoltura que a los demás instintos. La Iglesia heredó los tabúes de las
sociedades paganas, los manipuló y elaboró doctrinas que no siempre se fundan en
la lógica o la práctica. Adán, Eva y al mismo tiempo la serpiente perversa se
convirtieron en imágenes en blanco y negro de comprensión inmediata, que podían
constituir un punto de referencia aun para las mentes más simples. El bien y el
mal tenían una representación esencial. La significación de "pecado original"
pudo grabarse de manera indeleble en las mentes. ¿Quién habría podido prever que
la imagen residual iba a sobrevivir durante tantos siglos? [...]

-¿A qué o a quién atribuye usted la erosión de la influencia ejercida por la
Iglesia y la mayor comprensión hacia cualquier forma de práctica sexual?


-No podemos subestimar la influencia de un señor que se llama Freud. Sus teorías
no siempre eran ciento por ciento correctas, pero en cada una de ellas había una
parte de verdad. Freud trasladó la confesión de la rígida retórica barroca de la
Iglesia al relajante diván del psicoanalista. La imagen de Dios ya no vino a
resolver los conflictos: dejó su lugar al individuo mismo a través de la
comprensión de sus actos. Esa resolución ya no era algo que podía obtenerse en
cinco minutos de alguien que se declaraba superior porque estaba al servicio de
una fuerza más elevada. Freud jamás tuvo esas pretensiones. El individuo debía
ser su propio dios, por lo cual la responsabilidad de la culpa recaía por entero
sobre sus hombros. ¡Y la responsabilidad siempre es lo más difícil de aceptar!

-¿No cree usted que el psicoanálisis se ha convertido en un instrumento
expiatorio fácil para nuestro problema?


-Esa tendencia existe, pero más preocupante es quizás el hecho de que el
psicoanálisis ya no sea un instrumento sino una fuente de motivación. Freud
elaboró una teoría relativa a la precoz naturaleza sexual de los niños. Como es
obvio, los psiquiatras no esperaban que los niños se prestaran a verdaderos
actos sexuales; de todas maneras, no resultaba tan fácil explicar su manera de
chupar el pecho o la búsqueda automática de tal o cual parte erógena de su
propio cuerpo. Por desgracia, a continuación se llegaron a connotar en términos
sexuales hasta la comida del niño, las historietas que leía o los programas de
televisión que miraba. Sería fácil concluir que en todo eso los psicoanalistas
leían más de lo que realmente había. Así, esos niños quedan hoy encuadrados por
un mundo sexualmente orientado -creado por accidente para ellos y no por ellos-,
un mundo que, en esta fase del desarrollo, les ofrece bien pocas ventajas.

-En su último libro, Herculine Barbin llamada Alexina B. , usted despliega el
tema del cambio de sexo.


-Estaba haciendo algunas investigaciones para la Historia de la sexualidad en
los archivos del departamento de Charente-Maritime cuando me cayó en las manos
la extraordinaria relación del caso de una mujer cuyo estado civil debió
rectificarse y a la que hubo que anotar como hombre. Los casos de cambio de sexo
son corrientes en nuestra época, pero en general se trata de hombres que se
convierten en mujeres. Vienen a la mente de inmediato ejemplos como el de
Christine Jorgensen, que después fue actriz, o el de la célebre Jan Morris. Como
sea, la mayoría de las mujeres transformadas en hombres tenían, al parecer, los
órganos de los dos sexos y la transformación estaba determinada por la
preponderancia de la hormona masculina o la hormona femenina. El caso de Alexina
B. fue extraordinario no sólo debido al aspecto físico, sino también a la masa
de documentos exhaustivos y de acceso inmediato: esencialmente, informes de
médicos y abogados. En consecuencia, pude estudiarlo en sus grandes líneas.
Alexina B. descubrió la incongruencia de su propia personalidad cuando se
enamoró de otra mujer. Si se tiene en cuenta que esto sucedía en el siglo XIX y,
más aún, en una pequeña ciudad de provincia, es interesante advertir que ella no
procuró reprimir sus sentimientos como desviaciones homosexuales y dejar todo
como estaba. De haber sido así, no habría nada que escribir sobre el tema?

-Al parecer, usted siente una fascinación intensa por la exposición cronológica
y el análisis de un acontecimiento real. También ha publicado Yo, Pierre
Rivière, habiendo degollado a mi madre, mi hermana y mi hermano?


-Medio siglo, pero pocos kilómetros, separan a Pierre Rivière de Herculine
Barbin. En cierto sentido, ambos reaccionaban contra el medio y la clase social
en los que habían nacido. No considero que el acto de Pierre Rivière -si bien
engloba un matricidio y tres homicidios- sea la afirmación de una mente
atormentada o criminal. Es una manifestación de increíble violencia si se la
compara con la de Herculine, pero la sociedad campesina normanda en la cual
creció Pierre aceptaba la violencia y la degradación humanas como un elemento de
la vida cotidiana. Pierre era un producto de su propia sociedad, así como
Herculine lo era de su sociedad burguesa y nosotros lo somos de nuestro medio
sofisticado y mecanizado. Después de cometido su crimen, Pierre podría haber
sido capturado con mucha facilidad por los demás habitantes de la aldea, pero
éstos tenían la sensación de que no era un deber de la colectividad administrar
justicia por su propia cuenta. Estaban convencidos de que era el padre de Pierre
quien debía asumir el papel de vengador y rectificar la situación. Algunos
críticos consideraron mi libro sobre Pierre Rivière como una reafirmación de la
teoría existencial, pero en mi opinión eso es absurdo. Veo a Pierre como la
imagen de la fatalidad de su tiempo, exactamente como Herculine reflejaba el
optimismo de fines del siglo pasado, cuando el mundo era fluido y podía pasar
cualquier cosa, cualquier locura.

-Pero Pierre Rivière podría convertirse fácilmente en una ilustración clínica
extraída de la Historia de la locura en la época clásica ?

-La psiquiatría contemporánea sostendría que Pierre se vio obligado a cometer su
horrible crimen. Pero ¿por qué debemos situarlo todo en el límite entre salud
mental y locura? ¿Por qué no podríamos aceptar la idea de que hay personas
totalmente amorales que caminan por la calle y son absolutamente capaces de
cometer homicidios o infligir mutilaciones sin experimentar sentimiento de culpa
o escrúpulo de conciencia algunos? ¿Hasta qué punto Charles Manson está loco,
hasta qué punto los asesinos de niños que deambulan en libertad por Inglaterra
están locos? O, en una escala mucho más grande, ¿cuál era el grado de locura de
Hitler? La psiquiatría puede llegar a conclusiones basadas en tests, pero aun el
mejor de estos puede falsificarse. Yo me limito a sostener que todo debe
juzgarse desde su propia perspectiva y no en función de precedentes
eventualmente verificados. En la Historia de la locura traté, en sustancia, de
investigar la aparición del concepto moderno de enfermedad mental y de las
instituciones psiquiátricas en general. Me incliné a incorporar mis reflexiones
personales sobre la locura y sus relaciones con la literatura, sobre todo cuando
afectaba a grandes figuras como Nietzsche, Rousseau y Artaud. ¿Puede una forma
de locura originarse en la soledad impuesta por la profesión literaria? ¿Es
posible que la composición química de un escritor estimule metabólicamente las
raíces de la locura? Éstas no son, por cierto, preguntas que puedan encontrar
respuesta mediante una simple presión sobre el teclado de una computadora IBM.

-¿Cuál es su posición con respecto a los diferentes movimientos de liberación
sexual?


-El objetivo fundamental que se proponen es digno de admiración: producir
hombres libres e ilustrados. Pero justamente el hecho de que se hayan organizado
con arreglo a categorías sexuales -la liberación de la mujer, la liberación
homosexual, la liberación de la mujer en el hogar- es en extremo perjudicial.
¿Cómo se puede liberar efectivamente a personas que están ligadas a un grupo que
exige la subordinación a ideales y objetivos específicos? ¿Por qué el movimiento
de liberación de la mujer sólo debe reunir a mujeres? Para serle franco, ¡no
estoy seguro de que aceptaran la adhesión de los hombres! Muchas veces, las
filiales locales de los movimientos homosexuales son en la práctica clubes
privados. La verdadera liberación significa conocerse a sí mismo y con
frecuencia no puede alcanzarse por intermedio de un grupo, sea cual fuere.

-Hasta ahora la acción de masas parece haber sido eficaz.

-De todas formas, el pensamiento individual puede mover montañas? y hasta doblar
cucharas. Y es el conocimiento el que estimula el pensamiento. Por eso, en
libros como Las palabras y las cosas y La arqueología del saber traté de
estructurar de manera orgánica el saber en esquemas de comprensión y acceso
inmediatos. La historia es saber y, por lo tanto, los hombres pueden conocer a
través de ejemplos de qué manera, en el transcurso de épocas pasadas, se afrontó
la vida y se resolvieron sus problemas. La vida misma es una forma de
autocrítica, dado que, aun en las más mínimas elecciones, es preciso efectuar
una selección en función de múltiples estímulos. En La arqueología del saber
intenté analizar el sistema de pensamiento que me es personal y el modo en que
llegué a él. Se trata, con todo, de una operación que no habría podido llevar a
cabo sin la ayuda de una buena cantidad de escritores y filósofos que estudié a
lo largo de los años.

-A pesar de sus vastos conocimientos, o quizás a causa de ellos, hay muchas
cosas que lo contrarían.


-Miro mi país, miro los demás países y llego a la conclusión de que carecemos de
imaginación sociológica y política, y ello en todos los aspectos. En el plano
social sentimos amargamente la falta de medios para contener y mantener el
interés no de intelectuales, sino del común de los mortales. El conjunto de la
literatura comercial masiva es de una pobreza lamentable, y la televisión, lejos
de alimentar, aniquila. En el plano político hay en la hora actual muy pocas
personalidades que tengan gran carisma o imaginación. ¿Y cómo podemos pretender
entonces que la gente haga un aporte valedero a la sociedad, si los instrumentos
que se le proponen son ineficaces?

-¿Cuál sería la solución?

-Debemos empezar por reinventar el futuro, sumergiéndonos en un presente más
creativo. Dejemos de lado Disneylandia y pensemos en Marcuse.

-No ha dicho nada de sí mismo, del lugar donde creció, el modo como se
desenvolvió su infancia.


-Querido amigo, los filósofos no nacen? son, ¡y con eso basta!

Traducción: Horacio Pons. El poder, una bestia magnífica. Michel Foucault. Siglo XXI
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...