Por una democracia paritaria de género en lo cultural, político, social y económico: Mildred Dolores Mata

La igualdad en la participación de la mujeres es un déficit en la izquierda y en la derecha.


En estos días en una encuesta que puso Falz en el foro de clave digital que tiene varias preguntas con la intención de medir las tendencias ideológicas de los foristas. En la primera dimensión sobre filiación a sistemas políticos tiene las alternativas:

1-Se considera una persona:
a)Conservador
b)Liberal
c)Libertario
d)Socialista
e)Social-democrata
f)Social-cristiano o Democrata-cristiano
g)Comunista

Yo puse social-demócrata. No puse socialista por la carga autoritaria con que se asocia la palabra socialista. El sistema para el que yo trabajaría más conscientemente, y que fortalezco en mi accionar social, es tipo cooperativas, empresas donde la propiedad sea social pero con pleno poderes de todas las personas que trabajan en ella, libertad y democracia de género, cero a la pena de muerte; cero a limitar libertades de expresión, de reunión, de lucha, compromisos de políticas sociales con posibilidades de participación de particulares con márgenes de ganancias limitados, igual que para otro tipo de empresa.

Pienso que eso se llama quizás socialismo, de izquierda. Pero no paso esa prepotencia con el que se asocia el socialismo con la desvaloración de las libertades ideológicas-culturales, y con la violentación a los artistas, escritores, afiliaciones religiosas, espiritualidad.

Entonces, para que izquierda no se asocie al control, y a la prepotencia, deberíamos ponerle un apellido, como, izquierda democrática, socialismo democrático.

En Cuba, por ejemplo, para el 1998-99'-2000 cuando fue que estuve por allá, las feministas no se podían nuclear porque ern acusadas de diversionistas. Y no eran mujeres plásticas, sin compromisos sociales, políticos; pero querían liberatad y redistribución de poderes culturales y políticos.

Estoy convencida que el patriarcado con sus categorías excluyentes, polarizadores, jerárquicos y violentos, de mujeres inferiores y sin participación plena en el ejercicio de todos los poderes en todos los espacios, es el caldo invisible que desde la pareja, la familia, el vecindario, las novelas, la bachatas, los partidos, el Estado se alimenta la exlusión antidemocrática,...Estas dictomías:

persona superior-que manda-que es de la calle, que es el político-seguro-jerarca de la iglesia-Dios-militar-que reprime-mata-y se mata, si no se le obedece, versus mujer pasiva-doméstica-sexualidad como objeto, es el sostén invisible y cotidiano, es la zapata, de las demás desigualdades y exclusiones. Ese miedo de la izquierda patriarcal a trabajarse su miedo a no saber bregar con la democracia en la pareja, y en la intimidad, esa intolerancia a dar la mano a sujetos nuevos para modificar los rituales de redes, partidos, medios de comunicación; esa subjetividad que implica paciencia para bregar con aprendices de lo público, es para mí un indicador de una genuina persona libertaria; y eso no lo veo fácilmente en esas dos categorías: izquierda, ni derecha; pero sé que sería más fácil desde la izquierda; pero estoy clara que las mujeres para construir nuestra ciudadanía participativa estamos un poco solas.

Y la violencia de género se está tragando gente de manera atroz: hace dos días en Santiago, un señor, mató sus dos niños, a la cónyuge, se intentó envenenar, no pudo, y terminó ahorcándose. La violencia se va incrementando; porque al no estarse trabajando el cambio cultural y la democracia paritaria de género, no se cambiar las correlaciones en el uso de los recursos, para políticas sociales que creen igualdad de oportunidades económicas, para campañas masivas para un cambio cultural de hombre sy mujeres no polarizados, no jeraquizados, y con relaciones tensas y violentas. Las mujerse jalan para su ciudadanía activa de una manera individualista y si se quiere con limitaciones eticas, y los hombres se sienten frustados por no poder doblegarlas como se espera y le ha enseñado la cultura.

Lo dejo ahí. Quiero animar a que le demos la importancia que tiene la variable cambios culturales hacia la democracia de género en todas las esferas de la sociedad. En ese sentido las redes comunicativas virtuales son maravillosas, y seguro que estarán teniendo algún afecto en las prácticas cotidianas e institucionales de todas y todos.

¡Qué vivan los hombres y mujeres que comparten toddos los quehaceres, y respetan sus libertades, no se mienten,...etcétera! Ellos nos están sensibilizando sobre lo grandiosamente político que es la igualdad cotidiana. Son testimonios inusuales de genuina democracia en el hogar. Esto es de altamente político. Es introduciendo esta variable en los cambios que trabajamos, como vamos a desmontar este cimiento de la dictadura, que es la cultura de desigualdades entre hombres y mujeres, y de roles y espacios sesgados: un antiejemplo para la sensiblidad, la libertad, la plenitud, la dignidad y para la igualdad entre humanos.

mildred d
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