Inteligencia Emocional y democracia en las relaciones de pareja y en la familia

Son diversas las razones que explican la violencia en la familia dominicana. En este segmento se enfocan dos aspectos, la inteligencia emocional y la democracia.

ü Para el buen relacionamiento necesitamos esforzarnos por desarrollar las habilidades emocionales y una sólida personalidad democrática


Cuando las personas quieren satisfacer un deseo, lograr un objetivo, una meta; se mueve una energía interna significativa, en fin, algo importante para las personas sentirse bien. Lograr lo que se desea produce bienestar. No lograr lo que se desea para algunas personas, suele convertirse en rabia, ira, violencia, o impotencia, o frustración.

La violencia como forma de reacción ante las dificultades y el no logro de los deseos es una falla de la educación que no va enseñando a los niños y niñas a tener límites, a aceptar que no siempre se puede lo que queremos, y a interactuar en un mundo, en el cual sólo somos una parte. El aprender a vivir tomando en cuenta a los demás es parte del proceso de maduración, y constituye la base para hacer de las personas ciudadanas y ciudadanos democráticos.

El sistema educativo, los medios de comunicación, la familia, necesitan aprender la importancia de la sensibilidad de percibir las emociones que estamos experimentando y que experimentan los demás. También debe entrenarse en el control de las emociones, sobre todo la ira, la rabia, los celos. Se debe notar cuando nos estamos irritando y tomar medidas para votar la agresión. El respetar, ser considerada o considerado con las emociones de los demás es lo que llamamos inteligencia emocional.

ü El imaginario social ha creído y ha formado al hombre con la expectativa de que debe controlar y dominar.

El imaginario social, las expectativas que se les han generado a muchos hombres, es de que sé es hombre cuando en sus relaciones con la mujer él debe dominarla y controlarla.

Esta cultura dominicana se está socializando (educando, criando) de una manera que siembra y reproduce conflicto y división entre las mujeres y los hombres. Se esta reproduciendo una cultura de género de discriminación. Se tienen valores que dan prestigio y oportunidades diferentes para ambos, llevando la mujer la peor parte en algunos aspectos. Por ejemplo, se tiene la idea de que la identidad masculina es de una persona pro activa, y en la mujer una identidad pasiva. Se les enseña de manera diferenciada, las virtudes, el ejercicio del poder y los roles (oficios, obligaciones). Tradicionalmente también se separan los espacios. El espacio de la casa, lo doméstico, es para las mujeres y los espacios públicos (la calle, la política, el trabajo remunerado, principalmente en cargos importantes, etc.), son de los hombres.

A muchas personas les es difícil comprender porqué algunas mujeres aguantan tanta violencia. A la mujer se le enseña a ser pasiva; a pensar que hay que tener un hombre en la casa; que debe aguantar por los/as hijos/as, sin importar lo dañino que sea, y otras veces, suele haber mucha dependencia económica

Y esa separación conlleva a una distinción, donde los roles y espacios que se consideran de mujeres tienen menos valoración y poder. El espacio doméstico no produce estatus ni poder. Mientras que en el espacio político, específicamente en el Senado, como parte del El Congreso de la República, tiene treinta (30) hombres y una sola mujer. Y en ese espacio donde se producen las leyes que nos gobiernan a todas y todos; se aprueba el presupuesto de gastos del gobierno, se aprueban los préstamos, etc., etc. Es un espacio de mucho poder de donde la mujer está excluida. Se da el mal ejemplo de dividir las personas por categorías en razón del sexo.

Nota:
En un próximo segmento se tratará sobre los cambios en la vida de las mujeres y el contexto cultural como elementos a tomar en cuenta para el cambio en los valores y socialización de las mujeres y de los hombres.
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