República Dominicana y la visión de Acanchi

(Algunos elementos culturales de género para afianzar el concepto de alegría)

Somos un país de abundancia.

Proyectamos alegría; también, amplia y espontánea vitalidad…

Es emocionante escuchar esto de una extranjera, tal y como lo percibe la británica Fiona Gilmore, quien preside la empresa inglesa de publicidad, diseñadora de Marca de países: Acanchi.

Alegría, felicidad, abundancia, paz, armonía, democracia, justicia, igualdad ciudadana…deseos que mueven la vitalidad de muchas dominicanas y dominicanos. Cualidades que se manifiestan mucho más a final y a comienzo de año, con la celebración de Navidad, en nuestro siempre soleado país.

Quiero aprovechar estas ideas tan brillantemente sistematizadas por esta profesional, Fiona Gilmore, sobre nuestro país, para proponer la revisión de algunos aspectos de nuestra cultura que si se superan podríamos afianzar con más certeza esta vitalidad abundante que significa ser dominicana y dominicano.

Admiro los mundos de la economía y de la política. Principalmente en su interrelación por su notable influencia en el destino de los humanos. Considero esta interrelación equilibrada como un elemento esencial para los pueblos. Política como búsqueda de bienestar, y economía con compromiso social de calidad de vida para el entorno y para todos sus actores y actrices.

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En este señalamiento, que escribo en plena navidad, quiero destacar elementos culturales que se entrelazan significativamente con el bienestar y con la economía de un país.

Hace aproximadamente dos meses participé en un Encuentro en Santiago, donde estaba parte de su liderazgo local en distintas áreas.

(Encuentro que fue convocado por el El Consejo para el Desarrollo Estratégico de la Ciudad y del Municipio de Santiago (CDES), que preside el empresario tabaquero Hendrik Kelner. Participación que priviligié en mi agenda, a solicitud muy cálida y encarecida al convocar, de mi querido y entusiasta amigo, el doctor epidemiólogo Reynaldo Antonio Peguero).

Esta significativa comunidad santiaguera se sintió sumamente satisfecha con el trabajo de Acanchi.

En ese diálogo tan vital y talentoso, estuvimos bajo el influjo del liderazgo de la señalada, Fiona Gilmore, la ejecutiva que dirige los estudios de esta entidad. De lo expuesto en este estudio y de lo comentado en el público, quiero destacar dos elementos a superar, que son parte de inquietudes un poco estables en el tiempo en determinados colectivos, de los que formo parte.

Una de estas inquietudes está referida al tema sociológico y político de Género. (Más tarde, en próximas semanas comentaré el otro aspecto sobre etnocentrismo con respecto a Haití).

Se trata de que tenemos que superar la baja autoestima en la mujer dominicana que viene permitiendo el exceso de confianza sexual que se manifiesta en las relaciones de algunos hombres dominicanos, las cuales permiten que básicamente se les considere como masa, carne, cuerpo... para llenar vacíos existenciales de algunos mundos masculinos, que se manifiestan en un pernicioso inmediatismo hormonal, que hay que dosificar, balancear… para que crezcamos como país.

Se trata de complicar más nuestro universo de intereses y expectativas espirituales, y de ejercicios de ciudadanía más responsable para desarrollar nuestro país, más allá de consumismos sexuales y de escapes (juegos, bancas, sexo, frivolidades, allantoserías…).

Superar también la venta de nuestro país como un destino de mujeres “hermosas” y “obsequiosas”.

En este último sentido cabe felicitar a Acanchi, porque en su propuesta está totalmente superada esta visión abusiva de la mujer dominicana, tal y como lo destacó en su intervención la doctora Mariana Moreno, miembra del Núcleo de Apoyo a la Mujer (NAM) en Santiago.

Fiona Gilmore y su equipo, hacen honor a conceptos de género avanzados. Ella es coherente con su condición de mujer profesional, suave, segura, talentosa…sin caer en la ansiedad de quienes sienten que la mujer y un país sólo tienen cuerpo y sexo de mujeres que vender.

Quiero aportar como dato, que muchas mujeres turistas y extranjeras en general, se asombran y molestan, por el exceso de permisividad visual, conversaciones, de roces, propuestas, sin adecuados y compartidos avances sexuales, que se suelen dar en algunos dominicanos, ¿y por qué no?, en algunas dominicanas.

Llama la atención el exceso de piropos sexuales y de expectativas de correspondencia a los mismos, y la reacción violenta si la mujer no corresponde.

Exponía meses atrás un amigo forista de Clave Digital, el joven Oliver López, el cómo, una amiga turista extranjera se marchaba del país con un dejo de desagrado y sorpresa, por la presión que sintió de los hombres dominicanos con quienes compartió diversiones en esos días. Señalaba ella, que cuando salía para divertirse, era muy incómoda la presión que sentía, queriendo algunos hombres, de una manera casi forzada, que los encuentros terminasen con sexo copulativo, o con cierta incontinencia expresiva de roces corporales no deseados.

Contaba Oliver que le señaló la joven que la primera impresión que se llevó de los dominicanos fue de ser entes sociables, alegres, vivarachos, serviciales, espontáneos, y que esto se fue desdibujando con el transcurrir del tiempo, por el aspecto ya señalado, en algunos.

Que conste, que nuestra alegría, espontaneidad, vitalidad, sensualidad, afectividad es muy bien percibida. Se trata pues de saber frenarla, hacerla más democrática, más desinteresada, menos demandante sexualmente. Asunto de límites.

Estos temas se prestan a hacer muchos chistes y cierta hilaridad por la subjetividad en las interpretaciones y criterios. Algunos conocidos y amigos míos se ríen cuando se comenta este asunto; percibiéndolo como algo discutible.

Vale, pues el dato, para todas y todos: No todas las mujeres tienen esa angurria de llamar la atención por el erotismo de su cuerpo, y su autoestima se cimenta en amplios intereses, además del cuerpo, intereses espirituales, ambientales, profesionales, económicos y ciudadanos.

Para la mayoría de las extranjeras turistas es muy notorio que el hombre dominicano tiene que aprender a poner más distancia con el cuerpo de las mujeres. El exceso de fijación sexual en las miradas, el que no se les trata de manera integral como entes que pueden poner límites al grado de intimidad sexual, los piropos obligados y abusivos, es un mundo en el que tenemos que diferenciar a las mujeres. Hay mujeres…y hay mujeres…. Hay ambientes, hay matices, hay lenguajes corporales. Aprendamos a complicar nuestro lenguaje cuando nos relacionamos con las mujeres.

Las mujeres somos más que cuerpo. Defendamos nuestros espacios corporales y espirituales. Las mujeres no estamos obligadas a cortesías forzadas para responder a un mal aprendizaje propio del machismo. “Autoestima y educación” en la mujer, son claves para la superación de la mujer dominicana, decía mi amigo Pavel Geraldino en un comentario, días atrás. Las mujeres somos más que cuerpo, medidas y durezas. Las mujeres más que nada, somos ciudadanas, a las que debemos reforzar en su alma, en sus intereses de salud, de economía, espiritualidad, ciudadanía plena.

Aprendamos a marcar nuestro territorio, a ser más sobrias y majestuosas, nuestro cuerpo es un templo, nuestro cuerpo necesita respeto y solemnidad en nuestras relaciones.

Seguimos luego…

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