Escrituras de Desencuentros, de Nestor E Rodríguez. Comentarios de Arturo Victoriano

En la Librería Thesaurus (Abraham Liconl con Sarasota) en Santo Domingo, se va a comentar el libro Escrituras de Desencuentro de Néstor E. Rodríguez. Acá le pongo una crítica realizada por un compañero de una Red de la que formo parte, se llama Arturo Victoriano, vive en Cánada.

Es una obra super necesaria para ir llenando el vacío que existe en la juventud actual para retomar una cultura superadora del Trujillismo y la unicidad de nuestras distintas vertientes históricas humanistas: superar el aislamiento de la mujer como sujeto político, superar el antihaitianismo, entre otras carencias.

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Desmontando el archivo: Escrituras de desencuentro en la República Dominicana de Néstor E. Rodríguez

Arturo Victoriano

Escrituras de desencuentro en la República Dominicana viene a llenar un vacío en la crítica literaria dominicana al tomar como tema las producciones culturales que no se ajustan al discurso nacionalista
dominicano tradicional. Publicado en el 2005 por Siglo XX1 de México, ganador del Premio al Pensamiento Caribeño el año anterior
, ahora recibe una edición dominicana a cargo de la Editora Nacional.

Rodríguez empieza su investigación trazando una línea ideológica que arranca con Manuel de Js. Galván y que llega hasta nuestros días con la figura de Manuel Núñez, pero que, como bien señala el autor, encuentra en Joaquín Balaguer “una suerte de fulcro en el cual se
condensa un modelo dominante de lo nacional” (17). Otra figura importante es Manuel Arturo Peña Batlle, quien propone “un nuevo origen nacional, un grado cero político, que sin embargo, carga con la narrativa de la nación articulada en la centuria precedente” (40).

Ese grado cero político es lo que Rodríguez denomina como “la ciudad trujillista”, en una lectura acertada del aparato teórico propuesto por Ángel Rama en La ciudad letrada. La ciudad trujillista cuenta con Balaguer y Peña Batlle como sus arcontes principales, los custodios
de un archivo que va a producir una ideología dominicanista anclada en el antihaitianismo y la hispanofilia.

Frente a este discurso surgen, en la ciudad trujillista, unos márgenes a los que Rodríguez se acerca con una sagaz mirada crítica.

La figura de Aída Cartagena Portalatín emerge como la principal escritora de estos márgenes y esto así debido a que “ubica en primer plano la discusión en torno del lugar de la subjetividad femenina en el esquema social de la época…reafirma la capacidad del individuo
para evadir desde la letra la “homo-hegemonía” característica de la ciudad trujillista” (79).

Al entrar en la era post-trujillato el libro aborda una serie de representaciones iconoclastas de la dominicanidad como lo es el magnífico poemario de Manuel Rueda: Las metamorfosis de Makandal donde: “Rueda escarba en la mitología nacional haitiana y extrae de
ella uno de sus mitos de fundación con la idea de problematizar la presunta naturaleza homogénea de la identidad cultural dominicana” (92).

En el apartado llamado “Cartografías subversivas en la narrativa contemporánea” Rodríguez se enfrenta a la narrativa de los años 90, abordando la cuentística de Aurora Arias (Invi’s Paradise, Fin de mundo y otros relatos) y la novela de Rita Indiana Hernández, La
estrategia de Chochueca. Rodríguez encuentra una afinidad entre “El museo del desorden” de Invi’s Paradise y “El club de la serpiente” de Rayuela de Julio Cortázar (100). Esta afinidad también se puede encontrar en otras narradoras de la misma época, pienso específicamente en la novela He olvidado tu nombre de Martha Rivera.

La cuentística de Arias apunta a la “hiperconciencia de un pasado que se presenta como irrebasable a pesar de sus fisuras” (104). La superación de esta hiperconciencia” se encuentra en la novela La
estrategia de Chochueca de Rita Indiana Hernández en la que: “la memoria histórica se cae de su pedestal, como ocurre en la posmodernidad” (104). En su novela Hernández “pasa juicio a la generación precedente, que en su opinión debía haber propalado el cambio democrático y así evitar “la gelatina absurda” del presente histórico”, pero este juicio, según el crítico, va a acompañado de “una actitud celebratoria de la pérdida de la historicidad en el imaginario de la juventud dominicana” (105).

En el capítulo final titulado “La nación trashumante” Rodríguez se adentra en la producción cultural de la llamada diáspora dominicana; aquí se analiza El retorno de las yolas de Silvio Torres-Saillant y la novela How the García Girls Lost Their Accents de Julia Álvarez.
Leyendo de manera cercana a Torres-Saillant, Rodríguez propugna por “una distancia crítica tal que permita una exégesis del imaginario nacional menos dependiente de imperativos genealógicos” (123).

En la novela de Álvarez, Rodríguez nota “una nueva dicción que desestabiliza de manera positiva las formas tradicionales de pensar lo cultural y lo político en el contexto dominicano actual, impulsando una visión de la cultura marcada por repertorios discursivos necesariamente híbridos y dialógicos” (124). Esta nueva
dicción es el eje temático que une las obras analizadas en el libro de Rodríguez, estas “escrituras de desencuentro” y el crítico ve estas producciones compartiendo el espacio cultural con otras
aproximaciones como el cine, la música y las artes plásticas. Con este libro Rodríguez hace un aporte valioso al análisis de una literatura que se caracteriza por la hibridez en la producción y en la presentación, que abarca las lenguas en las cuales se expresa el
sujeto cotidiano dominicano del siglo XXI: el español y el inglés y los dos espacios en los cuales ese sujeto se mueve: La Española y Estados Unidos.






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