Sonia Pierre: una domínico-haitiana ejemplar

PUBLICADO EN LA SECCION FIRMAS DE CLAVE DIGITAL EL DIA martes, 07 de noviembre de 2006

DESDE HAITI

Sonia Pierre: una domínico-haitiana ejemplar
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Sonia, humildemente, me inclino ante ti pues eres una gran dominicana, una formidable mujer y un extraordinario ser humano.

Steven Gehy - Intelectual haitiano, residente en Puerto Príncipe.

PÉTION-VILLE, Haití.-No he tenido el placer de conocerla personalmente. Ni siquiera he tenido la suerte de escucharla alguna vez durante los múltiples seminarios o conferencias en los que habitualmente participa.

Sin embargo, como muchas otras personas, supe de sus valientes luchas a través de los medios informativos dominicanos e internacionales. Desde entonces, mi admiración por ella es infinita y el respeto que le tengo, absoluto.

La admiro y la respeto sencillamente porque pienso que la diferencia esencial entre los seres humanos reside en el sentido que dan a su vida.

Cuando el ideal de vida de una persona radica principalmente en luchar en contra de la exclusión social, en contribuir a la eliminación del sexismo y del racismo, en exigir respeto a los derechos inalienables de cientos de miles de mujeres y hombres provenientes de sectores marginados, oprimidos y explotados de una nación, es porque él o la protagonista de estos procesos ha alcanzado unas dimensiones universales. Su noble legado se quedará eternamente entre las más bellas páginas de la historia de la Humanidad.

Esa no es una lucha fácil. De hecho, no existen luchas sociales que sean fáciles en ninguna parte del mundo. Es sin duda alguna, una misión ardua, compleja, titánica, la que escogió esta distinguida mujer, -ella misma dominicana de padres haitianos-, cuando decidió entregarse cuerpo y alma para “defender y salvaguardar los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y humanos de la población dominicana de ascendencia haitiana".

En efecto, durante mucho tiempo y lamentablemente hasta hoy en día, la población dominicana de ascendencia haitiana sigue siendo despreciada, difamada, excluida, agredida verbal y físicamente por los ideólogos nacionalistas, sus intelectuales, periodistas y seguidores en general.

Sabemos que esta población dominicana de piel negra, no tiene cabida dentro de la estrecha "visión nacionalista" de esos grupos conservadores cegados por una perversa obstinación en aferrarse a un blanqueamiento cursi y firmemente opuestos al crecimiento de una nación justa, pluralista, multicultural y democrática en donde no se reprima a ningún ciudadano o ciudadana por el color de su piel, su religión, su cultura o por la nacionalidad y el estatus migratorio de sus padres.

En la hermana República Dominicana, nadie ignora que dentro de la "quimera nacionalista", la población dominicana de ascendencia haitiana debe ser mantenida eternamente como un conjunto de máquinas desechables, disponible en todo momento para las más duras y extenuantes labores, pero siempre alejada de los centros de salud, de aprendizaje, de entretenimiento, de los círculos donde se toman las decisiones políticas y de las posibilidades de movilidad económica y social.

Según el delirio nacionalista, no se puede permitir que los dominicanos negros de ascendencia haitiana se incorporen a la sociedad y tengan las mismas oportunidades que los demás.

Desde su anacrónico punto de vista, es necesario impedir a toda costa las acciones públicas o privadas que permitirían que se estimule y que se consolide finalmente la posibilidad de progreso social y económico para este grupo desfavorecido de dominicanos y dominicanas con ancestros haitianos.

Expresé anteriormente que admiraba a esta combativa mujer dominicana y hay que reiterarlo una y otra vez, porque creo que ha asumido una responsabilidad inmensa y ha aceptado un reto grandioso y altruista, de esos que sólo acogen y tienen fuerzas para cargar, algunas personalidades excepcionalmente dotadas. No es fácil y ella lo sabe sin duda alguna. Ya habrá tenido muestras de lo que cuesta llevar la bandera de la dignidad humana en las manos.

Sabe también que no hay otra salida. Que hay que implicarse, que hay que decir, que hay hablar, gritar, denunciar, exigir, pues las soluciones para mejorar la calidad de vida de los dominicanos y dominicanas descendientes de haitianos, no llegarán si ellos mismos no reclaman al Estado que cumpla con su deber de implementar las estructuras que faciliten la erradicación de la atroz situación de neo-esclavitud en la cual se encuentra hoy ese grupo especifico de la población dominicana.

Aquí nadie se hace la víctima. No es una queja o un lloriqueo. Es una demanda firme de una reivindicación justa, basada en el derecho al respeto, en el derecho a la vida, en el derecho a la dignidad.

De ninguna manera, los reclamos de los dominicanos y dominicanas de ascendencia haitiana se deben entender como una lucha en contra de la nación que les vio nacer.

Todo lo contrario: es más bien una lucha para defender unos principios nobles e integrarse a ella no desde la segregación que la envilece, sino desde la igualdad que la magnifica.

Algunos, voluntariamente o involuntariamente, se han olvidado de los principios trascendentales de libertad, igualdad y fraternidad, que les han costado a la humanidad tantas luchas, tantos sacrificios y tanta sangre. Y hay que sacudir a los amnésicos. Esos ideales son imprescindibles para la conquista de aunque sea un poco de bienestar y de crecimiento humano y social.


Sonia, humildemente, me inclino ante ti pues eres una gran dominicana, una formidable mujer y un extraordinario ser humano.

Los "liliputienses" espirituales que somos casi todos sobre este planeta de mezquinos, necesitaremos de mucho tiempo y de mucha superación de nosotros mismos, para comprender y apreciar tu imperturbable espíritu y tu noble ideal.

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