Desmotivando el aceleramiento



 En estos días de campaña política, cercanos ya al 20 de mayo del 2012, cuando sucederán las elecciones presidenciales, en una parte de la sociedad dominicana existe una resistencia a que se le quiera acelerar, desde cualquier terreno, por los sectores que se disputan el poder ejecutivo del Estado.

En la República Dominicana hay que cambiar la cultura política hacia una ciudadanía comprometida con la elección de su propio liderazgo, con un conjunto de paradigmas estables que siembren una cultura democrática enraizada en prácticas de desarrollo humano integral.

Y se debe decidir en paz, y votar por el partido que su consciencia le dicte, alejarse de que le presionen o que le ofrezcan ventajas personales por votar a favor de una determinada candidatura.

Y a ser capaces de alejarnos de la violencia, y aprender a perder, cuantas veces sean necesarias, en aras de una sociedad desapegada de la “angurria” del poder, de la fama, del dinero, y del placer.

La lucha contra la corrupción administrativa de seguro será más efectiva cuando podamos ir a los tribunales con pruebas contundentes, y que las personas sancionadas realmente reciban una consecuencia para sus vidas.

Y en estos días estamos pidiendo que nuestras actitudes y conductas, sean más comprometidas con el mejoramiento de nuestro país de manera permanente, no sólo en campañas electorales.

Y propongo, insistiendo, además, que rechacemos de plano toda pretensión de emociones, sentimientos, pensamientos, de hecatombes, vengan de donde vengan.


En el Movimiento de Mujeres percibimos que nuestra agenda por la integración al bienestar, a la paz, a la libertad, al ejercicio de poder en paridad, en todos los espacios y en todas las relaciones, que hemos sido abandonadas por los partidos.


Se ha observado desde décadas, el poco interés en un cambio hacia la igualdad y hacia la equidad de género desde la educación, desde los medios de comunicación, desde la salud. La exclusión, la subordinación, la banalización, son conductas sostenidas, estables, con poca sensibilización y compromiso para superarlas y empujar el liderazgo de las mujeres en lo público, y en lo doméstico, con paz y respeto.

No observamos, insisto, desde hace décadas, una actitud diferente hacia las mujeres como excluidas del poder, dentro de los partidos, en las políticas publicas, en los presupuestos, para desarrollar una mujer integral, sobretodo ciudadana de sí misma, ciudadana de su propio cuerpo, ciudadana presente en los espacios colectivos del Estado, y no meros objetos sexuales, chiquillas porristas del terreno de los juegos, chiquillas porristas en los mítines, objetos sexuales “buenonas” con determinadas medidas corporales, o amas de casas empobrecidas, y compañeras con actitudes e identidades con situaciones que perpetúan la violencia en las relaciones y en el hogar.

El fanatismo ha llevado a gente a decir que se van del país si gana, éste, o aquel partido político...Pues, sí, el aceleramiento a veces campea, y empobrece la solidaridad y la ecuanimidad.

Pero acá estamos gente con una mirada más a mediano y a largo plazo, estamos, en nuestros espacios locales, armando una ciudadanía activa cotidiana, forjando liderazgos de a poquito, montando un país más humilde y más colectivo.

Seamos, pues, más felices en cualquier espacio, y tratemos de vivir sin el “hacer deprisa” que no nos añade consciencia, y alejémonos de la tónica de ganadores y perdedores, que sí acelera la deshumanización y la competencia barata histórica como parte de las experticias propias del mundo animal, y que hoy venimos llamamos, neoliberalismo, deshumanización, individualismo, consumismo y patriarcado.

¡Por una ciudadanía activa, estable, política, social, que trascienda a coyunturas!


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