DEMOCRACIA PARA MUJERES: Juan T H


No quiero llegar al poder sobre un montón de cadáveres de mujeres pobres que intentaron hacerse un aborto porque su vida estaba en peligro. La vida de un solo ser humano –incluyendo la de una mujer- vale más que la mayor fortuna del mundo.

No quiero llegar al poder pasándole por encima a los derechos fundamentales de las mujeres, que, por cierto, constituyen poco más de la mitad de la población del país y del mundo, y madres de todos los hombres, incluso de aquellos que las violan, las asesinan y las explotan de múltiples formas. Si, las explotan de muchas y variadas formas, tanto en los hogares como los centros de trabajo, en el partido, en el sindicato, y en los medios de comunicación. Explotación económica y marginalidad social. (La doble jornada laboral de la mujer, una con poca paga. La otra sin paga. Trabajo en la oficina o la fábrica, ocho y hasta diez horas. Luego el trabajo de la casa que es más agotador, pues tiene que lavar, planchar, limpiar, velar por los hijos, el marido, la suegra o cualquier otro pariente. Y encima de eso, cuando el hombre llega de parranda con sus amigos y amigas, murto de un jumo, tiene que estar dispuesta para el sexo)

Para muchos dirigentes políticos la democracia es una palabra. Y nada más. En sus hogares son verdaderos dictadores, monstruos, donde se hace lo que ellos dicen. ¡Y punto! Ay de la esposa, amante, novia o concubina que se atreva a contradecirlos. Ay de ella sin él descubre una infidelidad aunque sea con una mirada furtiva. El, que es infiel cada vez que lo desea, que llega a casa a la hora que quiera, no permite que ella haga lo mismo. ¡Ay de ella si reclama igualdad! ¡Ay de ella si reclama participación y respeto! Democracia en la calle, en el periódico, la emisora o en canal de televisión, pero no en el hogar. “¡En mi casa mando yo!” Eso nadie lo discute. Mucho menos ella.

El artículo 30 de la Constitución que se discute en el Congreso es la mayor prueba de la hipocresía, la mentira, la demagogia y la doble moral. Quienes apoyan esa aberración mayoritariamente son hombres, legisladores, dirigentes políticos y curas. A la mayoría debería darle vergüenza tratar en público el tema del aborto. Y más aun, oponerse tan rabiosamente, como si fueran santos.

Nadie, ni yo que apruebo el aborto siempre y cuando la mujer o la pareja lo decidan, está hablando de una ley liberal como existen en Europa y muchos estados de Estados Unidos. Estamos hablando de abortos terapéuticos, hablamos de interrumpir el embarazo en circunstancias muy particulares y especiales. Oponerse a eso, como se opone ahora Miguel Vargas, presidente del PRD, y el Cardenal López Rodríguez, es una barbaridad, bárbara, valga la redundancia y la repugnancia.

Hay concesiones que un partido serio, responsable, no puede hacer, aunque le cueste el poder. El poder por el poder no tiene sentido. El poder debe ser utilizado para producir transformaciones sociales que beneficien a las mayorías, no para enriquecer a un grupo de dirigentes políticos corruptos, como ha ocurrido en nuestro país.

Si Miguel Vargas y quienes lo acompañan en el “Nuevo PRD”, creen que colocándose del lado del Cardenal, en contra de las mujeres y su derecho a la vida, se acercan al gobierno, lamento decirles que no es cierto. El “Nuevo PRD” apoyando el artículo 30 de la Constitución se aleja del poder porque abandona a millones de mujeres que se aman más a si mismas que a Miguel Vargas y al “Nuevo PRD”. ¡Y en las urnas se verá!
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