Datos realidad dominicana 2012: crítica de Cándido Mercedes

Acá teenmos datos sobre la deuda, déficit presupuestal, ermpleomanía publica, y problemas culturales y políticos de ética. Leamos a Cándido Mercedes con su sentido cuestionador, y pautas de lo que debemos cambiar:


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Enajenación social y estado rentista
Cándido Mercedes
 

Cándido Mercedes


¡Asombra la poca exposición pública de una parte importante de la elite que conforman a los sectores estratégicos de la sociedad! Cuando suelen exponerse, lucen con miedo, huidizos y con una gran hipocresía social. Hay una ausencia total del tipo de sociedad que ameritamos. Un vacío en el discurso, en la necesidad de que este estado de cosas en que nos encontramos no puede seguir dibujado en el escenario actual. No es posible una gobernabilidad sostenible desde una perspectiva democrática y con augurio de una más llevadera calidad de la misma.

La autonomía absoluta de la elite dirigente actual no ha sido cuestionada en el contenido real de su realización, con respecto a las agendas sociales–institucionales de la sociedad. Existen líneas paralelas que distorsionan el sentido medular de una sociedad y su existencia.

El rito autorreferencial no puede seguir bosquejándose en una cultura de la mentalidad esquizoide, autista y madejada con la única visión del poder por el poder mismo, que expresa una enorme enajenación social, que propicia un Estado Rentista, Patrimonialista, Clientelista; que lejos de achicar las agendas sociales, crea más brechas, postergando retos de hace 50 años, con necesidades de hoy. ¡El panorama es desolador!

El rol de un académico, de un profesional, de un intelectual, es vislumbrar en el horizonte los peldaños que nos acechan, que nos vienen, las tendencias que pueden anidarse en el seno de una sociedad, cuando los problemas u oportunidades aún se ven muy lejos para las personas que sólo viven y sobreviven en medio de su cotidianidad. En el caso de los sociólogos, nos toca predecir y controlar en gran medida el comportamiento, pronosticando tendencias del comportamiento de los grupos; tener una visión del entorno social y contribuir, coadyuvar a dar luces, respuestas a los prejuicios y estereotipos que se producen en el seno de la sociedad o de una comunidad grupo en particular. Es de rigor para el cientista social, conocer la naturaleza de las fuerzas sociales que están influyendo en el trajinar de las acciones y decisiones de los entes que se anidan en la sociedad.

Es en esta dimensión que nos atrevemos a decir que esta sociedad no puede seguir con un Estado súper HIPERTROFIADO, donde actualmente tenemos el tercer escalón en el Índice de Densidad Ocupacional Público más alto de América Latina. Tenemos actualmente en el Gobierno Central 511,197 empleados y en las Instituciones Descentralizadas, 142, 398 empleados. Esto suma un total de 653,134 empleados; esto es, sin contar, los “EMPLEADOS SUBTERRANEOS”. Vale decir, los que no están registrados ni en la Contraloría ni en el Ministerio de la Función Pública. Aquí tendríamos 9.95 ciudadanos inscritos en el padrón electoral por cada empleado público.

La Ley de Función Pública No. 41–08, en su Artículo 4, numeral 1, señala “Administración del Estado, conjunto de órganos y entidades pertenecientes a los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, incluyendo las entidades municipales, así como los órganos constitucionales como la Junta Central Electoral y la Cámara de Cuentas”. El numeral 2, del referido Art. 4, señala… la Administración Pública Central: Núcleo Central de la Administración del Estado integrado, además, por los órganos del Poder Ejecutivo… y, finalmente, el numeral 3: Administración Pública Descentralizada entidades dotadas de autonomía administrativa y financiera, con personalidad jurídica diferente a la del Estado….

Como podemos ver, tenemos 653,134 empleados, contando con la Administración Pública Central y la Administración Pública Descentralizada. Sin embargo, con respecto a la Administración del Estado, la suma es aún mayor, llegando alrededor de 715,000 empleados, directamente relacionado con el Estado, esto es, que dependen de un empleo público. Lo que aumenta aún más la tasa de densidad ocupacional pública, que sería de 9.29 electores por cada empleado público. Si dividimos 9.7 millones de habitantes entre 715,000 empleados, nos encontraríamos con un índice de 13.83, esto quiere decir, que hay un empleado público por cada 13.83 habitantes. ¡Asombroso!

El dinero producido por la riqueza de la sociedad, no sólo no es bien distribuido, sino que se reparte en redes clientelares que producen y conducen cada vez más a un Estado amorfo, deficiente y costoso, que propicia y genera la desigualdad como algo inevitable; al tiempo que crea una casta especial, una oligarquía política, una plutocracia política a través de la acumulación desde el Estado mismo. Más que hacedores de la democracia, desde las diferentes instancias del mismo, lo que asistimos es a una democracia deformada, caricaturesca, revestida en su contenido real de cleptocracia, una democracia corrompida, ora por la corrupción, ora por el silencio, ora por el miedo. Elementos todos de la complicidad y de la impunidad.

Es lo mismo que acontece con el espectáculo del certamen electoral, una puesta en escena de la fragilidad institucional, de la poca actitud ética de una parte significativa del conglomerado social que genera opinión pública. Causa un escozor, una pesadumbre ver la enorme inequidad en la “competencia electoral”. El observar a lo largo y ancho de todo el país el uso y abuso de los recursos del Estado… y todo anda bien. ¡Un nuevo evento de civilidad! Parecería ironía, pero es la expresión máxima del cinismo social, construido en una dilatada simulación de hipocresía social.

La piedra preciosa lo constituye el Informe del FMI, de fecha 13 de Diciembre del 2011 “exclusivamente oficial”. Nadie del gobierno lo dio a la luz pública. Ese informe era la plataforma esencial que expresaba el epílogo de la sexta y séptima ronda del Acuerdo Stand B entre el FMI y el Gobierno. Eso indica las corrientes de conversaciones y comunicaciones que existían entre el Equipo Económico y el importante organismo. No fue a mí que enviaron ese importante informe acerca de la economía dominicana y las reformas en ciernes. Nos preguntamos ¿por qué el gobierno nunca lo hizo público; qué se escondía realmente después de las elecciones? ¿Por qué ponen a Vicente Bengoa a desmentir el referido informe cuando se encuentran ahí Toribio, Montás y Héctor Valdez Albizu? ¿Será porque él es más atrevido, no tiene límites?

Es más fácil para una importante franja de los actores estratégicos señalar al FMI y no a los protagonistas reales; generadores de esta crisis real. 5 años con déficits promedio de RD$50,000 millones; una deuda pública total de alrededor de U$25,000 millones de dólares. Y, para todo el año del 2012, tendríamos un Presupuesto con un déficit de RD$22,300 millones de pesos y ya para el mes de Abril alcanzaba un déficit astronómico de $45,000 millones.

El cinismo, la doblez, la simulación, la sumisión, la obediencia ciega, la mentira, la hipocresía y el descaro nos arropan, en una muestra olímpica de manipulación y monopolización de la “verdad”. Cualquiera que gane tiene que cambiar de manera ineludible, la historia de este estado de cosas, prerrequisito inexcusable, inexorable, para que no se produzcan acontecimientos sociales que desborden la gobernabilidad tan frágil que tenemos.

Es una nueva dimensión de la cohesión social, que al decir de Noam Chomsky, necesitamos una sociedad más decente, donde se haga un esfuerzo “donde todos tendrían la oportunidad de encontrar un trabajo interesante y a todos se les permitiría una mirada amplia para utilizar sus talentos”.




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