Cada cual con su dolor grande: poema

Carne herida es la afición
alaridos en el silencio
son los sueños de galopes, y remolinos.
La morriña no hace un hecho
ni es ojos, ni es corteza engarzada,
no es oído
ni despertar:
nada despierta los gigantes dormidos
con sólo tener deseos.

No puede la nostalgia cercenar la distancia
no puede la luz
horadar la quietud.
No trae la saudade un estar;
ni el pasado
puede hacer retornar
un ser
con tifón en la sangre.

Podrían los deseos
quizás
habitar el mañana.

La comunión
ha sido desterrada
no importa cuan patética sea
la sal y el agua
que cae a raudales.

Es cierto
que en cada minuto existe el sofoco
y que éste está poblando múltiples moradas.
Está también la tristeza
habitando
derrotando
enseñoreándose
matando
en esta noche
el aliento.


mdm
Santiago, RD
17.02.08.
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