Hombres democráticos en la vida de Salomé Ureña en el siglo XIX

En este siglo XXI, continuamente, escucho compañeros con esfuerzos de militancia democrática en el ámbito de los partidos políticos; expresando que no están de acuerdo con las cuotas como política pública transitoria de Acción Afirmativa o de Discriminación Positiva para impulsar una igualdad efectiva entre mujeres y hombres en todos los espacios de la vida: sociales, económicos y políticos.

Y de manera perpleja, no veo entonces, otros tipos de lineamientos programáticos ni de desvelos dentro de los partidos ni en el Estado para hacer cumplir uno de los requisitos esenciales de la democracia: la representatividad de las personas y todos los sectores que conforman la sociedad.

Y en momentos como esos, y en debates que aún no dejan de sorprenderme, me llegan a la memoria hombres como John Stuart Mill, en Inglaterra, y Don Nicolás Ureña de Mendoza, en República Dominicana, ambos, hombres del siglo XIX.

John Stuart Mill fue el primero, que en el 1866, propuso ante la Cámara de los Lords (Parlamento inglés) el que las mujeres tuvieran el derecho a votar, también escribió y luchó por los derechos de las mujeres junto a su compañera feminista Harriet Taylor. http://acariciando.blogspot.com/2007/09/john-stuart-mill-y-harriet-taylor-mill.html

Cuando Stuart Mill hizo su propuesta de que las mujeres votaran, todos los hombres presentes en el Parlamento inglés, decidieron en contra de que las mujeres pudiesen votar, y sólo él votó solitariamente por el sufragio femenino: “Su defensa del sufragio femenino en los debates sobre el Programa de Reformas de 1867 llevó a la formación del movimiento sufragista”. (http://www.historiasiglo20.org/sufragismo/biogra.htm)

Para ese año, 1866, ya la dominicana Salomé Ureña tenía 16 años, pues nació un 21 de octubre del año 1850. En nuestros terruños antillanos, ya había hombres parecidos a John Stuart Mill, a los que les molestaba la exclusión de las mujeres en el accionar humano público. Tales son los casos de Nicolás Ureña de Mendoza, el padre de Salomé Ureña, y sus restantes profesores, Eugenio María de Hostos, Francisco Henríquez y Carvajal, y Federico Henríquez y Carvajal: hombres del siglo XIX con áreas donde militaron efectivamente en la sensibilidad de género democrática hacia la mujer en la educación.

Todos colaboraron con pasión en la formación de Salomé Ureña para que la capacitación de ella fuese integral, y posibilitaron en ella un nivel de acreditación universitario. Colaboraron con ella en el primer esfuerzo de integrar a las mujeres dominicanas a la educación superior, formando maestras normales. Este Instituto de Señoritas se inició en Santo Domingo, en el año 1881, abriéndose así las puertas de la enseñanza técnica superior para éstas, no obstante ya haberse fundado doscientos cuarenta y dos (242) años antes, en el país, en el 1538, la primera universidad del “Nuevo Mundo” sin estudiantes mujeres.

El padre y la madre de Salomé pudieron sentir empatía con su hija, y tanto la amaron en igualdad, que no aceptaron la misoginia de su época. Lo cual permitió a la señora Silveria R. de Rodríguez Demorizi, una de las biógrafas de Salomé, afirmar que: “Don Nicolás Ureña de Mendoza y Doña Gregoria Díaz de León estimularon el estudio en la niña precoz, que se convertiría, más tarde, en una de las poetisas más grande de América.” (http://www.suncaribbean.net/rd_laisla_salome_urena.html).

El padre de Salomé, era profesional, abogado, un hombre brillante, pero sobretodo, un hombre sensible y de mentalidad de abundancia para compartir los panes del conocimiento, esforzándose por la superación de su hija, pues a las mujeres sólo se le permitía el nivel educativo básico. Y con su inusual trabajo, para la época, de empoderar a su hija, logró que ella trascendiera a un accionar colectivo y pionero. Este pensamiento y esta práctica, las expresó Salomé Ureña en el poema que leyó en abril de 1887, en la graduación de las primeras seis maestras graduadas del Instituto, cuando valorando a estas maestras, y exaltando a la mujer, decía:

“Mi ofrenda a la patria

Digna de ti es la prenda
que mi esfuerzo vivísimo corona
y que traigo a tus aras en ofrenda:
¡el don acepta que mi amor te abona!
Que si cierto es cual puro
mi entusiasta creer en esas glorias
que siempre, que siempre, con placer te auguro;
si no mienten victorias
la voz que en mi interior se inspira y canta,
los sueños que en mi espíritu se elevan,
ellas al porvenir que se adelante
de ciencia y de virtud gérmenes llevan.”

(Santos Hernández, Roberto. 2001. La educación desde el Antiguo Oriente al Plan Decenal en República Dominicana. República Dominicana, Página 112).

Salomé, y su espíritu que trascendió al mundo de la inmanencia doméstico, y a los límites de su época, es el fruto de su madre, de su tía, pero también de hombres inclusivos y sensibles para con los derechos de esta mujer. Su padre y su madre no la limitaron, sino que le prepararon colchoncitos, y alas, para que su espíritu volara, se desplegara, y diera frutos, aún hoy a emular, a los cuales, además, nos obliga la ley 176-07, con su principio de equidad de género, y otras directrices más específicas, en torno a la equidad de género entre mujeres y hombres, en la vida municipal..

Nicolás y Gregoria, fueron diferentes a muchos progenitores, cónyuges, autoridades de la época, y aún de esta época, que no ponían, ni ponen, a estudiar a las hijas, ni apoyan a las mujeres con determinación en sus estudios, y ejercicio ciudadano, para que no aprendan a leer y a escribir, pues temían que escribieran cartas para enamorarse. O sencillamente, no aportamos esfuerzos significativos para la superación de la exclusión de la mujer, sea por comodidad, por rutina, por conveniencia, por ceguera, o por falta de coherencia.

Conviene decir, que para esa época, el Instituto de Señoritas, luego llamado, Salomé Ureña, y la escuela normal de varones que presidía Hostos recibieron en determinados momentos, el apoyo del Ayuntamiento de Santo Domingo; municipalistas demócratas, autoridades municipales, sociedad civil toda, avancemos en esta materia: la participación plena de las mujeres en el poder, en el conocimiento, en la libertad y en el bienestar, consignados en la ley 176-07, espera por nuestro accionar consecuente con políticas específicas, resoluciones, estructuras, programas y presupuestos.

 Aparece también, acá:

http://www.elmunicipio.com.do/contentsreflex.aspx?key=269
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