¿Por qué ella no ha dicho que él la maltrataba?

Mildred D. Mata

Aprendizajes sobre la violencia de género

“Mi hermana viene dentro de un ratito, no le digas nada, no quiero que ella se entere de que él me golpeó anoche”.

“Todo el mundo sabía que él la maltrataba física y emocionalmente, menos yo” - dice la madre.

“Ella tiene siete años trabajando conmigo y no sabía que ella ha vivido bajo amenaza de muerte”.

“Yo soy muy feliz con él, nada más hay que complacerlo no yendo al supermercado, también por nuestra felicidad, no visito a nadie, dejé los estudios, dejé el trabajo, no visito sola a mí mamá, siempre voy con él…Mi mamá no sabe que él me prohíbe visitarla”.

“Él amenaza con matar al niño cuando me quiero ir de la casa después que me golpea, su familia no sabe nada”.

“No puedo corregir el niño, porque él me dice que no soy quien para meterme con él, que el niño es un hombre, y que yo no soy nada; el muchacho está creciendo como un león, y no puedo quejarme porque me amenaza con matarme si digo algo, y además los niños están muy pequeños y no tengo trabajo ”.

Muchas mujeres ocultan la violencia de sus “supuestas” parejas afectivo-sexuales frente a sus seres más queridos.

Las voces que aquí pongo se escuchan en el trabajo de Atención a la violencia intrafamiliar desde el quehacer en el Núcleo de Apoyo a la Mujer (NAM), en la Unidad de Atención a la Violencia Intrafamiliar, Sexual, de Género de la Procuraduría de Santiago, instituciones que forman parte, entre otras, del Movimiento Vida sin Violencia (MOVIDA), Movimiento que aglutina a instituciones de mujeres y hombres de Santiago, bajo consignas tales como Por una vida sin Violencia, Por una cultura de Paz, Tolerancia cero frente a la violencia de género, Ni una muerta más…, entre otras.

Forma parte de MOVIDA, el grupo de hombres Movimiento por una Masculinidad sin Violencia, del cual participa el psicólogo especializado en género Oscar Benliza, que también trabaja con hombres con problemas de conductas violentas en la Unidad de Atención de la Fiscalía, ya señalada.

También hay hombres que se quejan de violencia de parte de sus parejas, estos constituyen un 2% el grupo que la reporta, y existe la violencia cruzada entre hombres y mujeres, aunque los intercambios no son equiparables, por la actual desigualdad física que la cultura ha recreado entre ambos sexos, y las mujeres suelen actuar defensivamente.

¿Por qué las mujeres ocultan la violencia frente a sus seres más queridos?

La mujer tiene la esperanza de que su vida se va a recomponer. Y si su familia y amistades se enteran se van alejar sus esperanzas, pues se van a meter con ella, lo van a enfrentar a él, y la piña se le va a poner más agria, y la situación se va a salir de su control, temiendo más represalias de parte del hombre, o que la deje.

Muchas mujeres sienten vergüenza de que la gente se entera de la pobreza de su relación, de que realmente él no la quiere tanto, o nada, siendo todo lo contrario de lo que ella proyecta.

Otras prefieren mantener esa fachada de que tienen un hombre, por dependencia económica, por prestigio social, por cuidar la imagen en el trabajo, porque hay que tener un hombre que la represente frente a los otros hombres, frente a los ladrones, y demás posibles perpetradores de violencias y abusos contra la mujer y las niñas, niños y adolescentes.

Se da también el caso de las amenazas de muerte o de daños a ella, a familiares, amenaza de suicidio, y de asesinato a los niños y niñas.

En muchos casos, suele suceder que las mujeres tienen la autoestima tan baja, se sienten tan desesperanzadas, con tan pocos recursos y tan solas que prefieren la violencia.

En diversas ocasiones las amistades, familiares, las instituciones de la justicia y otras, no le han dado la Atención adecuada, y ya no ven salida, y solas no tienen la fuerza para superar la complejidad de la situación. Muchas familias prefieren que las maten a tener que asumir un compromiso de solidaridad: “Yo no quiero muchachos en mi casa, usted se fue, así que aguante, acuérdate que él te está manteniendo”.

Otro de los pasajes a recorrer en el complicado laberinto es el de muchas se sienten culpables y responsables de la violencia.

Otras piensan que eso es normal. Que así es el amor, y que siempre ha sido así.

También muchas suelen estar presionadas para que aguanten bajo el influjo de militancia de grupos ideológicos, religiones, que les orientan para que aguanten, que lleven su cruz, por el bien de los/as hijos/as, en nombre de la “sagrada” familia, y diversos mitos que justifican, minimizan los daños y heridas emocionales y físicas. ¿La mujer y su felicidad, su valor, dónde está?, quién sabe, “lo importante es la familia”, suelen decir.

Todo un pelotón de creencias, normas, estructuras, desigualdades, instituciones, relaciones, reforzando, normatizando y en parte, siendo cómplices frente a la violencia contra las mujeres.

Otras dicen románticamente, “es que yo lo amo, él es el hombre de mi vida”.

Estos, y otros factores acontecen mezclados, en parte, o coinciden todos o en gran parte en este fenómeno. Hasta ahora la sociedad muestra la violencia como una salida natural ante las diferencias, y al que se supone está llamado a controlar, se le da cierta licencia para lograr sometimiento oprimiendo y con violencia física, y la sociedad entonces se hace de la vista gorda.

Para algunos varones, el amor y el apoyo a la mujer que sufre violencia, sufre filtros dependiendo de las relaciones implicadas. Si es a mi hermana o a mi hija, no la tolero, pero si es mi hermano o hijo que la ejerce, eso no es gran cosa, suelen pensar sesgadamente algunos hombres. Si es la que ellos mismos ejercen, eso es percata minuta.

Este cuadro permisivo y cómplice frente a la violencia de género tiene un solo nombre como causa fundamental: estructuras económicas, políticas, sociales y culturales que mantienen la desigualdad de género poniendo en todos los sentidos en desventajas a las mujeres.

Se sabe que la mujer que tiene dependencia económica es a la que se le hace más difícil salir de relaciones violentas. Sabemos que las mujeres con niños y niñas pequeños/as son las más arrinconadas, pues faltan más estancias donde puedan llevarse, a muy bajo costos, o gratis, dependiendo de la situación de cada mujer, para que ella pueda estudiar, y mejorar sus credenciales y habilidades para ella conseguir empleo, o para ella poder emplearse.

Faltan políticas públicas para priorizar el acceso a empleos, viviendas, centros de cuidados infantiles, escuelas técnicas, recursos, para la mujer y la prole víctimas de violencia de género y generacional.

En esta entrega acerca de las políticas necesarias para enfrentar la violencia de género contra la mujer, de la niñez, y adolescentes he enfocado como propuestas alternativas todo lo que refuerce la independencia de la mujer, porque tal como he señalado este es un factor preponderante entre las salidas que ayudan a las mujeres a que quieran y puedan salir de relaciones violentas.

Aunque no se puedan establecer comparaciones por las diferencias en sociedades como España, y la nuestra, República Dominicana; en España hay programas que faciliten una asistencia de 300 euros mensuales a la mujer por un período de 8 meses, tratando de que se rompa el ciclo de la violencia. En los refugios temporales para la mujer y la prole se suelen proveer, facilitar, acceso a capacitación técnica y a otras alternativas laborales, para irle facilitando su inserción en espacios laborales, e irla ayudando en su autonomía.

Estas casas de acogida existen en los países con más recursos, pero también donde las políticas públicas tienen muy en cuenta las necesidades de género.

Mientras el hacha va y viene, algunas recomendaciones sencillas:

Tengamos un sentido de alerta, un ojo avizor para buscar informaciones, cuando sabemos de situaciones en las que nuestras mujeres cercanas nos mandan avisos en los que no solemos profundizar.

Tengo el caso de una mujer con la que me relacionaba comercialmente hace unos años, a la que le vendí dos libros. Uno fue Las mujeres que aman demasiado, y el otro Sé un adolescente feliz, este último para su hijo adolescente, que era uno de los blancos en los problemas familiares. Esta mujer hoy está muerta. La falta de sensibilidad, de agudeza, de perspicacia, de comprensión, de profundidad, no me permitió captar las informaciones que me daba.

Una amiga que siempre anda apresurada, que no podemos visitar, que va dejando todos su compromisos sociales, familiares, laborales, que no suele hablar nada de sí, son buenos motivos para hacernos preguntas, buscar respuestas y para apoyar. La violencia es un problema público que nos afecta a todos y todas, y sí nos tenemos que meter. Hay que ir rompiendo los mitos que la sostienen.

La labor de apoyo debe ser incondicional. La persona afectada no se aconseja autoritariamente, no hay que obligarla. Se le facilitan caminos, se le acompaña, se le da afecto, se le escucha, se le facilita soporte económico, no para nosotros/as también querer gobernarla, sino para que ella supere algunos de los factores causales. Está también la dependencia emocional que suele enclaustrar a muchas mujeres. Están también sus sentimientos de culpa, en fin, las causas de la violencia son múltiples. Los apoyos también deben ser múltiples, sin esperar autoritariamente que se actúe en consonancia con lo que nosotras/os creemos. Generalmente la violencia para romperse es un proceso largo, con retrocesos, y avances, frente al cual, no nos podemos cansar. Las salidas de las personas que sufren la violencia son muy variadas, y a veces contradictorias. Más el apoyo es uno solo: incondicional, permanente, variado, y con la búsqueda de redes solidarias. Un solo caso de violencia se puede tragar los esfuerzos continuos de diferentes personas e instituciones, es un trabajo arduo, donde la cultura suele irritarse con la mujer, y donde se suele creer que un hombre no debe ser molestado, ni sancionado. La mujer sufre mucha presión de todo el entorno para que deje eso así, que se someta a todo recorte de su libertad y de sus sueños. Recordemos que tenemos que superar la actitud de creer que a una persona que creemos inferior no le luce ningún cambio para que cambie su estatus de ciudadana de segunda categoría.

La normatización, la invisibilización, la complicidad no le conviene al hombre, porque estas actitudes suelen reforzar el incremento de la violencia, y los resultados suelen ser cada vez más trágicos para él, para el entorno, para la mujer y para los hijos e hijas. Es esta una de las características de este fenómeno.

A amarnos pues como podamos, solos, solas, o acompañados/as. Primero la vida, luego la felicidad. Si no sabemos relacionarnos sin violencia, es hora de iniciar ese aprendizaje, y no querer imponernos en relaciones con otras personas, si no sabemos relacionarnos asertiva e inteligentemente en las emociones. Nadie está obligada u obligado a vivir en pareja si no hay condiciones. Lamentablemente, la sociedad nos ha preparado muy poco para el manejo del conflicto, para percibir emociones, para controlar las nuestras y ponernos en el lugar de la otra persona, y sobretodo no nos ha enseñado a amarnos de manera abundante e incondicional: con pareja o sin pareja.
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