Género y prevención a la violencia contra la mujer

En las ciencias sociales, desde la década de los 70 hacia acá, se viene utilizando la palabra género para nombrar las situaciones construidas en la sociedad que diferencian a hombres y mujeres, en las oportunidades, en las posiciones, y en todo lo referente al poder.

Se trata de una enseñanza y un aprendizaje sostenidos en la cultura en todas sus vertientes: creencias, normas, costumbres, lengua, roles, división de espacios, identidades, participaciones que se facilitan, o que se niegan,…entre otros aspectos, psicológicos, sociales, políticos y económicos.

La cultura de género varía en cada sociedad, y es influenciada por cambios tecnológicos, niveles de desarrollo, por los cambios en los sistemas ideológicos, en las capacidades organizativas y por las luchas para conquistar dignidad, autonomía, libertad y respeto.

En estos últimos meses en la República Dominicana se percibe un aumento de la sensibilidad ante la violencia contra la mujer, y se siente la desolación por las y los huérfanos, y en los traumas en que viven quienes están alrededor de las personas violentas, que mayormente son hombres exageradamente machistas, y mujeres con situaciones de mucha dependencia. Es una cifra que parece tener alcance mundial la de que un 25% de mujeres ha vivido o vive en violencia de género en sus relaciones familiares y/o de pareja.

Ante la violencia intrafamiliar y contra la mujer, la gente se está sintiendo más alarmada, más herida, y se está cuestionando, y está buscando culpables: ¿Qué se hace, qué no se hace, quiénes son los culpables? ¿Es que van dejar que se siga matando a las mujeres por parte de hombres violentos?

A propósito de esta situación se espera un trabajo conjunto para cambiar todo el sistema de creencias, prácticas, actitudes que sostienen discriminaciones y tratos diferenciados que perjudican a las mujeres y sostienen su dependencia económica, socio-cultural y política, que las arroja y hace que permanezcan en relaciones violentas.

Para enfrentar la violencia de género se espera acción contundente desde los medios de comunicación, desde salud pública, desde los ayuntamientos, desde la educación a todos los niveles, y desde toda la sociedad civil. Debemos superar la cultura un poco de hacer como el avestruz de esconder la cabeza en la arena para no ver los problemas, de creer que esto es un tema del Ministerio de la Mujer, al cual casi no se le otorgan recursos, o de la Policía, o de la Procuraduría de la República. Hay mucho trabajo que hacer. Son miles de creencias, mitos, actitudes y comportamientos a desmontar.

De manera un poco sucinta voy a exponer tres factores de riesgo a tomar en cuenta en la prevención, que creo importante y apremiante destacar:

1) Debe cuestionarse la cosificación en las relaciones al tener la creencia que las personas nos pertenecen, Fomentar más intereses, y lazos sociales y espirituales.
2) Cuidarnos de la excesiva presión.
3) Cuidar de no hacer cambios bruscos durante la ruptura, ésta genera más celos, envidia y disminuye la autoestima.

Con respecto a la situación número 1) sobre la creencia de que las personas son cosas que nos pertenecen, decía en una capacitación que se hacía a un segmento de servidores públicos dentro del sistema de justicia, en meses pasados, que una de las pautas culturas e idea que debemos asimilar para que se siembre la paz en la sociedad es que debemos criar, y aún ya en la adultez, debemos aprender a vivir solas/os, y acompañados/as, y que se nos debe enseñar a todas y todos a tener la capacidad de soltar a las personas con las que tenemos relaciones cuando se quieran ir de nuestro lado.

Alguien preguntó: ¿Vivir solos? ¿Y la Eva que se nos ha prometido? Y la respuesta fue: Debemos saber vivir solos/as o acompañados/as, según se pueda, por la Constitución, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por las Convenciones Internacionales, por las leyes 24-97 y la 136-03 que instituyen la no violencia en la familia, en las ex parejas, hacia las mujeres, el respeto a niñas, niños y adolescentes, la libertad de las personas, y la protección…, Todas son normativas y compromisos que hemos asumido como país. Pero también en las distintas creencias religiosas existe el valor del libre albedrío, y de la dignidad humana. Apelar a creencias religiosas para sostener la cosificación y la dependencia emocional no debe ser aceptado como manipulación y que nos genere culpa.

Sobre el factor número 2) de ejercer presión excesiva; debemos ser capaces de darnos cuenta que si ejercemos mucha presión podemos tener resultados de violencia grave. Ejemplo, he visto padres presionar a adolescentes de manera exagerada que han terminado las y los adolescentes ejerciendo violencia contra sí mismos. Y esto también ha detonado algunos feminicidios conocidos con cierta profundidad en mi ejercicio profesional. La pauta de prevención es el de no ejercer excesiva presión, que se haga sentir a la persona acorralada, y pierda la perspectiva, la clarividencia y el equilibrio emocional, y sea la personada ganada por los impulsos violentos que el machismo exagerado ha cultivado desde la niñez.

La tercera pauta es que durante los primeros seis meses después de una ruptura se le incrementan los celos y la envidia a la persona que no quiere terminar la relación. También se le disminuye la autoestima, y la persona es más vulnerable. Cuidémonos durante esos primeros seis meses después de una ruptura, busquemos el mayor apoyo familiar, de amistades, de compañeros/as de grupos, laborales, de iglesias,..Tratemos de no hacer cambios muy bruscos en áreas que hagan despertar dosis letales de celos, de envidia, y demás emociones negativas asociadas al ego.

Construir actitudes de paz es tarea de todos y todas. La Prevención y la Atención a la violencia de género contra la mujer exigen un compromiso colectivo.


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Éste. mi artículo, también ha sido publicado en:
http://elmunicipio.com.do/contentsreflex.aspx?key=448
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