¡Ahora se está abriendo Brasil a una cultura de igualdad hacia la mujer en el liderazgo político máximo: Dilma Rousseff

20 Febrero 2010, 10:39 AM

El PT postula una mujer para sustituir a Lula

La "Dama de Hierro" de Lula entra en la campaña de la mano de su "Pigmalión"
Dilma Rousseff
BRASIL.- Dilma Rousseff, economista de 62 años con pasado guerrillero, fama de antipática y que nunca se ha medido en una elección, es desde hoy candidata a la Presidencia de Brasil, aupada por el carismático mandatario Luiz Inácio Lula da Silva.

Conocida como la "Dama de Hierro" del Gobierno de Lula, Rousseff fue proclamada hoy como abanderada del Partido de los Trabajadores (PT) para las presidenciales del 3 de octubre, que la pueden convertir en la primera mujer elegida para un cargo que, en toda la historia republicana del país, sólo han ocupado 35 hombres.

Hija de un comunista búlgaro que emigró a Brasil y se casó en este país en la década de los años 30, Dilma Vana Rousseff Linhares era una perfecta desconocida para la gran mayoría de los brasileños cuando en enero de 2003 asumió el cargo de ministra de Minas y Energía en el primer Gobierno de Lula.

De un marcado perfil técnico, fue una de las impulsoras del desarrollo energético que Brasil ha experimentado en los últimos años y llegó a enfrentarse con organizaciones ecologistas por el porfiado empuje que dio a las hidroeléctricas en la Amazonía, considerado el pulmón natural de la Tierra.

En medio de los escándalos de corrupción que en 2005 sacudieron al Gobierno, tumbaron a ministros cercanos al presidente y minaron a la dirección del PT, Rousseff fue elegida por Lula para ocupar el Ministerio de la Presidencia, un estratégico cargo desde el que se controlan todos los resortes del poder en Brasil.

Desde esa cartera, y en plena sintonía con Lula, Rousseff tuvo la tarea de planificar y gestionar desde 2006 el llamado Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), un ambicioso plan de obras de infraestructura que le dio más visibilidad como ministra.

Pese a ello, pocos podrían creer que se convertiría en la candidata del principal partido de izquierdas de Brasil para suceder al popular Lula, quien en su octavo año en el poder mantiene una popularidad cercana al 80 por ciento pero que no puede presentarse de nuevo por la Constitución.

Además de su falta de carisma, se le achacaban su perfil técnico, el hecho de que jamás ha sido candidata a ningún cargo de elección popular e incluso su condición de "recién llegada" al PT, partido que acaba de cumplir 30 años, al que la ministra se afilió en 1999 y en el que nunca ocupó puestos directivos.

Pese a todas esas reticencias, Lula decidió que "Dilminha", como la llama cariñosamente, era la "candidata ideal" para garantizar la continuidad de la gestión que comenzó en 2003 y concluirá el 1 de enero del 2011, tras haber sido reelegido en 2006.

"Quiero que Brasil, después de mí, sea gobernado por una mujer y ya existe la persona adecuada: es Dilma", declaró Lula en noviembre de 2008, cuando por primera vez le puso nombre y apellido a su candidata.

Tal vez consciente de las limitaciones de Rousseff, el antiguo obrero metalúrgico asumió desde entonces el papel de un "Pigmalión" de la política para intentar limar la fama de "Dama de Hierro" de su ministra y convertirla en una cara amable ante los electores.

El año pasado, Rousseff dio pruebas de su temple cuando se le detectó un cáncer linfático que superó en pocos meses y que la obligó a pasar por sesiones de quimioterapia que le hicieron perder su cabello pero no su también reconocida vocación por el trabajo.

Quien la conoce sostiene que ese duro carácter lo forjó en los años 70 cuando, aún adolescente, se involucró con grupos armados que combatieron a la dictadura que gobernaba entonces Brasil, por lo que pasó tres años en prisión y fue sometida a torturas.

Durante las últimas semanas ha dado algunas muestras de que está decidida a suavizar su imagen para convertirse en candidata.

Lo hizo sobre todo durante los populares carnavales del país, en los que por primera vez en su vida se dejó ver, distribuyó sonrisas y besos y hasta intentó algún rudimentario paso de danza en medio del desfile de las escuelas de samba de Río de Janeiro. EFE
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