El apego no saludable y la violencia

Suelen normalizar la violencia en sus vidas y por tanto que no tienen el hermoso propósito de vivir en felicidad.


Hay una canción muy famosa cantada por Rocío Durcal llamada “Costumbres”, la cual dice:


“…yo estoy convencida de que tú no puedes, aunque intentes, olvidarme.


Siempre volverás, una y otra vez, una y otra vez, siempre volverás.


Aunque ya no sientas más amor por mí, solo rencor, yo tampoco tengo nada que sentir


y eso es peor.


Pero te extraño, también te extraño


no cabe duda de que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor.


(…)


La dependencia emocional o el apego no saludable son responsables de una parte significativa de la violencia en las relaciones humanas, sobre todo en las parejas, y es causa con frecuencia de la violencia de género.


Anthony de Mello en su libro Una llamada al amor: Conciencia, libertad y felicidad, en la meditación número 5, aclara sobre la infelicidad y el apego:


“…hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. ¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz. Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo. El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado. El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. https://acariciando.blogspot.com/2007/01/meditaciones-de-anthony-de-mello-para.html


http://www.opuslibros.org/libros/Una%20llamada%20al%20amor/meditacion_1_5.htm


También el apego acerca al desorden emocional y es una amenaza para la serenidad.


Un camino para superar el apego es tener múltiples intereses, logros, motivos para vivir…como los son la solidaridad, la amistad, la militancia social, política, el amor, la bondad, el servicio, la humildad, el arte, los ejercicios, la laboriosidad, la espiritualidad, la grandeza de la divinidad…


Anthony de Mello sugiere, en la Meditación número 5 de su libro:


“…si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo. Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.” (Ibid).


Como se puede captar en el contenido de la canción famosa de Rocío Durcal, “Costumbres”, hay una dificultad de valoración del “deseo de tener un estado de ánimo tranquilo, sereno, sin importar las circunstancias” tal y como dice Paul Clement Jagot en el libro El poder de la Voluntad. Cree quien compuso la canción que se puede vivir con rencor y sin sentir amor, por costumbres.


También cuestionar el apego y la tensión de tener a las personas y cosas a las que estamos apegados requiere de valorar los tratos respetuosos y amorosos, e ir fortaleciendo la capacidad de vencer la ansiedad, pues hay que tener valentía para aprender a estar sin la persona objeto del apego y desarrollar la autoestima.


Pero por lo menos para superar el apego hay que comenzar reconociendo cuando tenemos la dificultad y que no queremos vivir en ansiedad y bajo la amenaza de creer que no podemos estar sin la persona o cosas objetos del apego.


Es muy conocido en el tema de la violencia de género en relaciones de pareja y exparejas que las personas que la viven suelen tener baja autoestima, y suelen normalizar la violencia en sus vidas y por tanto que no tienen el hermoso propósito de vivir en felicidad.


Suelo proponer una frase importante para una reprogramación neurolingüística por los caminos de la felicidad: “Yo nací para ser feliz, yo merezco respeto, cariño y consideración. Igual las demás personas.”


Hasta la próxima semana, y ojalá que estemos cada día más felices

Senado, Código Penal y el Ego

Eduardo Estrella, presidente del Senado, se pronunció por un estudio minucioso del Código Penal, y valoró que las instituciones sean escuchadas-


En una democracia participativa y que integre a toda la sociedad el Senado debe representar, regular, armonizar, los diferentes intereses de la sociedad a la que se debe.


En el Senado hay una parte con la posición que pretende se someta a votación el Código Penal sin conocerlo y debatirlo en pleno. Diversas instituciones fueron escuchadas por la Comisión Especial designada para este fin como es el caso de la Procuradora General de la República, Miriam Germán, las cuales no serán tomadas en cuenta pues se pretende se apruebe en esta legislatura en tan precaria situación. https://www.google.com/search?q=las+propuestas+que+hizo+miriam+german&oq=las+propuestas+que+hizo+miriam+german+&aqs=chrome..69i57.14938j0j15&sourceid=chrome&ie=UTF-8


¿El MIEDO-EL EGO DOMINANDO EN PARTE DEL SENADO?


A la actitud de no someter al debate del Senado el Proyecto de Ley del Código Penal es propia de personas dominadas por el miedo, que es una de las características principales de quienes tienen problemas de ego, que se expresa en los siguientes indicadores:

  • Están actuando fuera de las normativas, de los procedimientos, es decir es una actuación reactiva, propio de quien decide desde el miedo.
  • Se está respondiendo a una agenda desde la vulnerabilidad, creyendo tener el control si responden a mandatos externos que le generan seguridad.
  • Están actuando como víctimas, buscando el amparo de las fuerzas que le aseguran intereses.
  • No reconocen a quienes le han dado el poder, las/los votantes; les falta el sentido del agradecimiento para con el pueblo.
  • No logran vencer el miedo y decidir con valor y en coherencia con la normativa procedimental.
  • Están actuando a la defensiva.
  • Se alejan de la posibilidad de la unidad, de la gobernanza, dejando a casi toda la sociedad alarmada, generando caos. (Referencia: María Elena Badillo) https://www.instagram.com/tv/CLmLTpcj4mc/

Quienes tienen esta actitud de festinación de procesos en el  Senado de la República Dominicana pretenden echar por la borda el que esta Comisión Especial estuvo estudiando el Proyecto de Código Penal por 7 senadores desde el 13 de julio del 2021, luego de ser enviado desde la Cámara de Diputados/as.


La Comisión Especial está presidida por el senador 1) Santiago de Jesús Zorrilla de El Seibo, quien a su vez es el vicepresidente del Senado, y la conforman, además, 2) Virgilio Cedano (La Altagracia); 3) Dionis Sánchez (Pedernales); 4) Franklin Romero (Duarte), 5) Aris Iván Lorenzo (Elías Piña), 6) Farides Raful (Distrito Nacional), y 7) Antonio Taveras (Provincia de Santo Domingo).

https://hoy.com.do/comision-especial-del-senado-concluye-la-lectura-de-proyecto-de-ley-de-codigo-penal/


Están existiendo estas dos tendencias en el Senado, una de que se conozca el Proyecto de Código Penal antes de que termine la presente legislatura que culmina el 15 de agosto 2021, y la otra de que se debe debatir y estudiar la pieza legislativa. La posición de que se decida ya ha sido levantada por Franklin Romero, Ramón Rogelio Genao y Milcíades Franjul


Por la posición de que se conozca bien el documento se han expresado Antonio Marte, Faride Raful, Antonio Marte, entre otros.

https://www.diariolibre.com/actualidad/politica/senadores-que-integran-comision-que-estudio-codigo-penal-piden-convocar-el-pleno-para-conocer-informe-BE27981202


La senadora Faride Raful anunció ayer que tanto ella como los senadores Yván Lorenzo y Antonio Taveras presentarán un informe disidente al proyecto de Ley del Código Penal (CP) en la sesión del próximo martes 10 en el Senado de la República.

https://hoy.com.do/faride-dice-presentaran-3-informes-disidentes-a-codigo-penal/


El 4 de agosto Eduardo Estrella, presidente del Senado, se pronunció por un estudio minucioso del Código Penal, y valoró que las instituciones sean escuchadas, y la armonía entre el Proyecto del Código Penal y el Proceso Penal.

https://www.diariolibre.com/actualidad/estrella-favorece-que-codigo-penal-sea-enriquecido-y-pide-dejar-que-el-congreso-se-tome-su-tiempo-NK27963349

El “soltar” y la felicidad

Si “soltamos” eso que nos genera ansiedad, ese deseo de dominio, de control, habremos ido venciendo el estadio de la infelicidad, lo cual requiere un poco de valentía. De manera sencilla quiere decir que algunas veces “soltar” es “perder”, y ganar paz.


“Nacimos para ser felices.”


Propongo esta afirmación como un elemento clave para profundizar en un proceso de reprogramación neurolingüística. Creer y afirmar, construir, para lograr la felicidad, implica desearla, sentirla, aprender sobre cómo pensar a tono con esta afirmación. Y un componente clave es la autoestima, el cuidar de nuestra salud, el hacer ejercicios, sentir bien con la empatía y en armonía con los demás; lejos de juicios y prejuicios.


Programarnos en la creencia de que nacimos para ser feliz, que merecemos respeto, cariño, y consideración, son afirmaciones que pueden iluminar nuestras vidas si las vamos haciendo conscientemente. E Igual sentir que tienen el mismo derecho las demás personas.


La felicidad es una actitud, un sentimiento, que llena muchas páginas de tratados, sobre todo en la metafísica, en la psicología, la espiritualidad, en las religiones, la filosofía, la ética, las teorías sobre el desarrollo, la salud, el bienestar, el cambio social, en la sociología, la política, ¡en fin!, la felicidad es un tema consustancial a la condición, situación, aspiración humana, en lo individual y en lo colectivo.


Cuando leo, y en la lectura sale algo sobre este tema suelo estar atenta para captar las diferentes definiciones que se le dan a la felicidad.


Una de las definiciones más sencilla y que para mí dice mucho es la que leí del terapeuta argentino Jorge Bacay: “La felicidad es la serenidad.”


Por su parte, para Anthony de Mello, la felicidad es una realidad cuando somos capaces de soltar las expectativas, las ilusiones, el depender de la aprobación de los otros, y descansar en nuestra autorrealización, en el experimentar estados de satisfacción a través de nuestros logros, de nuestro sentir internamente.


En la medida que nos aferramos al estatus, a bienes, a la fama, a la vanagloria, a la vanidad, a ser aprobados, a querer “ser queridos por otras personas de una manera especial”, vamos renunciando a un estadio de autosatisfacción, de autonomía, y nos puede ir ganando la ansiedad, la neurosis; podemos permitir el control, la dominación, con una respectiva pérdida de la autenticidad y la profunda satisfacción de depender básicamente de nosotras/os, lo cual sí podemos controlar.


El desapego, la renuncia, a lo que deseamos controlar, son elementos claves en lo que es la felicidad. Si “soltamos” eso que nos genera ansiedad, ese deseo de dominio, de control, habremos ido venciendo el estadio de la infelicidad, lo cual requiere un poco de valentía. De manera sencilla quiere decir que algunas veces “soltar” es “perder”, y ganar paz.


Cuando queremos “todo” en situaciones de conflicto, cuando no somos capaces de reconocer que nos hemos equivocado e insistimos en aferrarnos a relaciones, bienes, estatus, a ser bien valorados, cuando esto no es posible, es perder la serenidad.


Finalmente, para el año 1983, leí en un pequeño librito de Paul Clement Jagot llamado El Poder de la voluntad que una frase importante para una reprogramación neurolingüística sería alimentar el pensamiento de manera constante con la afirmación: “Deseo mantener un estado de ánimo tranquilo sin importar las circunstancias.”


Padres igualitarios en el Día de los Padres

Padres igualitarios, democráticos, con integridad afectiva en el trato con todas las mujeres, en un plano de igualdad, hombres autosuficientes, con autonomía, que saben vivir solos o acompañados, según se pueda.
Uno de los inicios de la celebración del Día de los Padres se asocia al padre de Jesús, San José, a nivel de la Religión Católica, que se reconoce el día 19 de marzo, que es el Día de San José.
Cada país tiene un día diferente para celebrar el Día de los padres, en República Dominicana es el último domingo del mes de julio. Se ha procurado que entre el día de las madres que es en mayo y el día de los padres haya un mes de por el medio para facilitar que quien quiera regalar pueda tener el bolsillo más desahogado.
En los movimientos por Una Nueva Masculinidad esta celebración se le llama Día de los Padres Igualitarios a partir del año 2014. Así lo consigna Octavio Salazar en un artículo en el diario El País.https://elpais.com/elpais/2014/03/18/mujeres/1395118800_139511.html
Para superar el machismo y que el hombre en su rol de padre tenga más realizaciones afectivas, más reconocimiento, más responsabilidad y legitimidad, hay que:
  • Cambiar la idea y la práctica de división de los espacios público y privado de manera diferenciada según sea el sexo de la persona.
  • Terminar con la división de los roles y de los trabajos; dejar las concepciones de que esto es de hombres y esto es de mujeres; que el sexo de la persona no determine quien haga en el cuidado de los hijos, hijas, y en los trabajos en el hogar.
  • Lograr un nuevo Acuerdo o Contrato social. La real democracia en la familia, en la pareja, en la sociedad, necesita de un nuevo acuerdo o contrato afectivo, social, político, económico, cultural. Las mujeres deben salir a la esfera de lo público, estar en los espacios de decisiones, y los hombres entrar al ámbito familiar y desempeñar los trabajos del cuidado, y que a estos trabajos se le de reconocimiento social y económico.
  • Se debe trabajar para un padre presente en el hogar, con emociones y con expresiones de humildad, capacidad de escucha.
  • Superar el machismo. Dejar las ideas, actitudes y conductas de que el hombre es superior a la mujer; tener relaciones de comprensión, diálogo, compartir roles, afectos, tener ética del cuidado, no querer tener control, desarrollar la comunicación asertiva, inteligencia emocional, control y saber reconocer las emociones, trabajo en equipo, participar en la planificación de la familia, no jugar con los sentimientos de las personas

Consecuencias deseables serían que:
Los padres tendrán más derecho a la custodia compartida y a ser tratados como proveedores de afecto, y no en la dimensión de sólo proveedores económicos. Su legitimidad trascendería a una visión más humana, afectiva.
La búsqueda del dinero ya no sería una tarea asignada al hombre como el “proveedor”.
Habría un desarrollo más integral de las personalidades de las mujeres y de los hombres, pues tendrían plena conciencia en compromisos cívicos y de lo doméstico, y como madres y padres, ambos responsables.
Que el Día de los padres sea para todos los hombres un día de padres igualitarios, democráticos, con integridad afectiva en el trato con todas las mujeres, en un plano de igualdad, hombres autosuficientes, con autonomía, que saben vivir solos o acompañados, según se pueda. Relaciones saludables de autonomía y afectividad para con la familia, y el cuidado de las hijas y de los hijos

Objetivos Sostenibles en España

 Helena Santos, de España, nos facilita información sobre la Situación de los Objetivos del Desarrollo Sostenible ODS en España.

Acá la compartimos y agradecemos su colaboración, en aras de la universalidad del conocimiento.

Objetivos de Desarrollo Sostenible


En el año 2015, los líderes mundiales establecieron una serie de objetivos globales con tal de proteger el planeta, erradicar la pobreza y asegurar la prosperidad para todos. Así se creaba una nueva agenda de desarrollo sostenible.


Estos 17 objetivos tienen en común el desarrollo humano, cuyo objetivo principal es el poder expandir las oportunidades de todas las personas y permitir que éstas sean dueñas de su propia vida.


Actualmente, en España, se está trabajando en mejorar estos objetivos y casi todos siguen una tendencia positiva pero aún queda mucho camino por recorrer con tal de que la situación sea la ideal.


https://www.companias-de-luz.com/objetivos-de-desarrollo/


Suavidad

suavidad en las mañanas


una madre

en el algodón suavemente acariciado.


Pelos al aire, acariciados.

Dedos en el teclado

Agradecimiento

 ingenio

softwares

manos

libros

cerebros


Horizontalidad

orden dialéctico

disciplina imperfecta

ética en construcción

ojos acariciados

todos

pasión

miradas insólitas

afinidades

legados

agradecimientos.


Mildred D Mata

9 de nov. de 2020

Santiago, RD


Discurso de Kamala Harris

Acá el discurso de Kamala Harris: elegida vicepresidenta de EE. UU., un honor a las mujeres y los esfuerzos por la igualdad, la inclusión, también, de las y los inmigrantes, y la ruptura con el racismo.

Domingo, 8 de noviembre 2020.

 

Kamala Harris: Saludos, Estados Unidos.

Es un verdadero honor hablar con ustedes.

Que esté aquí esta noche es testimonio de la dedicación de generaciones antes que yo. Mujeres y hombres que creían firmemente en la promesa de igualdad, libertad y justicia para todos.

Esta semana marca el centenario de la aprobación de la decimonovena enmienda. Y celebramos a las mujeres que lucharon por ese derecho.

Sin embargo, a muchas de las mujeres negras que ayudaron a asegurar esa victoria se les prohibió votar mucho después de su ratificación.

Pero no se dejaron intimidar.

Sin fanfarrias ni reconocimiento, se organizaron, testificaron, se manifestaron, marcharon y lucharon, no solo por su voto, sino por un lugar en la mesa. Esas mujeres y las generaciones que siguieron trabajando para hacer que la democracia y las oportunidades fueran reales en la vida de todos los que vinimos después.

Allanaron el camino para el liderazgo pionero de Barack Obama y Hillary Clinton.

Y esas mujeres nos inspiraron a tomar la posta y seguir luchando.

Mujeres como Mary Church Terrell y Mary McCleod Bethune. Fannie Lou Hamer y Diane Nash. Constance Baker Motley y Shirley Chisholm.

A menudo no nos enseñan sus historias. Pero como estadounidenses, todos nos levantamos sobre sus hombros.

Hay otra mujer, cuyo nombre no se conoce, cuya historia no se comparte. Otra mujer sobre cuyos hombros me levanto. Y esa es mi madre, Shyamala Gopalan Harris.

Vino aquí desde India a los 19 años para perseguir su sueño de curar el cáncer. En la Universidad de California Berkeley conoció a mi padre, Donald Harris, quien había venido de Jamaica para estudiar economía.

Se enamoraron de la manera más estadounidense, cuando marchaban juntos por la justicia en el movimiento de derechos civiles en la década de 1960.

En las calles de Oakland y Berkeley, vi desde mi cochecito de bebé cómo la gente se metía en lo que el gran John Lews llamaba “buenos problemas”.

Cuando tenía cinco años, mis padres se separaron y mi madre nos crió principalmente por su cuenta. Como tantas otras madres, trabajaba las 24 horas del día para que funcionara, empacaba almuerzos antes de que despertáramos y pagaba las facturas después de acostarnos. Nos ayudaba con la tarea en la mesa de la cocina y nos llevaba a la iglesia para practicar con el coro.

Ella hizo que pareciera fácil, aunque sé que nunca lo fue.

Mi madre nos inculcó a mi hermana Maya y a mí los valores que marcarían el curso de nuestras vidas.

Nos crió para ser mujeres negras fuertes y orgullosas. Y nos crió para conocer y estar orgullosas de nuestra herencia india.

Nos enseñó a poner a la familia primero: la familia en la que naciste y la familia que eliges.

Familia es mi esposo Doug, a quien conocí en una cita a ciegas organizada por mi mejor amiga. Familia son nuestros hermosos hijos, Cole y Ella, quienes, como acaban de escuchar, me llaman Momala. Familia es mi hermana. Familia es mi mejor amiga, mis sobrinas y mis ahijados. Familia son mis tíos, mis tías y mis chithis. Familia es la señora Shelton, mi segunda madre, quien vivía a dos puertas y ayudó a criarme. Familia es mi amada Alpha Kappa Alpha… nuestros Nueve Divinos… y mis hermanos y hermanas de las facultades y universidades históricamente negras. Familia son los amigos a los que recurrí cuando mi madre —la persona más importante en mi vida— falleció de cáncer.

E incluso cuando nos enseñó a mantener a nuestra familia en el centro de nuestro mundo, también nos empujó a ver el mundo más allá de nosotras mismas.

Nos enseñó a ser conscientes y compasivas con las dificultades de todas las personas. A creer que el servicio público es una causa justa y que la lucha por la justicia es una responsabilidad compartida.

Eso me llevó a convertirme en abogada, en fiscala de distrito, en fiscala general y en senadora de Estados Unidos.

Y en cada paso del camino, me han guiado las palabras que pronuncié desde la primera vez que me paré en un tribunal: Kamala Harris, en representación del pueblo.

He luchado por los niños y las supervivientes de agresión sexual. He luchado contra bandas transnacionales. Me enfrenté a los bancos más grandes y ayudé a derribar una de las mayores universidades con fines de lucro.

Reconozco a un depredador cuando lo veo.

Mi madre me enseñó que el servicio a los demás da un propósito y un significado a la vida. Y, oh, cómo desearía que estuviera aquí esta noche, pero sé que me está mirando desde arriba. Sigo pensando en esa mujer india de 25 años —con su metro cincuenta de estatura— quien me dio a luz en el hospital Kaiser en Oakland, California.

Ese día, probablemente no imaginó que yo estaría ahora de pie ante ustedes pronunciando estas palabras: acepto su nominación para vicepresidenta de Estados Unidos de América.

Acepto, comprometida con los valores que ella me enseñó. Con la palabra que me enseña a guiarme por lo que creo y no por lo que veo. Y con una visión transmitida a través de generaciones de estadounidenses, una que Joe Biden comparte. Una visión de nuestra nación como una comunidad de amor, donde todos son bienvenidos, sin importar cómo nos vemos, de dónde venimos o a quién amamos.

Un país en el que puede que no estemos de acuerdo en todos los detalles, pero en el que nos une la creencia fundamental de que cada ser humano tiene un valor infinito y es merecedor de compasión, dignidad y respeto.

Un país en el que nos cuidamos unos a otros, en el que nos levantamos y caemos como uno solo, en el que afrontamos nuestros retos y celebramos nuestros triunfos, juntos.

Hoy… ese país se siente distante.

El fracaso de Donald Trump en el liderazgo ha costado vidas y empleos.

Si eres un padre que tiene dificultades con el aprendizaje a distancia de tu hijo, o eres un profesor que lucha al otro lado de esa pantalla, sabes que lo que estamos haciendo ahora mismo no está funcionando.

Y somos una nación que está de duelo. Llorando la pérdida de vidas, la pérdida de trabajos, la pérdida de oportunidades, la pérdida de normalidad y, sí, la pérdida de certezas.

Y aunque este virus nos afecta a todos, seamos honestos: no es un agresor que haga daño de forma equitativa. Negros, latinos e indígenas están sufriendo y muriendo de forma desproporcionada.

Esto no es una coincidencia. Es efecto del racismo estructural.

De las desigualdades en la educación y la tecnología, la atención de la salud y la vivienda, la seguridad laboral y el transporte.

De la injusticia en la atención de la salud reproductiva y materna. Del uso excesivo de la fuerza por parte de la policía. Y de nuestro sistema de justicia penal más amplio.

Este virus no tiene ojos, pero sabe exáctamente cómo nos vemos y cómo nos tratamos unos a otros.

Y seamos claros: no hay vacuna contra el racismo. Tenemos que hacer el trabajo.

Por George Floyd. Por Breonna Taylor. Por las vidas de muchos otros nombres que quedan por pronunciar. Por nuestros hijos. Por todos nosotros.

Tenemos que hacer el trabajo para cumplir esa promesa de justicia igualitaria bajo la ley. Porque ninguno de nosotros es libre… hasta que todos seamos libres…

Estamos en un punto de inflexión.

El caos constante nos deja a la deriva. La incompetencia nos hace sentir miedo. La insensibilidad nos hace sentir solos.

Es mucho.

Y esta es la cuestión: podemos hacerlo mejor y merecemos mucho más.

Debemos elegir un presidente que traiga algo diferente, algo mejor y que haga el trabajo importante. Un presidente que nos reúna a todos —negros, blancos, latinos, asiáticos, indígenas— para lograr el futuro que queremos colectivamente.

Debemos elegir a Joe Biden.

Conocí a Joe como vicepresidente. Conocí a Joe en la campaña electoral. Pero primero conocí a Joe como el padre de mi amigo.

El hijo de Joe, Beau, y yo fuimos fiscales generales de nuestros estados, Delaware y California. Durante la Gran Recesión, hablábamos por teléfono casi a diario, trabajando juntos por recuperar para los propietarios de las casas los miles de millones de dólares de los grandes bancos que embargaban los hogares de la gente.

Y Beau y yo hablábamos de su familia.

De cómo, como padre soltero, Joe pasaba cuatro horas diarias en el tren de Wilmington a Washington. Beau y Hunter desayunaban todas las mañanas con su papá. Se iban a dormir todas las noches con el sonido de la voz de él leyendo cuentos para dormir. Y mientras soportaban una pérdida indescriptible, estos dos niños pequeños siempre supieron que eran profunda e incondicionalmente amados.

Y lo que también me conmovió de Joe es el trabajo que hizo, mientras iba y venía. Este es el líder que escribió la Ley de Violencia contra las Mujeres, y promulgó la Prohibición de las Armas de Asalto; quien, como vicepresidente, implementó la Ley de Recuperación, que ayudó a nuestro país a salir de la Gran Recesión. Defendió la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, protegiendo a millones de estadounidenses con condiciones preexistentes; pasó décadas promoviendo los valores estadounidenses en todo el mundo, defendiendo a nuestros aliados y enfrentándose a nuestros adversarios.

Ahora mismo, tenemos un presidente que convierte nuestras tragedias en armas políticas.

Joe será un presidente que convierte nuestros desafíos en propósitos.

Joe nos unirá para construir una economía que no deje a nadie atrás. Donde un trabajo bien pagado es el suelo, no el techo.

Joe nos unirá para terminar con esta pandemia y asegurarse de que estamos bien preparados para la próxima.

Joe nos unirá para enfrentar y desmantelar la injusticia racial, fomentando el trabajo de generaciones.

Joe y yo creemos que podemos construir esa comunidad de amor, una que sea fuerte y decente, justa y amable. Una en la que todos podamos reconocernos a nosotros mismos.

Esa es la visión por la que lucharon nuestros padres y abuelos. La visión que hizo posible mi propia vida. La visión que hace que la promesa estadounidense —con todas sus complejidades e imperfecciones— sea una promesa por la que vale la pena luchar.

No se equivoquen, el camino a seguir no será fácil. Vamos a tropezar. Puede que nos quedemos cortos. Pero les prometo que actuaremos con valentía y afrontaremos nuestros retos con honestidad. Diremos la verdad. Y actuaremos con la misma fe en ustedes que la que pedimos que pongan en nosotros.

Creemos que nuestro país —todos nosotros— se mantendrá unido por un futuro mejor. Ya lo estamos haciendo.

Lo vemos en los médicos, las enfermeras, los trabajadores de la salud a domicilio y los trabajadores de primera línea que arriesgan sus vidas para salvar a gente que nunca habían conocido.

Lo vemos en los maestros y los camioneros, los trabajadores de las fábricas y los agricultores, los trabajadores postales y los trabajadores electorales, todos arriesgando su propia seguridad para ayudarnos a superar esta pandemia.

Y lo vemos en muchos de ustedes que están trabajando, no solo para ayudarnos a superar nuestras crisis actuales, sino también para llegar a un lugar mejor.

Algo está sucediendo en todo el país.

No se trata de Joe o de mí.

Se trata de ustedes.

Se trata de nosotros. Gente de todas las edades, colores y credos que se están, sí, tomando las calles, y también persuadiendo a nuestros familiares, reuniendo a nuestros amigos, organizando nuestros vecindarios y acudiendo a votar.

Y hemos demostrado que, cuando votamos, ampliamos el acceso a la atención médica, ampliamos el acceso a las urnas y aseguramos que más familias trabajadoras puedan vivir dignamente.

Estoy tan inspirada por una nueva generación de liderazgo. Nos están empujando a comprender los ideales de nuestra nación, empujándonos a vivir los valores que compartimos: decencia y equidad, justicia y amor.

Ustedes son los patriotas que nos recuerdan que amar a nuestro país es luchar por los ideales de nuestro país.

En estas elecciones tenemos la oportunidad de cambiar el curso de la historia. Todos estamos en esta lucha. Tú, yo y Joe… juntos.

Qué gran responsabilidad. Qué increíble privilegio.

Así que, luchemos con convicción. Luchemos con esperanza. Luchemos con confianza en nosotros mismos, y con un compromiso con los demás, con el Estados Unidos que sabemos que es posible, el Estados Unidos que amamos.

Dentro de unos años, este momento habrá pasado. Y nuestros hijos y nuestros nietos nos mirarán a los ojos y nos preguntarán: “¿Dónde estabas cuando había tanto en juego?”.

Nos preguntarán: “¿Cómo fue?”.

Y les contaremos. Les diremos no solo cómo nos sentimos.

Les diremos lo que hicimos.

Gracias. Que Dios los bendiga. Y que Dios bendiga a Estados Unidos de América.